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Asesina Oscura

Электронная книга - «Asesina Oscura». Краткое содержание книги:

Un rumor ha persistido en el mundo de los vampiros acerca de un oscuro asesino -una mujer- que viaja con una manada de lobos y cualquier vampiro que la encuentre es asesinado. Misteriosa, esquiva y aparentemente imposible de matar, ella es la única cazadora que infunde terror en los corazones de los vampiros.
Ivory Malinov es esa mujer, traicionada por su propia gente, por su familia, por todos los que ella aprecia y caza durante la noche con sólo su manada para mantener su cordura. No ha hablado o estado con cualquier otra persona durante cien años salvo aquellos de los que se alimenta o asesina. Ella tropieza accidentalmente con un cuerpo mientras regresa a su guarida y descubre… a su compañero.
Él es Razvan, conocido como un criminal odiado, detestado, temido y aborrecido por todos los Cárpatos. También es un Buscador de Dragones, uno de los más grandes linajes de todos los Cárpatos. Mantenido cautivo durante casi toda su vida por su abuelo, el enemigo más encarnizado de los Cárpatos busca el amanecer para acabar con su terrible existencia.
Ésta es una historia de dos personas, horrendamente traicionadas, heridas en espíritu, luchadores a muerte, quienes deben pelear para unirse en contra de un enemigo común.
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Vio el veloz placer que la rebasaba, el arrebato de color, el ligero tinte vidrioso de sus ojos mientras los pulgares rozaban los tensos picos de sus pezones. Sostener los suaves montes gemelos en las palmas se sentía como un milagro, una sensación más allá de sus fantasías. Había renunciado a esos sueños hacía mucho tiempo… tanto que ni siquiera podía recordar si alguna vez los había tenido… sin embargo, ella estaba frente a él, sus suaves curvas femeninas eran un peso ligero en sus manos y sus enormes ojos lo miraban con tal turbación… y anticipación.

Rozó un beso sobre su frente, luego bajó hasta la esquina de su ojo izquierdo. Un pequeño estremecimiento pasó a través del cuerpo de ella. Él besó la punta de su nariz y las comisuras de su boca. Los labios de ella se separaron ligeramente. El hambre brotó en ella, inundándolo, por lo que por un momento la boca de él se cernió a unos escasos centímetros de ella mientras Razvan luchaba por controlarse.

Primero le tomó el aliento, arrastrándolo profundamente a sus pulmones, y luego le tomó la boca, sus labios posándose sobre los de ella, absorbiendo la forma y la textura, la suave firmeza, el calor que se acumulaba. La lengua de él se deslizaba por esos ribetes levemente separados, en una pequeña invitación.

El aliento de Ivory se detuvo en su garganta. Él la guiaba hacia una senda desconocida de tentación, y ella estaba simplemente ya muy lejos para resistir. Su beso era pecaminoso, su boca una malvada excitación que la llenaba con tal necesidad que no podía contener sus respuestas. Él le susurró algo sexy, casi imperceptible, mientras su lengua recorría el interior de su boca, explorando los cálidos huecos, corriendo seductoramente sobre sus dientes y reclamando su cuerpo para él.

Sabía qué era eso. Una reclamación. Tomar su cuerpo y hacerlo suyo. Los pulgares de él rozaban sus pezones y ella casi gritó, el sonido estrangulado a causa del nudo de su garganta. Vetas de fuego corrían desde sus senos hasta su clítoris y su útero se tensó. La besó una y otra vez hasta que se sintió delirar, pero una parte de ella siempre estaba concentrada en sus manos. En la espera. En la necesidad.

Ella estaba allí de pie con él totalmente vestido, su cabello oscuro y veteado atado, por lo que parecía mantener el control mientras ella estaba desnuda desde la cintura para arriba con el cabello cayendo por todas partes, un montón salvaje de nervios que por fin entendían que este hombre era su destino. Este viaje que emprendía con él, no importaba cuán atemorizador fuera, no lo hacía sola. Él le había permitido liderar el camino en el campo de la fuerza. Ahora le pedía que se rindiera a él, de la misma manera que él lo había hecho a ella.

Él quería su confianza. Toda. Quería que ella le diera todo lo que era o sería, sin orgullo ni ego, confiando que él apreciaría su regalo por toda la eternidad. Su beso había sido una cerilla, prendiendo algo bien profundo dentro de ella que ahora llameaba, algo femenino, vivo y necesitado más allá de lo que se pudiera creer. Quería complacerlo. Quería ser su consuelo. Su placer. Su todo.

La lengua de ella se deslizó por la de él, danzando y provocando, mientras presionaba sus pechos doloridos más profundamente en sus palmas, necesitando ese próximo roce de fuego. Los besos de él eran adictivos, quemando hasta que supo que la pasión estaba estirando su control y su mente estuvo confusa por el deseo. Él le mordió el labio inferior y el escozor envió un relámpago a golpear chisporroteando a través de su vientre, directo hasta su canal femenino.

Los dientes de él rasparon a lo largo de su mentón, su lengua remolineando sobre la pequeña hendidura que había allí y viajó hacia abajo por su garganta. Se tomó su tiempo, aún cuando ella se estaba derritiendo allí mismo, en el suelo. Su boca se movió sobre la garganta, esos dientes malvados raspando suavemente, enviando un pecaminoso latigazo de calor en espiral que se deslizó desde el vientre hasta los muslos.

Apenas podía respirar, esperando. Sabiendo. En las garras de un deseo demasiado fuerte para siquiera soportarlo. Él bajó la boca y tomó su pecho con el mismo calor lento con el que había tomado su boca. Primero llegó su aliento tibio, que sintió todo el camino hasta el seno y profundamente bajo la piel. La respiración de ella simplemente se detuvo mientras se inclinaba hacia él. La lengua tiró de su pezón y ella lloriqueó. Luego la boca la atrajo más profundamente, chupando, y haciendo que gritara, con la cabeza hacia atrás, los brazos acunándole la cabeza hacia ella, sosteniéndolo cerca. Los dedos se le cerraron en puños, agarrando un mechón del cabello de él mientras los dedos de los pies se enroscaban en una acción refleja de la anterior.

El deseo golpeaba bajo y con fiereza, mientras él capturaba su otro pezón y lo giraba y tiraba de él al ritmo de su boca. Otro llanto se le escapó cuando un relámpago blanco rasgó a través de su cuerpo, directo desde sus pechos, atravesando su abdomen hasta su mismísimo núcleo y aún más abajo, extendiéndose por sus muslos hasta que chispas eléctricas chisporroteaban a su alrededor.

La sangre rugía en sus oídos, palpitaba en su corazón y por sus venas mientras él atraía el apretado pezón contra el techo de su boca y lo acariciaba y apretaba. Lo necesitaba de una forma en que nunca había necesitado a nadie en su vida. Él era como la estrella más brillante, como la luz de la luna derramándose plateada a través de la nieve reciente. Creaba, de un mundo horrible, uno decente y hermoso y la hacía recordar que era una mujer.

La boca de él era como terciopelo negro, oscuro e intoxicante, sus manos le envolvían los senos mientras sus dientes y lengua avivaban el fuego. Cuando él levantó su cabeza pudo ver su hambre feroz, aunque con esos mismos movimientos sin apuro, sus dedos inteligentes pasaron rozándole el vientre desnudo. Le aferró la caja torácica entre sus palmas e inclinó la cabeza para marcar un rastro de fuego sobre cada costilla y más abajo hasta el ombligo, donde su lengua trazó un remolino hasta que ella se aferró al cabello de él para mantenerse recta.

Los ojos de él se encontraron con los suyos y sus manos cayeron hasta el cinturón que ella tenía en la cintura, abriendo el cierre y tirando armas y la pistolera al suelo. Sintió el roce de sus dedos contra el bajo vientre mientras él tiraba de las ataduras de cuero y rápidamente las abría. Estuvo tentada a simplemente sacarse de encima la ropa, su cuerpo estaba en llamas a causa del deseo, pero los ojos de él contenían una advertencia, una mirada de posesión que encontró un poco emocionante… vale, quizás bastante. Él disfrutaba de desenvolverla y ella quería darle esa alegría. Se encontró sintiéndose inesperadamente sexy cuando él le bajó los pantalones por las piernas y con una mano en la cadera la urgía a dar un paso para salir de ellos.

Ivory contuvo el aliento. Estaba totalmente desnuda, cada línea y curva expuesta a su hambrienta mirada. Él simplemente se quedó allí, con las manos en las curvas de sus caderas, su mirada moviéndose sobre ella, absoluta y totalmente concentrada en ella de ese modo en que solía hacerlo todo, como si no viera nada más, como si no fuera consciente de nada más. Sólo Ivory. Posó la mano en el pecho de él, justo sobre su corazón, y lo sintió latiendo con fuerza. Un deseo crudo irradiaba de él… por ella.

Nunca había habido un hombre que la mirara así. Ciertamente Draven la había deseado, pero no con amor tallado en cada línea de su rostro. No con su cuerpo temblando y su corazón golpeteando como un martillo. Nunca la había mirado con tan febril necesidad, con su mente abierta a la de ella y su corazón totalmente entregado a ella. Nadie la había hecho sentir como si fuera la mujer más hermosa del mundo, totalmente deseada, completamente amada… hasta ahora.

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