La Importancia De Vivir
- Автор: Yutang Lin
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «La Importancia De Vivir». Краткое содержание книги:
VI. DE LA BEBIDA Y DE LOS JUEGOS DE VINO
No soy bebedor y, por lo tanto, carezco de capacidad para hablar de vinos y licores. Mi capacidad es la de tres copas de vino de arroz, shaohsing, y hasta soy capaz de marearme con un vaso de cerveza. Esto es, evidentemente, cuestión de un don natural, y parece que no marchan juntos los dones de beber té y vino y fumar. He encontrado entre mis amigos algunos grandes bebedores que se enferman antes de poder fumar la mitad de un cigarro, en tanto que yo fumo durante todas las horas en que estoy despierto, sin sufrir efectos apreciables, pero no soy muy bueno para los licores. De todos modos, Li Liweng ha dejado escrita su opinión jurada de que los grandes bebedores de té no son afectos al vino, y viceversa. El mismo Li era un gran conocedor de té, pero confesaba que no tenía pretensiones de ser bebedor de vino. Es, por lo tanto, un deleite especial y una confortación descubrir tantos distinguidos autores, que me gustan y que no tenían sino una capacidad muy escasa para el vino, y lo decían. Me ha llevado cierto tiempo coleccionar estas confesiones en sus cartas y otros escritos. Li era uno, Yüan Tsets'ai, Wang Yüyang y Yüan Chunglang fueron otros, Todos ellos, no obstante, eran personas que tenían "el sentimiento del vino", sin la capacidad de tomarlo.
A pesar de mi inhabilitación, no puedo pasar por alto este tema, porque, más que cualquier otra cosa, ha hecho una contribución importante a la literatura y, en la misma medida que fumar, donde se conocía la costumbre de fumar, ha ayudado considerablemente a la potencia creadora del hombre, con resultados perdurables. El placer de beber vino, especialmente lo que llaman los chinos "un traguito", que encontramos tan constantemente en la literatura china, me pareció siempre un misterio, hasta que una hermosa dama de Shanghai, semiembriagada, se explayó sobre sus virtudes con tal poder de convicción que finalmente pensé que era real la situación así descrita. "Uno parlotea y parlotea en un estado de semiembriaguez, que es el estado mejor y más feliz", me dijo esta dama. Parece darse una sensación de júbilo, de confianza en el propio poder de vencer todos los obstáculos, y una sensibilidad aguzada, y el poder humano del pensamiento creador, que parece residir en la frontera del hecho con la fantasía, es elevado a un tono más alto que el normal. Parece haber una fuerza de confianza en sí mismo y de emancipación, tan necesarias para el momento creador. Cuando lleguemos a la sección sobre el arte haremos muy clara la importancia de este sentido de confianza y de emancipación con respecto a las reglas y a la técnica.
Hay una sabia idea en la indicación de que los modernos dictadores de Europa son tan peligrosos para la humanidad porque no beben. En mis lecturas de literatura corriente durante el año, no encontré escrito mejor ni más sabio ni más ingenioso que un artículo de Charles W. Ferguson sobre "Los dictadores no beben", en Harper's de junio, 1937. Vale la pena seguir esta idea, y se halla tan bien escrita que me siento tentado a reproducir el artículo entero, pero debo abstenerme de hacerlo. El señor Ferguson parte de la idea siguiente: "Stalin, Hitler y Mussolini son modelos de sobriedad… Los hombres que simbolizan la tiranía en la forma moderna, que son los actuales conductores de hombres, son individuos dignos de emulación por cualquier joven ambicioso que desee ir adelante. Cualquiera de ese grupo sería un buen yerno y marido. Representan el ideal evangelista de la rectitud moral… Hitler no come carne, no bebe, no fuma. A estas virtudes sofocantes suma otra y más notable, la virtud de la continencia… Mussolini es más animal en lo que come, pero con empecinada entereza se abstiene de las bebidas espiritosas, pues sólo de vez en cuando toma un tentador vaso de vino ligero; pero nada que pueda inmiscuirse seriamente en asuntos tan altos como el sojuzgamiento de un pueblo inferior. Stalin vive frugalmente en un departamento de tres habitaciones; viste modestamente y con enorme sencillez, come frugalmente algunas cosas sencillas, y paladea el coñac como un conocedor." Pero, ¿qué significa todo esto para nosotros? "¿Indica que estamos hoy en poder de una camarilla de hombres esencialmente presumidos, desastrosamente rectos, enconadamente conscientes de su tremenda rectitud, y por ende tan peligrosos que el mundo en general estaría mucho mejor si pudiera llevarlos a emborracharse bien?"… "Ningún hombre podría ser un dictador peligroso si le quedara el efecto matinal de una borrachera. Quedaría destruida su sensación de ser Dios Todopoderoso. Se consideraría basto y humillado en presencia de sus súbditos. Se habría convertido en uno más de la masa -uno de los más bajos de todos- y la experiencia habría surtido efecto sobre su inaguantable engreimiento." El escritor piensa que debería realizarse un "cocktail party" internacional, sólo con la concurrencia de estos jefes escogidos, en el cual "el objeto principal sería simplemente emborrachar a los dignatarios tan tranquila y tan rápidamente como fuese posible". Y a la mañana siguiente, "lejos de ser los irreprochables superhombres de hoy, los mejores del mundo, habrían pasado a ser tipos ordinarios, afligidos como sus menores partidarios, y quizá con ánimo de encarar los asuntos como hombres y no como semidioses".
La razón por la que no me gustan los dictadores es que son inhumanos, y todo lo que sea inhumano es malo. Una religión inhumana no es religión, una política inhumana es una política tonta, un arte inhumano es solamente mal arte y una manera inhumana de vivir es la manera de vivir que tiene la bestia. Esta prueba del humanismo es universal y puede ser aplicada a todos los aspectos de la vida y todos los sistemas de pensamiento. El más grande ideal a que puede aspirar un hombre no es el de ser un dechado de virtudes, sino el de constituir un ser humano afable, agradable y razonable.
Mientras los chinos pueden enseñar muchas cosas sobre el té a los occidentales, los occidentales pueden enseñarles a los chinos acerca del vino. Un chino se sorprende fácilmente ante la variedad de botellas y etiquetas cuando entra en una tienda de vinos en Occidente, porque, en su país, en cualquier sitio que se encuentre ve shaohsing, más shaohsing y nada más que shaohsing. Hay seis o siete variedades más, y hay también licores destilados del mijo, el kaoliang, además de la clase de vinos medicinales, pero la lista pronto se agota. Los chinos no han logrado la fineza de servir vinos diferentes con diferentes platos de comida. Por otra parte, la popularidad del shaohsing es tal en el lugar que da su nombre a este vino, que tan pronto como nace una niña sus padres hacen una jarra de vino, de modo que para cuando se case tenga por lo menos una jarra de vino de veinte años como parte de su ajuar. De ahí proviene el nombre huaitao, el nombre exacto de este vino, que significa "floralmente adornado", por los adornos de la jarra.
Los chinos compensan esta falta de variedad de vinos con una mayor insistencia en el momento y el ambiente en que se debe beber. El sentimiento en cuanto al vino es esencialmente correcto. El contraste entre el vino y el té se expresa en esta forma: "El té se parece al recluso, y el vino al caballero; el vino es para la buena camaradería, y el té para el hombre de callada virtud". Al especificar los estados de ánimo y los lugares adecuados para beber, un escritor chino dice: "El acto formal de beber debe ser lento y ocioso; beber sin restricciones debe tener algo de elegante y romántico; un enfermo debe beber poca cantidad, y una persona triste debe beber hasta embriagarse. Beber en primavera debe tener lugar en un patio, en el verano en las afueras de la ciudad, en otoño en un bote y en invierno en la casa, y de noche se debe gozar la bebida en presencia de la luna".