Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «La Importancia De Vivir». Краткое содержание книги:

En las páginas que siguen presento el punto de vista chino, porque no puedo remediarlo. Sólo me interesa presentar un criterio de la vida y de las cosas como lo han visto los mejores espíritus chinos, y como lo han expresado en su sabiduría popular y en su literatura. La importancia de vivir condensa una filosofía risueña y tolerante que, en su trasplante de la China milenaria al campo cultural occidental, procura maravillosos estímulos en el arte de vivir.- La importancia de vivir, en tanto compendio de la filosofía que propone Lin Yutang, desentraña el sentido de la vida y nos permite comprender cuánto podemos obtener del medio en el que nos desenvolvemos, cualesquiera que fuesen nuestras circunstancias. Si sabemos armonizar nuestros instintos e impulsos, nos dice el autor, podemos hacer que el cielo y tierra se entiendan dentro de nosotros y obtener de la vida frutos insospechados. Se trata de una filosofía risueña y tolerante que, en su transplante de la China milenaria al campo cultural occidental, adquiere nueva lozanía y procura maravillosos estímulos en el arte de vivir
1 ... 61 62 63 64 65 66 67 68 69 ... 121
Перейти на страницу:

Otra noche había en un club una reunión de ciertos "intelectuales", que, por lo común, daba ocasión para fumar furiosamente. Después de la copiosa cena, alguno de nosotros leía generalmente un trabajo. Esta vez el orador era C… y hablaba sobre "Religión y Revolución", un trabajo salpicado de muchas frases brillantes. Una era la de que mientras Feng Yüshiang se había unido a la Iglesia Metodista Septentrional, Chiang Kai-Shek había escogido la Iglesia Metodista Meridional. Alguien sugería, pues, que no pasaría mucho tiempo antes de que Wu Peifu se uniera a los metodistas occidentales. Mientras giraban estas frases crecía la densidad del humo, y me pareció que la misma atmósfera estaba cargada de pensamientos perversos, fugitivos. El poeta H… estaba sentado en el centro y trataba de enviar sucesivos anillos de humo al aire recargado, casi como un pez que echa burbujas de aire por el agua, perdido aparentemente en sus pensamientos, y feliz. Yo era el único que no fumaba, y tenía la impresión de ser un pecador olvidado por Dios. Cada vez era más aparente para mí la insensatez de lo que hacía. En ese momento de clara visión advertí que era un loco al no fumar. Traté de pensar en las razones por las cuales había decidido dejar de fumar, y no se me ocurrió ninguna valedera.

Después, mí conciencia empezó a roerme el alma. Porque, me dije, ¿qué es el pensamiento sin la imaginación, y cómo puede echarse a vuelo la imaginación con las alas cortadas de un alma sombría que no fuma? Por fin, una tarde visité a una señora. Ya estaba mentalmente preparado para la reconversión. No había nadie más que nosotros, y al parecer íbamos a tener un verdadero tete-á-tete. La señora, joven, estaba fumando con un brazo apoyado en la rodilla cruzada, un poco inclinada hacia adelante, y parecía ávida de conversar en su mejor estilo. Sentí que había llegado el momento. Me ofreció la caja, y saqué un cigarrillo, firmemente, lentamente, sabiendo que con este acto me había recobrado de mi ataque temporal de degradación moral.

Volví a casa e inmediatamente envié a mi sirviente a que me comprara una caja de Capstan Minum. Del lado derecho de mi escritorio había una marca regular, quemada en la madera por mi costumbre de colocar cigarrillos encendidos en el mismo sitio. Yo había calculado que se necesitarían de siete a ocho años para quemar el espesor de la madera, y había lamentado observar que después de mi vergonzosa resolución, sólo permanecía quemado hasta medio centímetro. Con gran deleite, pues, tuve el placer de poner otra vez el cigarrillo encendido en la vieja marca, y allí está trabajando felizmente ahora, tratando de reanudar su largo viaje adelante.

En contraste con el vino, hay comparativamente pocos elogios del tabaco en la literatura china, porque la costumbre de fumar recién fue introducida, por los marineros portugueses, hacia el siglo XVI. He recorrido toda la literatura china desde ese período, pero sólo he encontrado unas pocas líneas dispersas e insignificantes, indignas por cierto de la fragante hoja. Tiene que provenir evidentemente de algún graduado de Oxford una oda en alabanza del tabaco. El pueblo chino, no obstante, tuvo siempre un alto sentido del olfato, como se evidencia en su aprecio por el té y el vino y la comida. En ausencia del tabaco ha desarrollado el arte de quemar incienso, que en la literatura china se clasifica siempre en la misma categoría, y se menciona en el mismo plano que el té y el vino. Desde la época más temprana, ya en la Dinastía Han, cuando el Imperio Chino extendía su dominio a Indochina, el incienso, traído como tributo desde el sur, se empleaba en la corte y en las casas de hombres ricos. En los libros sobre el arte de vivir se han dedicado siempre algunas secciones a una discusión de las variedades y la calidad y la preparación del incienso. En el capítulo respectivo del libro K'aop'an Yüshih, escrito por T'u Lung, tenemos la siguiente descripción del goce del incienso:

Los beneficios del uso del incienso son múltiples. Los sabios reclusos y muy inteligentes, dedicados a sus discusiones sobre la verdad y la religión, sienten que quemar una ramita de incienso les despeja la mente y les complace el espíritu. En la cuarta división de la noche, cuando pende del cielo la luna solitaria y se siente uno frío y desprendido de la vida, el incienso emancipa el corazón y permite silbar con holganza. Cuando uno examina viejas muestras de caligrafía ante una ventana clara, o canta ociosamente una poesía con un matamoscas en la mano, o cuando lee de noche a la luz de la lámpara, el incienso ayuda a desterrar el Demonio del Sueño. Se le puede llamar, pues, "el antiguo companero de la luna". Cuando está uno junto a una dama de rojo pijama, y se la tiene de la mano junto al incensario, y se murmuran mutuos secretos, el incienso enciende el corazón e intensifica el amor. Se le puede llamar, pues, "el antiguo estimulante de la pasión". O cuando ha despertado uno de la siesta de la tarde y está sentado frente a una ventana cerrada en un día de lluvia, y practica caligrafía y prueba el suave sabor del té, el incensario empieza a calentar y su sutil fragancia flota en torno y rodea al cuerpo. Aun mejor es cuando uno despierta de un festín de bebidas y luce una luna llena en la clara noche, y mueve uno de los dedos a través de las cuerdas, o da un silbido en una torre vacía, a plena vista las verdes colinas en la distancia, y el humo apenas visible de la brasa restante flota junto a la cortina de la puerta. También es útil para dispersar los malos olores y la maligna influencia de un pantano: es útil en todas y en cualquier parte adonde uno vaya. El de mejor calidad es chianan, pero es difícil obtenerlo, pues no es accesible para el hombre que vive en las montañas. Después de ése está el áloe, o madera de águila, que es de tres grados. El grado superior tiene un perfume demasiado fuerte, que tiende a ser acre y punzante; el grado inferior es demasiado seco, y demasiado lleno de humo también; el grado mediano, que cuesta alrededor de seis o siete centavos la onza, es el más calmante y fragante, y se le puede considerar exquisito. Después de haber hecho una taza de té se puede utilizar el carbón en brasas y ponerlo en el incensario y dejar que el fuego lo caliente con lentitud. En ese satisfactorio momento uno siente como si le transportaran a la morada celestial en compañía de los inmortales, del todo olvidado de la existencia humana. ¡Ah, grande es el placer, por cierto! La gente carece hoy de apreciación para la verdadera fragancia, y se dedica a nombres extraños y exóticos; cada uno trata de ser mejor que el prójimo con mezclas de diversas clases, sin comprender que la fragancia del áloe es enteramente natural, y que el mejor de su clase tiene una sutileza y una suavidad indescriptibles.

Mao Pichíang, en sus Reminiscencias de mi concubina. cuando describe el arte de la vida de este rico poeta y su amante, tan ilustrada y comprensiva, da varias descripciones del goce del incienso, una de las cuales es la que sigue:

Mi concubina se sentaba a menudo conmigo en su fragante alcoba para probar o juzgar inciensos famosos. El "incienso de palacio" es de seductora calidad, en tanto que la manera popular de preparar el áloe es vulgar. Las personas ordinarias ponen a menudo el áloe en medio del fuego, y su vapor fragante se apaga muy pronto por la resina que arde. De este modo, no solamente se impide que salga toda la fragancia, sino que se deja un olor humoso, ahogante, en torno a nuestro cuerpo. La especie dura, con vetas horizontales, llamada hengkoch'en, tiene una fragancia soberbia; es una de las cuatro clases de áloes, pero se distingue porque tiene fibras horizontales. Hay otra variedad de esta madera, conocida como p'englaihsiang, que es del tamaño de un hongo y de forma cónica, pues aun no se ha desarrollado del todo. Teníamos todas estas variedades y ella las quemaba sobre arena muy fina, con fuego lento, de manera que no era visible el humo. El sutil perfume llenaba la cámara como el perfume de la madera de chianan dispersado por una brisa, o el de las rosas cubiertas de rocío, o de un trozo de ámbar calentado por fricción, o de un licor fragante que se vierte en una taza de cuerno. Cuando la ropa de la cama se perfuma según este método, su fragancia se funde con la de la carne de la mujer, dulce y embriagadora hasta en sueños.

1 ... 61 62 63 64 65 66 67 68 69 ... 121
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)