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Los viajes de Tuf [Tuf Voyaging - es]

Электронная книга - «Los viajes de Tuf [Tuf Voyaging - es]». Краткое содержание книги:

Haviland Tuf es un ser curioso: un mercader independiente de gran tamaño, obeso, calvo y con la piel blanca como el hueso. Es vegetariano, bebe montones de cerveza, come demasiado y le encantan los gatos. Y además es completa y absolutamente honesto. Tuf logra poseer una enorme nave espacial, el Arca, la única superviviente del antiguo Cuerpo de Ingeniería Ecológica de la Vieja Tierra. Al Arca es un artilugio desaparecido hace más de mil años, pero que revive gracias a Tuf y a sus gatos. A lo largo de los siete relatos que forman este libro, Tuf consigue la nave, la repara y resuelve un sinfín de problemas espaciales con la ayuda de la ingeniería ecológica, una profesión que él recupera y a la que añade la impronta de su personalidad, astucia e ironía.
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—Ojos —dijo Kefira Qay—. Al extremo de cada uno de los anillos hay veinte ojos. Los tentáculos no tienen que andar tanteando a ciegas. Pueden ver lo que están haciendo perfectamente.

—Fascinante —dijo Haviland Tuf—. ¿Qué hay bajo el agua? ¿Cuál es la fuente de esos brazos terribles?

—Después verá disecciones y fotos de especímenes muertos, así como alguna simulación por computador. La mayor parte de los especímenes que hemos logrado obtener no se encontraban en muy buen estado. El cuerpo de esas bestias se parece a una copa invertida, algo así como una vejiga a medio inflar, y está rodeado por un gran anillo de hueso y músculos que sirve de ancla a esos tentáculos. La vejiga se llena de agua y puede vaciarse a voluntad permitiéndole subir a la superficie o descender hasta lo más hondo de los océanos. El principio es idéntico al de los submarinos. Aunque es sorprendentemente fuerte, el animal no pesa demasiado. Lo que hace es vaciar su vejiga para subir a la superficie, agarrándose a lo que encuentra y empezando a llenarla de nuevo. La capacidad de esa vejiga es sorprendente y, tal como puede ver, el animal es enorme. Si llega a ser necesario puede llenar de agua los tentáculos y expelerla a presión por sus bocas, con lo cual le resulta posible inundar la nave y acelerar el proceso. Así pues, los tentáculos son a la vez brazos, bocas, ojos y mangueras vivientes.

—¿Y dice que su gente no había visto nunca a esas criaturas hasta que fueron atacados?

—Así es. Existe un primo de esa cosa. Al menos era bien conocido en los primeros tiempos de la colonización. Se trataba de un cruce entre la medusa y el pulpo y tenía veinte tentáculos. Muchas especies del planeta están construidas de un modo similar: poseen una vejiga central, un cuerpo o una concha quitinosa con veinte piernas y zarcillos o tentáculos dispuestos en anillo. El que he mencionado era carnívoro al igual que estos monstruos, pero tenía un anillo de ojos en el cuerpo central, en lugar de tenerlo al final de los tentáculos. Además, sus tentáculos no podían funcionar como mangueras y eran mucho más pequeños, aproximadamente como un ser humano. Solían emerger a la superficie en la plataforma continental, especialmente en las zonas fangosas donde abundaban los peces. Éstos eran su presa habitual, aunque más de un nadador tuvo una muerte horrible entre sus tentáculos.

—¿Puedo preguntar qué fue de ellos? —dijo Tuf. —Eran una verdadera molestia. Sus terrenos de caza coincidían con las áreas que más falta nos hacían. Zonas del mar poco hondas en las que abundaban los peces, la hierba de mar y las algas frutales, así como los fangales donde se crían las almejas camaleón y los balancines. Antes de que fuera posible pescar o cosechar las riquezas del mar de un modo seguro, tuvimos que limpiarlo de esas bestias. Lo hicimos. ¡Oh! aún quedan unos cuantos, pero son bastante raros.

—Ya veo —dijo Haviland Tuf—. y esta formidable criatura, este submarino viviente devorador de naves que constituye tan tremenda plaga para su mundo ¿tiene algún nombre?

—Acorazado namoriano —dijo Kefira Qay—. Cuando apareció por primera vez nuestra teoría fue que se trataba de un habitante de la grandes simas que de algún modo había llegado a la superficie. Después de todo, Namor sólo lleva habitada un centenar escaso de años. Apenas si hemos empezado a explorar las zonas más profundas del mar y no sabemos demasiado sobre los posibles habitantes de las simas. Pero, a medida que más y más barcos eran atacados y hundidos llegó a ser obvio que nos estábamos enfrentando a todo un ejército de esos malditos acorazados.

—Una flota —le corrigió Haviland Tuf. Kefira Qay frunció el ceño.

—Lo que sea, a un montón de ellos y no a un solo espécimen. En ese punto la teoría fue que alguna inimaginable catástrofe había tenido lugar en lo más hondo del océano y que les había obligado a huir de ahí.

—No parece usted dar mucho crédito a tal teoría —dijo Tuf.

—Nadie cree en ella, ya que se ha probado que es imposible. Los acorazados no podrían resistir las presiones de tales abismos y por lo tanto en el momento actual ignoramos de dónde vienen. Sólo sabemos que aquí están —concluyó con una mueca de disgusto.

—Ciertamente —dijo Haviland Tuf—. Sin duda debieron adoptar medidas contra ellos.

—Claro Pero es un juego en el que llevamos las de perder. Namor es un planeta joven y carece de la población o los recursos necesarios para enfrentarse al tipo de combate en el que nos hemos visto metidos. Tres millones de namorianos viven esparcidos en nuestros océanos, en algo así como diecisiete mil islas de mayor o menor tamaño. Otro millón vive en Nueva Atlántida, nuestro único continente. La mayoría de nuestra gente vive de la pesca o del cultivo marino. Cuando todo esto empezó había apenas cincuenta mil Guardianes. Nuestro gremio nació en las tripulaciones de las naves que trajeron a los colonos de Vieja Poseidón y Acuario hasta aquí. Siempre les hemos protegido pero, antes de que llegaran los acorazados, nuestra labor era bastante simple. Tenemos un planeta pacifico en el cual hay pocos conflictos verdaderamente importantes. Existía cierta rivalidad étnica entre los poseidonitas y los acuarianos, pero no pasaba a mayores. Los Guardianes se encargaban de la defensa planetaria con la Navaja Solar y otras dos naves del mismo tipo, pero casi todo nuestro trabajo estaba relacionado Con loS incendios y el control de inundaciones, la ayuda en caso de catástrofes naturales, las funciones policiales y ese tipo de cosas. Teníamos unos cien hidrodeslizadores armados Como patrulleras y los usamos durante un tiempo para escoltar a las naves de pesca, logrando algunas victorias Pero, en realidad, no son rivales adecuados para loS acorazados. Muy pronto llegó a quedar claro que, de todos modos, había más acorazados que patrulleras.

—Lo que es más, las patrulleras no se reproducen en tanto que estos acorazados imagino que si deben hacerlo —dijo Tuf. Estupidez y Duda jugueteaban en su regazo.

—Exactamente. Lo intentamos, pese a todo. Dejamos caer cargas de profundidad sobre elloS cada vez que podíamos detectarlos bajo el mar y cuando salían a la superficie les atacábamos Con torpedos. Matamos a centenares. Pero quedaban muchos centenares más, y cada patrullera que perdíamos era imposible de reemplazar. Namor carece de una base tecnológica digna de tal nombre. Cuando las Cosas iban mejor, importábamos lo que nos hacia falta de Brazelourn y Valle Areen. Nuestra gente cree que la vida debe ser sencilla y, de todos modos, el planeta es incapaz de mantener una industria importante. Es pobre en metales pesados y prácticamente carece de combustibles fósiles.

—¿Cuántas patrulleras les quedan a los Guardianes? —le preguntó Haviland Tuf.

—Puede que unas treinta. Ya no nos atrevemos a utilizarlas. Un año después del primer ataque los acorazados dominaban completamente nuestras rutas marítimas. Todas las grandes naves cosechadoras se habían perdido, centenares de pequeñas explotaciones habían sido abandonadas o destruidas, la mitad de nuestros pescadores independientes habían muerto y la otra mitad se acurrucaba asustada en los muelles. En estos momentos, prácticamente nada que sea humano se atreve a surcar los mares de Namor.

—¿Sus islas quedaron aisladas unas de otras? No del todo —replicó Kefira Qay—. Los Guardianes tenían veinte transportes aéreos con armamento y existía aproximadamente otro centenar de ellos sin armas, contando con los pequeños vehículos en manos privadas. Los requisamos todos y los armamos tan bien como nos fue posible. También estaban los dirigibles, claro. Los transportes aéreos son difíciles de conservar en buenas condiciones aquí y su mantenimiento resulta caro. Todas las piezas de repuesto deben llegar de fuera y no tenemos muchos técnicos bien entrenados, por lo cual casi todo el tráfico aéreo, antes de los problemas con los acorazados, se realizaban mediante los dirigibles. Son bastante grandes, están propulsados por energía solar y contienen helio. La flota de dirigibles era bastante grande, casi un millar. Ellos se encargaron de aprovisionar las islas pequeñas, donde había una mayor amenaza de hambre inminente. Otros dirigibles, así como las naves de los Guardianes, se encargaron de continuar el combate. A salvo en el aire, dejamos caer sobre los acorazados productos químicos, venenos y explosivos. Con eso logramos destruir a miles de ellos, aunque e) precio resultó tremendo. Su número era mayor allí donde se encontraban nuestras zonas de pesca más fértiles y los lechos fangosos de escasa profundidad, con lo cual nos vimos obligados a destruir y envenenar precisamente las zonas de mar que más desesperadamente necesitábamos. Pero no teníamos otra elección y, durante un tiempo, creíamos estar venciendo. Incluso hubo algunas naves pequeñas que salieron de pesca y consiguieron volver sanas y salvas, gracias a la escolta aérea de los Guardianes.

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