Bailando Al Anochecer
- Автор: Куинн Джулия
- Язык: испанский
- Жанр: Исторические любовные романы
Электронная книга - «Bailando Al Anochecer». Краткое содержание книги:
"George Spencer.” Él se aclaró la garganta. "El individuo del que te hablé."
La sangre abandonó el rostro de Belle. "Pero creía que había abandonado el país."
"Eso creía yo también. Ashbourne lo vio fuera de casa antes de la boda."
"¿Estás seguro de que quiere matarte? "
John cerró los ojos cuando su memoria lo devolvió de nuevo a España. El hedor del sexo y de la sangre. La agonía en los ojos de Ana. La furia en Spencer. "Estoy seguro."
Belle lo rodeó con los brazos y se pegó a su costado. "Al menos ahora sabemos quién es. Así podremos luchar contra él."
Él asintió despacio.
"¿Qué vamos a hacer? "
"No estoy seguro aún, amor. Hay muchas cosas que considerar." Pero él no quería pensar en nada de eso aún, no cuando todavía yacía en la cama con la que era su esposa hacia menos de veinticuatro horas. Repentinamente cambió de tema, la besó y le preguntó, "¿Disfrutaste de la boda? "
"Por supuesto," contestó Belle, lealmente.
"¿Estás segura?" John odiaba pensar que sus prisas hubieran podido estropear uno de los días más especiales de la vida de ella. "Parecías un poco angustiada antes de la ceremonia."
"Oh, eso," dijo Belle, y un ligero rubor cubrió sus mejillas. "Solo estaba un poquito nerviosa."
"No porque tuvieras dudas sobre casarte conmigo, espero." ¿Esperaba? Imploraba, en realidad.
"No, por supuesto que no," dijo Belle, dándole un juguetón golpecito en el hombro. "Nunca, ni una sola vez, pensé que estuviera cometiendo un error al casarme contigo. Sólo fue un pequeño momento de desasosiego interior porque mi boda no iba a ser exactamente como había soñado que sería."
"Lo siento," dijo John suavemente.
"No, no, no lo sientas. Solamente porque no fue como yo había pensado que sería, no significa que no fuera absolutamente perfecta. Oh, querido, lo fue. ¿Tiene algún sentido lo que digo? "
John asintió solemnemente.
"Creí que necesitaba una iglesia y cientos de invitados y música que sonara como verdadera música, pero me equivoqué. Lo que necesitaba era un sacerdote achispado, unos invitados irreverentes, y una pianista que seguramente aprendió a tocar de una cabra."
"Entonces conseguiste exactamente lo que necesitabas."
"Supongo que sí. Pero en realidad, lo único que realmente necesitaba eras tú." John se inclinó para besarla otra vez, y permanecieron ocupados es estos menesteres durante toda la hora siguiente.
Mientras el día llegaba a su fin, John comprendió que iba a tener que tomar alguna decisión sobre George Spencer. No tenía el menor deseo de quedarse sentado y esperar a que Spencer finalmente le alojara una bala en el pecho. Se volvería loco si tenía que esperar pacientemente a que su enemigo hiciera el primer movimiento. Aunque sólo fuera por no perder la cordura, necesitaba trazar un plan. La idea de permanecer escondido le resultaba desagradable, así que decidió afrontar la situación cara a cara y encontrarse con Spencer en persona.
Evidentemente, eso requería conocer el paradero de Spencer. John dudaba de que tal información fuera difícil de obtener. Las noticias viajaban rápido en Londres, incluso aunque hubiera finalizado la Temporada, y Spencer pertenecía a una familia lo bastante distinguida como para estar seguro que su regreso al país habría sido advertido. Uno simplemente tenía que preguntar a la gente adecuada.
John se retiró a la biblioteca y escribió una nota a Alex en seguida, solicitando su ayuda. La respuesta le llegó veinte minutos más tarde.
Spencer se aloja en unas habitaciones de alquiler en el 14 de Bellamy Lane. Ha regresado a Londres bajo su propio nombre y disfruta una tibia acogida. Por lo visto trató de regresar a Inglaterra inmediatamente después de la guerra y fue despreciado como desertor.
Su situación ha mejorado desde entonces, aunque no mucho.
No recibe demasiadas invitaciones, pero no creo le resulte difícil conseguir ser tolerado en un gran baile o fiesta. Posee el acento correcto y la ropa adecuada. Tú y Belle tendréis que tener cuidado. Por favor mantenme informado de tus planes.
Ashbourne
Alex había estado ocupado desde la noche anterior. John sacudió la cabeza de admiración. Se sentó tomando pluma y papel. Después de varios esbozos, finalmente se decidió por la simplicidad y envió la siguiente nota:
Spencer,
Tengo entendido que está en Londres. Tenemos mucho de lo que hablar. ¿Querría quedar a la hora del té? Me alojo en casa de mis suegros en Grosvenor Square.
Blackwood
John envió la nota con un mensajero y le dio instrucciones de esperar respuesta.
Salió hacia el vestíbulo, buscando a Belle. Todavía no se orientaba bien por la mansión, que era bastante grande para ser una residencia urbana. Se sentía condenadamente raro viviendo en una casa desconocida, sobre todo teniendo en cuenta que los dueños estaban fuera, en Italia y no tenían ni idea de que él acababa de casarse con su única hija. Si los Blydon estuvieran en su residencia, se sentiría mejor, como un correcto invitado, pero tal y como estaban las cosas, tenía la sensación de jugar a ser el dueño en la casa de otro. Su incomoda situación sólo servía para que se sintiera más determinado que nunca a poner fin a sus problemas con Spencer. Se había pasado cinco años haciendo malabarismos con el dinero para poderse comprar una casa propia, y ahora ni siquiera podía usarla.
Si no fuera porque acababa de casarse, habría estado de un humor realmente asqueroso.
Finalmente encontró a Belle dormida sobre un sofá en su salita. Sonrió para sí, pensando que se merecía la siesta. El había hecho todo lo posible para mantenerla despierta la noche anterior. No queriendo molestarla, salió de puntillas del cuarto y se dirigió de nuevo a la biblioteca donde se instaló en un sillón con una copia de El peregrino apasionado. Si Belle había sido capaz de leerlo, se figuró que él también. Lo irritaba tener que holgazanear leyendo mientras alguien conspiraba para eliminarlo, pero dada su actual estrategia, no parecía haber otra cosa que hacer que esperar.
Estaba más o menos a mitad del segundo acto cuando Belle llamó a la puerta.
"¡Adelante! "
Ella asomó la cabeza. "¿Te molesto? "
"¿En mi primer día como hombre casado? Me parece que no. "
Ella entró en la biblioteca, cerrando la puerta tras de si y se dirigió al sillón contiguo al de John.
"Hum-mmm," dijo él, agarrándola de la mano. "Ven aquí." Con un hábil tirón ella cayó en su regazo.
Belle se rió ante su estratagema y le plantó dos besos a lo largo de la mandíbula, maravillándose de sentirse cada vez más cómoda con este hombre. "¿Qué lees?" le preguntó, echando una ojeada al libro. "¿El Peregrino Apasionado? ¿Por qué has elegido esta lectura? "
"Tú lo has leído."
"¿Y? "
Él le pellizcó la nariz. "Y me acordé de lo adorable que estabas cuando hablábamos de él, el día en que te conocí."
La respuesta de Belle fue otro beso.
"Ya he comprendido cuál fue el problema en nuestra boda," reflexionó John.
"¿Oh? "
Él se inclinó y acarició con los labios una de las comisuras de su boca. "La mayor parte de las parejas" murmuró, puntualizando sus palabras con pequeños y rápidos roces de su lengua, "suelen pasarse una semana entera en la cama después de la boda. Nosotros ni siquiera nos hemos levantado tarde."
Belle pestañeó exageradamente. "Podríamos volver," sugirió.
La mano de John abandonó el estomago de ella para posarse sobre uno de sus senos. "Una idea interesante."
"¿Eso crees? " le preguntó ella, con la voz entrecortada.