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Juego del Depredador

Электронная книга - «Juego del Depredador». Краткое содержание книги:

Después de ser torturado, el ex SEAL y Caminante Fantasma, Jess Calhoun, regresa a su ciudad natal en Sheridan, Wyoming, donde posee una estación de radio local. Sus intenciones son vivir tranquilamente, escribir canciones y realizar su fisioterapia.
Saber Wynter contesta a un anuncio para la estación de radio… el trabajo perfecto de noche para ella. Es afortunada al alquilarle a Jess, el segundo piso de la estación, en donde también puede trabajar como un ama de casa de medio jornada.
Jess pasa la mayor parte de su tiempo encerrado y aislado en su oficina privada. Pero frente a la fragilidad e inocencia de Saber se despierta en su alma, el poderoso deseo de protegerla, cuidarla y… amarla.
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– ¿Podéis entrar en el respiradero principal debajo de la casa?

La inspiración veloz de Saber le dijo que sabía lo que planeaba.

– No vamos a dejarte, Jesse. Esa no es una opción.

– Saber, estoy confiando en que saques a Patsy de aquí.

– No sin ti. De ninguna manera. Lo digo en serio, Jesse.

Él extendió la mano y la enganchó en su nuca, acomodando los dedos alrededor de ella para darle una pequeña sacudida.

– No discutas conmigo cuando estamos todos a punto de morir. Coge a Patsy y salid de este infierno.

Ella atrapó su brazo con ambas manos y descansó su cabeza contra él.

– No puedo dejarte. No puedo.

– Cariño, haz esto por mí. Necesito que tú y Patsy estéis a salvo. Puedo cuidarme, pero no puedo encargarme de vosotras dos. De prisa. No tenemos tiempo.

Saber se dio la vuelta y avanzó lentamente hacia Patsy.

– ¿Puedes caminar?

– Si tengo que hacerlo -dijo Patsy, su voz tensa.

Saber se agachó y asió el brazo de Patsy para ayudarla a levantarse. Sin mirar a Jess ayudó a Patsy hacia la pantalla del respiradero. Fue más fácil para ella porque podía “sentir” donde estaba los objetos en la oscuridad.

– Si no estás con nosotras en diez minutos, Jess, volveré a por ti.

– Que sean veinte.

– Al infierno con eso. -Tiró de la pantalla hasta que la sacó del marco. En la oscuridad, nadie iba a notarlo, no cuando Jess estaría sentándose en el sótano a plena vista como un sacrificio. Quería gritar y tirar cosas en señal de protesta, pero en lugar de eso, hizo a Patsy pasar por la abertura.

– ¿Dónde está Jess? -preguntó Patsy.

Saber tomó su mano y la empujó hacia delante. Tenían que ir lentas, inclinadas y encontrar el camino.

– Tenemos que apresurarnos.

Patsy fue con ella obedientemente pero comenzaba a estar más consciente.

– ¿Dónde está mi hermano?

Saber siguió llevándola a rastras. Era difícil de determinar la dirección correcta, especialmente cuando su mente estaba en Jess en vez de en su escapada.

– Simplemente date prisa, Patsy.

Patsy repentinamente se balanceó delante de ella y se detuvo, forzando a Saber a hacer lo mismo. En la oscuridad, extendió la mano y tocó la cara de Saber, sintiendo las huellas de lágrimas.

– No viene con nosotras.

– No. Nunca podría haber pasado por aquí con la silla y nos quería a salvo. Regresaré tan pronto como sepa que tú estás a salvo.

Patsy presionó una mano sobre su pecho.

– No le podemos abandonar. Esos hombres… -Las palabras se desvanecieron y un sollozo escapó.

– Shh. Tienes que guardar silencio. Jesse puede cuidarse. -Saber envió una rápida oración por que pudiera, silla de ruedas y todo. A menudo parecía como si pudiera, y ciertamente tenía dones psíquicos, algunos daban un poco de miedo cuando pensaba acerca de eso-. En todo caso, es demasiado tarde. Si regresáramos ahora, pensaría que somos el enemigo. Ahora mismo, todo en lo que él piensa es que alguien abalanzándose sobre él está dispuesto a hacernos daño. Esa es su ventaja, que no tendrá que pensar en nada más que en apretar el gatillo. -Mientras hablaba, siguió tirando de la mano de Patsy, manteniéndola alejándose del sótano y hacia lo que ella esperaba que fuera el área arbolada al lado de la casa.

Se vieron forzadas a ir sobre las manos y las rodillas para continuar moviéndose. Saber estaba acostumbrada a lugares cerrados, pero Patsy comenzaba a temblar aun más. Se presionó los dedos sobre al boca, intentando suprimir el constante llanto.

– Estoy tan asustada. Y me duele. Hay tanto dolor.

– Lo sé -murmuró Saber, desviando su mirada de regreso hacia Jess, deseando poder estar en dos lugares al mismo tiempo-. Te llevaremos al hospital, pero tenemos que seguir moviéndonos, Patsy. Lo siento. Sé que duele, pero no tenemos opción.

Estaban cerca de la pantalla del respiradero. Saber podía ver que había mas luz afuera. El amanecer se había arrastrado, empujando fuera la noche y toda la cobertura. Inmovilizó a Patsy con una mano sobre su hombro, advirtiéndole que se quedara quieta y no se moviera. Saber removió cuidadosamente la pantalla y la dejó a un lado, todo mientras escuchaba, intentando recoger cualquier signo de sus enemigos. Cuando pareció que todo estaba tranquilo fuera, señaló a Patsy que permaneciera quieta y reptó sobre su barriga saliendo, haciéndose a sí misma pequeña, cubriendo su cuerpo lo mejor que pudo para poder desvanecerse de algún modo en los alrededores.

El trueno retumbó en la distancia y la lluvia caía en un aguacero constante, mojándola instantáneamente. Gateó a través del macizo de flores, permaneciendo abajo, en el suelo mientras se movía a terreno abierto. Una vez fuera de la sombra de la casa, divisó a un guarda cerca de la terraza posterior. Tenía un pie en las escaleras y el otro plantado en un arbusto pequeño mientras mecía su arma y miraba con atención a la casa.

Saber suspiró. Podía haber logrado llegar al bosque y a la seguridad si hubiera estado sola, pero de ninguna forma con Patsy. No tenía más elección que eliminarle. Preparándose duramente para otra explosión psíquica de energía violenta, comenzó a escabullirse a través del suelo a plena vista, palmo a palmo, moviéndose hacia su presa.

La radio crujió, poniéndole atento con una sacudida. Repentinamente se dio vuelta y corrió a toda velocidad en dirección a ella. Saber contuvo la respiración y esperó. Un pie pasó a pulgadas de su cabeza, otro apenas falló su mano. En ese entonces estaba sobre ella y corriendo hacia la puerta trasera. Oyó el ruido de pasos subiendo las escaleras y la puerta trasera cerrándose de golpe.

Jesse. Habían encontrado a Jesse. Temblando, yació allí, su cara sepultada en la curva del brazo, el corazón atronando al unísono con el tiempo. Saboreó el miedo en su boca. No importaba que se dijera que él era letal, estaba en una silla de ruedas. ¿Qué podría hacer contra alguien? Estaba atrapado en el sótano. Solo. Vulnerable. Y ella acababa de dejarle. ¿En que había estado pensando?

Saber se empujó poniéndose de pie y corrió de vuelta para traer a Patsy. Su vista estaba nublada, pero si era la lluvia o las lágrimas, no podía estar segura.

Jess estaba sentado en silencio, respirando profundamente, intentando evitar que la rabia explotara. Patsy, torturada a causa de él. Saber, sufriendo a causa de él. Maldito quienquiera que estuviera detrás de aquello, porque él simplemente no iba a permitirlo. Déjalos venir. Rezó porque vinieran. Él era un hombre espiritual, y si él estaba condenado al infierno por lo que estaba a punto de hacer, que así sea. Iría y gustosamente, porque esto era inaceptable para él.

– Vamos. -Susurró las palabras suavemente. Vamos. Susurraba las palabras en su mente, las enviaba al universo para urgir a sus enemigos a encontrarle. Como en respuesta, la puerta del sótano se abrió violentamente.

Vamos, bastardo. Entra. Hazlo.

Estaba muy quieto, mirando como el hombre se arrastraba por las escaleras, con el arma en la mano, la mirada barriendo de izquierda a derecha mientras registraba el sótano. Mientras bajaba, la luz del techo se desvaneció y el hombre alcanzó la linterna del cinturón. Jess tiró el cuchillo que había atado a su pierna, tan preciso como siempre, a fin de que el hombre cayera con fuerza, el arma traqueteando y la cabeza golpeándose con un ruido sordo mientras resbalaba el resto del camino escaleras abajo.

Jess empujó la silla lo bastante cerca como para comprobar el pulso. Lo encontró muerto, lo enganchó por el brazo y empezó a arrastrar el cuerpo lejos de las escaleras. No era fácil maniobrar la silla mientras intentaba agarrar el cuerpo, pero necesitaba sacarlo fuera de la vista rápidamente. La puerta abierta, el silencio, y el olor de la sangre atraerían a los demás. Con tal de que le quisieran vivo, tenía una oportunidad, más que una oportunidad. Los mataría, porque sin importar que más pasara, no iba a dejarles poner sus manos sobre las mujeres.

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