El eco de la memoria
- Автор: Powers Richard
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «El eco de la memoria». Краткое содержание книги:
Una llamada anónima avisa de un accidente en una carretera a las afueras de Nebraska. Mark Shluter es trasladado al hospital donde entra en coma, junto a él había una nota anónima con un extraño mensaje: «No soy Nadie, pero esta noche en la carretera del norte, DIOS me guió hasta ti para que pudieras vivir y traer de vuelta a alguien más». Karin Shluter, hermano de Mark, vuelve a su ciudad natal para cuidar de su hermano. Educados por padres inestables, ninguno de los dos ha encontrado el equilibrio en sus vidas. Un día, Mark despierta del coma con un extraño caso de síndrome de Capgras, un tipo de amnesia en la que el afectado recuerda todos los detalles referentes a su vida salvo los sentimientos ligados a ellos. ¿Vio Mark algo que no debía saber aquella noche en la carretera?
Pero él nunca se lo dijo a Mark. Ella lo habría sabido; Mark la habría rechazado nueve años atrás. Rupp jamás mencionó lo ocurrido. De buen grado habría aceptado repetirlo en cualquier momento, pero de ninguna manera se rebajaría a pedirlo. Ella percibía cómo él se lo planteaba en el modo en que merodeaba a su alrededor, la misma pregunta insistente cerniéndose detrás de su cabeza cada vez que su camino se cruzaba con el de Tom Rupp: «¿Aquella chica está todavía ahí?».
En aquel entonces el peligro la había atraído. Y, por lo que respectaba al peligro, Tom Rupp era la Gran Esperanza Blanca del equipo Bearcats del instituto de Kearney. A los trece años de edad, recorrió en autostop los doscientos kilómetros hasta Lincoln y se coló en el Farm Aid III, * de donde volvió con las huellas dactilares de John Mellencamp en una botella de ron Myers, cosa que dejó estupefactos a sus amigos. A los quince años, robó las cuatro banderas (municipal, estatal, nacional y de los POW-MIA), ** que ondeaban ante el Edificio Municipal de la calle Veintidós con las que decoró su habitación. Todo el mundo en la ciudad sabía quién se las había llevado excepto la policía. Había practicado lucha y, cuando estudiaba el segundo curso, antes de abandonar los deportes organizados por considerarlos «un campo de entrenamiento de gays en potencia», quedó quinto en la competición estatal en la categoría de setenta kilos. Mark -que durante años se había esforzado por hacerse un nombre como defensa de fútbol americano y, aunque daba el callo, era torpe y tenía un rendimiento mediocre- secundó aliviado a su amigo.
Rupp adiestró a Mark, citando de una manera inquietante a los clásicos de los que se alimentaba en un régimen estricto y autodidacta. «¡Guárdate de los buenos y los justos! De buen grado crucifican a quienes idean su propia virtud. Odian a los solitarios.» Mark no siempre le entendía, pero nunca dejaba de admirar la dicción de su amigo.
En el último curso eligieron a Duane Cain como su adlátere multiuso. Cain ya se había ganado una sentencia de dieciocho meses suspendida por creerse la primera persona a la que se le ocurría una manera infalible de defraudar a una compañía de seguros. Los tres se hicieron inseparables. Dedicaban semanas a reconstruir cualquier motor de combustión interna que permaneciera quieto el tiempo suficiente para que ellos lo despedazaran. Estaban en guerra perpetua con las demás camarillas de la escuela. Duane los dirigía en ataques nocturnos que conllevaban ese antiguo gesto de desprecio de los norteamericanos nativos, dejando una caliente y enroscada tarjeta de visita bien visible en el jardín ante la fachada del enemigo.
Se matricularon juntos en la Universidad de Nebraska en Kearney. Rupp terminó la carrera en cuatro años, mientras que Mark y Duane cursaron cuatro años entre los dos. Rupp aprovechó una «oportunidad en telecomunicaciones» en Omaha y abandonó a Duane y Mark, que se dedicaron a trabajar como operarios de una empresa de mudanzas y a leer contadores del gas. Ocho meses después, Rupp estaba de regreso en la ciudad, sin dar explicaciones pero con un plan a largo plazo para promover los destinos profesionales de los tres. Consiguió trabajo en la planta envasadora de Lexington, donde estuvo primero en la sección que realizaba las operaciones posteriores al envasado y entonces pasó al matadero, con un aumento de tres dólares más por hora. En cuanto tuvo cierta veteranía, consiguió empleos para sus dos amigos. Duane se unió al fabuloso y ya experto Rupp en el matadero, pero Mark no podía soportar aquella carnicería, y no digamos el olor, así que se alegró de que le destinaran a mantenimiento y reparación de la maquinaria, y en tres años ahorró el dinero suficiente para el pago inicial de la Homestar.
Tommy Rupp era el único del trío con ambiciones. La Guardia Nacional de Nebraska le ofreció unos ingresos complementarios y hasta le prometió aportar las tres cuartas partes de la matrícula si reanudaba sus estudios. Y todo ello por una sola semana de trabajo al mes. Una tarea que no requería ningún esfuerzo mental. Intentó que sus amigos hicieran lo mismo. Un buen sueldo y un servicio patriótico en el que estaban integrados ambos sexos: el mejor trato legal que cualquiera brindaría a unos tipos como ellos. Pero Duane y Mark prefirieron esperar a ver.
Rupp se alistó en julio de 2001 como MOS 63B: * mecánico de vehículos ligeros, que, en cualquier caso, era lo que le encantaba hacer durante los fines de semana. El 167 de Caballería. Trataron de gasearlo durante el adiestramiento básico, y tenía el recuerdo de la cinta de vídeo conmemorativa para demostrarlo: saliendo de la cámara de gas donde se hacían las pruebas, reptando fuera de la habitación herméticamente cerrada y llena de clorobenzalmalononitrilo donde a él y a otros veinticinco reclutas se les había ordenado que se quitaran las máscaras antigás. Duane Cain echó un vistazo a la cinta (Rupp el Hombre de Hierro arrodillándose en el suelo, ahogándose y vomitando) y llegó a la conclusión de que el servicio nacional no figuraba en su futuro previsible. El vídeo también asustó a Mark. Nunca le había hecho ninguna gracia la inhalación de gases tóxicos.
Llegó septiembre, y más tarde los ataques. Junto con el resto del mundo, el trío estuvo pendiente de la locura reproducida interminablemente, a cámara lenta, cinemática. Desde las Llanuras Centrales, Nueva York era una columna de humo negro en el lejano horizonte. Las tropas estaban protegiendo el puente Golden Gate. Comenzó a aparecer ántrax en los azucareros de la nación. Empezaron a caer las bombas en Afganistán. Un locutor de televisión de Omaha declaró: «Es la hora de la venganza», y a lo largo del río el asentimiento fue glacial y unánime.
Rupp lo consideraba mera defensa propia. Pronto empezó a dar una explicación que repetiría a menudo, la de que Estados Unidos no podía quedarse de brazos cruzados esperando a que cualquier comando fanático que soñara con setenta y dos vírgenes extendiera el virus de la viruela por el país mientras dormía. Los terroristas no iban a detenerse hasta que todo el mundo fuera como ellos. Duane se inquietó por el futuro de Tommy. Pero Rupp se mostraba filosófico. La libertad no era gratis. Además, el ejército no tenía ningún objetivo contra el que enviar a la Guardia.
En invierno Estados Unidos empezó a atacar objetivos en todas partes. El tiempo de servicio de Rupp aumentó, y a varios de sus compañeros los enviaron a Fort Riley, en Kansas. El 3 de febrero, poco después de que el presidente pronunciara su discurso sobre el estado de la Unión, en el que manifestó su decisión de perseguir al enemigo, y de que Washington perdiera el rastro de Bin Laden, Mark le dijo a Rupp que había cambiado de idea. Quería alistarse, a pesar del clorobenzalmalononitrilo. Rupp recibió la noticia con el alborozo de un distribuidor de venta directa que tiene derecho a una tajada. Juntos se encaminaron al centro de reclutamiento, y Mark entregó su solicitud. MOS 63G: reparador de sistemas de combustible y eléctricos. No estaba seguro de aprobar el examen, pero supuso que no sería más difícil que el que había hecho en la planta envasadora. Firmó una declaración de intenciones, y lo celebró con Rupp disparando proyectiles del calibre 22 contra latas colocadas sobre los postes de un vallado en el campo durante un par de horas. Aquella noche llamó a Karin y habló con ella arrastrando las palabras. Se lo contó todo. Parecía diferente, su voz sonaba más ufana y más serena de lo que ella le había oído en mucho tiempo. Como si ya fuese un soldado. Un orgullo para el país.
Ella le pidió que no siguiera adelante. Mark se rió de sus temores.
– ¿Quién va a proteger tu estilo de vida, si no soy yo? Ojalá me hubiera alistado antes. Está tan claro… Puedo hacerlo. ¿Recuerdas a nuestros padres? -Ella respondió que sí-. Los dos murieron convencidos de que era un vago. Tú no crees eso, ¿verdad?
* Se refiere al tercero de los conciertos benéficos (1987) organizados por Willie Nelson, Neil Young y John Mellencamp en la Universidad de Nebraska, con sede en Lincoln, a fin de recaudar fondos para los agricultores en apuros. (N. del T.)
** Siglas de «prisionero de guerra» y «desaparecido en combate». (N. del T.)
* MOS son las siglas en inglés de «especialidad profesional militar». (N. del T.)