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Asesina Oscura

Электронная книга - «Asesina Oscura». Краткое содержание книги:

Un rumor ha persistido en el mundo de los vampiros acerca de un oscuro asesino -una mujer- que viaja con una manada de lobos y cualquier vampiro que la encuentre es asesinado. Misteriosa, esquiva y aparentemente imposible de matar, ella es la única cazadora que infunde terror en los corazones de los vampiros.
Ivory Malinov es esa mujer, traicionada por su propia gente, por su familia, por todos los que ella aprecia y caza durante la noche con sólo su manada para mantener su cordura. No ha hablado o estado con cualquier otra persona durante cien años salvo aquellos de los que se alimenta o asesina. Ella tropieza accidentalmente con un cuerpo mientras regresa a su guarida y descubre… a su compañero.
Él es Razvan, conocido como un criminal odiado, detestado, temido y aborrecido por todos los Cárpatos. También es un Buscador de Dragones, uno de los más grandes linajes de todos los Cárpatos. Mantenido cautivo durante casi toda su vida por su abuelo, el enemigo más encarnizado de los Cárpatos busca el amanecer para acabar con su terrible existencia.
Ésta es una historia de dos personas, horrendamente traicionadas, heridas en espíritu, luchadores a muerte, quienes deben pelear para unirse en contra de un enemigo común.
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– Confía en mí, Ivory. No soy el luchador experimentado que eres tú, pero soy muy bueno en planear batallas y estrategias. Esta es una situación hecha a mi medida.

Ella envió sus sentidos velozmente a la noche, procurando información, buscando algún espacio en blanco que pudiera indicar a un vampiro. Los cazadores estaban bien escondidos, tanto que no estaba segura de tener razón, pero Raja nunca se equivocaba y él había emitido una advertencia.

– ¿Qué quieres hacer?

– Deberíamos ir hacia el valle de las nieblas. Allí es donde desapareceremos totalmente y los dejaremos atrás. Pero mientras tanto, me parece que se merecen una pequeña lección ¿no?

– ¿Lección? -repitió débilmente. Había demasiada diversión en la voz de él.

– Tienen que aprender un poco de respeto por mi mujer. Eres una guerrera, igual a ellos y a pesar de eso, te tratan como si fueras una novata. Ni siquiera nos brindaron el respeto de emfrentarnos cara a cara. Puede ser bueno para ellos saber que no son tan buenos como piensan.

– No creo que sean niños los que nos siguen. Son guerreros Cárpatos experimentados, posiblemente antiguos que tienen miles de batallas a sus espaldas.

La sonrisa de gallito lo hacía parecer más aniñado cuando en realidad no había nada infantil en él.

– Tal vez, pero entonces, podemos hacerlos recordar su infancia.

* * *

– ¿Qué creeís que estáis haciendo? -exigió Gregori mientras caía sobre el pequeño grupo de cazadores Cárpatos.

Vikirnoff tuvo la elegancia de parecer incómodo.

– No somos niños para ser reprendidos, Gregori -le contestó.

Las cejas de Gregori se elevaron.

– No, no lo sois. Eres un cazador antiguo, más experimentado que yo. Ni tampoco he venido a reprenderte. Pregunté qué estabais haciendo para ver si necesitais algún tipo de ayuda.

Los otros se miraron entre ellos. A Gregori no le sorprendió que el hemano de Vikirnoff, Nicolae, viajara con él. Los hermanos se habían guardado las espaldas durante cientos de años. Los otros cuatro guerreros también eran antiguos, que habían retornado a las montañas de los Cárpatos para establecer lazos con el Príncipe. A Gregori se le ocurrió que todos estos cazadores antiguos no conocían en realidad a Mikhail y tanían razones para preocuparse por sus juicios. Tenían de lejos más años y más experiencia que el Príncipe, estaban acostumbrados a contar únicamente con su propio juicio.

Tariq Asenguard había venido de los Estados Unidos. Con el pasar de los años había amasado una enorme fortuna personal, la cual a menudo entregada a otros Cárpatos. Poseía muchos negocios. Alto, como casi todos los machos Cárpatos, llevaba el cabello largo, pero sus ojos eran de un azul medianoche, casi parecían gemas. Tariq era un hombre acostumbrado a hacer las cosas a su modo y la idea de que un libro antiguo estuviera en manos de Razvan y una Malinov, era suficiente para estar dispuesto a viajar rápido para ver por sí mismo qué tramaba ese par.

André se movía a través de los países como un fantasma, parando sólo para presentar sus respetos y prometer su alianza. Hombre de pocas palabras, permanecía distante como la mayoría de los cazadores antiguos, sus ojos incansables, con ganas de seguir moviéndose, el impulso de buscar a su compañera era incesante mientras se acercaba al final de su tolerancia. Era uno de los machos en los que Gregori tenía puesta una firme mirada, ya que ambos, Tariq y André, parecían cercanos a convertirse.

Mataias, Lojos y Tomas nunca estaban lejos unos del otros. Como la mayoría de los trillizos criados juntos, habían formado un vínculo para vigilarse entre ellos a través de los tiempos oscuros. Provenían de una larga línea de famosos guerreros, una familia respetada que producía múltiples niños, pero que raramente daban a luz. Habían nacido dos niñas después de los varones, pero no vivieron más allá de su segundo año. Un maestro vampiro se había cobrado la vida de sus padres mientras la madre estaba embarazada de trillizos. Los hermanos habían cazado al vampiro a través de dos continentes, sin cesar nunca en su propósito hasta que destruyeron al no-muerto, exigiendo justicia para sus padres y hermanos y ganándose una buena reputación.

Gregori cruzó los brazos y los contempló a todos, asegurándose de no mostrar diversión ni exasperación. Estos hombres eran algunos de los antiguos más respetados. Eran cazadores experimentados, cada uno de ellos. Aunque lo que estaban haciendo era muy tonto y más que un poco peligroso, y ellos deberían haberlo sabido.

– ¿Habéis considerado que estáis siguiendo a una pareja a la que vuestro Príncipe ha prometido un pasaje seguro? -les preguntó, manteniendo la voz suave y sin crítica.

Vikirnoff se encogió de hombros, igualemente casual.

– Es un camino peligroso. Seríamos negligentes si no vigiláramos a los invitados del Príncipe.

Las cejas de Gregori se alzaron aún más.

– Ya veo. ¿No os importa si me uno y me aseguro de que estéis a salvo, verdad?

Una impaciencia veloz cruzó por el rostro de Vikirnoff.

– Dudo que necesitemos protección, pero eres bienvenido. Sólo asegúrate de enmascarar tu presencia. Les di sangre a ambos así que no tengo problemas para seguirlos.

– Será interesante. Yo también les di sangre. Entre los dos, no tendremos problema.

Andre y Tariq intercambiaron una larga mirada y luego miraron a través de la nieve. Ésta caía cada vez más rápido.

– ¿Hay algo acerca de esta pareja que debamos saber, Gregori? -preguntó Tariq. Todavía retenía un ligero acento europeo debajo del americano.

Gregori sacudió la cabeza.

– Estoy seguro que ninguno de vosotros habría venido a semejane misión sin tener una idea clara de a quién estáis persiguiendo.

– A una mujer -dijo André-. Sólo a una mujer y a su compañero. Un compañero sin demasiadas habilidades.

Gregori siguió a los demás a través de la nieve.

– Para ser justos, tuvieron un encuentro con un maestro vampiro y salvaron a cuatro humanos.

André señaló alrededor.

– Jugaban como niños en el bosque, mientras llevaban un libro de inmensa importancia.

– ¿Lo llevan? ¿Un libro de inmensa importancia?

Vikirnoff lo fulminó con la mirada.

– Gregori, ya es suficiente. Eliges mostrarte divertido ante la situación, pero no viste lo que vi yo cuando Natalya recuperó el libro. Es peligroso. Muy peligroso para andar por ahí sin gurdias, en manos de gente a la que no conocemos y con enemigos acechándonos.

– Oh, te aseguro, Vikirnoff, que diversión no es lo que estoy sintiendo.

Gregori se alejó a grandes zancadas antes de maldecirlo por ser tan cabeza dura. Se quedó atrás, permitiendo que los otros tomaran la delantera, sabiendo que los siete cazadores subestimaban a sus presas. De hecho, perseguir a la pareja en su propio territorio era probablemente la peor idea que alguien había tenido en mucho tiempo, pero se negaba a desperdiciar el aliento.

Nicolae levantó la mano y todos se agacharon, se separaron y automáticamente emborronando sus cuerpos para que fueran más difíciles de ver en la espesa tormenta de nieve. Una ligera brisa sopló a través de los árboles por lo que pudieron captar visiones de figuras… muchas… más allá en la pradera. Grandes. Altas. Bajas. Robustas. Los brazos sobresalían en extrañas formas como ramas, los dedos estaban extendidos como si buscaran algo.

– ¿Qué es eso? -preguntó Vikirnoff-. Esos no son ellos.

– ¿Ghouls? ¿Un ejército de ghouls? -sugirió André.

Gregori puso los ojos en blanco.

– Lo dudo mucho.

Mientras miraban, intentando asomarse a través del pesado velo de nieve, las figuras cambiaron, moviéndose afanosamente de un lado a otro, agachándose, formando y contruyendo una estructura baja.

– ¿Una pared? -susurró Tariq.

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