Perdona Pero Quiero Casarme Contigo
- Автор: Моччиа Федерико
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Perdona Pero Quiero Casarme Contigo». Краткое содержание книги:
Alex y Niki están más enamorados que nunca, acaban de volver del faro en la isla de Blu donde han vivido días inolvidables. Niki se reencuentra con sus amigas, pero el grupo de las Ondas deberá afrontar grandes cambios que pondrán a prueba su amistad. Alex retoma su vida de siempre, sus viejos amigos. Ellos, Flavio, Enrico y Pietro han pasado de ser maridos serenos y seguros a tener que afrontar muchas difi cultades que han puesto en peligro sus matrimonios. Y ahora todas esta personas, hombres y mujeres de diferentes edades, cada uno a su manera se encuentran para refl exionar sobre el amor. Pues, ¿existe el amor? ¿Es cierta la crisis del séptimo año? ¿Tienen razón los que dicen que un amor no puede durar más de tres años? Y después, la pregunta más difícil: ¿un amor puede durar para siempre?
– Pues sí, de hecho… Bueno… -Flavio intenta sobreponerse-. Yo creí… En fin. Como se hacía la estrecha…
– ¡Evidentemente! Es su trabajo. ¡El hombre debe creer que es siempre el depredador!
Flavio da un sorbo a su capuchino. Sigue dándole vueltas a lo que ha pasado.
– ¿Y las demás?
– No, ésas eran simplemente chicas imagen. Ciento cincuenta euros.
– Ah, simplemente… También ellas bailaban bien.
– Sí, de maravilla. Bueno, me voy a trabajar, colega. En cualquier caso, estoy feliz, la noche no podría haber ido mejor.
Flavio cae de repente en la cuenta.
– Pero ¿qué hicieron Enrico y Alex?
Pietro se pone el abrigo.
– Imagínate… A esas alturas estabas ya borracho y no te diste cuenta de nada. Enrico sintió una repentina nostalgia de Ingrid…
– ¿A pesar de esa canguro, Anna, que, según dice, es una maravilla?
– Sí, no pudo resistirlo y puso pies en polvorosa… Samantha, una de las chicas imagen, había concluido el tiempo que debía pasar con nosotros y le pidió que la llevase, pero él se negó.
– ¡No!
– Sí, tuve que llamar a un taxi.
Flavio sacude la cabeza y muerde un trozo de croissant.
– Está fatal… ¿Y Alex?
Pietro esboza una sonrisa.
– La venezolana… ¿Te diste cuenta de lo guapa que era?
– Sí, Monica Belluci a su lado es un adefesio.
– Bueno, me gustaría contarte lo que vi hacer a Alex, pero soy un señor.
– ¡No! ¿Y eso desde cuándo?
Pietro asiente con la cabeza.
– Soy un truhán, soy un señor… -Se dirige en silencio hacia la puerta de entrada-. Sólo te diré una cosa: mientras tú dormías, la oí gritar -y sale dejando a Flavio patidifuso.
Increíble. Quién me lo iba a decir. Alex la ha hecho gritar, uno nunca sabe qué puede esperar de la gente. Crees que son de una manera pero luego siempre te sorprenden. Justo en ese momento se abre la puerta de la calle y Pietro vuelve a entrar.
– Ah, lo de Alex era una broma, ¿eh? ¡Aunque ojalá cayera en la trampa! Ése está completamente enamorado y cree que incluso yendo de putas engaña a Niki.
– Ah… -Flavio se siente más relajado-. ¿Entonces?
– ¡Pues que no hizo nada!
– ¿Y malgastaste quinientos euros?
– ¿Yo? ¿Estás loco? ¡Al final le dije que yo también me caso el mes que viene! A ver quién es el tonto que deja escapar a una como ésa…
– ¡Alex!
– Pues sí… -Pietro cierra la puerta y luego grita desde fuera-: ¡Ah, acuérdate de hacer la compra!
Flavio coge un folio y empieza a escribir de inmediato todo lo que hace falta para la casa. Pasta, agua, servilletas, vasos, vino tinto, blanco, champán…, champán como el de anoche. Se detiene, se mete el bolígrafo en la boca y se queda absorto contemplando la sala. La verdad es que Jacqueline, la brasileña, estaba cañón… La recuerda ensimismado. Rememora como flashes los diferentes momentos de la noche, la luna, su cuerpo oscuro entre las sábanas blancas…, y todas las cosas que le dije, palabras de amor, palabras dulces, las palabras de un borracho. Quién sabe, quizá se reía para sus adentros. Quiero decir que le habían pagado, de manera que toda esa cháchara estaba de más. Podría haber dicho la gilipollez más grande y ella le habría prestado igualmente atención. Y yo que pensaba ya mandarle flores con una nota… Palabras de amor. «En la oscuridad de la noche, una única sonrisa: la tuya.» Tenía unos dientes perfectos. De repente lo invade un sentimiento de vacío, una tristeza infinita, un malestar existencial. y piensa en ella. En Cristina, en su esposa, en su vida, en su trayectoria juntos, en su deseo de construir y, sobre todo, en la belleza de sentirse enamorados. Y, de pronto, ese loft le parece completamente vacío y nunca como en ese momento considera atinada esa frase. Se la dijo su padre antes de casarse: «Habrá días en que no tendrás ganas, en que deberás esforzarte incluso para hacer el amor con tu esposa… Pero llegará un momento en que lo vuestro te parecerá tan importante que el resto se desvanecerá. ¿Sabes cuándo tuvo lugar ese momento en mi caso? Cuando naciste tú.» En ese instante Flavio entiende otra cosa. Que crecer es muy doloroso.
Setenta y seis
La sala de espera está bien iluminada. Una emisora de radio pincha melodías de siempre a un agradable volumen, que no molesta. Colores cálidos y relajantes. En una de las paredes hay colgada una imagen cómica: unos patos retratados en diferentes escenas. Uno corre vestido con un chándal, otro levanta unas pesas, otro cocina una tarta. Las sillas son cómodas, robustas y están tapizadas.
Una señora hojea aburrida un periódico. Se detiene en una fotografía grande de moda, observa a la modelo y hace una ligera mueca. Después pasa la página y lee. Una pareja de unos treinta años cogida de la mano bromea en voz baja sobre algo que ha sucedido por la mañana en una tienda. Bajo el abrigo de ella se adivina una prominente tripa. Parecen felices. Una joven, sola, escribe nerviosa un sms. Después espera unos instantes a recibir la respuesta. La lee. Pone los ojos en blanco aún más crispada. Otra mujer está sentada junto a un niño de unos cuatro años que juega con un muñeco mientras la acribilla a preguntas. Ella le responde con paciencia y dulzura.
Diletta balancea arriba y abajo los pies. Filippo está en silencio. Mira alrededor. Esa pareja…, a saber quiénes son. ¿Estarán casados? ¿Estarán bien? Después piensa en ellos dos. Somos muy jóvenes. Todavía no me lo puedo creer. Si la ginecóloga nos lo confirma, ¿qué hacemos? Sigue dándole vueltas a esas ideas, que, sin lugar a dudas, lo superan. Se retuerce las manos y entrelaza los dedos.
Diletta respira profundamente. Mira al niño rechoncho, cómico, rubio y curioso. Una vida en crecimiento. Se toca el vientre de manera imperceptible, como si de un acto reflejo se tratara. De improviso se siente ligera. Emocionada. Tiene miedo, sí, pero esa espera no deja de ser también una sensación agradable. Aunque no se lo dice a Filippo. Sabe de sobra hasta qué punto está turbado. Mucho.
– ¿Adeli?
Una voz saca a Diletta y a Filippo de su ensimismamiento.
– Sí, somos nosotros.
Se levantan a la vez y entran en la consulta de la ginecóloga.
– Buenos días. Poneos cómodos. -La doctora Rossi parece una persona amable. Es una mujer de unos cuarenta años, delgada, con una melena larga que le roza los hombros, lisa y de color castaño claro. Lleva gafas. Tiene una mirada bondadosa y sonríe de manera tranquilizadora-. Vosotros diréis…
Diletta y Filippo miran alrededor. En las paredes hay varios pósteres con imágenes ilustrativas de las distintas fases del embarazo o del ciclo menstrual. El sol del atardecer ilumina la gran planta que hay junto a la puerta acristalada. Sobre el escritorio, un marco contiene la fotografía de dos niños risueños en una playa. Quizá sean los hijos de la doctora.
Diletta hace acopio de valor.
– Sí…, bueno, pues que anoche hicimos dos test de embarazo y… -La doctora Rossi la mira impasible, coge una carpeta nueva del mueble que hay a sus espaldas y escribe el nombre de Diletta. A continuación la abre y anota algo. Diletta busca con la mirada a Filippo y a continuación prosigue, titubeante-: Los dos dieron positivo, vimos dos rayitas oscuras…, pero no sabemos si…
La doctora sigue escribiendo. A continuación alza la cabeza y mira primero a Diletta y después a Filippo.
– Ya me imagino. ¿Cuántos días de retraso?
– Dos semanas.
– Muy bien. Queréis saber si el resultado es fiable. Habéis hecho bien en venir. En efecto, es mejor hacer un examen más detallado. Para empezar, una ecografía transvaginal nos dará ya una mayor certeza… Y después hay que hacer una beta-hCG, es decir, un análisis de sangre. ¿De acuerdo? -habla en tono tranquilo. Esos dos chicos son muy jóvenes y sabe que están asustados. Diletta se da cuenta y le sonríe.