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Электронная книга - «Perdona Pero Quiero Casarme Contigo». Краткое содержание книги:

Segunda parte de Perdona si te llamo amor. La historia de amor continúa…
Alex y Niki están más enamorados que nunca, acaban de volver del faro en la isla de Blu donde han vivido días inolvidables. Niki se reencuentra con sus amigas, pero el grupo de las Ondas deberá afrontar grandes cambios que pondrán a prueba su amistad. Alex retoma su vida de siempre, sus viejos amigos. Ellos, Flavio, Enrico y Pietro han pasado de ser maridos serenos y seguros a tener que afrontar muchas difi cultades que han puesto en peligro sus matrimonios. Y ahora todas esta personas, hombres y mujeres de diferentes edades, cada uno a su manera se encuentran para refl exionar sobre el amor. Pues, ¿existe el amor? ¿Es cierta la crisis del séptimo año? ¿Tienen razón los que dicen que un amor no puede durar más de tres años? Y después, la pregunta más difícil: ¿un amor puede durar para siempre?
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– Dámelo -Olly se lo coge amablemente.

– Así me gusta… ¿Alguien puede ofrecerme algo de beber?

Erica se precipita hacia la nevera.

– Claro, ¿qué quieres? ¿Agua, bíter, Coca-Cola?

– Una Coca, gracias. -Niki se quita también el sombrero y la bufanda y se sienta en el sofá.

Sus amigas la rodean de inmediato, cada una de ellas con un vaso en la mano. Olly acerca los cuencos rebosantes de patatas, palomitas de maíz, saladitos y pistachos. Niki apoya también las manos en las rodillas y mira a las Olas contenta y divertida.

– Bueno, pues…

– Espera, espera -la interrumpe Olly-. Veamos quién lo adivina.

Niki se echa a reír contenta.

– Ah, sí, eso me gusta, a ver…

Olly entorna los ojos fingiendo entrar en trance.

– Entonces, sabemos que has viajado…

Erica la mira asintiendo celosa con la cabeza.

– Sí, ¡cuatro días en Nueva York! ¡Superguay!

Diletta alza una mano.

– ¡Ya lo tengo!

Todas la miran curiosas, sobre todo Niki, que espera.

– Harás la campaña de LaLuna en Estados Unidos o algo por el estilo…

Niki niega con la cabeza.

– No, no…

– ¿Tan desencaminada voy?

– Agua… Mejor dicho, océano.

Erica se lanza.

– ¡Habéis ido allí para adoptar a un niño!

– ¿Estás loca? Y además, perdona, ¿por qué adoptarlo? Es bonito tenerlo… Erica se echa a reír.

– Sí… ¡Una gozada! En fin, yo qué sé, he pensado que quizá había algún problema y, además, está tan de moda, sobre todo en América…

– ¡Sí, pero ellos vienen a adoptarlos aquí!

– En fin, sea como sea, agua, ¡océano, más bien! Mar abierto…

Diletta entorna los ojos.

– Ahora lo entiendo. Se trata de algo malo. ¡Te gusta otro!

– ¿Otro? -Niki se altera-. ¿Quién, si puede saberse?

Olly sonríe.

– Pues ese de la universidad… No nos has dicho cómo se llama.

– Guido… Pero no, ni se me ha pasado por la cabeza.

Erica mira a Diletta.

– Y, además, perdona, ¿por qué dices que es algo malo? Que te guste otro es, de todas formas, bonito…

Diletta la mira sorprendida.

– Pero si sufres porque no consigues dejar al otro o, al menos, darle a entender que se ha acabado para siempre es desagradable.

Erica la mira fugazmente.

– ¿Te estás refiriendo a Giò y a mí?

– ¿Por qué te pones a la defensiva?

– ¡Venga, no riñáis! En cualquier caso, no se trata de eso. Resumiendo, es algo bueno. América tiene y no tiene que ver, y ahora entenderéis por qué… ¿De acuerdo? -Niki se levanta y abre un paquete-. Os he traído una deliciosa tarta rústica… No tiene nada que ver…

– ¡Ahora lo entiendo! -suelta Olly tratando de adivinar-. ¡Piensas abrir un restaurante en Estados Unidos!

– Nooo… -Niki esboza una sonrisa-. ¡Agua!

Acto seguido saca un cuchillo grande de una caja para cortar un pedazo. Lo desenvuelve. Está nuevo, es hipertecnológico, cuando tocas el mango suena una canción: Happy Birthday, Jolly Good Fellow, Merry Christmas y la marcha nupcial. Suenan con unas notas sencillas, sin arreglos, y para ello basta apretar uno de los botones.

– ¿Estáis lista:

Todas están en ascuas.

– ¡Sí! ¡Venga, Niki! ¡Nos estás volviendo locas!

Niki empieza a cortar la tarta rústica y aprieta el último botón, el de la marcha nupcial. La música rompe el silencio de ese momento. «Ta-ta-ta-ta… Ta-ta-ta-ta…»

Diletta es la primera que abre la boca, seguida de Olly. La última en hacerlo es Erica.

– ¡Te casas! -El grito es casi unánime-. ¡Madre mía!

– ¡Dios mío!

– ¡No me lo creo!

Niki asiente con la cabeza.

– ¡Es cierto! ¡Es cierto!

Olly bebe un sorbo de agua y a continuación lanza un grito. Diletta sacude la cabeza tratando de sobreponerse. Erica sigue desconcertada.

– ¡Es precioso!

En un abrir y cerrar de ojos todas se abalanzan sobre ella, la abrazan, la besan, ríen y lloran a la vez.

– ¡Dios mío, mira el rímel! Te he manchado.

– Da igual…

– ¡Qué bonito! ¿Eres feliz, Niki?

– ¡Sí, sí! Muchísimo…

– ¡Me alegro tanto por ti!

– ¡Es demasiado bonito…, demasiado!

Poco a poco vuelven a ocupar sus sitios en el sofá. Se sirven de beber, se ríen, recuperan la lucidez para poder entender mejor lo que sucede. Olly abre los brazos por un instante, como si estuviese perpleja.

– Pero te casas con Alex, ¿verdad?

– ¡Imbécil! ¡Ni siquiera te mereces que te conteste!

Olly sacude la cabeza.

– Yo no daría nada por sentado, en esta vida nunca se sabe…

Diletta es la más curiosa, quiere saber hasta el más mínimo detalle.

– ¿Vas a contarnos cómo te lo pidió o no?

De manera que Niki empieza su relato.

– Cuando llegué a casa me esperaba una limusina a la puerta…

– ¡No me digas, ¿te dio una sorpresa como ésa debajo de casa?! ¡Una limusina!

– Pero eso no es todo, porque en Estados Unidos nos esperaba otra.

– ¿Una limusina en Nueva York?

– ¡Sí, en el aeropuerto!

– ¡En ese caso debes casarte con él! ¡No encontrarás otro igual!

– ¡Idiota! Ni que fuera eso lo único que cuenta.

– Bueno, para mí, ese tipo de cosas también tienen importancia y lo mismo piensa la mayoría de nosotras, te lo aseguro… Perdona. pero ¿a quién no le gustaría cazar a un tipo así?

Erica arquea las cejas.

– La verdad es que a mí me gusta también sin limusina.

– ¡Venga! No os contaré nada más…

– ¡Eh! No, no, te lo ruego… Cállate, Erica, si vuelves a abrir la boca y Niki no nos cuenta cómo le pidió que se casara con él…, ¡te muerdo!

Niki se echa a reír y les habla de sus paseos, de sus compras desenfrenadas en Gap, Brooks Brothers, Century 21, Macy's, Levi's y Bloomingdale's.

– ¿Y no nos has traído nada?

– Sí, tengo un regalo para las tres.

Olly le da un empellón a Erica.

– ¿Quieres hacer el favor de no interrumpirla?

– Bueno, sentía curiosidad…

Niki esboza una sonrisa.

– Entonces, la segunda noche, cuando salimos de ver un espectáculo precioso en un teatro nos esperaba un helicóptero…

– ¡También!

– ¡Venga ya, no me lo creo!

– Pero es un sueño…

– Sí, y todavía no me he despertado… -Niki habla con unos ojos brillantes, emocionados, que todavía siguen viviendo ese increíble momento. Volar sobre todos aquellos rascacielos, luego las palabras de amor de Alex y, de repente, el último piso que se enciende-. «Perdona, pero quiero casarme contigo»…

– Nooo -Olly, Diletta y Erica están casi tan emocionadas como ella y la escuchan pendientes de cada palabra, de los matices más dulces y delicados.

– Y después sacó esto del bolsillo… -Sólo ahora enseña bien la mano a sus amigas; un anillo destaca discreto, aunque resplandeciente entre sus dedos.

– ¡Es precioso!

– Sí. No lo pude resistir más, me abalancé sobre él y los dos nos caímos al suelo, los pilotos no paraban de reírse…

Justo como hacen las Olas en ese momento. Después siguen escuchando su relato interrumpiéndola de vez en cuando.

– ¿Habéis decidido ya cuándo? ¿Y dónde?

– Ahora debes pensar en el vestido.

En realidad, cada una de ellas piensa ya en algo. Y las tres exhalan largos suspiros.

Olly se arregla el pelo. La verdad es que sólo tiene veinte años… ¿No le da miedo? Yo lo tendría. Si saliese con alguien como Alex… Bueno, pero así parece mayor.

La sonrisa dulce de Diletta. ¿Qué haría si me lo pidiese Filippo? ¡No estoy preparada! La verdad es que la admiro… Me gustaría estar lista como ella… Aunque, ¿lo estará de verdad? A saber… Espero que sí…

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