La Importancia De Vivir
- Автор: Yutang Lin
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «La Importancia De Vivir». Краткое содержание книги:
Los juegos más complicados requieren fichas especialmente diseñadas. En la novela Sueño de una orquídea se encuentra, por ejemplo, una descripción del siguiente juego. Tres series de fichas (que se pueden hacer de papel) contienen la siguiente combinación de seis personas que hacen seis cosas en seis lugares distintos:
Un petimetre
anda a caballo
por la avenida
Un abate
reza
en el cuarto del abate
Una dama
borda
en la alcoba de la dama
Un carnicero
pelea
en las calles
Una cortesana
hace el amor
en el barrio de la luz roja
Un mendigo
duerme
en el cementerio
Una persona retira fichas de las tres series, que pueden formar extraordinarias combinaciones, como: "Un abate hace el amor en la alcoba de la dama", "Una cortesana reza en el cementerio", "Un mendigo duerme en el barrio de luz roja", "Una dama pelea en el cuarto del abate", etcétera, con los cuales se harían buenos títulos periodísticos. Cualquiera de esas situaciones forma el tema principal, y cada persona debe dar un verso de cinco palabras, de un poema conocido, seguido por el nombre de una canción, y rematado todo con un verso del Libro de la poesía, de modo que el tal describa cabalmente la situación temática.
No debe extrañar, pues, que un festín de vino dure dos horas. El objeto de una comida no es comer y beber sino divertirse y hacer mucho ruido. Por esa razón, quien bebe la mitad bebe mejor; como el poeta T'ao Yüanming que tocaba música en un instrumento sin cuerdas, para el bebedor lo que importa es el sentimiento. Y se puede gozar del sentimiento del vino sin tener capacidad para beberlo. "Hay personas que no saben leer, pero tienen el sentimiento de la poesía; personas que no pueden repetir una sola plegaria pero tienen el sentimiento de la religión; personas que no pueden beber una gota pero tienen el sentimiento del vino, y personas que no comprenden una pizca acerca de las rocas pero tienen el sentimiento de la pintura." Estas son las personas que constituyen apta compañía para poetas, santos, bebedores y pintores.
VII. DE COMIDAS Y REMEDIOS
Un criterio amplio de la comida debe considerarla esencialmente como formada por todas las cosas que nos nutren, así como un criterio amplio de la casa debe incluir todo lo que se relaciona con las condiciones de la vida. Como somos animales, es sólo de sentido común decir que somos lo que comemos. Nuestras vidas no están en la falda de los dioses, sino en la falda de nuestros cocineros. Por ende, todo caballero chino trata de bienquistarse con su cocinero, porque una gran parte del goce de la vida depende de él, que tiene el poder de darlo o de quitarlo según le parezca. Los padres chinos, y supongo que también los occidentales, tratan siempre de obtener el cariño del ama de leche y de tratarla regiamente, porque comprenden que la salud del bebé depende del humor y la felicidad y la vida en general del ama de leche. Parí passu, deberíamos dar a nuestros cocineros, que nos alimentan, el mismo trato regio, si nos interesa nuestra salud tanto como la de nuestros hijitos. Si un hombre sensato, una linda mañana, tendido en su lecho, cuenta con los dedos cuántas cosas de la vida le causan verdadero placer, descubre invariablemente que la comida es la primera. Por lo tanto, la prueba invariable para saber si un hombre es sabio y cuerdo consiste en establecer si tiene buena comida en su casa.
El ritmo de la moderna vida ciudadana es tal que cada vez dedicamos menos tiempo y menos pensamiento a la cuestión de cocinar y alimentarnos. No se puede culpar de nada a la dueña de casa que a la vez es una brillante periodista, si sirve a su marido sopa y porotos en lata. No obstante, es una vida muy demente la que nos lleva a comer para trabajar y no a trabajar para comer. Necesitamos tener cierta bondad y generosidad con nosotros mismos antes de aprender la bondad y generosidad con los demás. ¿Qué bien hace a una mujer salir a la calle a pronunciar discursos o mejorar la situación social, si tiene que cocinar en un aparato de dos hornallas y permitirse solamente diez minutos para comer? Confucio se habría divorciado indudablemente de ella, como se divorció de su esposa porque no cocinaba bien.
No es muy clara la historia acerca de si Confucio se divorció de ella, o fue ella quien tuvo que huir a fin de librarse de las exigencias de este exigente artista de la vida. Para él "el arroz nunca puede estar bastante blanco ni la carne picada suficientemente picada". Se negaba a comer "cuando no se servía la carne con su debida salsa", "cuando no se la cortaba cuadrada", "cuando no estaba bien de color" y "cuando no estaba bien de sabor". Estoy muy seguro de que aun así podría haberlo aguantado su esposa, pero cuando un día, imposibilitada de encontrar víveres frescos, la mujer envió a su hijo Li a que comprara vino y carne fría en una tienda, y Confucio anunció que "no bebería vino que no fuese hecho en casa, ni probaría carne traída de las tiendas", ¿qué otra cosa podía hacer ella, salvo juntar sus cosas y huir? Este atisbo en la psicología de la esposa de Confucio es mío, pero las severas condiciones que él impuso a la pobre mujer figuran hoy en los clásicos confucianos ( [30]).
Si adoptamos, pues, un criterio amplio de la comida como nutrición, los chinos no hacen distinción alguna entre comida y remedio. Lo que es bueno para el cuerpo es remedio y comida a la vez. La ciencia moderna sólo ha llegado en el siglo pasado a comprender la importancia de la dieta en la cura de enfermedades, y felizmente todos los hospitales modernos tienen hoy un buen equipo de dietéticos. Si los médicos modernos dieran un paso más adelante y enviaran a esos dietéticos a prepararse en China, quizá emplearían menos frascos de cristal. Un escritor médico primitivo, Sun Ssemiao (siglo sexto de nuestra era), dice: "Un verdadero médico descubre primero la causa de la enfermedad, y una vez descubierta trata de curarla primero con la comida. Cuando falla la comida prescribe remedios." Así encontramos que el primer libro chino sobre comida cuya existencia se conozca, escrito por un médico imperial en la Corte Mongólica en 1330, considera esencialmente a la comida como régimen de salud, y hace estas afirmaciones introductivas: "Quien quiera tener buen cuidado de su salud debe ser frugal en sus gustos, proscribir sus preocupaciones, atemperar sus deseos, contener sus emociones, tomar cuidado de su fuerza vital, ahorrar sus palabras, considerar con ligereza el triunfo y el fracaso, ignorar las penas y las dificultades, desechar tontas ambiciones, evitar los grandes agrados y desagrados, calmar su vista y oído, y ser fiel en su régimen interno. ¿Cómo puede uno tener enfermedades si no cansa su espíritu ni aflige su alma? Por lo tanto, quien quiera nutrir su naturaleza debe comer solamente cuando tiene hambre, y no llenarse de comida, y debe beber solamente cuando tenga sed y no llenarse de bebida en exceso. Debe comer poco y a largos intervalos, y no mucho ni muy constantemente. Debe tender a sentir un poco de hambre cuando está lleno, y a estar un poco lleno cuando siente hambre. Estar bien lleno hace daño a los pulmones, y tener hambre hace daño al flujo de la energía vital." Este libro de cocina, como todos los demás en China, parece, pues, una farmacopea.
[30] Analectas, capitulo X.