El Vizconde Que Me Amo
- Автор: Куинн Джулия
- Язык: испанский
- Жанр: Исторические любовные романы
Электронная книга - «El Vizconde Que Me Amo». Краткое содержание книги:
La joya más preciada, la joven y hermosa Edwina Sheffield, es su elección natural. Pero para conseguirla ha de obtener antes la aprobación de la hermana mayor de la muchacha, Kate. Anthony comprobará que convencer a esa mujer arrogante y decidida de que ha dejado de ser un vividor no es tarea fácil. Como tampoco lo es quitársela de la cabeza cuando llega la noche.
– Los hombres y las mujeres somos muy diferentes -continuó Mary como si aquello no fuera tan obvio – y un hombre, incluso un hombre fiel a su esposa, como estoy segura de que el vizconde será, puede encontrar placer casi en cualquier mujer.
Esto era alarmante, y no era lo que Kate quería oír.
– ¿Y una mujer? -saltó.
– Es diferente para una mujer. He oído que las mujeres disolutas encuentran placer como cualquier hombre, en los brazos de cualquiera que las satisfaga, pero yo no lo creo. Pienso que una mujer tiene que sentir afecto por su esposo para disfrutar en el lecho matrimonial.
Kate se quedó un momento callada.
– ¿No amabas a tu primer esposo, verdad?
Mary negó con la cabeza.
– Eso lo cambia todo, cielo mío. Eso y que el marido sea considerado con su esposa. Pero he visto al vizconde en tu compañía. Soy consciente de que vuestro enlace ha sido repentino e inesperado, pero te trata con cariño y respeto. No debes temer nada, estoy segura. El vizconde te tratará bien.
Y con eso, Mary besó a Kate en la frente y le deseó buenas noches. Luego recogió las dos tazas vacías y salió de la habitación. Kate se quedó sentada en la cama, con la vista perdida en la pared de enfrente durante varios minutos.
Mary se equivocaba. Kate estaba segura de ello. Tenía mucho que temer.
Detestaba no ser la primera elección de Anthony como esposa, pero era práctica, pragmática y sabía que ciertas cosas de la vida sencillamente se tenían que aceptar como un hecho. Pero se había consolado con el recuerdo del deseo que había sentido…, y pensaba que Anthony también lo había sentido cuando ella estaba en sus brazos.
Ahora parecía que tal deseo ni siquiera tenía que ser obligatoriamente por ella; era más bien una necesidad bastante primitiva que todo hombre sentía por toda mujer.
Y Kate nunca sabría si, cuando Anthony apagara las velas, se la llevara a la cama y cerrara los ojos…
Imaginaría el rostro de otra mujer.
La boda, que iba a celebrarse en el salón de la mansión Bridgerton fue un acto privado y reducido. Bien, todo lo que podría esperarse de un acto con la familia Bridgerton al completo, desde Anthony hasta la pequeña Hyacinth de once años, quien iba a encargarse de llevar las flores con gran seriedad. Cuando su hermano Gregory, de trece años intentó inclinar su cesto de pétalos de rosas, la muchacha le soltó un fuerte golpe en el mentón, con lo cual la ceremonia se retrasó unos buenos diez minutos, pero por otro lado agregó una nota muy necesaria de levedad y risas a la reunión.
Bien, para todo el mundo excepto para Gregory, quien se había ofendido bastante con todo el episodio, y desde luego no se reía, pese a haber sido él mismo quien había empezado, como Hyacinth se apresuró a indicar a cualquiera que quisiera escucharla; y su voz era lo bastante chillona como para que alguien tuviera la opción de no escucharla.
Kate lo había visto todo desde su posición estratégica en el vestíbulo, desde donde había estado observando a través de una rendija en la puerta. Aquello le había arrancado una sonrisa, algo que agradeció, puesto que hacía más de una hora que las rodillas no le dejaban de temblar. Sólo podía agradecer que lady Bridgerton no hubiera insistido en organizar una celebración por todo lo alto. Kate, que nunca antes se había considerado una persona nerviosa, era probable que se hubiera desmayado del susto.
De hecho, Violet había mencionado la posibilidad de una gran boda como método para combatir los rumores que circulaban acerca de ella, Anthony y su compromiso tan repentino. La señora Featherington estaba cumpliendo su palabra y mantenía un silencio completo sobre los detalles del asunto, pero ya había dejado ir suficientes insinuaciones referentes a que todo el mundo sabía que el compromiso no había seguido el cauce habitual.
Como resultado, los comentarios no cesaban, y Kate sabía que sólo era cuestión de tiempo que la señora Featherington dejara de contenerse y todo el mundo se enterara de la verdadera historia de su perdición a manos -o más bien, aguijón- de una abeja.
De modo que al final Violet había decidido que un matrimonio rápido era lo mejor, y puesto que no se podía organizar una fiesta esplendorosa en una semana, la lista de invitados se había reducido a la familia. Kate contó con Edwina a su lado y Anthony estuvo acompañado por su hermano Benedict, y tras las formalidades habituales, se convirtieron en marido y mujer.
Era extraño, Kate pensó aquella tarde con la mirada fija en la alianza que ahora adornaba junto al anillo del diamante su mano izquierda, lo rápido que puede cambiar la vida de una. La ceremonia había sido breve, todo se sucedió en un abrir y cerrar de ojos, y no obstante su vida había cambiado para siempre. Edwina tenía razon. Todo era diferente. Ahora era una mujer casada, una vizcondesa.
Lady Bridgerton.
Se mordió el labio inferior. Sonaba como si se tratara de otra persona. ¿Cuánto tiempo necesitaría para que cuando alguien la llamara «lady Bridgerton» pensase que le hablaban a ella y no a la madre de Anthony?
Ahora era una esposa y tenía las responsabilidades de una esposa.
Aquello la aterrorizaba.
Ahora que la boda había acabado, Kate reflexionó sobre las palabras de Mary la noche anterior y supo que tenía razón. En muchos aspectos, era la mujer más afortunada del mundo. Anthony la trataría bien. Trataría bien a cualquier mujer. Y ése era el problema.
Ahora se encontraba en un carruaje y recorría la corta distancia entre la mansión Bridgerton, donde se había celebrado la recepción y la residencia privada de Anthony, a la que se suponía que ya no se podía llamar «residencia de soltero».
Miró de soslayo a su nuevo esposo. Miraba al frente y su rostro tenía una peculiar expresión seria.
– ¿Tienes planeado trasladarte a la mansión Bridgerton ahora que estás casado? -le preguntó Kate con calma.
Anthony pareció sorprendido, casi como si hubiera olvidado que ella estaba allí.
– Sí -contestó volviéndose hacia ella- aunque no hasta dentro de unos meses. He pensado que nos iría bien un poco de intimidad al comienzo del matrimonio, ¿no crees?
– Por supuesto -murmuró Kate. Bajó la vista a sus manos, que se retorcían sobre el regazo. Intentó pararlas, pero era imposible. Era sorprendente que no reventara los guantes.
Anthony siguió su mirada y dejó una de sus grandes manos sobre las de ella. Kate se paró al instante.
– ¿Estás nerviosa? -preguntó.
– ¿Pensabas que no lo estaría? -contestó intentando que su voz sonara seca e ironica.
Él sonrió como respuesta.
– No hay nada que temer.
Kate casi estalla en una risotada nerviosa. Parecía que estaba destinada a oír aquel tópico una y otra vez.
– Tal vez -admitió ella-, pero de todos modos son demasiadas cosas como para no estar nerviosa.
La sonrisa de Anthony se amplió.
– Touché, querida esposa.
Kate tragó saliva varias veces. Era extraño ser la esposa de alguien, y extraño en especial ser la esposa de este hombre.
– Y tú, ¿estás nervioso? -replicó ella.
Se inclinó hacia delante, su oscura mirada era intensa, tenía los párpados caídos con la promesa de lo inevitable.
– Oh, en extremo -murmuró. Cubrió la restante distancia que les separaba y sus labios encontraron el hueco sensible de la oreja de Kate-. Mi corazón late con fuerza -le susurró.
El cuerpo de Kate pareció ponerse rígido y fundirse al mismo tiempo. Luego soltó:
– Creo que deberíamos esperar.
Él le mordisqueó la oreja.
– ¿Esperar a qué?
Ella intentó escabullirse. Él no entendía. Si lo hubiera entendido estaría furioso, y no parecía especialmente molesto.