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Электронная книга - «Perdona Pero Quiero Casarme Contigo». Краткое содержание книги:

Segunda parte de Perdona si te llamo amor. La historia de amor continúa…
Alex y Niki están más enamorados que nunca, acaban de volver del faro en la isla de Blu donde han vivido días inolvidables. Niki se reencuentra con sus amigas, pero el grupo de las Ondas deberá afrontar grandes cambios que pondrán a prueba su amistad. Alex retoma su vida de siempre, sus viejos amigos. Ellos, Flavio, Enrico y Pietro han pasado de ser maridos serenos y seguros a tener que afrontar muchas difi cultades que han puesto en peligro sus matrimonios. Y ahora todas esta personas, hombres y mujeres de diferentes edades, cada uno a su manera se encuentran para refl exionar sobre el amor. Pues, ¿existe el amor? ¿Es cierta la crisis del séptimo año? ¿Tienen razón los que dicen que un amor no puede durar más de tres años? Y después, la pregunta más difícil: ¿un amor puede durar para siempre?
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La fiesta prosigue. También Flavio, que está sentado en el sofá, parece alegre, charla con una brasileña intentando enseñarle varias palabras en italiano que ella da la impresión que no acaba de captar.

– Tú, pájara de mucho cuidado.

– ¿Qué quieres decir? ¿Que te gusto?

– No…, que eres una listilla.

– ¿Listilla?

– ¡Astuta! -Flavio se lleva el pulgar al pómulo y simula hacer un corte hacia abajo-. Que vas directa al grano, ¿entiendes?

– ¡No! -La brasileña se levanta, se pone a bailar y exhibe sus atributos moviéndose con un ritmo perfecto-. Directa, no. ¡Yo, toda curvas!

Alex sacude la cabeza y admira las caderas suaves y sin un gramo de grasa de la guapísima venezolana, que se vuelve y le sonríe. Sí, reconozco que es guapa, es mi fiesta y quiero divertirme, pero ¿y Niki-Valentina? ¿Quién es capaz de olvidarla? Dé manera que sigue bailando alegre y sereno, consciente de que su verdadero sueño prohibido lo espera en casa.

Setenta y cuatro

Olly llega con unos minutos de retraso. Las puertas de cristal se abren, las chicas de la recepción la saludan. Sube de dos en dos los peldaños de la escalinata del vestíbulo, recorre un largo pasillo y entra en el departamento de Marketing. Saluda a los compañeros que ya están trabajando. Se encamina hacia su escritorio y se sienta. Exhala un largo suspiro. Mira por la ventana. El cielo está ligeramente nublado. pero todavía no llueve. Y quizá no lo haga. Olly enciende su móvil. Hoy debe acabar de ordenar uno de los archivos de direcciones para la nueva campaña publicitaria. Se trata de un simple trabajo de archivo por orden alfabético; además, debe añadir varios nombres nuevos. Resopla y abre el Excel. En ese momento entra Simone. La ve sentada a la mesa. Se atusa el pelo, se ajusta las gafas y se aproxima a ella.

– Hola, ¿cómo va?

– No va…

– Eh…, lo sé… Vamos, llevas más de un mes aquí, y si Eddy no te ha echado ya es porque tiene una buena opinión de ti…

– Pues menudo consuelo. Jamás me dirige la palabra, dentro de un mes se acaban las prácticas y yo no he aprendido nada sobre diseño de moda…

– Bueno, ya sabes lo que dicen, ¿no? Para aprender a escribir basta calzarse un par de zapatos y echar a andar… Significa que se empieza desde muy lejos…

– ¿Se puede saber dónde has oído eso? -Olly sigue tecleando sin mirar a Simone. Se percata de que ha sido brusca con él y alza la mirada-. Perdona, no estoy enfadada contigo, es que todo me sale mal. Incluso en el amor.

Simone la mira y opta por no profundizar. La ve rara.

– ¿Cómo van tus diseños? -le pregunta en cambio.

– Bueno, soy la única que los mira, nadie les presta la menor atención. Los guardo todavía en el cajón…

– Enséñame los últimos, venga.

Olly ladea la cabeza desganada. Resopla.

– No, mejor no…

– Venga, no te hagas de rogar… -Simone rodea la mesa y abre el cajón.

– No, vamos… -Olly intenta detenerlo, pero Simone es más rápido. Coge la carpeta y la abre. Le echa un vistazo.

– ¡Son preciosos, Olly!

– Eres el único que lo dice.

– No, soy objetivo, confía en mí…

Ella lo mira sonriente. La verdad es que este chico es tierno. Hace lo que puede para ser amable conmigo, pero yo estoy fatal. No dejo de pensar en Giampi. No ha vuelto a dar señales de vida. No responde los sms ni los e-mails. También me ignora en Facebook y, cuando coincidimos en el chat, se desconecta de inmediato. Por si fuera poco, en su perfil ha escrito: «Decepcionado del amor.» Fantástico. Me siento fatal.

– ¿Te apetece un café, Olly? No importa que hayas llegado tarde, cinco minutos más o menos… Venga, bajemos…

Simone la lleva cogida de la mano. Salen de la habitación. Llegan al vestíbulo, entran en el bar y ponen dos monodosis de café en la máquina. Esperan unos segundos y después retiran de debajo del aparato los vasitos de papel. Cogen unos sobrecitos de azúcar moreno y dos cucharillas.

– Hablo en serio, Olly, debes creer un poco más en tu trabajo.

Ella da el primer sorbo y a continuación sopla para enfriar un poco el café.

– Eres demasiado bueno. Eddy, la única persona que cuenta aquí, primero dijo que eran dignos de un niño de guardería y, después, de uno de segundo de primaria.

– ¿Lo ves? ¡Eso significa que ya has dado un paso adelante! Ahora debemos de estar, como poco, en primero de secundaria.

Simone apura el café de un sorbo. Deja tan sólo un poco de azúcar en el fondo y lo recoge con la cucharilla.

– Eres un tipo optimista, ¿eh? Desde ese día no ha vuelto a decirme nada… Ni siquiera recuerda que existo…

Simone la escruta. Se mete en la boca la cucharilla con el azúcar. Yo sí que recuerdo que existes. Eres preciosa. Me pregunto, sin embargo, si eres consciente. Si te importa. Si sabes que me gustas. Olly se vuelve de golpe y ve que él la mira pasmado. Simone se sobresalta. El azúcar se le atraganta y tose.

Olly esboza una sonrisa.

– Venga, ahora volvamos arriba… De lo contrario, Eddy me echará a la calle en menos que canta un gallo…

Tiran los vasitos a la basura y suben de nuevo la escalinata del vestíbulo. Cuando entra en su despacho Olly se lleva un susto de muerte. Eddy está sentado a su escritorio. Simone la mira y le guiña un ojo. A continuación los deja solos. Olly traga saliva y se acerca a la mesa.

– Ya veo que haces lo que te da la gana, ¿eh? Pausa para tomar un café a las nueve y media. Ni siquiera has empezado a trabajar y ya te ausentas. Y, por si fuera poco, esta mañana has llegado tarde.

Olly tiembla. Pero ¿qué pasa? ¿Tiene espías por todas partes? En cualquier caso mantiene la calma. Eddy se levanta y se dirige a otra chica. Le dice algo sobre el trabajo. Después mira de nuevo a Olly antes de salir.

– La verdad es que haces menos que nada. Ni siquiera serías capaz de diseñar…, no sé, tres modelos con sus correspondientes telas. No obstante, por lo visto es lo que quieres hacer… Bah… -Se marcha.

Olly asiente sin pronunciar palabra y lo contempla mientras se aleja. Pero ¿qué le he hecho yo a ese tipo?

Setenta y cinco

Pietro hojea rápidamente el periódico con la mano izquierda mientras bebe un capuchino con la derecha. De repente repara en una noticia y sacude la cabeza poco convencido. No es cierto. Qué estafadores, el cincuenta por ciento de las noticias que aparecen en los diarios son falsas. Habría que verificarlas. Al fondo de la sala se abre la puerta del dormitorio de Flavio, que sale con el pelo enmarañado y con la parte de arriba del pijama del revés.

– Madre mía, qué noche…

– Habla con propiedad… -Pietro apura su capuchino-. Madre mía… ¡Vaya polvo! ¿O no?

– Sí… Increíble. -Flavio sigue atontado pero risueño, se sienta orgulloso a la mesa y se sirve un poco de café en una taza-. Apenas me lo podía creer, menuda fiera, me ha puesto en un aprieto, la verdad… Jamás me lo habría imaginado, ¡ha sido una noche realmente increíble!

Pietro se pone la chaqueta.

– Eso espero porque, con lo que me ha costado…, sólo habría faltado que después no estuvieses contento…

– ¿De quién hablas? ¿De la brasileña?

– Por supuesto, esas dos cuestan quinientos euros la noche, ¿qué te crees, coño? ¡Ella y la venezolana! Quería que Alex y tú quedarais contentos. Tú necesitabas recuperar un poco de autoestima, tranquilidad y sobre todo… ¡desahogarte! Él…, bueno, era su fiesta… Mejor dicho, ¡más que una fiesta era su sacrificio! ¡En fin, que le correspondía una acompañante con cualidades especiales!

En ese momento Pietro se percata de que Flavio se ha quedado con la boca abierta.

– Perdona, ¿pensabas que habíais ligado con una chica normal? Pero si se veía a la legua, sólo la manera de bailar… ¿No viste cómo te metía las tetas en la cara y movía el culo? Por favor… De infarto…

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