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Электронная книга - «La Importancia De Vivir». Краткое содержание книги:

En las páginas que siguen presento el punto de vista chino, porque no puedo remediarlo. Sólo me interesa presentar un criterio de la vida y de las cosas como lo han visto los mejores espíritus chinos, y como lo han expresado en su sabiduría popular y en su literatura. La importancia de vivir condensa una filosofía risueña y tolerante que, en su trasplante de la China milenaria al campo cultural occidental, procura maravillosos estímulos en el arte de vivir.- La importancia de vivir, en tanto compendio de la filosofía que propone Lin Yutang, desentraña el sentido de la vida y nos permite comprender cuánto podemos obtener del medio en el que nos desenvolvemos, cualesquiera que fuesen nuestras circunstancias. Si sabemos armonizar nuestros instintos e impulsos, nos dice el autor, podemos hacer que el cielo y tierra se entiendan dentro de nosotros y obtener de la vida frutos insospechados. Se trata de una filosofía risueña y tolerante que, en su transplante de la China milenaria al campo cultural occidental, adquiere nueva lozanía y procura maravillosos estímulos en el arte de vivir
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– Debes ir tú primero, a fin de estar allí cuando yo llegue -dijo la doncella.

El Primer Ministro llegó a su hora y pidió ver a Nühuan. Le fue presentada y todos bebieron mucho.

Nühuan tocó el ch'in y antes de que terminara su canción, el Primer Ministro estaba grandemente complacido, y le pidió que _ permaneciera allí toda la noche…

He ahí el ambiente social de damas cultas y sabios desocupados que produjo para nosotros el primer congreso importante de la prosa en China. Había damas que sabían conversar y leer y escribir y tocar un instrumento musical, que contribuían a esa mezcla particularmente ligera de motivos sociales, artísticos y literarios que se encuentra siempre en una sociedad donde participan a la vez hombres y mujeres. Era una sociedad indudablemente aristocrática por su carácter y su ambiente, porque resultaba difícil ver al Primer Ministro Ch'unshen, pero cuando supo de una dama que podía tocar un instrumento musical y dominaba los clásicos, insistió en verla. Era esta, pues, la vida de ociosidad que vivieron los primeros sofistas y filósofos chinos. Los libros de esos primeros filósofos chinos no fueron más que el resultado de las calmosas conversaciones entre estos sabios.

Es claro que solamente en una sociedad donde hay ocio puede producirse el arte de la conversación, y es igualmente claro que solamente cuando hay un arte de la conversación pueden darse buenos ensayos familiares. En general, el arte de la conversación y el arte de escribir buena prosa llegaron comparativamente tarde en la historia de la civilización humana, porque la mente humana tuvo que desarrollar cierta sutileza y ligereza de toque, y esto sólo fue posible en una vida de ocio. Estoy muy bien advertido de que hoy, desde el punto de vista de los comunistas, gozar ratos de ocio o pertenecer a la odiada clase ociosa es ser contrarrevolucionario, pero estoy muy convencido de que la meta del verdadero comunismo y el socialismo es que todas las personas sean capaces de gozar ocios, o que el goce del ocio se haga general. Por lo tanto, el goce del ocio no puede ser pecado, pero por otra parte el progreso de la cultura misma depende de un inteligente empleo del ocio, del cual la conversación es sólo una forma. Los hombres de negocios que están ocupados el día entero y se marchan a la cama inmediatamente después de comer, para roncar como vacas, no han de contribuir mucho a la cultura.

A veces este "ocio" es forzoso y no se produce porque uno ' lo busque. De todos modos, muchas grandes obras de la literatura se han producido en un ambiente de ocio forzoso. Cuando vemos un genio literario de gran porvenir, que dispersa su energía en inútiles fiestas sociales o escribe ensayos sobre la política del momento, lo mejor y lo más bondadoso que podemos hacer por él es encerrarle en una celda. Porque debemos recordar que el Rey Wen escribió en la prisión su Libro de los cambios, una obra clásica de filosofía sobre los cambios de la vida humana, y Ssema Ch'ien escribió en la cárcel su obra maestra Shihchi (convencionalmente llamada Shiki), la mejor historia que se ha escrito jamás en chino. A veces los autores veían vencidas sus ambiciones de tener una carrera política, o la situación política era demasiado decepcionante, y se producían entonces grandes obras literarias o de arte. Esta es la razón por la cual tuvimos tan grandes pintores Yüan y dramaturgos Yüan durante el régimen mongol, y tan grandes pintores como Shih T'ao y Pata Shan jen durante el comienzo de la conquista mancha de China. El patriotismo en la forma de un sentido de cabal humillación bajo un régimen extranjero hizo posible su total devoción al arte y la cultura. Shih T'ao es indudablemente uno de los más grandes pintores que ha producido China, y el hecho de que no se le conozca en general en Occidente se debe a un accidente y a que los emperadores manchúes no querían dar crédito a los artistas que no simpatizaban con su régimen. Otros grandes escritores que habían fracasado en el examen imperial comenzaron a sublimar su energía y dedicarse a la creación, como fue el caso de Shih Naian que nos legó Todos los hombres son hermanos, y P'u Liuhsien que nos dejó Extraños relatos desde un estudio chino.

Tenemos en el prefacio de Todos los hombres son hermanos, atribuido a Shih, una de las más deliciosas expresiones del placer de la conversación entre amigos:

Cuando todos mis amigos se reúnen en mi casa hay dieciséis personas en total, pero rara es la vez que vienen todos. Pero, salvo en días de lluvia o tormenta, es también rara la vez que no venga ninguno. Casi todos los días tenemos seis o siete personas en casa, y cuando llegan no empiezan a beber inmediatamente; toman un sorbo cuando quieren y luego dejan de tomarlo cuando quieren, porque consideran que el placer consiste en la conversación y no en el vino. No hablamos de la política de la corte, no solamente porque está fuera de nuestra debida ocupación, sino también porque a tal distancia la mayoría de las noticias se basan en cosas de oídas; las noticias de oídas no son más que rumores, y discutir rumores sería malgastar saliva. No hablamos tampoco de los defectos de la gente, porque la gente no tiene defectos, y no debemos calumniarla. No decimos cosas que ofendan a nadie y nadie se ofende;

en cambio, deseamos que la gente entienda lo que decimos, pero aun asi la gente no entiende lo que decimos. Porque las cosas de que hablamos yacen en lo hondo del corazón humano, y la gente del mundo está demasiado ocupada para oírlas.

En esta clase de estilo y con esta especie de sentimiento se produjo la gran obra de Shih, y fue posible tal cosa porque en aquel entonces se gozaba del ocio.

El surgimiento de la prosa griega ocurrió claramente en la misma clase de ambiente social descansado. La lucidez del pensamiento griego y la claridad del estilo griego de la prosa deben su existencia al arte de la conversación calmosa, como se revela tan claramente en el título mismo de los Diálogos de Platón: En El Banquete vemos un grupo de sabios griegos reclinados en el suelo que conversan alegremente en una atmósfera de vino y de frutas y hermosos donceles. Porque estos hombres habían cultivado el arte de hablar, su pensamiento fue tan lúcido y su estilo tan claro, dando un contraste tan refrescante con la pomposidad y la pedantería de los modernos escritores académicos. Estos griegos habían aprendido evidentemente a manejar con ligereza el tema de la filosofía. La encantadora atmósfera conversacional de los filósofos griegos, su deseo de hablar, el valor que atribuían a una buena charla y la elección de lugar para conversaciones se ven bellamente descritos en la introducción de Fedra. Esto nos da una visión interior del surgimiento de la prosa griega.

La misma República de Platón no comienza, como lo harían algunos de los escritores modernos, con frases como “La civilización humana, vista a través de sus sucesivas etapas de desarrollo, es un movimiento dinámico que va desde la heterogeneidad a la homogeneidad", o alguna otra tontería igualmente incomprensible. Comienza, en cambio, con una frase afable: "Bajé ayer al Pireo, con Glauco, el hijo de Aristo, para rendir mis devociones a la diosa y deseoso de observar, a la vez, en qué forma iban a celebrar el festival, pues estaban por hacerlo por primera vez". El mismo ambiente que encontramos entre los primeros filósofos chinos, cuando el pensamiento era más activo y viril, lo tenemos en el cuadro de los griegos reunidos para discutir el tema de si un gran escritor de tragedias debe ser o no un escritor de comedías también, según lo describe El banquete. Había un ambiente de seriedad y alegría y chispeantes preguntas y respuestas. La gente se burlaba de la capacidad de Sócrates como bebedor, pero allí seguía él, bebiendo o no según le diera en gana, sirviéndose una copa cuando se le antojaba, sin preocuparse por lo demás. Y así habló Sócrates la noche entera hasta que todos los comensales quedaron dormidos, salvo Aristófanes y Agatón. Cuando hubo hecho dormir a todos mientras hablaba, y fue el único que quedó despierto, abandonó el banquete y fue al Liceo para darse un baño matinal, y pasó el día tan fresco como siempre. En este ambiente de amistoso discurrir nació la filosofía griega.

No hay duda que necesitamos la presencia de las mujeres en una conversación culta, para que cobre la necesaria frivolidad, alma de la conversación. Sin frivolidad y alegría, la conversación se torna tonta y extraña a la vida. En todos los países y todas las edades se ha visto que siempre que hubo una cultura interesada en comprender el arte de vivir, se desarrolló la moda de dar la bienvenida a las mujeres en la sociedad. Tal fue el caso de Atenas en la época de Pericles, y así ocurrió en los salones franceses del siglo XVIII. Aun en China, donde la compañía mixta era tabú, los sabios exigían la presencia de mujeres que pudieran intervenir en su conversación. En las tres dinastías. Chin, Sung y Ming, en que se cultivó y se puso de moda el arte de la conversación, aparecieron siempre damas muy cultas, como Hsieh Taouyün, Ch'aoyün, Liu Jushih y otras. Pues aunque los chinos requerían que sus esposas fuesen virtuosas y se abstuvieran de ver a otros hombres, no cesaron por eso de desear para sí la compañía de mujeres de talento. La historia literaria china está muy mezclada, al fin y al cabo, con las vidas de cortesanas profesionales. La demanda de un toque de encanto femenino en un grupo de gente durante la conversación, es una demanda universal. He conocido señoras alemanas que podían hablar desde las cinco de la tarde a las once de la noche y me he encontrado con señoras inglesas y norteamericanas que me asustan por su familiaridad con la economía, tema que desespero de estudiar jamás, por falta de valor. Pero me parece que aun cuando no haya señoras que puedan debatir conmigo acerca de Carlos Marx y Engeis, la conversación se ve siempre placenteramente estimulada cuando hay unas pocas señoras que saben cómo escuchar y parecer dulcemente pensativas. Me resulta siempre más delicioso que hablar con hombres de estúpido aspecto.

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