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Электронная книга - «La Importancia De Vivir». Краткое содержание книги:

En las páginas que siguen presento el punto de vista chino, porque no puedo remediarlo. Sólo me interesa presentar un criterio de la vida y de las cosas como lo han visto los mejores espíritus chinos, y como lo han expresado en su sabiduría popular y en su literatura. La importancia de vivir condensa una filosofía risueña y tolerante que, en su trasplante de la China milenaria al campo cultural occidental, procura maravillosos estímulos en el arte de vivir.- La importancia de vivir, en tanto compendio de la filosofía que propone Lin Yutang, desentraña el sentido de la vida y nos permite comprender cuánto podemos obtener del medio en el que nos desenvolvemos, cualesquiera que fuesen nuestras circunstancias. Si sabemos armonizar nuestros instintos e impulsos, nos dice el autor, podemos hacer que el cielo y tierra se entiendan dentro de nosotros y obtener de la vida frutos insospechados. Se trata de una filosofía risueña y tolerante que, en su transplante de la China milenaria al campo cultural occidental, adquiere nueva lozanía y procura maravillosos estímulos en el arte de vivir
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Es fácil ver este contraste entre el verdadero género de la conversación y las otras clases de cortés intercambio de opiniones, si nos referimos al contraste similar entre un buen ensayo familiar y las declaraciones de los políticos. Si bien se expresa una cantidad mucho mayor de sentimientos nobles en las declaraciones de los políticos -sentimientos de democracia, de deseo de servir, interés por el bienestar de los pobres, devoción a la patria, elevado idealismo, amor por la paz y seguridades de infalible amistad internacional- y no se hace una sugestión siquiera de codicia del poder o del dinero o de la fama, hay en ellas cierto olor que nos mantiene a la distancia, como una señora vestida con excesivo lujo y excesivamente pintada. En cambio, cuando escuchamos una verdadera conversación o leemos un buen ensayo familiar, sentimos que hemos visto a una doncella campesina, sencillamente vestida, que lava la ropa junto al río, un poco desordenado el cabello, acaso, y algún botón desprendido, pero encantadora e íntima y agradable de todos modos. Ese es el encanto familiar y el estudiado descuido a que tiende el négligé de la mujer occidental. Algo, de este encanto familiar de la intimidad debe formar parte de todas las buenas conversaciones y todos los buenos ensayos.

El buen estilo de conversación es, por consiguiente, un estilo de intimidad y despreocupación, en que las partes han perdido su dureza y han olvidado del todo cómo visten, cómo hablan, cómo estornudan, y en que todos colaboran y sienten igual indiferencia en cuanto al camino que toma la conversación. Podemos entablar una verdadera conversación solamente cuando encontramos a nuestros amigos más íntimos y estamos dispuestos a abrirnos el corazón. Uno ha puesto los pies sobre una mesa vecina, otro se sienta en el alféizar de una ventana, y otro más se ha sentado en el suelo, apoyado en un almohadón que quitó al sofá, dejando así descubierta la tercera parte del asiento. Porque solamente cuando están sueltos los pies y las manos, y cómodo el cuerpo, puede estar cómodo el corazón también. Entonces es cuando:

Ante mis ojos hay amigos que conocen mi corazón,

Y a mi lado nadie hay que me lastime los ojos.

Esta es una condición absolutamente necesaria para toda conversación que merezca el nombre de arte. Y como no nos importa de qué hablamos, la conversación irá a la deriva, cada vez más lejos, sin orden y sin método, y los amigos se marcharán, cuando todo termine, con el corazón feliz.

Es tal la relación entre el ocio y la conversación, y el progreso de la prosa, que creo que la prosa verdaderamente culta de una nación nace en la época en que la conversación ha llegado a ser ya un arte. Lo vemos muy claramente en el desarrollo de la prosa china y griega. No puedo imaginar una explicación de la vitalidad del pensamiento chino en los siglos que siguieron a Confucio, cuando nacieron las que se llaman "Nueve Escuelas del Pensamiento", si no es la de que se había desarrollado un ambiente culto, en el cual una especial clase de sabios tenía por único cometido el conversar. Como confirmación de mi teoría vemos que hubo entonces cinco nobles, grandes y ricos, famosos por su generosidad, caballerosidad y gusto por los huéspedes. Todos ellos tenían miles de sabios como huéspedes en sus casas, como por ejemplo Mengch'ang, del Reino Ch'i, de quien queda la reputación de que tenía tres mil sabios o "huéspedes", que usaban "zapatos perlados" y eran "alimentados" en su casa. Podemos imaginar el murmullo de conversaciones que habría en esas casas. El contenido de la conversación de los sabios de esos días se refleja hoy en los libros de Liehtsé, Huainantsé, Chankuotseh y Luían. Es digno de notar, con respecto al último, un libro que se admite escribieron los huéspedes de Lü, pero se publicó con su nombre (en forma similar a la costumbre de los "patrones" de los autores ingleses en los siglos XVI y XVII), que ya en él se desarrollaba la idea del arte del buen vivir, en la fórmula de que sería mejor vivir bien, o no vivir. Había además una clase de brillantes sofistas o conversadores profesionales, a quienes contrataban los diferentes Estados en guerra, y enviaban como diplomáticos para evitar una crisis o persuadir a un ejército hostil de que se retirara de las murallas de una ciudad sitiada, o para concluir una alianza, como muchos hicieron. Estos sofistas profesionales se distinguían siempre por su ingenio, sus hábiles parábolas y su poder de persuasión. Las conversaciones o los hábiles argumentos de esos sofistas se conservan en el libro Chankuotseh. De ese ambiente de libre y juguetona discusión surgieron algunos de los más grandes nombres de la filosofía: Yang Chu, famoso por su cinismo: Hanfeitsé, famoso por su realismo (similar al de Maquiavelo, pero más atemperado), y el gran diplomático Yentsé, famoso por su ingenio.

Un ejemplo de la culta vida social que existía en el siglo III antes de nuestra era, hacia el final de este período, puede darlo el relato de cómo cierto estudioso llamado Li Yüan consiguió presentar su culta hermana a la corte de un rico patrono en el Reino de Ch'u. El patrono a su vet logró para esta niña el favor del Rey, lo cual fue eventualmente la causa de la destrucción del Reino de Ch'u por el ejército conquistador del Primer Emperador de Ch'in, que unió al Imperio Chino.

Vivió antaño Li Yüan, que servía como subordinado al Príncipe Ch'unshen, el Primer Ministro del Rey de Ch'u. Li tenía una hermana de nombre Nühuan, que le habló un día:

– He sabido que el Rey no tiene heredero. Si me presentas al Primer Ministro, por su intermedio podré ver al Rey.

– Pero el Primer Ministro es un alto funcionario -respondió el hermano-. ¿Cómo me atreveré a mencionarle tal cosa?

– No tienes más que ir a verle -dijo la hermana- y decirle que tienes que volver a casa porque ha llegado un noble huésped. Entonces te preguntará quién es ese noble huésped, y puedes responderle que tienes una hermana, que el Primer Ministro del Reino de Lu ha oído hablar de la reputación que goza y ha enviado un delegado a pedírtela, y que un mensajero de tu casa acaba de traerte la noticia. Entonces te preguntará qué sabe hacer tu hermana. Y le responderás que sé tocar el ch'in, que sé leer y escribir, y que domino los clásicos. Seguro es que me enviará a buscar en esa forma.

Li prometió hacer como se le pedía y a la mañana siguiente, después de ver al Primer Ministro, le dijo:

– Un mensajero de casa me dice que hay un noble huésped de un país distante, y debo regresar para recibirle.

El Primer Ministro Ch'unshen le preguntó entonces, en efecto:

– ¿Quién es ese noble huésped de un país distante? Y Li respondió:

– Yo tengo una hermana, y el Primer Ministro del Reino de Lu ha sabido de su reputación y ha enviado un delegado para pedirla.

– ¿Puedo verla?-preguntó el Primer Ministro-. Pídele que vaya a verme en el Pabellón Li.

– Sí, señor-respondió Li, y regresó y dijo a su hermana que el Primer Ministro la esperaba la noche siguiente en el Pabellón Li.

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