Perdona Pero Quiero Casarme Contigo
- Автор: Моччиа Федерико
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Perdona Pero Quiero Casarme Contigo». Краткое содержание книги:
Alex y Niki están más enamorados que nunca, acaban de volver del faro en la isla de Blu donde han vivido días inolvidables. Niki se reencuentra con sus amigas, pero el grupo de las Ondas deberá afrontar grandes cambios que pondrán a prueba su amistad. Alex retoma su vida de siempre, sus viejos amigos. Ellos, Flavio, Enrico y Pietro han pasado de ser maridos serenos y seguros a tener que afrontar muchas difi cultades que han puesto en peligro sus matrimonios. Y ahora todas esta personas, hombres y mujeres de diferentes edades, cada uno a su manera se encuentran para refl exionar sobre el amor. Pues, ¿existe el amor? ¿Es cierta la crisis del séptimo año? ¿Tienen razón los que dicen que un amor no puede durar más de tres años? Y después, la pregunta más difícil: ¿un amor puede durar para siempre?
Y así, alegres y divertidos, siguen acribillando al pobre Renato Materia con cualquier tipo de producto agrícola hasta que, arrojado con gran precisión y fuerza, un huevo le da en plena frente, le estalla en la cara y lo obliga a hacer una retirada vergonzosa.
– ¡Cabrón! ¡Cabrón! ¡Cabrón! -El grupo que está bajo las órdenes de Adriano Mei sigue ensalzándolo y finalmente inicia una especie de carga que obliga a Materia a huir a la habitación que está al fondo del pasillo.
Su pseudoagente, Aldo Lanni, está hablando en esos momentos con una chica muy atractiva.
– Puedo buscarte algo importante en televisión: tenemos un montón de contactos…
– ¿En serio? Me encantaría.
– En ese caso dame tu número de teléfono y te llamaré.
Justo en ese momento se abre la puerta y Materia sale en estampida cubierto de verduras apestosas y de huevos podridos.
– Pero ¿qué te han hecho?
– ¡Ensaladilla rusa, eso es lo que me han hecho! Me han cubierto de porquería y si me pillan hasta serían capaces de pegarme… ¡Vayámonos, de prisa!
A Aldo Lanni no le da tiempo a anotar el número de la potencial soubrette.
– ¡Mierda! -Materia le tira de la cazadora.
– ¡Vamos al coche, venga!
– ¿Dónde lo has aparcado?
– Ahí abajo.
Suben al vuelo a un Mercedes descapotable. Lanni lo pone en marcha, pero los chicos capitaneados por Adriano Mei salen por la misma puerta y echan a correr en pos de ellos.
– ¡Ahí están! ¡Venga, venga!
Lanni acelera, pero uno de los jóvenes estudiantes tiene una botella en la mano que lanza con rabia y con fuerza, ésta impacta de lleno en la luna trasera y la hace estallar en mil pedazos.
– ¡Mierda, lo compré hace seis meses! -Aldo Lanni dobla a la izquierda y se dirige a toda velocidad hacia la salida, fuera de peligro ya.
Materia se vuelve. Los chicos han dejado de correr detrás de ellos.
– ¿Se puede saber por qué están tan cabreados? ¿Qué les has dicho?
– ¡No les he dicho nada! Les estaba diciendo las cosas de siempre…, esa estupidez sobre los políticos y los candados…
– Ya te he dicho que debes cambiar. ¡Se han cansado de oírlo!
– No se trata de eso. No sé cómo se han enterado de lo del dinero para esa ONG.
Aldo Lanni sacude la cabeza.
– También te lo dije. Deberías haber aceptado lo que te ofrecieron… Tío, has tensado demasiado la cuerda.
– No sé por qué, pero creo que tienes razón… -Permanece en silencio por unos instantes.
Aldo Lanni lo mira de vez en cuando por el rabillo del ojo mientras sigue conduciendo.
Un reguero de clara de huevo se desliza por la frente de Renato Materia. Aldo Lanni sonríe. Lo tiene bien merecido, piensa. Así aprenderá a no aceptar todo lo que le proponen y, sobre todo, a no reducir al cinco por ciento mi porcentaje. ¿Qué se ha creído? ¿Que uno se hace rico solo? ¡Y en televisión, además! Increíble. Adriano
Mei lo ha hecho bien, justo lo que le dije, nada de acciones violentas, sólo meterle un poco de miedo. Así Materia se asustará y seguirá trabajando… para llenarme a mí los bolsillos.
– Escucha, esto… -Materia se vuelve hacia él-. Lo que necesitamos es una izquierda constructiva, a un tipo inteligente que trabaje con el cerebro, basta de demagogia, hacen falta ideas más profundas. ¿Qué te parece, eh? ¿Qué te parece? ¿Bueno, verdad?
Aldo Lanni lo mira risueño.
– Estupendo, tío… Utilízalo. Con eso volverán a creer en ti y en tus palabras… Y abandona también la idea de los interfonos. Eso lo hace todo el mundo.
– Tienes razón. -Materia lo mira radiante-. De no ser por ti…, ¿qué haría?
Aldo Lanni asiente con la cabeza y le da una palmada en la pierna izquierda, la única zona que ha resistido íntegra al ataque de Adrian Mei y sus compañeros.
Después de hacer algún que otro comentario divertido, el grupo! en cuestión entra con parsimonia en la sala, la música sigue sonando como si nada hubiese ocurrido, algunos se ponen a bailar de nuevo en un rincón, otros se besan, otros ríen tras contar una anécdota divertida, una chica mira desde lejos al chico que le gusta a rabiar y al que no se atreve a acercarse.
– Bueno, ¿qué hacemos? -Guido aparece a espaldas de Niki con un vaso de plástico, una limonada con un poco de vodka y una hoja de menta que navega alegremente en ella.
– ¡Menudo susto me has dado!
– ¿Por eso?… Pues sí que… Eres una temeraria.
– ¿A qué te refieres? ¿Por qué me dices eso?
Guido sonríe y bebe de su pajita tomándose el tiempo necesario para aumentar el suspense.
– Mmm…, está rico, ¿quieres un poco?
Niki mira la pajita que acaba de usar su amigo. Pero ¿qué se ha creído? ¿Qué manera de hablar es ésa? Es un arrogante. Guapo y arrogante. Y tener que reconocerlo le molesta aún más.
– No, gracias… Me gustaría saber a qué te refieres.
– Oh, a nada…, ¿por qué? ¿Tienes algo de que defenderte?
– La verdad es que no, sigo tranquila por mi camino. -A continuación esboza una sonrisa forzada-. Eres tú el que ha interrumpido de repente mis pensamientos.
– Dime, ¿estás pensando en la música que vas a elegir?
Niki lo mira arqueando las cejas.
– Me refería a la ceremonia… Me han dicho que te casas.
A Niki se le acelera el corazón y enrojece, como si se hubiese bebido todo ese vodka. Uf, ¿por qué me lo tomo así? Ni que fuera imbécil. ¿Se puede saber qué me pasa? ¿Por qué me ruborizo? No consigue encontrar ninguna explicación. Un repentino remolino de pensamientos y sensaciones, un vendaval de emociones que confunden su corazón.
– Aparte de que hace dos días que te conozco…
– Precisamente, da la impresión de que te refugias en un matrimonio repentino.
– ¿Estás bromeando? ¿Por qué debería hacerlo?
– ¿Sabes?… -Guido se sienta en el murete y sigue dando sorbos a su limonada tranquilamente-. Siempre es lo mismo: cuando nos sucede algo que no sabemos explicar, escapamos o nos escondemos en lugar de afrontarlo.
– Pues yo ni me escapo ni me escondo… Y la verdad es que esta discusión me parece absurda.
– ¿Discusión? Pero si simplemente estamos hablando… ¡Pensaba que estarías más serena después de haber dicho a todo el mundo que te casas! Por lo general, para una chica es un gran motivo de felicidad, ¿no? -El muy caradura sigue bebiendo su limonada con vodka. -Y, de hecho, lo es, pero no se lo cuento al primero que pasa…
Guido se quita la pajita de la boca sorprendido.
– ¿Y quién es el tipo en cuestión? Preséntamelo, porque me gustaría decirle unas cuantas cosas y darle varias patadas.
Niki sonríe.
– Eres tú.
– ¿Yo? Hum… ¿Recuerdas lo que decía Jim Morrison? «A veces basta un instante para olvidar una vida, pero a veces no basta una vida Para olvidar un instante.»
– ¡Qué bonito! Pareces el hombre Perugina, [1] con un mensaje para cada ocasión en tu interior.
– Sí, es verdad… De hecho muchas chicas me dicen que soy dulce, un bombón… Otras, las que no me han probado, mantienen las distancias por miedo.
– Pues que sepas que a mí no me asustas.
– No me refería a ti.
Niki lo mira hostil, entornando los ojos y escrutándolo. Guido se percata.
– Ay, ay, ay… Se ha enfadado. Niki respira profundamente. Guido rompe a reír.
– Y mucho. Está bien… -Apura su vaso y baja del murete-. Oye, creo que estamos enfocando mal las cosas: cada vez que nos vemos acabamos discutiendo. Por lo visto hay algo que no funciona entre nosotros.
– Sí: tú.
– ¿Lo ves? Eres demasiado agresiva. ¿Por qué no salimos una noche a cenar y hablamos? Todavía no te has casado, ¿no?
– ¿Y eso qué tiene que ver? No veo por qué no voy a poder salir entonces.