La Importancia De Vivir
- Автор: Yutang Lin
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «La Importancia De Vivir». Краткое содержание книги:
Casto así de espíritu, tranquilo de ánimo y rodeado por adecuada compañía, está uno en aptitud de gozar el té. Porque el té se ha inventado para las compañías tranquilas, como se inventó el vino para ruidosas fiestas. Hay en el carácter del té algo que nos conduce a un mundo de quieta contemplación de la vida. Sería desastroso beber té mientras en torno lloran unos niños, o con mujeres de voz potente, u hombres que hablan de política; tal como recoger té en un día lluvioso o nublado. Recogido en la primera alborada de un día claro, cuando el aire matutino sobre la montaña es aún ligero y despejado, y todavía está en las hojas la fragancia del rocío, el té queda por siempre asociado con la fragancia y el refinamiento del mágico rocío cuando de él se goza. Dentro de la insistencia taoísta en el retorno a la naturaleza, y su concepto de que el universo se mantiene en vida por el interjuego de fuerzas masculinas y femeninas, el rocío representa en realidad el "jugo del cielo y la tierra" cuando se unen de noche los dos principios, y es corriente la idea de que el rocío es un alimento mágico, bueno y claro y etéreo, y todo hombre o animal que beba bastante de él tiene grandes probabilidades de ser inmortal. De Quincey dice muy certeramente que el té "será siempre la bebida favorita del intelectual", pero los chinos parecen ir más lejos y asociarlo con el recluso de alta inteligencia.
El té es, pues, símbolo de la pureza terrena; exige la más minuciosa limpieza en su preparación, desde que se le recoge, tuesta y conserva, hasta la infusión final, hasta beberlo: fácil es trastornarlo o arruinarlo con la más leve contaminación de manos grasosas o tazas grasosas. Por consiguiente, su goce es apropiado en un ambiente donde toda ostentación o sugestión de lujo ha sido vedada a nuestros ojos y nuestros pensamientos. Después de todo, goza uno de la presencia de las jóvenes en la casa de cantos, con vino y no con té, y cuando estas jóvenes son aptas para beber té con ellas, pertenecen ya a la clase que favorecen los poetas y los sabios chinos. Su Tungp'o comparó una vez el té a una dulce doncella, pero un crítico posterior, T'ien Yiheng, autor de Chuch'üan Hsiaop'in (Ensayo sobre hervir agua de una fuente) ( [29]) puso inmediatamente una condición, añadiendo que si se ha de comparar el té con las mujeres, la comparación debe hacerse solamente con el Hada Maku, y que "en cuanto a belleza de mejillas con colores de durazno y cinturas de sauce, se las debía encerrar en lechos con cortinas, y no permitirlas que contaminen las rocas y los manantiales". Porque el mismo autor dice: "Uno bebe té para olvidar el ruido del mundo; no es para quienes comen ricas comidas y visten pijamas de seda."
Debe recordarse que, según Ch'alu: "la esencia del goce del té reside en la apreciación de su olor, fragancia y sabor, y los principios de la preparación son refinamiento, sequedad y limpieza". Es necesario, pues, un elemento de quietud para la apreciación de estas cualidades, una apreciación que proviene de un hombre que puede "mirar a un mundo acalorado con una cabeza fría". Desde la dinastía Sung, los conocedores han considerado generalmente que una taza de té pálido es lo mejor, y el sabor delicado del té pálido puede pasar fácilmente inadvertido para quien está ocupado con pensamientos atareados, o cuando la vecindad es ruidosa, o disputan los sirvientes, o cuando lo sirvan feas doncellas. Debe ser pequeña también la compañía. Porque: "al beber té es importante que los huéspedes sean pocos. Muchos huéspedes harían ruido, y el ruido le resta culto encanto. Beber té a solas se llama beber retirado; beber de a dos es estar cómodos; tomarlo con tres o cuatro se llama encantador; tomarlo con cinco o seis se llama vulgar; y beberlo con siete u ocho se llama (despreciativamente) filantrópico." Ya dijo el autor de Ch'asu:
"Servir el té una y otra vez de una gran tetera, y beberlo de un sorbo, o calentarlo otra vez al cabo de un rato, o pedir que tenga un gusto extremadamente fuerte, sería semejarse a campesinos o artesanos que beben té para llenarse el vientre después de un trabajo rudo; sería imposible hablar entonces de la distinción y la apreciación de sabores."
Por esta razón, y por consideración a la mayor corrección y limpieza en la preparación, los chinos que han escrito sobre el té insistieron siempre en que debe prestarse atención personal, o como esto resulta necesariamente inconveniente, que se prepare especialmente para este trabajo a dos sirvientes mozos. El té se hierve usualmente en una pequeña estufa, separada, en la habitación donde se le toma o en la vecina, no en la cocina. Los sirvientes deben ser enseñados a hacer el té en presencia de su amo y a observar una rutina de limpieza, lavando las tazas todas las mañanas (sin secarlas jamás con un trapo), lavándose a menudo las manos y manteniendo muy limpias las uñas. "Cuando hay dos o tres huéspedes basta con una estufa, pero cuando hay cinco o seis personas se necesitarán dos estufas separadas y dos teteras, y un mozo atenderá a cada estufa, porque si se exige que uno solo atienda a las dos podrá haber retrasos o tropiezos." Los verdaderos conocedores, sin embargo, consideran que la preparación personal del té depara un placer especial. Sin haber cobrado el carácter de un sistema rígido como en el Japón, la preparación y la degustación del té es siempre un acto de intenso placer, importancia y distinción. Por cierto que la preparación es la mitad del deleite de tomar té, como romper semillas de melón con los dientes es la mitad del placer de comerlas.
Por lo común se pone una estufa frente a una ventana, y se la enciende con carbón de leña, bueno y duro. Cierta sensación de importancia se inviste en el huésped que abanica la estufa y contempla el vapor que sale de la marmita. Arregla metódicamente una pequeña tetera y cuatro tazas diminutas, por lo común menores que pocillos de café, en una bandeja. Atiende a que estén en orden, coloca el pote de peltre con las hojas de té cerca de la bandeja y lo prepara, conversando siempre con sus invitados, pero no tanto que olvide sus deberes. Se vuelve a mirar la estufa, y desde el momento en que la marmita empieza a cantar ya no la abandona, sino que sigue abanicando el fuego más que antes. Quizá se incline a retirar la tapa y mirar las burbujitas, que se llaman técnicamente "ojos de pescado" o "espuma de cangrejo", cuando aparecen en el fondo de la marmita, y vuelva a poner la tapa. Este es el "primer hervor". Escucha cuidadosamente mientras el suave canto aumenta de volumen hasta ser una "gárgara", cuando las burbujitas suben por los costados del recipiente, lo cual se llama técnicamente el "segundo hervor". Entonces es cuando vigila más cuidadosamente el vapor que emite el pico de la marmita, y apenas antes de llegarse al "tercer hervor", cuando el agua llega a hervir plenamente, "como olas revueltas", quita la marmita del fuego, procede a escalfar la tetera por dentro y por fuera con el agua hirviendo, agrega inmediatamente la debida cantidad de hojas y hace la infusión. El té de esta clase, como el famoso "Diosa de Hierro de la Merced", que se bebe en Fukien, se hace muy espeso. La pequeña tetera apenas puede contener cuatro pocillos y un tercio de ella se llena de hojas. Como es grande la cantidad de hojas, se vierte inmediatamente el té en las tazas y se le bebe sin tardanza. Esto termina la tetera, y la marmita, llena de agua fresca, va otra vez al fuego, a fin de preparar la segunda tetera. Si se habla estrictamente, la segunda tetera es la mejor; la primera es comparable a una niña de trece años, la segunda a una dulce doncella de dieciséis, y la tercera a una mujer. En teoría, los conocedores desautorizan la tercera infusión de las mismas hojas, pero en la realidad trata uno de vivir con "la mujer".
[29] El clásico sobre el té es Ch'aching, por Lu Yü (m. 804); otros tratados bien conocidos que se mencionan más abajo son Ch'alu, por Ts'ai Hsiang (1012-1067); Ch'asu por Hsü Ts'eshu; ChucViian Hsiaop'in (aprox. 1570) por fien Yiheng; Ch'achieh por T'u Lung (aprox. 1592).