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Asesina Oscura

Электронная книга - «Asesina Oscura». Краткое содержание книги:

Un rumor ha persistido en el mundo de los vampiros acerca de un oscuro asesino -una mujer- que viaja con una manada de lobos y cualquier vampiro que la encuentre es asesinado. Misteriosa, esquiva y aparentemente imposible de matar, ella es la única cazadora que infunde terror en los corazones de los vampiros.
Ivory Malinov es esa mujer, traicionada por su propia gente, por su familia, por todos los que ella aprecia y caza durante la noche con sólo su manada para mantener su cordura. No ha hablado o estado con cualquier otra persona durante cien años salvo aquellos de los que se alimenta o asesina. Ella tropieza accidentalmente con un cuerpo mientras regresa a su guarida y descubre… a su compañero.
Él es Razvan, conocido como un criminal odiado, detestado, temido y aborrecido por todos los Cárpatos. También es un Buscador de Dragones, uno de los más grandes linajes de todos los Cárpatos. Mantenido cautivo durante casi toda su vida por su abuelo, el enemigo más encarnizado de los Cárpatos busca el amanecer para acabar con su terrible existencia.
Ésta es una historia de dos personas, horrendamente traicionadas, heridas en espíritu, luchadores a muerte, quienes deben pelear para unirse en contra de un enemigo común.
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Ella apretó sus dedos alrededor de los de él.

– Lo sé. Simplemente me sentiría tonta.

– Ivory, no hay nadie aquí salvo nosotros -le señaló, su tono más tierno que nunca.

Otra vez sintió su corazón retorcerse. Podía hacerlo tan fácil para ella. Conmoverla. Hacer que se derritiera. No era su cuerpo increíble ni el modo en que la llevaba a tales alturas, era el amor perdurable que parecía sentir por ella. Una roca. Un cimiento. Fuerte y comprensivo, haciéndola sentir que siempre podía contar con él.

– Lo sé.

– ¿Crees qué pensaré menos de ti?

Ella se quedó callada, considerando su pregunta, dándole vueltas una y otra vez en su mente. Seimpre se sentía ridícula sintiendo lo que sentía por él de la forma en que lo hacía. ¿Por qué no podía dejarse llevar como hacía él?

– Creo que no sé cómo ser una mujer.

No sabía de qué otra manera decirlo.

Razvan se puso de lado y se apoyó en un codo.

– Ivory, eres mujer. No tienes que ser como ninguna otra. No quiero a ninguna otra. No hay comparación. Sé quién eres. No te disculpes, desde luego no conmigo. -Una sonrisita curvó su boca y se inclinó hacia delante para rozar un beso sobre su boca-. Adoro tu forma de ser, esa pequeña renuencia que tienes a decirme que soy el mejor hombre del mundo.

Su risa suave le acarició la piel. Sonaba tan parecido a un muchachito, hasta despreocupado, desinhibido por primera vez en su vida.

Se las arregló para ponerse de pie y levantarla, acunándola entre sus brazos como si fuera ligera como un bebé.

– Me has agotado, mujer guerrera.

Ivory no pudo evitar reírse.

– Si fueras verdaderamente el mejor hombre del mundo, no estarías para nada agotado. Estarías listo para ocuparte de cada una de mis necesidades.

Las cejas de él se elevaron.

– Creo que eso es un desafío. -Cerró su boca contra la de ella mientras la llevaba a la siguiente habitación donde el agua se derramaba desde la pared de roca hacia una charca tranquila-. Estoy más que dispuesto a ocuparme de cada una de tus necesidades -susurró las palabras contra su boca, su lengua moviéndose rápidamente sobre los labios, deleitándose con su sabor.

– ¿Sí? Yo no estoy tan segura -le dijo utilizando su tono más altivo.

La dejó caer al agua. Ella salió a la superficie farfullando para encontrarlo parado allí, con las manos en las caderas y el agua lamiendo sus muslos.

– Eso ha sido tan mezquino.

– Te lo merecías.

– Tal vez sí -estuvo de acuerdo, riéndose.

Él le estaba enseñando como divertirse. Como jugar. A tomar cada momento que tuvieran juntos y vivirlo plenamente. Con ánimo de aprender, envió hacia él una columna de agua con precisión mortal. El agua impactó sobre su rostro y salpicó hacia su pecho.

– Creí que podrías necesitar un pequeño enfriamiento.

La ceja de él se elevó. La diversión encendía sus ojos.

– Creo que me has declarado la guerra.

Ella elevó la barbilla.

– Me parece que sí.

La guerrilla de agua fue rápida y furiosa. El agua se elevaba como un géiser casi hasta el techo y salpicaba contra la pared. Por dos veces él se lanzó hacia ella, llevándola hacia abajo como haría un cocodrilo con su presa, haciéndola rodar bajo el agua antes de que ella pudiera alejarse y alcanzar la superficie para atacar nuevamente.

Se lanzó contra él, sus brazos rodeándole el cuello, y su cuerpo golpeándolo, conduciéndolos a ambos bajo el agua y cuando emergieron, descansaron a un lado de la piscina tibia y dejaron que las burbujas rompieran contra sus pieles.

Ella se frotó el brazo y echó una mirada hacia arriba como si fuera capaz de ver el cielo.

– Siempre puedo decir cuando el sol está por elevarse. La piel me pica y la siento incómoda. La mayoría de los Cárpatos pueden permanecer afuera en las primeras horas de la mañana pero yo no.

– ¿Nada de nada?

Ella descansó una cadera contra la suave pileta y se retorció el cabello.

– Mi piel es muy blanca, por todos los años que pasé en la tierra lejos incluso de la luz de la luna mientras estaba sanando, y me quemo. Se parece más bien a una quemadura solar, me imagino, pero me ampollo bastante fácil -le sonrió mientras le venía un recuerdo-. Una vez, encontré un frasco de protección solar que había tirado un excursionista. Lo probé.

Él le metió el cabello detrás de la oreja.

– Me lo tomo como que no salió muy bien.

– No, en realidad no.

– ¿Has intentado permanecer más tiempo despierta mientras estás aquí, bajo el suelo?

Ella se frotó nuevamente los brazos, temblando un poco.

– Algunas veces cuando estoy trabajando en experimentos con nuevos elementos químicos para retener al vampiro, no percibo la sensación durante un rato, pero la mayor parte del tiempo, me siento tan incómoda que acudo a la tierra.

– Tu fórmula para cubrir tus armas es brillante.

Ella le lanzó una rápida sonrisa de placer, un poco tímida cuando le hacía cumplidos.

– Todavía estoy trabajando en ella. Tiene que aguantar un poco más antes de que su sangre se la coma. Cuanto más tiempo me proporciono, evitando que cambien, más margen tengo.

– Tenemos -la corrigió.

Ella asintió.

– Tenemos -estuvo de acuerdo.

– ¿En este momento te duele la piel? -le preguntó Razvan, preparado claramente para volver a llevarla a su dormitorio.

– En realidad, no. Aunque el amanecer está cerca. Muy cerca.

Le gustaba estar con él. No había creído que fuera a pasar. Llevaba sola tanto tiempo que creía que iba a ser incómodo compartir su espacio con él, pero disfrutaba de su sentido del humor. Era un hombre inteligente, perspicaz aunque no prestaba atención a su ego, y hubiera sido difícil para alguien como ella estar con un compañero así. Él transmitía paz, y a menudo se encontraba deseando simplemente estar a su lado, para sentir la forma en que la serenidad irradiaba de él para rodearla y sostenerla. A decir verdad, lo encontraba sexy y bastante intoxicante.

Razvan le sonrió.

– Estoy leyendo tu mente.

Ella sacudió la cabeza.

– No leas demasiado de lo que sea que esté pensando.

Razvan se metió bajo el agua, metiendo la cabeza y luego saliendo rápido justo al lado de ella, sus manos le rozaron los muslos, sobre las curvas de las caderas, a lo largo de la marcada cintura y más arriba por la caja torácica hasta que estuvo sosteniendo en sus palmas el peso suave de los senos.

– Pues yo creo que deberías leer mi mente.

Antes de que pudiera responder, él agachó la cabeza y atrajo un pezón profundamente dentro de su boca. Poco importaba que le hubiera hecho el amor dos veces, y que su cuerpo estuviera satisfecho. Instantáneamente sintió el calor inundarla. El cabello húmedo de él se deslizó por su abdomen y jugueteó con su montículo mientras tiraba y provocaba y chupaba.

Ella lo sostuvo allí por un momento, saboreando el placer que la llenaba y luego hundió los dedos bajo el agua y encontró su erección ya firmemente crecida. Al tacto de sus dedos el asta se sacudió y pulsó. Ella sonrió con suficiencia, reparando en el poder de su toque mientras acariciaba esa dura longitud antes de envolver los dedos alrededor de él para encerrar su dura carne en un puño apretado.

Razvan levantó la cabeza y la miró con ojos oscuros y hambrientos.

– ¿Qué estás haciendo?

– Un poco de exploración por mi cuenta.

Él se reclinó hasta que sus caderas rozaron la pared de la charca para afirmarse. El toque de ella lo dejaba débil, su cuerpo se estremecía de deseo.

– Siempre puedes sentarte -le sugirió Ivory con voz sedosa-, ya que esto puede llevar un tiempo. Soy muy concienzuda cuando exploro.

Tragando con dificultad, Razvan se sentó en el borde de la roca lisa, permitiendo que sus piernas colgaran en la piscina. Su erección pulsaba contra su estómago, dura como una roca y creciendo más a medida que pasaba el tiempo. Cuando ella agarró sus pelotas y se inclinó para su primer lametón tentativo, la respiración explotó de sus pulmones. Cuando la boca lo tomó, quedó perdido en el cuerpo de ella, en su mente, en todo lo que ella significaba para él.

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