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Электронная книга - «Perdona Pero Quiero Casarme Contigo». Краткое содержание книги:

Segunda parte de Perdona si te llamo amor. La historia de amor continúa…
Alex y Niki están más enamorados que nunca, acaban de volver del faro en la isla de Blu donde han vivido días inolvidables. Niki se reencuentra con sus amigas, pero el grupo de las Ondas deberá afrontar grandes cambios que pondrán a prueba su amistad. Alex retoma su vida de siempre, sus viejos amigos. Ellos, Flavio, Enrico y Pietro han pasado de ser maridos serenos y seguros a tener que afrontar muchas difi cultades que han puesto en peligro sus matrimonios. Y ahora todas esta personas, hombres y mujeres de diferentes edades, cada uno a su manera se encuentran para refl exionar sobre el amor. Pues, ¿existe el amor? ¿Es cierta la crisis del séptimo año? ¿Tienen razón los que dicen que un amor no puede durar más de tres años? Y después, la pregunta más difícil: ¿un amor puede durar para siempre?
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– No…

– Yo creo que le gustas y lo intenta.

– Bueno, yo que tú, antes de casarme, y en lugar de las consabidas estupideces que suelen hacerse con diez amigas y el típico boy, uno de los Centocelle Nightmare o cualquier otro…, yo saldría con él; estoy segura de que me regalaría una auténtica despedida de soltera…

– ¡Consumación incluida! -añade divertida Giulia, la única que no tiene novio-. No sé por qué, pero estoy convencida de que debe de ser un auténtico placer.

– ¡Giulia! Por favor… Pero si lo divertido es pasar juntas la noche anterior a la boda… ¡Hacer el tonto sin pasar a mayores! No hacer lo Posible por acostarse con alguno.

– Si el tipo en cuestión fuese Guido…, ¡valdría verdaderamente la pena!

– Mira que los boys no están tampoco nada mal, ¿eh?

– No lo sabes tú bien… Antes del verano fui a la despedida de soltera de una amiga que se casaba… Bueno, la verdad es que el único motivo para hacerlo era que se había quedado embarazada, ¿eh?… -Giulia se da cuenta de lo que acaba de decir y, sobre todo, de la cara que ha puesto Niki-. Oh…, perdona… Bueno, es que… -Giulia cambia de expresión y adopta una más resuelta-, Niki, tú eres un caso rarísimo, ¡las chicas que se casan con veinte años lo hacen siempre por un motivo!

– ¡No es verdad! Algunas lo hacen también por amor…

– ¡Dime un nombre!

– Por ejemplo… -Niki se queda pensativa-. Niki Cavalli…

– ¡Siempre la misma!

– Está bien, volviendo a lo de antes, os decía que fui a esa despedida de soltera tan divertida y que mis amigas llevaron de todo, desde un taparrabos hasta ropa interior de leopardo… Una se presentó incluso con un vibrador de color rosa.

– ¡No!

– Sí…, con una tarjeta…

– ¡Nunca se sabe! Pues bien, en un momento dado trajeron una tarta enorme con una sola vela y las siguientes palabras escritas encima: «¡Apágame y te encenderé!» Mi amiga Valeria sopló y, ¡pum!, la tarta estalló y de ella salió un tío increíble con un cuerpo para caerse de espaldas… En fin, la música se puso en marcha y el tipo empezó a hacer un striptease. Os juro que algunas gritaban, otras casi se arrancaban el pelo, y estoy segura de que varias de ellas incluso se corrieron allí mismo.

– ¡Giulia!

– Bueno, en mi caso fue así… Ese tipo era muy sensual, sus movimientos eran perfectos, ni demasiado provocativos ni tampoco vulgares. Además, cuando ya casi estaba desnudo se acercó a Valeria y con un cambio de música perfecto simuló que hacía el amor con ella. Fue un espectáculo precioso, os lo juro.

– Pero ¿por qué nos cuentas todo esto? ¿Pretendes abrirnos el apetito?

– Después hablamos con ese chico, Daniele, se llamaba. Pues bien, he de deciros que tenía dos títulos universitarios, en astrofísica y en ingeniería aeroespacial, que había escrito varios artículos, incluso en revistas extranjeras, y sólo se dedicaba a eso para sobrevivir…

– ¿Qué pasa, que en Italia no dan becas para estudiar esas cosas? ¿Os dais cuenta?

– Qué triste…

– Ah, pero más triste aún es que nos dijo que tenía pareja… Y peor todavía, ¡que era un hombre!

– ¡Caramba! ¡Pero le seguisteis el juego! Claro, un genio homosexual… Para nosotras, unas pobres y simples solteras… Una especie de ídolo inalcanzable.

– ¡Tal y como está el patio, al menos con Guido no puede equivocarse!

– Ah, sí…, ése de homosexual no tiene nada…

Niki se echa a reír.

– ¡Sí, pero quizá no sepa hacer un striptease, y además no se ha licenciado! El problema es siempre el mismo… ¡Ser sincera con una misma y, sobre todo, admitir lo que buscas de verdad en un hombre!

– Te olvidas de una cosa… -Barbara le sonríe con malicia-. Lo que un hombre te hace creer que puedes encontrar en él. -Apenas concluye la frase se acercan a ellas Luca y Marco.

– ¡Os hemos traído algo de beber! -Les pasan los vasos que les han traído sobre una bandeja grande.

– Gracias… -Niki coge un vaso de Coca-Cola.

– Eh, ¿de qué estaban hablando estas bellezas?

– Oh… -Sara sonríe-. ¿Recuerdas a Kierkegaard, Diario de un seductor! Pues, por ahí iban los tiros…

Luca abraza a Barbara.

– Lo sabía, he tenido mucha suerte… Es difícil encontrar a una compañera guapa y divertida… ¡Y no digamos ya una inteligente! ¡Eso es casi imposible!

Barbara se vuelve, sorprendida.

– Cariño…, no me habías dicho que estabas con otra…

Todos se echan a reír y Niki se pone a beber de nuevo mirando fugazmente alrededor. Nota que Guido charla con una chica atractiva al otro lado de la sala. Ella se ríe inclinándose hacia delante. Guido sigue bebiendo limonada. En un momento dado su mirada se cruza con la de Niki y alza el vaso. Es absurdo que discutamos cada vez que nos vemos; en el fondo es simpático. Y no es peligroso. Mientras lo piensa, retumban en su mente las palabras de éclass="underline" «Es de ti de quien no debes fiarte… El exceso de seguridad te hace resbalar con mayor facilidad.» De manera que, menos segura ya, da un sorbo a su Coca-Cola y, cuando baja los ojos, ve que Giulia la está escrutando con una sonrisa divertida en los labios. Ha presenciado el intercambio de miradas y de sonrisas y ahora observa a Niki maliciosa, con aire de estar imaginando vete tú a saber qué, de tener más conchas que un galápago. Y Niki se percata de que es demasiado tarde para disimular.

Setenta y tres

Alex llega jadeante y llama a la puerta. Flavio le abre de inmediato con semblante serio y disgustado. Alex entra y cierra la puerta a sus espaldas.

– ¿Qué pasa? ¿Qué ha sucedido? ¿A qué vienen tantas prisas? ¡Apenas me ha dado tiempo a acabar la reunión para venir corriendo hasta aquí!

– La verdad es que no sé qué decirte. No sé lo que le ha ocurrido. Se ha encerrado ahí dentro y no me habla, no quiere saber nada, no atiende a razones.

– ¿En serio?

– ¿Acaso crees que bromeo?

Alex lo mira desconfiado y Flavio se siente sinceramente desolado.

– Ha dicho que sólo quiere hablar contigo. En serio, Alex, te estoy hablando en serio.

– Hum…

Al final Alex se convence. Quizá haya hablado con Susanna, se habrán dicho algo, un intercambio de ocurrencias, o quizá hayan recordado tiempos pasados, tal vez se trate de algo relacionado con sus hijos. De repente Alex tiene una intuición. Puede que él, que siempre ha estado con otras mujeres…, haya descubierto ahora que ella está con otro. Esa última reflexión acaba de convencerlo. Llama temeroso a su puerta.

– Pietro… Pietro, ¿estás ahí? Venga, déjalo ya. Hablemos… De lo que sea… Es mejor hablar, expresarlo en lugar de guardárselo dentro. Rumiar las cosas en silencio sólo sirve para empeorarlas…, ¡como en tu caso!

Por fin se abre la puerta y suena una música a todo volumen: «Zazuera, zazuera… ¡A, E, I, O, U, ipselon!»

Pietro sale de la habitación a la cabeza de una conga.

– ¡Brasil…, la-la-la-la-la-la-la-laaa…! -canta a voz en grito, feliz y alegre como nunca.

Detrás de él, con las manos apoyadas en las caderas, lo sigue una chica de color, una venezolana un poco más clara de tez y tres italianas.

– ¡Agárrate al final, vamos, ven con nosotros! ¡La última vez no te organizamos la fiesta que te merecías!

La conga desfila por delante de Alex alegre y divertida. Una sucesión de cabelleras rizadas y oscuras, lisas y rubias, e incluso pelirrojas. En el aire se entremezclan los aromas, del más dulce al más seco, todos deseables, eso sí.

Alex fulmina con la mirada a Flavio, que abre los brazos.

– Me pidió que no te dijera nada; aseguró que la sorpresa te gustaría.

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