El eco de la memoria
- Автор: Powers Richard
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «El eco de la memoria». Краткое содержание книги:
Una llamada anónima avisa de un accidente en una carretera a las afueras de Nebraska. Mark Shluter es trasladado al hospital donde entra en coma, junto a él había una nota anónima con un extraño mensaje: «No soy Nadie, pero esta noche en la carretera del norte, DIOS me guió hasta ti para que pudieras vivir y traer de vuelta a alguien más». Karin Shluter, hermano de Mark, vuelve a su ciudad natal para cuidar de su hermano. Educados por padres inestables, ninguno de los dos ha encontrado el equilibrio en sus vidas. Un día, Mark despierta del coma con un extraño caso de síndrome de Capgras, un tipo de amnesia en la que el afectado recuerda todos los detalles referentes a su vida salvo los sentimientos ligados a ellos. ¿Vio Mark algo que no debía saber aquella noche en la carretera?
El domingo por la mañana va a buscarle en su coche. Está muy atractiva, con un vestido corto azul celeste de cuello blanco, como la fantasía cromada de una cantante en un vídeo de la MTV acerca de la primera comunión de una niña de Nebraska en los años cincuenta. De veras, él podría correrse con solo mirarla, aunque eso no sería del todo apropiado, dadas las circunstancias. Por la mirada que ella le dirige, Mark ha cometido algún error de cálculo. No puede tratarse de su indumentaria: sus elegantes pantalones de color caqui, a los que Rupp llama sus pantalones de boda, una bonita y limpia camisa tejana y su mejor corbata bolo. No, es otra cosa que él no puede figurarse. Sube al coche de Bonnie y esta se dirige a la Sala Superior en silencio. Y permanece así durante las dos horas de espectáculo, moviendo la cabeza de un lado a otro, mirándole, como si a él le estuviera saliendo una araña de la nariz. Luego, de nuevo en el coche, tirándose del borde del vestido como si de repente no quisiera que fuese tan corto, está irritada.
Apenas has escuchado una sola de las palabras que decía el reverendo Billy.
Claro que sí. La parte sobre la repoblación de Palestina, el cumplimiento de la profecía y todo eso.
Y no has partido el pan con nosotros.
Bueno, nunca se sabe por qué manos puede haber pasado.
¿Por qué te has molestado en venir? Te has pasado todo el tiempo mirado a la congregación y agitando ese papelito tuyo, como una especie de llamamiento.
¿Cómo puede él decírselo? Si existe de veras un ángel de la guarda escondido, negándose a identificarse, afirmando «Dios me ha conducido a ti», lo más probable es que se encuentre en alguna parte de la Sala Superior.
Ese mismo día, por la tarde, Bonnie regresa con la supuesta hermana de Mark, mientras él está buscando iglesias en las páginas amarillas de Kearney. La lista le causa dolor de cabeza, y tal vez refunfuña un poco.
¿Será posible? Pero mira cuántas… Salen como setas. ¿Para qué necesita tantas iglesias una ciudad de este tamaño? Tenemos más confesiones religiosas que habitantes.
Bonnie se desliza detrás de él y le restriega la espalda. Eso podría aliviarle, pero la falsa Karin se sienta a su lado y se inclina hasta que su cara queda ante la suya.
¿Qué te pasa, Mark? ¿Qué quieres? Podemos ayudarte.
Él permanece inmóvil como una piedra. Les dice: Puedo ir a un par de iglesias cada domingo.
Te acompañaré, se ofrece Bonnie, apretándole los hombros.
Pero… ¿cómo? Estas iglesias no son de tu credo.
Ella se echa hacia atrás y rompe a reír, como si él hubiera dicho algo gracioso. ¡Tampoco son del tuyo, Mark!
Él pasa la mano por la lista de las páginas amarillas. Ya sabes a qué me refiero. Estas iglesias son todas… lo que sea. Baptistas, metodistas y todo eso. Tú perteneces a la Sala Superior.
¿Y qué? No van a cerrarme el paso en la puerta.
Podrían hacerlo. El Homo sapiens puede ser muy territorial.
Si no me dejan pasar, ¿por qué habrían de dejarte a ti?
Porque no soy nada. Nadie impide a nada que se meta en cualquier parte. A uno que no es nadie aún pueden convertirlo.
La seudohermana extiende una mano para tocarle, pero se detiene. Mark. Cariño. ¿Quieres saber quién escribió esa nota?
Como si se estuviera graduando en lectura de la mente.
Tal vez podríamos poner un anuncio en el periódico, o algo así.
¡Nada de anuncios! Probablemente grita un poco. Incluso él mismo se sobresalta. Pero es que quienquiera que escribiese la nota también podría saber lo que le sucedió a su hermana. Y si los que se apoderaron de su hermana dan primero con el autor de la nota…
Esto trastorna a la sustituta de su hermana. Por algún motivo, no es una simple actuación. Se tira del pelo, como Karin siempre hace. Le saca de quicio.
¿Qué puedo hacer, Mark? De acuerdo, quien escribió esa nota cree en Dios. En los ángeles de la guarda. ¡Todo el mundo en Nebraska cree en los ángeles de la guarda! Yo misma creo en ellos, si…
Se interrumpe, casi como si diera el asunto por zanjado. ¿Si qué?, pregunta él. ¿Si qué?
Como ella no le responde, él toma un papel y empieza a copiar direcciones. «Iglesia de Jesucristo Alfa y Omega.» «Biblia de Antioquia…»
Créeme, Mark. Esto es una locura, totalmente absurdo.
No tan absurdo como que ese ángel de la guarda me encontrara allí, en la oscuridad, fuera de la carretera. En pleno invierno. En medio de ninguna parte. ¿Cuáles son las probabilidades de que ocurra eso?
Bonnie, por lo menos, es fiel a su palabra. Cree que salvará el alma de Mark. Tal vez sea así. Cada domingo se ponen sus mejores prendas de vestir y van a la iglesia, como una pareja de novios salidos del capítulo sobre los pioneros en un libro de texto. Si luego hicieran el amor, él estaría en el séptimo cielo. Pero lo máximo que puede esperar tras el servicio religioso es una buena comida. Van a Phil's o el Hearth Stone, locales frecuentados por muchas personas mayores. A juzgar por la caligrafía insegura, el autor de la nota debe de ser un anciano. Tanto en las iglesias como en los restaurantes, Mark pone la nota en un lugar bien visible. Incluso camina con ella en la mano, agitándola bajo las narices de los transeúntes. Pero nadie pica. Y no fingen ignorancia. Él reconocería el fingimiento con los ojos cerrados.
Cuando regresan, oye por casualidad a la agente especial que se hace pasar por su hermana hablando con Bonnie. Quiere conocer todos los detalles. ¿Por qué esta chica ha de informar sobre él? Es posible que sea su traílla, que esté ayudando a montar la farsa. Pero no puede enfrentarse a ella. Todavía no.
La mujer que pretende ser Karin sigue viniendo, casi a diario. Trae la compra y no quiere cobrarla. Todo resulta muy sospechoso, pero la mayor parte de la comida está herméticamente envasada y, en general, sabe muy bien. A veces cocina para él, vete a saber por qué. Pero la situación parece inmejorable, por lo menos hasta que sepa qué va a costarle.
Una tarde, cuando él está solo, cavando otro hoyo para fijar el poste del buzón, ella lo acorrala. Desde que abandonó las Glándulas del Muerto, no recibe más que correo basura. Instalaron mal el buzón, y el cartero podría estar equivocándose. Su hermana podría haber estado escribiéndole durante todo este tiempo, y nadie se habría enterado.
No está donde estaba antes, le dice Mark.
Ella finge horrorizarse. ¿Dónde estaba antes?
Es difícil saberlo con exactitud. No se puede tomar medidas sin una referencia. ¿Qué podría utilizar como punto de partida? Todo está varios metros desplazado.
Él mira hacia los pocos árboles diseminados que bordean el conjunto de casas llamado River Run. Más allá del grupo de casas, un solo y verde maizal se extiende ondulante hasta el horizonte. Por un momento, el suelo se licua, como él y su auténtica hermana le obligaban a hacer de niños, girando como peonzas y deteniéndose en seco. Mira a la sustituta de Karin. También ella parece tambaleante.
Tenemos que hablar, Mark. Acerca de la nota.
Él se yergue desde el hoyo del poste. ¿Acaso sabes algo?
Yo… ojalá lo supiera. Veamos, Mark. ¡Mark! Estate quieto. Escúchame. Si la persona que escribió esta nota todavía no se ha puesto en contacto con nosotros, es porque quiere ser… desinteresado. Anónimo. No quiere ser un héroe ni atribuirse el mérito. No quiere que sepas quién es. Lo único que quiere es que vivas tu vida.
Él introduce el azadón en la tierra reseca. Entonces, ¿de qué coño sirve que me deje una nota? ¿Por qué se habría molestado en hacer eso?
Quería que te sintieras protegido. Conectado.
¿Conectado? ¿Conectado a qué? Tira la pala al suelo y la pisotea, agitando los brazos como culebras. ¿El señor Ángel Anónimo Invisible? ¿Ese hará que me sienta seguro? ¿Conectado?
¿Por qué tienes que…?
Él casi la golpea. Quien escribió esta nota me salvó la vida. Si pudiera encontrarle, entonces podría averiguar qué…