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Asesina Oscura

Электронная книга - «Asesina Oscura». Краткое содержание книги:

Un rumor ha persistido en el mundo de los vampiros acerca de un oscuro asesino -una mujer- que viaja con una manada de lobos y cualquier vampiro que la encuentre es asesinado. Misteriosa, esquiva y aparentemente imposible de matar, ella es la única cazadora que infunde terror en los corazones de los vampiros.
Ivory Malinov es esa mujer, traicionada por su propia gente, por su familia, por todos los que ella aprecia y caza durante la noche con sólo su manada para mantener su cordura. No ha hablado o estado con cualquier otra persona durante cien años salvo aquellos de los que se alimenta o asesina. Ella tropieza accidentalmente con un cuerpo mientras regresa a su guarida y descubre… a su compañero.
Él es Razvan, conocido como un criminal odiado, detestado, temido y aborrecido por todos los Cárpatos. También es un Buscador de Dragones, uno de los más grandes linajes de todos los Cárpatos. Mantenido cautivo durante casi toda su vida por su abuelo, el enemigo más encarnizado de los Cárpatos busca el amanecer para acabar con su terrible existencia.
Ésta es una historia de dos personas, horrendamente traicionadas, heridas en espíritu, luchadores a muerte, quienes deben pelear para unirse en contra de un enemigo común.
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Ivory jadeó y fue tras él, recogiendo nieve a la carrera, aplastándola y tirándola con tremenda velocidad y precisión, fruto de tirar su flechas.

Razvan se agachó, mirándola sobre su hombro y riendo. Le parecía tan bella, corriendo por la nieve con sus largas zancadas, sus músculos tensándose bajo la suave extensión de piel. Sólo el modo en que se movía era puro pecado. Los ojos de ella estaban enormes por la excitación. Los copos de cristal aterrizaban en sus pestañas, lo que la hacía batir las dos medialunas para sacársela de encima. El gesto era femenino, sexy más allá de cualquier medida, aunque absolutamente sin intención.

Él tomó ventaja y revirtió su dirección, corriendo rápido hacia ella, arrojando tres bolas de nieve para distraerla, sin importarle donde pegaban, mirando su boca, ese arco hermoso de su boca, curvado y suave y tan tentador. Bajó el hombro y la agarró desde debajo, levantándola y tirándola al suelo en un movimento suave.

Aterrizaron en la nieve, hundiéndose en el polvo helado. Razvan atrapó su muñeca antes de que le pudiera meter otra bola de nieve dentro de la camisa. Ella se rió, parecía tan bien como para comérsela. Antes de que poder aprovecharse y besarla, ella se empujó con los talones, soltándose lo suficiente para darles la vuelta a ambos y quedar encima, intentando inmovilizarlo. Lucharon en la nieve, los copos elevándose como un torbellino para encontrar a los que caían del cielo, sus risas revolviendo las agujas de los árboles. El viento llevó el sonido en la quietud de la noche.

Yacieron lado a lado, estirando los brazos y las piernas, como dos niños pequeños, haciendo figuras de nieve en el suelo y luego poniéndose de pie de un salto para otra salvaje batalla con bolas de nieve volando furiosamente.

Finalmente, Ivory saltó hacia él, abrazándolo por el cuello, las piernas envueltas alrededor de sus caderas en un esfuerzo por detener el alocado juego loco de reírse tanto hasta llorar.

– Estás loco -le dijo, sosteniéndolo apretadamente. Enterró su rostro contra su garganta, temiendo que verdaderamente pudiera estallar en lágrimas ante las emociones que la llenaban, amenazando con abrumarla.

Sabía que él pensaba que ella era alguna especie de milagro, pero en verdad, para ella él lo era. No tenía idea de cómo divertirse, y tampoco de cómo lo sabía él. En su vida no había habido diversión, sólo crueldad y tortura; ella por lo menos había jugado con su manada, pero era Razvan quién había traído nuevamente la diversión a su mundo.

– ¿Ivory? -le preguntó gentilmente.

Ella se negó a levantar la cabeza, sólo lo abrazó más fuerte, manteniendo su rostro presionado contra su garganta, escuchando el salvaje golpeteo del corazón de él y sintiendo el tranquilizador latido de su pulso.

Razvan apretó los brazos a su alrededor, meciéndola gentilmente como si la reconfortara, pero no dijo nada, sin pedir una explicación con respecto a la terminación de su juego. Ella cerró los ojos y lo saboreó. No era la fuerza física que Razvan poseía en abundancia lo que la arrastraba hacia él, era la fuerza pura de su personalidad, el pozo de la absoluta determinación de su espíritu profundamente en su interior. Era tan firme. Una roca. Para ella.

Levantó su cabeza y le sonrió, sin saber que el corazón le brillaba en los ojos.

– Eres mío, Buscador de Dragones. Mi roca.

La lenta sonrisa interrogante de él casi le detuvo el corazón.

– Eso eso lo que soy, hän ku kuulua sívametguardiana de mi corazón. Seré tu todo.

Ivory permitió que sus pies cayeran en la nieve.

– Vamos a casa.

Más que nada quería estar en casa con él. Quería su santuario privado para darle la bienvenida, para sentir como si él fuera más parte de la manada… de su hogar… como lo era de su corazón.

Razvan estiró su mano hacia ella. Ella echó una mirada al cielo, escaneando los árboles, dudando. Primero era una guerrera. Nunca podía perder eso de vista.

– Nunca vas a verte disminuída por lo que hay entre nosotros -le dijo él con suavidad.

Algo en ella se asentó. No podía imaginar verse disminuída por Razvan. Si acaso, sería mejor, más fuerte, más. Miró hacia la palma de él. Su mano era grande. Había cicatrices arriba y debajo de su muñeca y su antebrazo. Su corazón se agitó. Colocó su mano en la de él y observó como los dedos de él se cerraban sobre los suyos, vinculándolos de la misma manera que lo habían hecho las palabras rituales.

¿Recuerdas?

No podía decirlo en voz alta; significaba mucho. Ella era muy espiritual y creía, lo hicieran los demás o no, que habían sido creados para estar juntos, y esas palabras impresas en él desde el nacimiento los habían hecho uno.

Razvan atrajo la mano de ella hasta su pecho y se detuvo cerca, cepillándole la nieve de los mechones de cabello que le caían alrededor del rostro, separadas de su gruesa trenza en su batalla salvaje.

– Recuerdo cada palabra, Ivory, y las dije en serio. Deseaba el vínculo entre nosotros. No fue desesperación. Y no fue la necesidad de salvarme.

Él inclinó su cabeza oscura de esa forma lenta tan suya. Todavía tenía copos de nieve en las pestañas. Mientras se movía, una calor espeso se deslizó como melaza por sus venas. La boca de él se cerró sobre la suya y estuvo segura de que la nieve se derritió alrededor de ella. Juró que podía ver el vapor levantándose del suelo y sentir acumulándose en su mismo núcleo, líquido derretido como magma espeso.

Se presionó contra él, derritiéndose como la nieve. Se sentía en el borde de un gran precipicio, tambaleándose, sabiendo que iba a caer y que era muy tarde para salvarse. A decir verdad, no quería salvarse; en realidad se moría por saborearlo, el relámpago blanco y caliente trazó un arco a través de su cuerpo, chisporroteando en su mente, produciendo un largo cortocircuito en su cerebro, cuando estaban en campo abierto.

Cuando él levantó la cabeza, ella se tomó un momento para ahogar la intensidad de su deseo. Tomando un profundo y tembloroso aliento, Ivory se alejó de la tentación.

– Eres el hombre más letal que conozco.

– Lo tomaré como un cumplido. -La besó nuevamente-. A ti te gusta lo letal.

Él sabía como besar. Largo, suave y delicioso. Un calor lento y ardiente que abrasaba desde el interior. Se encontró sonriéndole otra vez cuando él levantó su cabeza.

– Sí, supongo que sí.

Aunque a ella le asustaba preocuparse tanto por alguien otra vez.

Caminaron a través de la nieve amontonada durante muchos kilómetros hasta que los copos empezaron a parecer una manta blanca cayendo del cielo. Podría haber sido por el mundo silencioso en el que se encontraban, extraño y blanco, y tan callado que hasta sus respiraciones parecían muy altas en el vasto silencio, pero Ivory se empezó a sentir incómoda. Otro kilómetro y sus lobos se revolvieron. Sintió la picazón extenderse sobre su piel cuando Raja levantó la cabeza de su espalda y desnudó los dientes en un gruñido.

Lo sé, lo calmó. Tenemos compañía.

Ivory miró hacia Razvan.

– Nos están siguiendo -le dijo con un hilo de voz, tan silencioso y callado como la nieve.

Una pequeña sonrisa de diversión inesperada encendió el rostro de Razvan.

– Bueno, me imagino que tendremos un poco de diversión.

Ella le frunció el ceño.

– ¿Diversión? Razvan, no es el no-muerto el que nos sigue. No podemos dejar que encuentre nuestro refugio, ni tampoco queremos enredarnos en una batalla si son Cárpatos como sospecho.

La sonrisa de él se amplió.

– Estaba bastante seguro de que alguien podía intentar seguirnos. Le estuve prestando un poco de atención mientras caminábamos, trabajando en un plan.

La mirada ámbar de Ivory se entrecerró mientras le recorría el rostro. Parecía más joven. Más feliz. Ella había logrado eso pero…

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