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Cuerpo de Muerte

Электронная книга - «Cuerpo de Muerte». Краткое содержание книги:

Thomas Lynley vuelve de su permiso tras la muerte de su mujer porque su equipo no se fía de la capacidad de la nueva jefe del departamento, la inspectora Isabelle Ardery, cuyo estilo a la hora de liderarlos parece molestar a todos y cada uno de los componentes del equipo. El conflicto empieza cuando se encuentra el cadáver de una mujer apuñalada en un aislado cementerio de Londres. Mientras que Lynley empieza sus pesquisas en la ciudad de Londres, sus anteriores colegas Barbara Havers y Winston Nkata siguen la pista hacia el sur de la ciudad. Allí descubrirán que las pistas se dirigen hacia el hermoso bosque llamado New Forest. Lo que no saben es que más de un oscuro secreto acecha en el bosque y que la investigación va a llevarlos a un final que es tan sorprendente como terrible.
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– Esta tarjeta estaba entre los objetos personales de Jemima en su habitación de Londres -dijo Barbara-. Lamento decirle que está muerta. La asesinaron en Londres hace seis días. De modo que, nuevamente, le pregunto si ha hecho algún viaje fuera de Hampshire.

Barbara había oído la expresión «blanco como el papel», pero nunca había visto que ocurriese tan deprisa. Supuso que tenía que ver con la coloración natural de Gordon Jossie: su rostro se enrojecía rápidamente y parecía perder el color de la misma manera.

– Oh, Dios mío -musitó Gina Dickens. Buscó la mano de Gordon.

El movimiento de Gina hizo que él se echara hacia atrás.

– ¿Qué quiere decir con «asesinada»? -le preguntó a Barbara.

– ¿Hay más de un significado para «asesinada»? -dijo ella-. ¿Ha estado fuera de Hampshire, señor Jossie?

– ¿Dónde murió? -preguntó él, a modo de respuesta y, cuando Barbara no le contestó, se dirigió a Nkata-. ¿Dónde ocurrió? ¿Cómo? ¿Quién?

– Fue asesinada en un lugar llamado Abney Park, en el cementerio -dijo Barbara-. De modo que, otra vez, señor Jossie, tengo que preguntarle…

– Aquí -dijo él como si estuviese aturdido-. No he salido. He estado aquí. Estuve aquí.

– ¿Aquí en su casa?

– No. Por supuesto que no. He estado trabajando. Estuve…

Gordon Jossie parecía estar absolutamente aturdido. Eso, pensó Barbara, o bien estaba tratando de hacer una jugarreta mental para ganar tiempo y encontrar una coartada que no había imaginado que tendría que ofrecer. Explicó que era especialista en empajar tejados y que había estado trabajando en un encargo, que era lo que hacía cada día, excepto los fines de semana y algunos viernes por la tarde. Cuando le preguntaron si alguien podía confirmarlo, él dijo que sí, por supuesto, por el amor de Dios, tenía un aprendiz que trabajaba con él. Les dio el nombre del joven -Cliff Coward- y también su número de teléfono. Luego preguntó:

– ¿Cómo…? -Se humedeció los labios-. ¿Cómo… murió?

– Fue apuñalada, señor Jossie -explicó Barbara-. Murió desangrada antes de que alguien la encontrase.

En ese momento, Gina apretó con fuerza la mano de Jossie, pero no dijo nada. ¿Qué podía decir, teniendo en cuenta su posición?

Barbara consideró aquella última cuestión: la posición de Gina, su seguridad, o la falta de ella.

– Y usted, señorita Dickens, ¿ha estado usted fuera de Hampshire?

– No, por supuesto que no.

– ¿Y hace seis días?

– No estoy segura. ¿Seis días? Sólo he ido a Lymington. Compras…, en Lymington.

– ¿Quién puede confirmarlo?

Gina se quedó callada. Era el momento en el que se suponía que alguien decía: «¿No estará insinuando que yo tuve algo que ver con esto?», pero ninguno de ellos lo hizo. En cambio, ambos se miraron y finalmente Gina dijo:

– Supongo que nadie puede confirmarlo, excepto Gordon. Pero ¿por qué tendría que haber alguien capaz de confirmarlo?

– ¿Conserva los recibos de sus compras?

– No lo sé. Creo que no. Quiero decir, normalmente nadie lo hace. Puedo mirar, pero realmente no creo que… -Parecía asustada-. Intentaré encontrarlos -dijo-. Pero si no puedo…

– No sea estúpida. -El comentario de Jossie iba dirigido a Barbara-. ¿Qué se supone que podría haber hecho Gina? ¿Eliminar a la competencia? No hay ninguna. Habíamos terminado, Jemima y yo.

– De acuerdo -dijo Barbara. Le hizo una seña a Winston y él cerró la libreta de notas-. Bueno, ¿ahora ya está terminado, verdad, entre Jemima y usted? «Terminado» es definitivamente la palabra exacta para describirlo.

* * *

Entró en el granero. Pensó en cepillar a Tess -como acostumbraba a hacer en aquella clase de momentos-, pero la perra no acudió, a pesar de sus insistentes llamadas y silbidos. Se quedó parado estúpidamente junto a la mesa que usaba para cepillarla, sin objetivo alguno y gritando con la boca muy seca: «¡Tess, Tess! ¡Ven aquí, perrita!». No lo consiguió; al parecer los animales tenían una gran intuición, y Tess sabía perfectamente que algo no iba bien.

La que se acercó fue Gina, que, con voz serena, dijo:

– Gordon, ¿por qué no les dijiste la verdad? -Sonaba asustada, y él se maldijo por esa nota de temor que transmitía su voz.

Ella preguntaría, por supuesto. Era, después de todo, la pregunta del millón. El quería agradecerle no haberles dicho nada a los policías de Scotland Yard, porque sabía lo que debió parecerle a Gina que les mintiese.

– Fuiste a Holanda, ¿verdad? Estuviste allí, ¿verdad? ¿Ese nuevo proveedor de carrizos? ¿Ese lugar donde los cultivan? Porque los carrizos de Turquía son una basura… Fue allí donde estuviste, ¿verdad? ¿Por qué no se lo dijiste?

Él no quería mirarla. Lo había oído todo en su voz, de modo que no quería verlo también en su rostro. Pero tenía que mirarla a los ojos por la simple razón de que ella era Gina y no cualquier otra persona.

De modo que la miró. En su rostro, no vio temor, sino preocupación. Era por él. Lo sabía, y saberlo le volvía débil y desesperado.

– Sí -dijo.

– ¿Fuiste a Holanda?

– Sí.

– Entonces ¿por qué no se lo dijiste a esos policías? ¿Por qué dijiste que…? No estabas trabajando, Gordon.

– Cliff dirá que sí.

– ¿Cliff mentirá por ti?

– Si se lo pido, sí. No le gustan los polis.

– Pero ¿por qué habrías de pedírselo? ¿Por qué no decirles simplemente la verdad? ¿Gordon, ha pasado…?

Quería que Gina se acercase a él como había hecho antes, poco después de amanecer, en la cama y luego en la ducha, porque aunque era sexo y sólo sexo, significaba más que sexo, y eso era lo que él necesitaba. Qué extraño resultaba que entendiera en ese momento lo que Jemima había querido de él y de ese acto. Excitarse y dejarse llevar y alcanzar un final para eso que nunca podía terminar, porque estaba preso en su interior, y ninguna simple unión de cuerpos podía liberarlo.

Dejó el cepillo sobre la mesa. Era obvio que la perra no tenía intención de obedecerle -ni siquiera para que la cepillase-, y se sintió como un idiota por seguir esperándola.

– Geen.

– Dime la verdad.

– Si les hubiese dicho que estuve en Holanda no se habrían detenido allí.

– ¿Qué quieres decir?

– Querrían que lo demostrase.

– ¿No puedes demostrarlo? ¿Por qué no ibas a ser capaz de demostrar…? ¿No fuiste a Holanda, Gordon?

– Por supuesto que fui a Holanda. Pero tiré el billete.

– Pero hay registros. Hay toda clase de registros. Y también está el hotel. Y quienquiera que te haya visto…, el granjero…, ¿cualquiera… que cultive los carrizos? Ese hombre podrá decirles… Puedes llamar a la Policía y contarles la verdad… y eso será todo.

– Es más fácil así.

– ¿Cómo diablos puede ser más fácil pedirle a Cliff que mienta? Porque si le miente a la Policía y ellos descubren que les ha mentido…

Ahora sí parecía asustada, pero el miedo era algo con lo que él podía enfrentarse. Era algo que entendía. Se acercó a ella del mismo modo que se acercaba a los ponis en el prado, una mano extendida y la otra visible: «no hay sorpresas aquí, Gina, nada que temer».

– ¿Puedes confiar en mí en esto? -preguntó-. ¿Confías en mí?

– Por supuesto que confío en ti. ¿Por qué no habría de confiar en ti? Pero no entiendo…

Él le tocó el hombro desnudo.

– Tú estás aquí conmigo. Has estado conmigo…, ¿qué? ¿Un mes? ¿Más? ¿Acaso piensas que yo le haría daño a Jemima? ¿Viajar a Londres? ¿Encontrarla dondequiera que estuviese y apuñalarla hasta matarla? ¿Es así como me ves? ¿Como esa clase de tipo? ¿Un tío que viaja a Londres, asesina a una mujer por ninguna razón concreta, ya que ella ha desaparecido de su vida hace mucho tiempo, luego regresa a su casa y le hace el amor a esta mujer, a la mujer que está aquí, en el centro de todo su ardiente mundo? ¿Por qué? ¿Por qué?

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