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Электронная книга - «La Importancia De Vivir». Краткое содержание книги:

En las páginas que siguen presento el punto de vista chino, porque no puedo remediarlo. Sólo me interesa presentar un criterio de la vida y de las cosas como lo han visto los mejores espíritus chinos, y como lo han expresado en su sabiduría popular y en su literatura. La importancia de vivir condensa una filosofía risueña y tolerante que, en su trasplante de la China milenaria al campo cultural occidental, procura maravillosos estímulos en el arte de vivir.- La importancia de vivir, en tanto compendio de la filosofía que propone Lin Yutang, desentraña el sentido de la vida y nos permite comprender cuánto podemos obtener del medio en el que nos desenvolvemos, cualesquiera que fuesen nuestras circunstancias. Si sabemos armonizar nuestros instintos e impulsos, nos dice el autor, podemos hacer que el cielo y tierra se entiendan dentro de nosotros y obtener de la vida frutos insospechados. Se trata de una filosofía risueña y tolerante que, en su transplante de la China milenaria al campo cultural occidental, adquiere nueva lozanía y procura maravillosos estímulos en el arte de vivir
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Lo que antecede es una estricta descripción de los preparativos para tomar una clase especial de té, según los he visto en mi provincia natal, arte que se desconoce en general en China del Norte. En China, en general, se emplean teteras mucho mayores, y el color ideal del té es un amarillo claro, pálido, dorado, jamás el rojo oscuro del té inglés.

Es claro que estamos hablando del té como lo beben los conocedores y no como se sirve en general entre tenderos. No puede esperarse tal delicadeza de la humanidad en general, cuando todos los que llegan toman té por galones. Por eso el citado autor de Ch'asu, Hsü Ts'eshu, dice: "Cuando hay una gran reunión, en que salen y entran los visitantes, sólo se puede cambiar con ellos copas de vino, y entre extraños recién conocidos o entre amigos comunes sólo debemos servir té de calidad ordinaria. Sólo cuando han llegado nuestros amigos íntimos y de igual temperamento, y todos somos felices, todos brillantes en la conversación y todos capaces de dejar de lado las formalidades, podemos pedir al sirviente que haga fuego y saque agua, y decidir el número de estufas y de tazas que usaremos de acuerdo con la compañía presente." De tal estado de cosas dice él autor de Ch'achieh:

"Estamos sentados de noche en un pabellón de la montaña, y preparamos té con agua del manantial. Cuando el fuego ataca al agua empezamos a sentir un sonido similar al canto del viento entre los pinos. Vertemos té en una taza y el suave resplandor de su luz juega en todo el lugar. El placer de tal momento no puede ser compartido con gente vulgar."

En un verdadero amante del té, el placer de manejar todos los accesorios es tal que prefiere gozarlo por sí mismo, como en el caso de Ts'ai Hsiang, que ya en su ancianidad no podía beberlo pero seguía gozando de la preparación del té como una costumbre diaria. Hubo también otro sabio, llamado Chu Wenfu, que preparaba y tomaba té seis veces por día, a horas establecidas desde el amanecer al crepúsculo, y que tanto amaba a su tetera que se hizo enterrar junto con ella cuando murió.

El arte y la técnica del goce del té, pues, consisten en lo siguiente: primero, como el té es sumamente susceptible a la contaminación de otros sabores, se le debe preparar con la mayor limpieza, y se le debe tener lejos de vinos, inciensos y otras sustancias olorosas, y de las personas que manejan esas sustancias. Segundo: se le debe mantener en un lugar fresco, seco, y durante las temporadas húmedas hay que tener una cantidad razonable en recipientes especiales y pequeños, de preferencia de peltre, para no abrir los grandes potes de reserva sino cuando sea necesario; y si se enmohece una parte de esa reserva se la debe someter a una suave tostadura sobre un fuego lento, descubierto y constantemente abanicado, de manera de impedir que las hojas se pongan amarillas o descoloridas. Tercero: la mitad del arte de hacer té reside en la obtención de buena agua con un "filo agudo"; primero viene el agua de manantiales de montaña, después la de río y después la de pozo; el agua de la canilla, si viene de un dique, por ser esencialmente agua de montaña, es satisfactoria. Cuarto: para apreciar tazas extraordinarias, debe tener uno amigos tranquilos, y no muchos a la vez. Quinto: el buen color del té en general es un amarillo pálido, dorado, y todo té rojo oscuro debe ser tomado con leche o limón o menta, o cualquier cosa que cubra su horrible sabor tan agudo. Sexto: el mejor té tiene un "sabor de retorno" (hweiwei), que se siente aproximadamente medio minuto después de beberlo y una vez que sus elementos químicos han tenido tiempo para actuar sobre las glándulas salivales. Séptimo: el té debe ser hecho y bebido inmediatamente, y si se quiere tomar buen té no se le debe dejar mucho tiempo en la tetera, porque entonces se pasa la infusión. Octavo: se le debe hacer con agua que llegue apenas al hervor. Noveno: todos los adulterantes son tabú, aunque pueden admitirse diferencias individuales para las personas que prefieren una leve mezcla de algún sabor extraño (por ejemplo, jazmín o casia). Décimo: el sabor que se espera en el mejor té es el delicado sabor de "carne de bebé".

De acuerdo con la práctica china de prescribir el momento adecuado y el ambiente mejor para gozar de una cosa, Ch'asu, el excelente tratado sobre el té, dice:

MOMENTOS ADECUADOS PARA TOMAR TE:

Cuando se tienen el corazón y las manos ociosas.

Cansado después de leer poesía.

Cuando están perturbadas las ideas.

Si se escuchan canciones y cantilenas.

Cuando se termina una canción.

Encerrado en el hogar durante una fiesta.

Tocando el ch'in y mirando pinturas.

Dedicado a la conversación muy tarde en la noche.

Ante una clara ventana y un escritorio limpio.

Con amigos encantadores y gráciles concubinas.

De regreso de una visita a los amigos.

Cuando el día es claro y dulce la brisa.

En, un día de leves chaparrones.

En un bote pintado cerca de un puentecito de madera.

En un bosque de altos bambúes.

En un pabellón que mira sobre flores de loto en un día de verano.

Después de haber encendido incienso en un pequeño estudio.

Después de terminada una fiesta y marchados los huéspedes.

En un templo tranquilo, escondido.

Cerca de manantiales famosos y rocas extrañas.

MOMENTOS EN QUE SE DEBE CESAR DE BEBER TE:

Trabajando.

Mirando un juego.

Abriendo cartas.

Durante grandes lluvias o nevadas.

En un largo festín de vinos con gran compañía.

Revisando documentos.

En días atareados.

En las condiciones contrarias, en general, a las enumeradas en la sección anterior.

COSAS QUE SE DEBEN EVITAR:

Agua mala.

Utensilios malos.

Cucharas de bronce.

Marmitas de bronce.

Jarras de madera (para el agua).

Madera en el fuego (a causa del humo).

Carbón de leña blando.

Sirviente ordinario.

Doncella de mal talante.

Trapos sucios.

Toda clase de incienso y remedios.

COSAS Y LUGARES QUE HAY QUE TENER LEJOS:

Cuartos húmedos.

Cocinas.

Calles ruidosas.

Niños llorones.

Personas acaloradas.

Sirvientes discutidores.

Cuartos calientes.

V. DE FUMAR Y DEL INCIENSO

El mundo se divide hoy en fumadores y no fumadores. Es cierto que los fumadores causan alguna molestia a los no fumadores, pero tal molestia es física, en tanto que la molestia que los no fumadores causan a los fumadores es espiritual. Hay, claro está, muchos no fumadores que no tratan de entrometerse con los fumadores, y se puede adiestrar a las esposas hasta que toleren que sus maridos fumen en cama. Este es el signo más seguro de un matrimonio feliz y afortunado. Se presume a veces, sin embargo, que los no fumadores son moralmente superiores, y que tienen algo de qué enorgullecerse, sin comprender que les falta uno de los grandes placeres de la humanidad. Estoy dispuesto a admitir que fumar es ana debilidad moral, pero por otra parte debemos precavernos del hombre sin debilidades morales. No se puede confiar en él. Es fácil que sea siempre sobrio y no cometa un solo error. Seguramente sus costumbres han de ser regulares, su existencia más mecánica, y su cabeza mantendrá siempre la supremacía sobre su corazón. Por mucho que me gusten las personas razonables, odio a los seres completamente racionales. Por esa razón estoy siempre atemorizado e incómodo cuando entro en una casa donde no hay ceniceros. Suele ocurrir entonces que la habitación sea demasiado limpia y ordenada, que los almohadones estén en su debido lugar y que la gente sea correcta y no emotiva. E inmediatamente debo asumir mi mejor comportamiento, lo cual significa el comportamiento más incómodo.

Los beneficios morales y espirituales no han sido apreciados jamás por estas almas correctas y rígidas e inemotivas y poco poéticas. Pero como los fumadores somos atacados generalmente por el aspecto moral, y no el artístico, debo empezar con una defensa de la moral del fumador, que es, en conjunto, más alta que la del no fumador. El hombre que tiene una pipa en la boca es el hombre que atrae mi corazón. Es más afable, más sociable, tiene más indiscreciones íntimas que revelar, y a veces es muy brillante en la conversación, y de cualquier modo se me ocurre que gusta de mí tanto como yo gusto de él. Estoy en un todo de acuerdo con Thackeray, que escribió: "La pipa extrae sabiduría de los labios del filósofo, y cierra la boca del tonto; genera un estilo de conversación que es contemplativo, pensativo, benevolente y llano".

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