Juego del Depredador
- Автор: Фихан Кристин
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Juego del Depredador». Краткое содержание книги:
Saber Wynter contesta a un anuncio para la estación de radio… el trabajo perfecto de noche para ella. Es afortunada al alquilarle a Jess, el segundo piso de la estación, en donde también puede trabajar como un ama de casa de medio jornada.
Jess pasa la mayor parte de su tiempo encerrado y aislado en su oficina privada. Pero frente a la fragilidad e inocencia de Saber se despierta en su alma, el poderoso deseo de protegerla, cuidarla y… amarla.
Saber había estado viviendo en casa de Jesse aproximadamente cinco meses y su hermana había querido asegurarse de que Jess estaba seguro con ella. Patsy le había pedido a Saber que no comentara su reunión con Jesse, y no lo hizo, pero intentar esconder cualquier cosa de Jess era lo siguiente a imposible. Tenía ojos y oídos en todas partes y había sabido del encuentro entre Patsy y Saber aun antes de que terminara. Por supuesto que Jesse no había estado muy contento con que su hermana intentara protegerle, pero a Saber le había gustado instantáneamente ella por eso.
Saber se escabulló por los árboles, acercándose al lateral de la casa. La lluvia se vertía a través de las hojas, con un patrón inconfundible, así que cuando la nota discordante fue introducida, Saber se hundió de vuelta a la zona de arbustos cerca de las ventanas y esperó. Alguien patrullaba alrededor del perímetro de la casa.
Esperó, agachada, respirando a través del miedo sombrío que Patsy irradiaba desde dentro de la casa. La tormenta violenta no derribaría la energía de la violencia, más bien los vientos salvajes y las vetas dentadas de los relámpagos parecían alimentarse de ella hasta que su estómago se le revolvió. Rezó que Jess estuviera lo suficientemente lejos de la casa para no captar el terror de Patsy, o no habría manera de retenerle en la furgoneta.
Mientras el guarda se acercaba, Saber se dejó caer sobre sus manos y rodillas. El guarda era un hombre pequeño, regordete con hombros anchos y un tranquilo balanceo en su modo de andar. Se podía manipular a sí mismo y eso no era bueno. Saber deseaba que se detuviera, esperando poder colocar una mano sobre él, pero se mantuvo en movimiento, observando el camino y todas las formas de acercarse a la casa. El pánico comenzó a arrastrarse en su interior, inundando su sistema de adrenalina, y supo que Patsy estaba cerca de sufrir un colapso.
Batallando contra las olas de mareo, esperó a que el guarda estuviera casi encima de ella y entonces rodó desde debajo del arbusto, directa a sus pies, el arma en su mano mientras apretaba el gatillo y le acertaba en el centro exacto de la frente. Se mantuvo rodando cuando él perdió el equilibrio y cayó al suelo, boca abajo en un pequeño charco de agua reunido en el macizo de flores. Ella aterrizó junto a varios árboles pequeños ornamentales, la energía violenta chocando por todo su cuerpo, perforándole el cráneo como mil cuchillos.
Intentó dejarlo fuera, presionándose las manos en la cabeza, pero ya estaba dentro, dónde no tenía filtros. No había forma de escapar al dolor, unos martillos neumáticos le golpeaban el cráneo, el trueno de la muerte, el grito silencioso de su víctima. Rodó en agonía, con los ojos cerrados, intentando echarlo fuera. Apenas logró ponerse de rodillas cuando su estómago se rebeló, sufriendo nauseas una y otra vez.
Tenía que dominarse. Era sumamente vulnerable y Patsy necesitaba ayuda desesperadamente. Desafortunadamente, incluso con un escudo, si alguien estuviera torturando a Patsy, y Saber comenzaba a temer que fuera así, entonces la energía violenta se deslizaría bajo el escudo y la debilitaría, como esta energía había hecho. Sólo un ancla podría atraer energía violenta permanentemente fuera. El escudo simplemente evitaba que su energía alertara a los otros que ella estaba cerca.
Ordinariamente cuando mataba, se aseguraba de que su blanco fuera destruido rápidamente y con un conocimiento o dolor tan pequeño como fuera posible. Se introducía por medios naturales, más que disparando. Nunca había matado usando un arma, aunque era diestra, y estaba preparada para la reacción violenta.
Se arrastró hasta ponerse de pie, tropezando, su cabeza todavía latiendo, cada movimiento sacudiendo sus dientes y enviando fragmentos de vidrio a través de su cráneo. No iba a ser fácil. Se tambaleó alrededor del macizo de flores hacia la ventana e inesperadamente el dolor se calmó, y luego desapareció enteramente. Supo antes de darse la vuelta que no estaba sola.
¡Jess! El alivio y el miedo se mezclaron. Dio vueltas buscando enemigos. Jess no podría rebasar a nadie u ocultarse sentado en su silla de ruedas como estaba. Pero sin el dolor podía pensar con claridad y podía interpretar lo que estaba sintiendo mucho más fácil.
Él tiró de ella acercándola, inspeccionando el daño. No puedes ir ahí sola, no después de esto. Su voz era nerviosa, enfadada incluso, pero sus manos eran suaves mientras le acariciaba el pelo.
Tengo que ir allí, Jess. Algo malo está ocurriendo. No quería entrar. ‘Algo’ no estaba sucediendo. La violencia ocurría. En el momento en que dio un paso en la casa, la energía tendría un objetivo. Con Jess cerca, sería mucho más fácil tratar con ella, pero tendría que poner a Patsy y Jess a salvo.
No deberías estar aquí. No importaba que ella le quisiera allí, era mucho más peligroso.
Termínalo. Estaré por ahí en la parte trasera de la casa. Inténtalo por el sótano, pero si no puedes, sube al ático. Eres especialmente buena en eso, ¿verdad? Te cubriré. Simplemente sácala, Saber.
Saber asintió con la cabeza y se volvió a la ventana. Casi le había devuelto el arma, pero había vacilado. Aunque sería terrible la reacción violenta, usar el arma podría ser la única manera de salvar la vida de Patsy. Quienquiera que estaba en la casa con ella jugaba de veras, y el guarda no había sido un aficionado. Vaya desastre.
Probó la ventana. Por supuesto que estaba cerrada. Patsy tenía un sistema de seguridad, Saber lo sabía, pero considerando a los intrusos de la casa, creía que el sistema estaría probablemente apagado. No tenía tiempo para delicadezas, y el cuarto estaba vacío. Esperó, equilibró el codo, para el siguiente retumbar del trueno. Cuando llegó, golpeó el cristal y se estiró para desenganchar el cierre.
Le llevó solamente unos segundos hundirse por la ventana y golpear contra el suelo, rodando para quedar a cubierto en el sofá que había visto durante ese breve encuentro en la casa de Patsy. El cuarto estaba alfombrado y la mayor parte de los trozos de cristal habían caído sobre un largo y pesadamente acolchado asiento junto a la ventana, haciendo poco ruido. Olió sangre en el momento en que estuvo dentro. El miedo la golpeó en ondas. La energía en rojo y negro se derramó por ella y en su interior con una fuerza brutal. Se atragantó y luchó contra la negrura que se arremolinaba en los bordes de su visión.
¡Jesse!
Estoy aquí, cariño. Respira a través de eso. Estoy casi en posición.
Ella ya podía sentir la disminución de la energía violenta mientras Jess se acercaba lo bastante a la casa para extraerla fuera de ella. ¿Y cuan cerca estaba exactamente? Su corazón latía con un ruido demasiado sordo en su pecho y se mordió el labio inferior para estabilizarse. No podía pensar en Jess y en lo que esos hombres le harían si le atrapaba. Tenía que mantener su mente en el escudo, construirlo tan fuerte como fuera posible para enmascarar su presencia mientras comenzaba a buscar a Patsy.
Se concentró en ser pequeña e invisible, desaparecer en el fondo, moviéndose despacio y cerca del suelo. Con los pequeños vistazos que tenía aprendidos de memoria del interior de la casa Patsy, se abrió camino por la majestuosa doble escalera que conducía a la reciclada sala de pinturas. Las pinturas cubrían las paredes subiendo las escaleras y eran exhibidas en huecos junto con esculturas en intrincados pedestales. La curvada galería se abría a las escaleras que iban a las habitaciones y a los cuartos de baño, y ya sabía exactamente dónde estaba Patsy.