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Juego del Depredador

Электронная книга - «Juego del Depredador». Краткое содержание книги:

Después de ser torturado, el ex SEAL y Caminante Fantasma, Jess Calhoun, regresa a su ciudad natal en Sheridan, Wyoming, donde posee una estación de radio local. Sus intenciones son vivir tranquilamente, escribir canciones y realizar su fisioterapia.
Saber Wynter contesta a un anuncio para la estación de radio… el trabajo perfecto de noche para ella. Es afortunada al alquilarle a Jess, el segundo piso de la estación, en donde también puede trabajar como un ama de casa de medio jornada.
Jess pasa la mayor parte de su tiempo encerrado y aislado en su oficina privada. Pero frente a la fragilidad e inocencia de Saber se despierta en su alma, el poderoso deseo de protegerla, cuidarla y… amarla.
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Ayuda a Patsy.

Saber arrastró a la mujer del regazo de Jess, poniendo un brazo alrededor de su cintura. Patsy no dijo nada, apenas abrió los ojos, hundiendo su peso contra Saber, casi golpeándola escalera abajo.

Apresúrese, Saber. Tendrás que llevar mi silla y luego cerrar la puerta.

Saber no le miró, aterrorizada de lo que planeaba. Se concentró en bajar a Patsy por las escaleras. La mujer no caminaba, así es que Saber no tenía más alternativa que medio llevarla, medio arrastrarla. Dejó caer a Patsy al suelo del sótano y volvió de prisa para ver a Jess balancear su cuerpo fuera de la silla y, usando sólo la fuerza de la parte superior del cuerpo, comenzar a bajar las escaleras.

Los músculos en sus brazos y los hombros se hincharon con el esfuerzo, y ella se encontró con el aliento atascado en la garganta. Había determinación en su cara, su boca firme, los ojos brillando intensamente con amenaza. Aun en las escaleras, empujando la parte inferior de su cuerpo, se las arreglaba para parecer más depredador que presa. Ella se tragó su admiración y saltó sobre él, aterrizando como un gato al lado de la silla para sacarla de su camino y así poder cerrar la puerta.

El sótano instantáneamente se volvió totalmente negro. Por un momento hubo silencio, luego Jess juró para sí y encendió una cerilla.

– El interruptor de la luz está cerca de la puerta, Saber, ¿puedes verlo?

Lo pulsó y abajo, en el muro, una sola bombilla se iluminó.

– Supongo que Patsy no lo usa mucho.

– No. Apresúrate. Baja aquí. Tendremos que apagar la luz otra vez y desenroscar la bombilla para que no funcione cuando lo intenten.

Ella ya llevaba abajo su silla, bajando dos escalones a la vez. Colocando la silla a su lado, se apresuró a la parte trasera del cuarto y desenroscó la bombilla, una vez más hundiendo el cuarto en la oscuridad.

– Vienen, Jesse. No van a engañarse pensando que nos hemos ido.

Se puso en cuclillas al lado de Patsy y puso una mano reconfortante en su hombro, consciente de Jess moviéndose hacia ellas en la oscuridad. Sólo el campo de energía la dejaba "ver" dónde estaban todos. Aunque escuchaba atentamente el sonido del enemigo, automáticamente adquirió el ritmo del corazón de Patsy y se tensó.

– Jesse. Tenemos un problema. ¿Puedes acercarte aquí ahora? ¿Sientes tu camino hacia nosotras? Tienes un camino limpio. Ahora mismo. -Giró el cuerpo flojo de Patsy sobre ella misma para ponerla boca arriba. Presionando la palma sobre el corazón de Patsy, Saber miró a Jesse consternada.

CAPÍTULO 14

– Patsy está teniendo un ataque al corazón -dijo Saber-. Si no la ayudamos ahora, su corazón podría dañarse para cuando logremos llegar a un hospital.

– ¿Qué infiernos estás diciendo? -Por primera vez, la compostura de Jess se sacudió verdaderamente-. No puede tener un ataque al corazón, es demasiado joven.

La silla de ruedas atravesó velozmente el piso del sótano. Jess se inclinó para encontrarle el pulso a su hermana, los dedos buscando en la oscuridad.

– ¿Estás segura Saber? No puedo distinguirlo.

– Sí, estoy segura.

– Haz algo.

Saber se echó el pelo hacia atrás, sentándose sobre los talones, con una mano presionada en la frente. Patsy necesitaba ayuda rápido. El enemigo buscaba por la casa y los sótanos y los encontraría. Jess no podía correr. Ni tampoco Patsy. Estaban en un lío a menos que el equipo de los Caminantes Fantasmas llegaran en los próximos minutos.

Tomó aire, lo dejó salir, y colocó la palma sobre el pecho de Patsy. Pudo sentir el corazón apretando, sujetando, esforzándose cuando debería haber palpitado firmemente.

– ¿Qué estás haciendo? -Preguntó Jess, su respiración saliendo en ásperos jadeos.

– La única cosa en la que puedo pensar. Voy a intentar que su corazón recupere el ritmo.

– ¿Usando una carga eléctrica?

– ¿Tienes una idea mejor? -El miedo le hizo contestarle bruscamente y se sintió instantáneamente avergonzada. No le podía culpar por cuestionarla. Ella mataba personas, no las salvaba-. Lo siento. Haces lo que crees que ayudará.

Jess se tragó una contestación y empujó el deseo de ordenar a Saber que se alejara de Patsy.

– ¿Has sincronizado tu ritmo con el de ella? ¿Es así como funciona?

– Sí. Y no tenemos tiempo para discutir esto.

– Es un riesgo demasiado grande para ti. -Porque maldita sea, no iba a perderlas a las dos-. Dámela y saldremos a toda prisa.

– Ella no tiene ese tiempo. -Saber le ignoró, aspirando aire en sus pulmones y expulsando su miedo de matar a Patsy, su miedo a perder a Jess. La única cosa que realmente tenía importancia en lo referente a este momento era salvar la vida de Patsy. Y ella era la única oportunidad de Patsy. Por una vez, intentaría usar los dones que tenía para ayudar a alguien.

Ella sintió la sacudida mientras su propio corazón se estrujaba, alternando el ritmo. Su pecho le dolía, el dolor era peor que lo esperado, pero luchó contra ello y se concentró en su ritmo, constante y verdadero. Patsy se movió débilmente, levantando la mano para cubrir la de Saber. Los dedos revolotearon contra el dorso de la mano y la mente de Patsy se movió contra la de ella. Las lágrimas ardieron en los ojos de Saber mientras sentía la aceptación de Patsy ante su unión. En vez de luchar contra ella, Patsy estaba tratando de sobreponerse al dolor y al miedo para ayudar a estar conectada.

Por un momento surtió efecto, el corazón de Patsy siguió la dirección, asentándose en un latido constante, pero casi a la vez el desagradable dolor volvió, sacudiéndolas a ambas. Saber se mojó los labios, la boca repentinamente seca. No tenía alternativa. Si iba a mantener viva a Patsy, iba a tener que darle un golpe al corazón para que volviera a su ritmo normal.

Puso la otra mano encima de la Patsy, la única advertencia, y envió la sacudida chisporroteando a través de su cuerpo. El corazón tartamudeó, sufrió sacudidas, recuperó el latido cayendo en un constante tempo otra vez. Saber esperó, contando los segundos silenciosamente, consciente del corazón de Patsy y del flujo y reflujo de la sangre a través de sus venas. No tenía idea de que estaba susurrando hasta que Jess le tocó su hombro y ella saltó, conmocionada de que estuviera cantando, por favor, por favor, por favor en voz alta.

– ¿Patsy? -dijo Jess suavemente-. ¿Puedes sentarte?

– Todavía no -dijo Saber-. Dale algunos minutos. -El dolor comenzaba a retirarse, las bandas apretadas en su pecho se aflojaban.

No tenemos tiempo, cariño. Los puedo oír viniendo. Puedo sostener la puerta contra ellos por algunos minutos, pero sabrán que estamos aquí dentro. Nos podrían quemar o simplemente podrían estar parados en lo alto de las escaleras y rociar el sótano con balas. No sabemos la clase de potencia de fuego que tienen.

Ella odiaba que tuviera razón. Estaba exhausta, y su cuerpo todavía se sentía como si hubiera chocado contra un tren. Dime que quieres que haga.

Jess odiaba el cansancio absoluto de su voz. Tenía que pedirle más, aunque sabía como drenaba usar las habilidades psíquicas. Ella acababa de arriesgar la vida para salvar a su hermana y había sentido todo el dolor que acompañaba a un ataque al corazón con la misma intensidad que Patsy. Y Patsy… Patsy habían sido torturada y aterrorizada, conduciéndola a tener un ataque al corazón, todo por causa de él y sus elecciones en la vida. Era un infierno para un hombre tener a las dos mujeres más importantes en su vida en peligro mientras él, un hombre que se había pasado la vida trabajando para salvar a otros, estaba desvalido para salvarlas.

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