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Juego del Depredador

Электронная книга - «Juego del Depredador». Краткое содержание книги:

Después de ser torturado, el ex SEAL y Caminante Fantasma, Jess Calhoun, regresa a su ciudad natal en Sheridan, Wyoming, donde posee una estación de radio local. Sus intenciones son vivir tranquilamente, escribir canciones y realizar su fisioterapia.
Saber Wynter contesta a un anuncio para la estación de radio… el trabajo perfecto de noche para ella. Es afortunada al alquilarle a Jess, el segundo piso de la estación, en donde también puede trabajar como un ama de casa de medio jornada.
Jess pasa la mayor parte de su tiempo encerrado y aislado en su oficina privada. Pero frente a la fragilidad e inocencia de Saber se despierta en su alma, el poderoso deseo de protegerla, cuidarla y… amarla.
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– Cuatro. Vi al menos cuatro, pero creía que había más.

– Sólo conseguí tres de ellos -dijo Saber dijo y se limpió la boca. Nunca había estado tan temblorosa. Matar con un arma no era para ella, seguramente no está cercanía a la víctima y no en un entorno cerrado.

– Siéntate, cariño -dijo Jess, sus manos suaves mientras la empujaba a su regazo-. Sólo descansa un minuto mientras libero a Patsy.

– Ella ha dicho al menos cuatro, Jesse. Sólo encontré tres -empujó el arma encima de su regazo-. No puedo usar esto, no otra vez.

Saber ayudó a Jess a cortar la cinta adhesiva que sostenía a Patsy a la silla. Cada movimiento era doloroso, pero se obligó a continuar, sacando ropas de un cajón y ayudando a Patsy a ponerse la suave sudadera para cubrir las terribles marcas en su cuerpo.

– No puedo parar de llorar -dijo Patsy, colapsando encima del regazo de su hermano-. Estaba tan asustada, Jess. Iban a matarme. -Arrojó sus brazos alrededor de su cuello, sollozando, enterrando su cara en su pecho.

– Lo sé, cariño -dijo, intentando confortarla y observando la puerta al mismo tiempo-. Tenemos que salir a toda prisa -atrapó la mano de Saber-. ¿Puedes hacerlo? Necesito saberlo, Saber.

Forzó el aire en sus ardientes pulmones, su garganta en carne viva, el sabor y el olor de la sangre grabada para siempre en sus sentidos. Asintió con la cabeza.

– Estoy bien. Saquemos a Patsy de aquí.

No esperó su penetrante mirada para evaluarla, asustada de sufrir un colapso. Saber avanzó poco a poco alrededor de los cuerpos humanos, con cuidado de no tocar a ninguno de ellos. Iban a salir a toda prisa. Un hombre en una silla de ruedas, Saber incapaz de respirar correctamente, y Patsy torturada y traumatizada.

– Nunca me he dado cuenta de qué optimista eres -masculló mientras miraba a hurtadillas por la esquina-. Estamos seguros. Muévete rápido.

El elevador, el cuál Saber no había sabido que existía, estaba a la izquierda del dormitorio. Era pequeño y estaba escondido por las largas columnas que formaban arcos para enmarcar las piezas de arte. Con Patsy en su regazo, Jess empujó la silla con rápidas aceleraciones a través del suelo de la galería mientras Saber protegía las escaleras.

– No es extraño que lograras entrar tan rápidamente.

– Patsy puso rampas para mí en la entrada de atrás porque era más fácil hacer maniobras y acercarme al ascensor si quería subir al segundo piso. -Su mirada chocó con la de Saber sobre la cabeza de Patsy. Tenía el ceño fruncido. Patsy se estaba meciendo ahora, adelante y atrás, haciendo pequeños sonidos de de dolor y lamentos. Estaba gris, su piel fría, húmeda y pegajosa. Creo que va a entrar en shock.

¿Quién la podría culpar? Esos hombres la estaban aterrorizando deliberadamente en busca de información sobre ti. No le importaría entrar en shock ella misma, tan maltratada como estaba. Era una asesina y había matado, pero no le gusta esto, no esta muerte brutal, fea y sucia. Ella lo hacía con estilo y sin ninguna fanfarria. Tranquila y natural como si no fuera a suceder. Intentaba reducir el dolor y el miedo de sus objetivos.

Saber sintió más que vio el movimiento. En las escaleras, Jesse. Patsy tiene que guardar silencio. Métela en el ascensor contigo y los distraeré.

Que se joda. Vienes con nosotros.

Ella le envió una mirada sabedora. El ascensor iba a hacer ruido. No importaba cuan moderno fuera, no era silencioso al funcionar. El enemigo sabría y estaría de pie en la puerta, disparándole cuando se abriera.

Maldita sea, Saber. Pero ya estaba utilizando poderosos empujes para propulsar la silla por el vestíbulo hacia la jaula pequeña. Saber insertó su cuerpo entre Jess y las escaleras. Ya no tenía arma, pero no importaba. Su mente nunca tomaría otro asalto y sobreviviría. Ahí tenía que haber otra manera.

Dos hombres saltaron en el suelo de la galería, rodando para refugiarse detrás de las columnas macizas. Antes de que Saber pudiera reaccionar, las pinturas y las esculturas comenzaron a temblar, el suelo a ondular. Trató de agarrase a la barandilla para sujetarse, mirando a Jess con alarma.

Cúbrete, Saber.

No tuvo tiempo para mucho más que dejarse caer con las manos sobre la cabeza para protegerse mientras las esculturas comenzaban a volar por los aires. Las estatuas y las pinturas se estrellaban contra las columnas. Los pedazos de los marcos se convirtieron en armas, lanzados a través del aire como misiles.

Creo que esto es considerado arte sin precio, Jesse. Saber miró con atención a través de los dedos. Estaba destruyendo la sala de pinturas de Patsy. El cristal y el yeso formaron remolinos en el aire a fin de que crear una pantalla.

Ahora, Saber. Corre. Salgamos de aquí. Tenemos una mejor probabilidad afuera. Jess se maldijo a sí mismo por haber despedido a su equipo más temprano. Con la captura de los dos locales y Chaleen descubierta, ni él ni Ken o Mari habían sentido alguna amenaza inmediata. Maldijo por lo bajo mientras dirigía una pintura a estrellarse con estrépito sobre la cabeza de uno de los pistoleros.

Saber se movió rápidamente, su figura pequeña un borrón mientras se abalanzaba sobre él. La puerta del ascensor se cerró de golpe y se movieron. Jess contó los segundos que les llevó llegar al primer piso, una eternidad cuando dos pistoleros solo tenían que bajar corriendo un tramo de escalera. Sólo podía esperar que ambos estuvieran tan sacudidos por el extraño fenómeno de arte volador que permanecieran donde estaban durante unos minutos, aunque eran profesionales. No habían disparado a ciegas, o se habían asustado, ninguno de ellos.

La puerta se deslizó abriéndose y propulsó la silla por encima del suelo del pequeño cuarto que Patsy usaba como habitación. Había otra ventaja que Jess se figuró que tenia. La caja del ascensor estaba oculta en las paredes y todos los paneles parecían ser lisos. Aun si el enemigo tenía un plano de la casa, la localización de las puertas del elevador no estaba incluida. Patsy había instalado el ascensor el año pasado. No tendrían ninguna forma de saber que habitación se abría al ascensor.

– ¿Estás bien, Pats? -Preguntó Jess, preocupado por su hermana.

Su respiración era superficial y su pulso acelerado. La piel estaba fría y pegajosa y ya no trataba sostenerse firme, cayendo contra él como si estuviera demasiado exhausta para moverse.

– Háblame, hermana -dijo Jess, empujando la silla por el vestíbulo hacia la parte trasera de la casa, donde había aparcado la furgoneta al lado de la rampa. Saber, algo está mal.

Saber sacudió su cabeza. Estaban en un maldito infierno. Podía oír a los hombres atravesando corriendo la casa. Tienen radios. Alguien está fuera.

Joder. Dejé la furgoneta en marcha. Nos tienen atrapado. Porque quienquiera que estuviera en el exterior estaría esperando en esa furgoneta, o en una posición ventajosa desde donde pudieran disparar a cualquiera que corriera hacia allí. Él tenía a dos mujeres para proteger, y si el enemigo colocaba sus manos encima de cualquiera de ellas, tendrían a Jess por las pelotas.

Dame alguna dirección. Saber patinó deteniéndose.

El sótano. A través de la cocina. La puerta está a la izquierda de la despensa.

¿Las escaleras? No iba a esconderse en un sótano mientras él intentaba distraerlos en su silla. Jess, no voy a dejarte. No se le importaba si él usaba su voz viril de yo-estoy-al-mando y la miraba fijamente, iba a aferrarse a él como pegamento.

Estaré contigo. Solo vete. Vete rápidamente antes de que nos encuentren.

Saber corrió, siguiendo las instrucciones de Jess en las vueltas a la izquierda y a la derecha. Abrió la puerta de un tirón. El corazón se le hundió. Las escaleras eran estrechas y pronunciadas, aunque no había tantas de ellas.

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