Asesina Oscura
- Автор: Фихан Кристин
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Asesina Oscura». Краткое содержание книги:
Ivory Malinov es esa mujer, traicionada por su propia gente, por su familia, por todos los que ella aprecia y caza durante la noche con sólo su manada para mantener su cordura. No ha hablado o estado con cualquier otra persona durante cien años salvo aquellos de los que se alimenta o asesina. Ella tropieza accidentalmente con un cuerpo mientras regresa a su guarida y descubre… a su compañero.
Él es Razvan, conocido como un criminal odiado, detestado, temido y aborrecido por todos los Cárpatos. También es un Buscador de Dragones, uno de los más grandes linajes de todos los Cárpatos. Mantenido cautivo durante casi toda su vida por su abuelo, el enemigo más encarnizado de los Cárpatos busca el amanecer para acabar con su terrible existencia.
Ésta es una historia de dos personas, horrendamente traicionadas, heridas en espíritu, luchadores a muerte, quienes deben pelear para unirse en contra de un enemigo común.
La voz de él era áspera mientras le murmuraba en la antigua lengua, algo entre un juramento y un rezo, tal vez ambos. La sangre tronaba en sus oídos ahogando las palabras. Él estaba tratando de aliviarla, permitiendo a su cuerpo tiempo para que se acomodara a su longitud y circunferencia, pero ella no podía permanecer quieta, ni siquiera cuando las manos de él le sujetaron las caderas y la sostuvieron. El placer era demasiado. Se impulsó hacia arriba, usando los talones para hacer palanca, justo cuando él se deslizaba otra vez fácilmente hacia delante.
Un latigazo de dolor acompañó al placer que se vertió sobre ella cuando su cuerpo se impulsó más profundamente en el de ella. Los dedos de él se apretaron en sus caderas… clavándose… forzándola a quedarse quieta.
– Para, Ivory. No te muevas. -Su aliento era tan áspero como su voz, irregular y desparejo-. Ambos vamos a estallar llamas. Estás tan apretada.
Ivory podía ver como él apretaba los dientes y sus músculos se tensaban y apretaban. Ese calmado control había desaparecido. Adoraba ser ella la única capaz de arreglárselas para sacudir su calma. Podía sentir su palpitante necesidad, el hambre oscura, ver el alargamiento de sus dientes, justo esa pizca de peligro que hacía que su corazón saltara y su cuerpo se inundara con más crema líquida. Clavó sus uñas en él, sus pechos le pesaban, desesperada por más, desesperada porque se moviera.
– Por favor, Razvan, por favor.
La urgencia que había en ella lo llevó más allá del límite. Atrapó sus caderas y atrajo sus piernas sobre sus propios brazos, nivelándose para montar sobre su clítoris, y luego se introdujo profundamente, la fricción casi intolerable, el placer tan intenso que tuvo miedo de perderse completamente en Razvan. Él se echó hacia atrás y empezó un ritmo áspero, profundo, fuerte y rápido, tan profundo que atravesaba su útero, la caliente longitud llenándola, vinculándolos.
La mente de él se movió en la suya haciendo que sintiera el fuego que corría a través de su cuerpo, la forma en que la funda apretada lo arrastraba y ordeñaba, abrasándolo, suave como el terciopelo, un exquisito placer y dolor que lo sacudía hasta el alma. La tensión en el cuerpo de ella se acumulaba, enroscándose cada vez más apretada, hasta que se retorció frenéticamente debajo de él, su aliento saliendo en jadeos salvajes, su cabeza moviéndose de un lado al otro, sus uñas arañándole la espalda.
– Razvan -lloriqueó su nombre. Una súplica. Una orden. Ella necesitaba… ¡Necesitaba!
– Lo sé, Ivory -lanzó suavemente entre dientes-. Déjate ir. Toda. Vamos, fél ku kuuluaak sívam belső… amada. Yo te cogeré.
Ella se sintió consumida por el fuego. Aterrorizada de que pudiera desaparecer entre las llamas. La tensión se enroscó tan apretada, aunque no podía dejarse ir, no podía obligarse a dar ese último salto de fe. Sollozó nuevamente, apretándolo más, sin querer que este momento terminara, pero temiendo que si no se detenían estaría perdida.
Él se introdujo nuevamente en ella, su asta como una espada de acero, clavándose en su útero y su corazón, tomando una parte de ella en él, así como una parte de él estaba profundamente en su interior.
– Ya es demasiado tarde -susurró él, y su voz fue la de un ángel oscuro. Un susurro de terciopelo, un latigazo de calor.
Era muy tarde para salvarse; su cuerpo ya estaba perdido, por siempre necesitaría el de él. La había conducido tan alto que tendría que volar. La atrajo más cerca y se inclinó sobre ella, su cuerpo todavía invadiéndola, una y otra vez, un pistón que nunca se detenía, nunca se ralentizaba, hasta que pensó que podría gritar nuevamente ante tal maravilla. Sentía su cuerpo tenso. Y más tenso. Agarrándolo. Apretándolo. Podía escuchar los sonidos que hacían sus cuerpos juntos, el duro golpe de la carne; sentir el poder de él moviéndose en su interior. El cuerpo de él se inclinó una vez más y arrastró la larga longitud de su dura asta sobre su clítoris sensibilizado.
Su cuerpo se puso rígido. No pudo respirar por un momento. No podía pensar. Su cuerpo se apretó alrededor de esa gruesa asta, sujetándolo casi dolorosamente mientras las sensaciones desgarradoras empezaban a convertirse en un maremoto gigante, extendiéndose por su cuerpo como un fogonazo, blanco y caliente y poderoso. Ola tras ola. Sin terminar nunca. Un shock que puso a su sistema en sobrecarga. Lloró con la fuerza de su liberación, por su belleza y magnificencia, mientras sentía su cuerpo tomar el de él, forzándolo a ircon ella, escuchando su grito ronco cuando su semilla caliente se vació en su interior.
Ivory sintió el mordisco, el doloroso placer de ello, y su cuerpo se apretó y desgarró una y otra vez mientras él tomaba su sangre en un erótico intercambio. Arqueó la espalda, empujándose hacia arriba con las caderas mientras su cuerpo seguía sufriendo espasmos, apretándolo, ordeñando cada gota de él. Razvan pasó la lengua por la hinchazón de los senos, cerrando los pinchazos y mirando hacia abajo, hacia ella, con sus ojos sexys.
Sólo con su mirada hizo que su cuerpo reaccionara de nuevo, y otra ola los bañó. Ella levantó la cabeza para capturar su boca, besándolo, sosteniéndolo contra ella y trazando un camino de besos hacia su garganta. Sintió que su erección se ponía rígida de nuevo así de rápido, llenándola y estirándola mientras le lamía el pulso. Un gruñido áspero escapó de él.
Sus dientes mordisquearon la piel y sintió la instantánea sacudida de la erección. Lo mordió y él golpeó duro con las caderas, enterrándose profundamente, sosteniéndole el trasero con una mano, forzándola a aceptar su salvaje cuerpo zambulléndose. Sintió el sabor de él explotando en su interior, llenándola con su esencia. Nunca se había sentido tan completa. Tan amada. Pasó la lengua por los pinchazos de su garganta y dejó que su cuerpo explotara una vez más, esta vez sin resistencia.
Podía escuchar sus propios jadeos suaves, oler sus aromas combinados mientras las olas rompían una y otra vez antes de que él encontrara su propia liberación.
Yacieron juntos, sus brazos alrededor del otro, sus cuerpos unidos, ninguno queriendo moverse. Fue muchos minutos después cuando Razvan encontró fuerzas para moverse, rodando de encima de ella para mirar al cielo brillante, con los dedos entrelazados detrás de la cabeza.
– Dame un par de minutos y te llevaré en brazos hasta la piscina.
Giró la cabeza con una sonrisa tierna, enviando a su corazón a hacer un salto mortal. Parecía diferente. Más joven. Más feliz. Esa misma serenidad estaba allí, pero esta vez había amor devolviéndole la mirada con felicidad y alegría pura e indisoluble. Ivory deseó poder compartir en voz alta sus emociones con él, pero se contentó con rodearlo con los más profundos sentimientos que sentía por él, amor aplastante, tanto que no podía ponerlo en palabras, ni siquiera telepáticamente.
Los dedos de él se movieron sobre los suyos, trazando una pequeña caricia hasta que ella unió sus dedos con los de él.
– Gracias, Ivory.
– ¿Por qué? -Se le escapó una sonrisa-. Me parece que soy yo la que debería agradecertelo.
La sonrisa de él se amplió.
– Me has brindado la experiencia más hermosa de toda mi vida. Pase lo que pase, siempre tendré el recuerdo de cómo te brindaste a mí.
– Estaba asustada -le confesó en voz baja.
– Lo sé -dijo él suavemente-, lo que hace que tu regalo sea más atesorable.
– ¿Realmente me vas a llevar en brazos hasta la piscina?
– No suenes tan asustada -se burló-. De alguna manera me las arreglaré para encontrar la fuerza. Lo prometo, no te dejaré caer.