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Los viajes de Tuf [Tuf Voyaging - es]

Электронная книга - «Los viajes de Tuf [Tuf Voyaging - es]». Краткое содержание книги:

Haviland Tuf es un ser curioso: un mercader independiente de gran tamaño, obeso, calvo y con la piel blanca como el hueso. Es vegetariano, bebe montones de cerveza, come demasiado y le encantan los gatos. Y además es completa y absolutamente honesto. Tuf logra poseer una enorme nave espacial, el Arca, la única superviviente del antiguo Cuerpo de Ingeniería Ecológica de la Vieja Tierra. Al Arca es un artilugio desaparecido hace más de mil años, pero que revive gracias a Tuf y a sus gatos. A lo largo de los siete relatos que forman este libro, Tuf consigue la nave, la repara y resuelve un sinfín de problemas espaciales con la ayuda de la ingeniería ecológica, una profesión que él recupera y a la que añade la impronta de su personalidad, astucia e ironía.
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Haviland Tuf no se inmutó en lo más mínimo. —En esta nave no se comen animales —dijo, empezando a trabajar sin prestarle más atención. Kefira Qay se marchó y Estupidez salió corriendo tras ella—. Muy adecuado —murmuró Tuf—, ciertamente muy adecuado.

Cuatro días y muchas setas después, Kefira Qay empezó a mostrarse apremiante y le pidió resultados a Haviland Tuf.

—¿Qué está haciendo? —le preguntó durante la cena—. ¿Cuándo piensa actuar? Usted sigue encerrado en su cuarto y, cada día, las condiciones en Namor van empeorando. Hace una hora hablé con el jefe de Guardianes mientras usted se entretenía con sus ordenadores. Pequeña Acuario y las Hermanas que Bailan se han perdido en el tiempo que usted y yo llevamos aquí sin hacer nada productivo, Tuf.

—¿Sin hacer nada productivo? —dijo Haviland Tuf—. Guardiana, no me estoy entregando a la ociosidad. Nunca lo hice y no pretendo empezar ahora. Estoy trabajando. Tengo una enorme masa de información por digerir.

Kefira Qay dio un resoplido. —Supongo que se referirá a una gran masa de hongos por digerir —dijo. Se puso en pie, apartando a Estupidez de su regazo. El gatito y ella se habían convertido, últimamente, en compañeros casi inseparables—. En Pequeña Acuario vivían doce mil personas —añadió—, y prácticamente otras tantas en las Hermanas que Bailan. Piense en ello mientras hace la digestión, Tuf.

Giró en redondo y salió de la habitación.

—Ciertamente —dijo Haviland Tuf, concentrándose de nuevo en su pastel de flor dulce.

Pasó una semana antes de que se produjera otro enfrentamiento.

—¿y bien? —le preguntó la Guardiana en el pasillo, plantándose ante Tuf cuando éste se dirigía con su pesada dignidad hacia su cuarto de trabajo.

—Perfectamente —replicó él—. Buenos días, Guardiana Qay.

—No tienen nada de buenos —dijo ella con voz irritada—. El Control de Namor me ha informado de que las Islas del Amanecer han dejado de emitir. Las hemos perdido y con ellas se han perdido también doce naves, junto con todos los barcos que se encontraban en sus puertos. ¿Qué dice de eso?

—Un acontecimiento muy trágico y lamentable —dijo Tuf.

—¿Cuándo estará listo? Tuf se encogió de hombros. —No puedo contestar a tal pregunta. No me he impuesto una tarea precisamente sencilla, créame. El problema es complicado, muy complicado. Sí, ciertamente, ésa es la palabra adecuada. Quizá podría arriesgarme a calificarlo de auténtico enigma, pero le aseguro que del mismo modo que los tristes apuros de Namor han despertado toda mi simpatía, este problema al que me enfrento tiene movilizado por completo a mi intelecto.

—Eso es todo lo que le parece a usted, Tuf, ¿verdad? ¿Un problema?

Haviland Tuf frunció levemente el ceño y cruzó las manos ante él, apoyándolas luego sobre el prominente bulto de su estómago.

—Ciertamente, es un problema —dijo. —No. Es algo más que eso. No estamos jugando. Ahí abajo muere gente, gente de verdad. Mueren porque los Guardianes no son capaces de enfrentarse a ese desafío y porque usted no está haciendo nada. Nada.

—Cálmese. Tiene mi garantía personal de que estoy trabajando incesantemente en pro de su bienestar. Debe pensar que mi tarea no es tan sencilla como la suya. Está muy bien dejar caer bombas sobre los acorazados o disparar con un alto explosivo a un globo de fuego para ver cómo se incendia, pero esos métodos tan simples como espectaculares no les han servido de nada, Guardiana, o de muy poco. La ingeniería ecológica exige un esfuerzo muy superior. Estoy analizando los informes de sus líderes, de sus biólogos marinos y de sus historiadores. Reflexiono y estudio. Hago planes con los que encarar la situación y luego efectúo simulaciones en los grandes ordenadores del Arca. Más tarde o más temprano hallaré la respuesta.

—Que sea pronto —dijo Kefira Qay con dureza—. Namor quiere resultados y yo estoy de acuerdo con ellos. El Consejo de Guardiana se está impacientando. Que sea pronto, Tuf, no tarde. Se lo advierto —se hizo a un lado y le dejó pasar.

Kefira Qay pasó la siguiente semana y media evitando a Tuf, tanto como le era posible. Cada día iba a la sala de comunicaciones y mantenía en su interior largas discusiones con sus superiores en el planeta, durante las cuales se le comunicaban las últimas noticias. Todas las noticias eran malas.

Finalmente llegó el momento en que fue incapaz de aguantar más y con el rostro lívido de furor irrumpió en la habitación, siempre medio a oscuras, que Tuf llamaba su «sala de guerra», le encontró sentado ante una consola de ordenador, contemplando las pantallas en las que se veía un frenético despliegue de líneas rojas y azules atrapadas en una rejilla.

—¡Tuf! —rugió. Él apagó la pantalla y giró para enfrentarse a ella, apartando de su regazo a Ingratitud. Medio oculto por las sombras, Haviland Tuf la contempló con expresión inmutable—. El Consejo de Guardianes me ha dado una orden —le dijo.

—Muy afortunado para usted —replicó Tuf—. He observado que la reciente inactividad la ha estado poniendo cada vez más inquieta.

—El Consejo quiere acción inmediata, Tuf. Inmediata. Hoy. ¿Lo ha entendido?

Tuf cruzó las manos y apoyó el mentón sobre ellas, en una actitud muy parecida a la de la plegaria.

—¿Acaso debo tolerar no tan sólo la hostilidad y la impaciencia, sino también el insulto a mi inteligencia? Ya he comprendido todo lo que me hace falta comprender en cuanto a sus Guardianes, puedo asegurárselo. Lo único que no comprendo es la tan peculiar como obstinada ecología de Namor. Hasta que no haya logrado tal comprensión, no puedo actuar.

—Actuará —dijo Kefira Qay y de pronto en su mano pareció brotar un láser que apuntaba directamente al vasto estómago de Tuf—. Actuará ahora mismo.

Haviland Tuf no hizo el menor movimiento. —Violencia —dijo, en un tono de leve reproche—. Quizá fuera posible, antes de que me agujeree, condenando con ello tanto a su propia persona como a su mundo, que se me conceda una oportunidad para explicarme, ¿no?

—Adelante —dijo ella—, le escucharé. Durante un tiempo.

—Excelente —dijo Haviland Tuf—. Guardiana, en Namor está ocurriendo algo muy extraño.

—Vaya, se ha dado cuenta —dijo ella secamente, sin que el láser se moviera ni un milímetro.

—Ciertamente. Están siendo destruidos por una plaga de lo que, a falta de un término mejor, debemos llamar colectivamente monstruos marinos. En menos de doce años han aparecido tres especies y cada una de ellas parece ser nueva o, al menos desconocida. Eso me parece altamente improbable. Su gente lleva en Namor cien años y sin embargo sólo recientemente han trabado conocimiento con esas criaturas a las que llaman acorazados, globos de fuego o caminantes. Es como si algo tenebrosamente análogo a mi Arca estuviera librando contra ustedes una guerra biológica, pero resulta claro que no es así. Nuevos o no, estos monstruos son nativos de Namor y son producto de la evolución local. Sus parientes cercanos llenan los mares, desde las conchas de fango hasta las medusas danzarinas. Por lo tanto, ¿dónde nos lleva todo eso?

—No lo sé —dijo Kefira Qay. —Yo tampoco —dijo Tuf—. Sigamos pensando. Esos monstruos marinos procrean de modo increíble. El mar está repleto de ellos, llenan el aire y son capaces de conquistar islas de considerable población. Matan. Pero no se matan entre ellos y al parecer no tienen ningún otro enemigo natural. Los crueles frenos de todo ecosistema normal no se aplican en este caso. He estudiado con gran interés los informes de sus científicos y casi todo lo referente a esos monstruos marinos es fascinante, pero quizá lo más misterioso e intrigante sea el hecho de que no saben nada sobre ellos excepto en su forma adulta. Enormes acorazados surcan los mares hundiendo los barcos de pesca, monstruosos globos de fuego revolotean por sus cielos. Dónde, si puedo hacer tal pregunta, ¿dónde se encuentran los pequeños acorazados y las crías de los globos de fuego? Sí, ¿dónde están?

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