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Juego del Depredador

Электронная книга - «Juego del Depredador». Краткое содержание книги:

Después de ser torturado, el ex SEAL y Caminante Fantasma, Jess Calhoun, regresa a su ciudad natal en Sheridan, Wyoming, donde posee una estación de radio local. Sus intenciones son vivir tranquilamente, escribir canciones y realizar su fisioterapia.
Saber Wynter contesta a un anuncio para la estación de radio… el trabajo perfecto de noche para ella. Es afortunada al alquilarle a Jess, el segundo piso de la estación, en donde también puede trabajar como un ama de casa de medio jornada.
Jess pasa la mayor parte de su tiempo encerrado y aislado en su oficina privada. Pero frente a la fragilidad e inocencia de Saber se despierta en su alma, el poderoso deseo de protegerla, cuidarla y… amarla.
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Ella estaba en problemas. Reconoció que Jess estaba uniendo su cuerpo al suyo. Estaba en peligro de convertirse en adicta, obsesionarse con la necesidad de su toque. El placer barría a través de ella, y su cuerpo se tensó hambriento.

Jess atrapó sus caderas y la sujetó directamente sobre su duro eje. Ella podía sentir la ancha cabeza alojada en su apretada entrada. El fuego bajó por sus muslos y subió a su funda femenina. Todos los músculos se contrajeron. Él la mantuvo inmóvil.

– Adoro cuan receptivo es tu cuerpo al mío. Amas esto, ¿verdad?

¿Cómo podría no hacerlo? No parecía tener importancia lo que él hacía, a donde la llevaba, ella iba a seguirle, porque lo quería todo, le quería a él y al ardiente placer que podía darle. No había sabido que existía, pero ahora, cada vez que le miraba, su cuerpo iba a inundarse de calor y necesidad.

Manteniéndola inmóvil, la llenó lentamente, abriéndose camino entre los músculos apretados, suaves como terciopelo, el canal ardiente que le agarraba hasta estrangularle. Ella intentó moverse, intentó obligarlo a llenarla, pero él la sujetó firmemente y se tomó su tiempo, observándole la cara y el aturdido placer que ruborizaba sus rasgos delicados.

– ¿Sabes cuántas veces, de cuántas formas he imaginado tenerte así? -le preguntó él, su voz gruesa, casi ronca de deseo-. Quiero dormir envuelto alrededor de tu cuerpo, mis dedos dentro de ti, mi boca en tu pecho. Cuando estés en la cocina por la mañana no llevando nada puesto excepto mi camisa, quiero sentarte en el mostrador y devorar toda esa brillante miel caliente y especiada que espera por mí.

Su cabeza cayó hacia atrás con un gemido suave, sus imágenes eróticas brotaban claramente en su mente mientras él bombeaba profundamente dentro de ella, alojándose contra su vientres. Los músculos se tensaron aún más, su vientre se apretó, el cuerpo luchó por la libertad de montarle dura y rápidamente. Todo mientras las burbujas explotaban como diminutas lenguas en su sensitiva piel desnuda.

Jess se inclinó hacia adelante y se llevó un pezón a la boca con un mordisco suave, enviando olas de calor chocando a través de ella. Un pequeño grito escapó, y ella le clavó las uñas profundamente. Inundó a su miembro con líquido ardiente. Sosteniéndola en posición, la levantó y luego bajó su cuerpo mientras él empujaba hacia arriba, duramente. Ella jadeó mientras la llenaba, su miembro abriéndose camino entre los pliegues suaves, apretados, la fricción creaba un fogoso tango de sensaciones en el nudo sensitivo de nervios.

Ella apenas podía respirar mientras su cuerpo se tensaba y apretaba con fuerza, cada parte de su cuerpo ardiendo.

– No sé qué hacer. -Porque ella tenía que hacer algo o iba a volverse loca.

– Móntame, nena, solo eso. -Las manos le urgieron a un ritmo. La levantó por las caderas para dejarle sentir su polla, dura y caliente, deslizándose como acero, atravesando pliegues de terciopelo. Su aliento salió en ráfagas y los músculos de sus muslos ondularon bajo la avalancha de pura sensación-. Oh, sí, lo tienes -la alentó, deteniéndola poco antes de que se separaran. ¿Eso se siente bien?

Era asombroso cómo la estiraba, llenándola completamente mientras ella se movía en un lento descenso. Gimió suavemente cuando se empaló en su grueso eje con un movimiento largo, lánguido, induciendo tal placer que casi gritó. Jess levantó las manos para tironear de sus pezones mientras se conducía una y otra vez a través de su calor sedoso. Cada vez más dura y profundamente, enviando dardos de fuego por el cuerpo de ella.

– ¿Te gusta así de duro? -Sus ojos brillaban intensamente, oscuros con una mezcla de lujuria y amor inconfundible. Ella podía ver los músculos ondular, los dientes apretados mientras luchaba por el control, por mantener el paso lento y relajado mientras ella aprendía a darse placer con el cuerpo de él.

Ella sólo podía asentir con la cabeza mientras sus caderas ascendían, los músculos agarrándose y apretándose al derredor de él. Iba a destrozarla, desmontarla antes de que él terminara. Bajó otra vez mientras él empujaba arriba, otra lenta pulgada seguida de otra insoportable pulgada, matándoles a ambos con un disturbio de sensaciones que entraban a raudales a través de ellos. Nunca se había sentido tan lasciva mientras arqueaba su cuerpo para obtener un ángulo diferente, para sentir la gruesa longitud de él, tan dura como el acero, presionada contra su clítoris palpitante.

Sus pechos empujaron en dirección a él y él se inclinó para arañar con los dientes las curvas suaves. La electricidad chisporroteó, caliente y mojada desde sus pechos hasta su vientre como un rayo de fuego líquido a través de su corazón femenino.

Le metió una mano en el pelo y le besó la garganta hasta los labios, otra vez sujetándola quieta. Ella se estremeció, sus músculos apretándose, su cuerpo sujetándose fuertemente alrededor del de Jess, las paredes sedosas de su canal ordeñándole mientras él evitaba que sus caderas se mecieran. Ella echó la cabeza atrás, los ojos aturdidos y oscuros con el deseo.

– Eres tan hermosa -susurró él-. Así. Amándome. Eres tan condenadamente hermosa que hace daño mirarte.

Abajo, los muslos se tensaron en duras curvas, y luego él cambió el ritmo, absorbiéndola, hundiéndose profunda y duramente con exquisito propósito, construyendo el calor hasta que estuvo fuera de control. La respiración de Saber se convirtió en desiguales jadeos mientras el penetrante placer se crecía y crecía hasta que pensó que no sobreviviría. Se sentía como si se estuviera quemando viva de dentro a fuera, y si él no seguía llenándola, estirándola, ni no hacía algo para apagar el fuego pronto, no sobreviviría.

– Por favor, Jesse. -El suave grito fue arrancado de ella antes de que pudiera detenerlo. No parecía haber inhibición o autorrespeto. Sabía que estaba implorando, rogando por la liberación, pero el placer era demasiado, tenía que terminar pronto o iba a volverse loca. Su mente parecía haberse apagado enteramente, y su deseo por Jess Calhoun no conocía fronteras.

– Está bien, Saber, amor. Ve con ello. Déjate volar. Ven conmigo. Simplemente ven conmigo. -La agarró por las caderas y se zambulló más profundo, alojándose contra su vientre, hinchándose más grueso y más grande que alguna vez en su vida, y sus pelotas se volvieron apretadas y duras, sus muslos temblando.

Se movió otra vez, estableciendo un ritmo rudo, profundas y largas caricias que invadían y se retiraban, cada una más dura y más fuerte que la última mientras bombeaba en su carne caliente y húmeda. A su alrededor, su apretado y sedoso canal le agarraba fuertemente, ordeñándole hasta que la tortura erótica casi le estranguló con el placer. No podía detener los temblores, la explosión de los músculos tensándose mientras llegaba al clímax, el cuerpo de ella derritiéndose y ondulando a su alrededor.

Ella gritó, el sonido vibrando a través de su ingle mientras inundaba su funda apretada con calientes chorros de su liberación, mientras se hundía una última vez en ella, su grito ronco uniéndose al de ella. Saber colapsó contra él, cayendo encima de su pecho mientras el luchaba por arrastrar aire a sus pulmones ardientes. Ella yacía con la cabeza apoyada en su hombro, exhausta, una floja muñeca de trapo, el corazón le latía tan fuerte que no podía controlarlo.

– ¿Estás bien? -preguntó él suavemente.

– No. No voy a estar bien nunca más -dijo, diciéndolo en serio-. Jesse, estaba buscando normalidad. No creo que esto lo sea. Esto es obsesión, adicción, algo loco. Podríamos aniquilarnos.

El le frotó el cuello con la boca.

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