Juego del Depredador
- Автор: Фихан Кристин
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Juego del Depredador». Краткое содержание книги:
Saber Wynter contesta a un anuncio para la estación de radio… el trabajo perfecto de noche para ella. Es afortunada al alquilarle a Jess, el segundo piso de la estación, en donde también puede trabajar como un ama de casa de medio jornada.
Jess pasa la mayor parte de su tiempo encerrado y aislado en su oficina privada. Pero frente a la fragilidad e inocencia de Saber se despierta en su alma, el poderoso deseo de protegerla, cuidarla y… amarla.
Ella negó con la cabeza.
– Habría llegado demasiado tarde. Si la hubiera querido muerta, habría estado más allá de la ayuda cuando él llegó. Casi me pisó.
Jess negó con la cabeza, una lenta sonrisa de admiración escapó cuando sabía que no debería sentirse así.
– Él va a odiar esto.
– No se lo digas. No se lo cuentes a ninguno de ellos. -Agachó la cabeza-. No quiero que sepan lo que hago.
– Al final tendrán que saberlo. Eres una de nosotros. Trabajamos en equipo.
– Los asesinos no trabajan en equipo, Jesse. Salgo sola. Las órdenes entran y juego no importa qué parte, entro calladamente y salgo, y nadie alguna vez sabe que fue un golpe sancionado. Soy el arma que todos han estado buscando. Puedo eliminar a nuestros enemigos y nadie nunca podrá probar nada.
– Eso no invalida el hecho de que eres una de nosotros. Todos nosotros tenemos diferentes y letales capacidades, Saber. Entenderán.
– ¿Crees realmente que se me acercarán y estrecharán mi mano del modo en que lo hicieron antes? Estarán aterrorizados.
– No te temo, Saber -dijo Jess.
Ella levantó las pestañas.
– Bien, tal vez deberías.
Una sonrisa lenta suavizó la línea dura de la boca de Jess. El corazón de Saber dio bandazos. Se veía tan sexy. No era de extrañarse que se hubiera enamorado de él, lo habría hecho sin Whitney y sus feromonas.
– Dijiste eso antes. Me gusta vivir peligrosamente.
– Estás chiflado.
– Venga, nena. Vamos a la cama. -Le tendió la mano. Cuando ella puso la suya encima, él le besó la palma y la colocó en su hombro para poder maniobrar con la silla a través de los anchos corredores hasta el dormitorio principal.
Saber caminó con él.
– He estado pensando acerca de esta cosa con Whitney. Tenemos a él y al pervertido que se masturbó en mi habitación. Quizás estén conectados, quizá no, pero me inclino más hacia la teoría de que estamos perdiendo alguna pieza vital aquí, Jesse. Algo justo delante de nuestras narices.
Él no iba a descartar su radar, porque sentía lo mismo. Whitney no tenía nada que ganar raptando a Saber antes de que estuviera embarazada. No cuando se había tomado tantos problemas para orquestar el encuentro de los dos.
Su dormitorio era enorme, la cama de cuatro postes dominaba el cuarto. Era baja, construida así para facilitarle el bloquear la silla y deslizarse en la cama sin ayuda. El cuarto estaba siempre sorprendentemente limpio. Jess tendía a lanzar sus ropas sobre los respaldos de las sillas o encima de la mesilla de noche, pero todo lo demás estaba en su lugar.
– Siempre he estado intimidada por esta cama -dijo Saber, parándose dentro de la puerta-. Es enorme.
– No te dejaré perderte. Sólo tenemos que asegurarnos de que Patsy no irrumpa y te encuentre aquí o nos arrastrará a la iglesia más cercana y estaremos casados antes de que el día acabe.
– Ni siquiera digas eso. Patsy se emocionaría de atraparme en tu dormitorio. Tiene visiones de ti produciendo como diez niños o algo así.
Él se rió.
– Mi hermana sería la mejor tía en el mundo.
– Ella necesita tener hijos. Tú serías un gran tío.
La sonrisa de Jess se desvaneció de su cara.
– Estaba muy enamorada de David. No tengo ni idea de cómo decirle que su David murió por mi causa. Nunca pensé que mi trabajo o las elecciones que hice tocarían alguna vez a mi familia.
– Oh, Jesse. Oh Dios. -La mano de Saber hasta su garganta y luego salió disparada para abrazarse contra la pared-. Patsy.
Él se tensó ante tono, haciendo una pausa en el acto de trasladarse a la cama.
– ¿Qué es? ¿Qué está mal?
– Tenemos que ir a casa de Patsy ahora mismo.
– Saber, son las cuatro de la mañana. ¿Por qué?
Se mordisqueó el labio, frunciendo el ceño.
– Cuando Patsy estuvo aquí más temprano, no me gustó la manera en que su corazón latía.
Jess se enderezó inmediatamente.
– ¿Que quiere decir que no te gustó la manera en que su corazón estaba latiendo?
– No lo sé. Su ritmo era poco apropiado.
Él se veía ceñudo, feroz.
– ¿Algo está mal con el corazón de mi hermana y no dijiste nada?
– Intenté obligarla a ver a un doctor. No creía que tú supieras sobre mí. Tenía miedo de decir algo, pero planifiqué, cuándo salí, contarte en una carta que la llevaras al doctor.
– ¿Por qué revisaste su ritmo?
Su tono envió un escalofrío por su columna vertebral. Saber se agarró más fuerte a la jamba de la puerta.
– Alguien había dejado caer un dispositivo de escucha en el bolsillo de su chaqueta. Emitía un pequeño campo de energía y lo capté cuando estuve cerca de ella.
– Vayamos entonces -dijo Jess-. Me llevará algunos minutos vestirme.
Saber se apresuró a recoger unos pantalones vaqueros y una camiseta. Jess no se había alegrado de que ella dejara salir a Patsy sin decirle nada, pero no la había condenado por ello. Parecía que ella seguía pidiéndole que aceptara más y más de ella. Le habría advertido a Patsy, sin embargo. Le gustaba mucho y nunca se hubiera ido sin asegurarse primero de que Patsy supiera que tenía algo malo en el corazón.
La culpabilidad no se alivió mientras corría en busca de la furgoneta. Jess ya estaba en el garaje, rodando su silla hacia el ascensor para entrar. Le atrapó su mano extendida mientras ella brincaba para unirse a él.
– Lo siento, Jesse. Honestamente no sé si es una cosa menor que realmente no tiene importancia y nunca la dañará, pero simplemente no está bien.
– Entiendo. -Bloqueó la silla en su lugar y recorrió la mirada sobre ella para asegurarse de que estaba tranquila-. La cosa es, cariño, que Patsy significa mucho para mí. Si cualquier cosa le ocurriera… -Su voz se desvaneció y el motor de la furgoneta arrancó.
– Lo sé. Lo siento. Debería habértelo dicho antes. -Estaba triste por la vergüenza y la culpabilidad que la oprimían.
Él los perdió. Los había perdido. Todo se caía a pedazos. Tenía que reagruparse. Todavía podría salvar esto. Fue escaleras abajo al sótano y atravesó la sala. El cuarto de ella. Una vez que la tuviera donde pertenecía, su voz sería solo para él. Hablaría solo cuando él se lo permitiera, diría solo las cosas que quería oír.
Esposas colgaban del techo y la pared. Tenía todo colocado para ella, preparado para ella. Le amaría con el tiempo, amaría las cosas que él podría hacer con ella. Y sabría que él era el amo, el único para el que había nacido para complacer. Sería lo que él quería que fuera, viviría solo para él y para sus antojos, su placer. Succionó su aliento. Estaba tan cerca. Nadie alguna vez encontraría este lugar. No el lisiado, no los supersoldados, y seguramente no ése bastardo de Whitney.
CAPÍTULO 13
La lluvia los saludó mientras marchaban por la carretera y se dirigían hacia la hacienda de Patsy. Los abuelos de Jesse y Patsy les habían dejado dinero, y Patsy vivía a sólo unos kilómetros de su hermano, la parte trasera de su propiedad conectaba a la misma área de gruesos árboles. Un mes después de que le hirieran en las piernas, ella había comprado la propiedad junto a la de él y creó la estación de radio. Le llevaba más tiempo conducir hacia su casa que cruzar el bosque, ya que tenían que dar vueltas siguiendo las carreteras.
– ¿Qué vamos a decirle? -Preguntó Saber.
– Aún no lo he resuelto -dijo bruscamente Jess y luego le disparó una mirada rápida de disculpa-. No lo sé, pero pensaré en algo.
Saber tragó con dificultad y se quedó mirando fijamente por la ventana a la lluvia. La tormenta se movía rápidamente. El meteorólogo había estado prediciendo una gran tormenta durante varios días y finalmente estaba aquí, la pesada capa de espesa niebla tapaba las estrellas y la luna. El relámpago veteaba la parte inferior de las ominosas nubes oscuras que se arremolinaban en lo alto y la ansiedad se deslizó por su espina dorsal.