Perdona Pero Quiero Casarme Contigo
- Автор: Моччиа Федерико
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Perdona Pero Quiero Casarme Contigo». Краткое содержание книги:
Alex y Niki están más enamorados que nunca, acaban de volver del faro en la isla de Blu donde han vivido días inolvidables. Niki se reencuentra con sus amigas, pero el grupo de las Ondas deberá afrontar grandes cambios que pondrán a prueba su amistad. Alex retoma su vida de siempre, sus viejos amigos. Ellos, Flavio, Enrico y Pietro han pasado de ser maridos serenos y seguros a tener que afrontar muchas difi cultades que han puesto en peligro sus matrimonios. Y ahora todas esta personas, hombres y mujeres de diferentes edades, cada uno a su manera se encuentran para refl exionar sobre el amor. Pues, ¿existe el amor? ¿Es cierta la crisis del séptimo año? ¿Tienen razón los que dicen que un amor no puede durar más de tres años? Y después, la pregunta más difícil: ¿un amor puede durar para siempre?
– Está bien -responde mirando a Filippo, que asiente con la cabeza.
Lo observa por unos segundos. Tiene la cara un poco pálida. A saber en qué estará pensando. No ha abierto la boca desde anoche.
Filippo escruta la pantalla que hay encendida a cierta distancia, junto a la camilla. En su fuero interno espera que borre de un plumazo todos sus temores.
– ¿Necesitas ir al baño? -le pregunta la doctora a Diletta.
– No, no, estoy bien. He ido antes, mientras esperaba.
– Perfecto. La transvaginal debe hacerse con la vejiga vacía.
– ¿Mi novio debe salir? Me gustaría que se quedara…
– Como él prefiera…, a mí me da igual…
Las dos mujeres se vuelven hacia Filippo, que, avergonzado, asiente con la cabeza.
– No, no…, yo también me quedo -dice, y permanece sentado.
La ginecóloga invita a Diletta a desnudarse y luego le pide que se tumbe en la camilla. Le habla para tranquilizarla, bromea también un poco diciendo que hacen muy buena pareja. Diletta se relaja y deja que la examine. La doctora se pone manos a la obra. Se lava las manos y se pone unos guantes blancos de látex. Filippo la observa y siente que la cabeza empieza a darle vueltas. La doctora Rossi introduce la sonda cubierta de una funda blanda y gel de ultrasonido. Mientras tanto le va explicando todo a Diletta con palabras sencillas, intentando confortarla.
– Si te hago daño, dímelo…, iré despacio. Ahora empezamos a observar el útero y los ovarios. Puedes verlos conmigo en la pantalla… -Diletta asiente con la cabeza, nota una ligera molestia, aunque nada que no pueda soportar. La doctora es afable. A continuación ladea un poco la cabeza hacia el vídeo, que muestra una especie de media luna rayada-. ¿Te habías visto alguna vez así? Impresionante, ¿verdad? -sonríe.
Diletta niega con la cabeza y sigue escuchándola atentamente sin dejar de mirarla.
– Este tipo de ecografía nos permite ver la cavidad uterina…, aquí está… -Sigue moviendo poco a poco la sonda para explorarlo todo. De improviso se detiene-. Pues bien, chicos… -Filippo se levanta de la silla y se acerca a ellas. Prueba a comprender esas imágenes disgregadas que se mueven por la pantalla-. Aquí tenéis la bolsa gestacional. Ahora tiene casi un centímetro de diámetro y crecerá durante los próximos días…
– Pero ¿eso qué quiere decir? -pregunta Filippo, ligeramente asustado.
– Que tu novia está en estado interesante… -contesta la doctora mirando risueña a Diletta-. En cualquier caso, todavía te quedan varias semanas para decidir si quieres tenerlo o no… Ahora hablaremos. -Filippo y Diletta se miran atemorizados-. Puedes bajar ya y vestirte.
Diletta obedece. Filippo vuelve a sentarse un poco aturdido y en silencio. Estado interesante… ¿Por qué lo llamarán así? ¿Para quién lo es? Para mí no, desde luego. A mí me interesan otras cosas. Correr por el parque. Las carreras. Algunos exámenes de arquitectura. Mis CD. Todas las películas de Tom Cruise. La tarta de chocolate con coco. Hacer el amor con Diletta. Pero esto, no. Esto me asusta.
Diletta se sienta a su lado. Le roza el brazo. Él se vuelve intentando sonreírle.
La doctora Rossi los mira con dulzura.
– Veo que os sorprende… Lo entiendo. Sea como sea, no dramaticemos. Por el momento os sugiero que habléis con vuestros padres porque, aunque seáis mayores de edad, sois en cualquier caso muy jóvenes y, por tanto, es mejor ser sinceros y compartir con ellos este momento. Luego, como os decía antes, podéis decidir serenamente qué queréis hacer… Os aconsejo que vayáis a un consultorio donde unos expertos escucharán vuestras dudas, los eventuales temores que podáis tener, y os darán algunas indicaciones útiles… Podéis ir con toda tranquilidad. Es muy importante, tan importante como hablar con las Personas que os quieren…
– ¿Se refiere a una posible interrupción…? -interviene Filippo.
Al oír esa palabra, Diletta se vuelve de golpe y lo mira con aire interrogativo. La doctora Rossi se percata.
– Sí, es una de las posibilidades. Pero antes de tomar una decisión debéis reflexionar con detenimiento. Desahogaos y no os ocultéis nada de lo que podáis sentir… No es momento de tomarse las cosas a broma. Probad a imaginar los posibles escenarios, las consecuencias de vuestras respectivas decisiones para los dos, y discutidlo… La decisión sólo viene después. Escuchad lo que os dice vuestro corazón y no perdáis la lucidez. Se lo digo a todos, no os preocupéis. El embarazo es un momento importante a cualquier edad.
Diletta sigue sin dar crédito.
– Pero, doctora, ¿puedo volver a su consulta? No tengo ginecóloga. Sólo conozco a mi médico de familia. Y usted me gusta…
La doctora Rossi sonríe.
– ¡Gracias! Está bien, si queréis, sí, por supuesto… En ese caso te anoto para el análisis de sangre y completo tu historial. Cuando me traigas los resultados puedes contarme cómo han ido los primeros días después de la noticia, ¿eh?
– Sí…
– Muy bien. Dime tus datos para que los escriba aquí…
Mientras Diletta contesta, Filippo permanece sentado a su lado, inmóvil y en silencio. No sabe qué hacer. Pensar. Diletta le ha pedido a la doctora si puede hacerle ella el seguimiento. Diletta lo mira enojada cuando se habla de aborto. La ginecóloga habla de todo como si fuese la cosa más natural del mundo. ¿Y yo? ¿Qué pinto yo en todo esto? ¿Lo habéis pensado? Que alguien pare este tren, que yo me bajo. Quiero volver a esa noche y cambiarlo todo. ¿Por qué se me ocurriría dar una vuelta tan larga para enseñarle a Diletta ese arco? ¿No podría haberme limitado a acompañarla a casa? De ahora en adelante llevaré por lo menos diez preservativos en la guantera. Quiero escapar. Me gustaría despertarme mañana por la mañana y descubrir que todo ha sido una pesadilla. Que Diletta tiene la regla, que todo vuelve a ser como siempre, y que yo no estoy a punto de convertirme en… ¡padre! ¡Padre! ¡Socorro! Un niño entre mis brazos. Mi hijo. Le vienen a la mente las escenas más absurdas. Tres hombres y un bebé. La pusieron en televisión la otra noche. Incluso le hizo reír. Pe-ter, un arquitecto, Michael, un dibujante de cómics y diseñador de muñecos, y Jack, un ex publicista y actor, se encuentran una mañana una cuna en la puerta de su casa. Dentro está Mary, una niña recién nacida. Qué escenas. Cuando la cambian o intentan darle de comer… Filippo empieza a temblar un poco. Jadea y el corazón le late a mil por hora.
– ¿Verdad, Filippo?
Al oír su nombre, se agita.
– ¿Eh? ¿Qué pasa?
– ¿No me has oído? Decía que volveremos a la consulta de la doctora dentro de una semana con los resultados de la beta-hCG. ¿Te parece bien?
– Ah…, sí, claro.
– Diletta, es importante que sepas que desde ahora, desde las primeras semanas, el sistema hormonal sufre alteraciones para proteger el embarazo. Te sentirás distinta…, por ejemplo, un poco atontada, tendrás náuseas, quizá no te apetezcan algunas comidas o no soportes ciertos olores. En cualquier caso, todo eso es normal y no debes preocuparte.
Diletta asiente con la cabeza. Parece como suspendida. Escucha las palabras y las entiende, pero sin acabar de darse cuenta del todo. Se vuelve hacia Filippo. Lo ve desencajado.
– Muy bien, chicos. Os dejo mi tarjeta. Volveremos a vernos dentro de una semana, a las seis de la tarde. Os espero. Y, os lo ruego…, mantened la calma. ¿De acuerdo?
Diletta y Filippo se levantan.
– Sí, gracias, doctora… Nos vemos dentro de siete días.
La doctora Rossi los acompaña a la puerta. Los observa mientras salen silenciosos y luego vuelve a su consulta. Se sienta un momento a su escritorio antes de llamar al próximo paciente. Coge el auricular. Mira la fotografía. Las dos sonrisas retratadas la saludan desde allí, felices, en esa playa de Fregene. Sacude levemente la cabeza. Un recuerdo fugaz atraviesa su mente. Retrocede en el tiempo y, de repente, la cuenta atrás se detiene. Ve a una chica de diecinueve años, guapa, resuelta y segura de sí misma. Rodeada de amigos y risueña. Una noche equivocada. O quizá sólo arriesgada. Alguien a quien amar. Una noche exclusivamente suya. Y a continuación, una encrucijada. El miedo. La soledad. Y una decisión. Esa decisión. Drástica. Que tomó con determinación después de pasar varias noches de llantos e incertidumbres. Y sin alguien con quien compartirla. Guardar apariencias. Y después la clínica. Esas horas. Todo salió a pedir de boca. Como si fuera una menudencia.