Perdona Pero Quiero Casarme Contigo
- Автор: Моччиа Федерико
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Perdona Pero Quiero Casarme Contigo». Краткое содержание книги:
Alex y Niki están más enamorados que nunca, acaban de volver del faro en la isla de Blu donde han vivido días inolvidables. Niki se reencuentra con sus amigas, pero el grupo de las Ondas deberá afrontar grandes cambios que pondrán a prueba su amistad. Alex retoma su vida de siempre, sus viejos amigos. Ellos, Flavio, Enrico y Pietro han pasado de ser maridos serenos y seguros a tener que afrontar muchas difi cultades que han puesto en peligro sus matrimonios. Y ahora todas esta personas, hombres y mujeres de diferentes edades, cada uno a su manera se encuentran para refl exionar sobre el amor. Pues, ¿existe el amor? ¿Es cierta la crisis del séptimo año? ¿Tienen razón los que dicen que un amor no puede durar más de tres años? Y después, la pregunta más difícil: ¿un amor puede durar para siempre?
Diletta quita el envoltorio de celofán del stick del test. Mira la hendidura blanca en la que dentro de poco asomará una certeza. Buena o mala, a saber. Ha leído algunas cosas en Internet. A partir de una muestra de orina, los test revelan la presencia de la hormona propia del embarazo. La hCG. Vaya nombre. El resultado se verá en seguida a través de la ventanita. Una línea oscura. O dos. Normalidad. Novedad. Absurdo. Una línea se colorea y tu vida cambia de buenas a primeras. Y menuda novedad. Dicen que hay falsos positivos y falsos negativos. Pero la fiabilidad es, en cualquier caso, alta. Diletta exhala un suspiro y procede. Recuerda el resto de los síntomas que ha leído en Internet. Vómitos, náuseas, hinchazón en el pecho y variaciones del humor y del apetito. Los síntomas del embarazo. Pero ¿los tengo yo? No es fácil saberlo. Estoy muy confundida. Ya está. Diletta se sobrepone, vuelve el stick del revés para no ver en seguida lo que marca, se sienta en el borde de la bañera y llama a Filippo.
– Ven, cariño… Lo comprobaremos juntos.
Filippo entra con semblante cadavérico y se sienta. Diletta le coge una mano y se la aprieta. Con la otra gira el stick. De repente siente que se le saltan las lágrimas. Se conmueve. Positivo. Está embarazada. La tensión nerviosa que ha experimentado durante los dos últimos días se desvanece de repente. Filippo lo nota. Está asustado. La abraza. Permanece a su lado. Pero después la sacude un poco.
– Venga, cariño, vuelve a hacerlo…
– ¡Bah! Por lo general no fallan…
– En cualquier caso, inténtalo de nuevo. Al menos estaremos completamente seguros, ¿no? Es importante. A fin de cuentas, en la caja hay dos.
– Sí, pero…
Filippo no le contesta, coge la caja, saca el otro stick, lo desenvuelve y se lo da a Diletta.
– Ten.
Ella lo mira vacilante. Todavía no se lo puede creer. Tal vez Filippo tenga razón, quizá sea mejor volver a intentarlo. Y lo hace. Filippo espera con ella. Se sientan otra vez en el borde de la bañera. Uno. Dos. Tres. Diez segundos. Diletta gira el stick. Y la ventanita les dice la verdad. De nuevo. Lo mismo de antes. Dos líneas. Dos palitos. Dos signos. Dos. Que, sin embargo, significan uno. Una sola cosa. Un bebé.
Filippo se levanta, aferra la caja del test y busca el prospecto. Lo desdobla y lo lee.
– Filippo, pero si ya sabemos lo que significa esto…
– No, quizá lo hayamos entendido mal…
Lee nervioso. Salta de una línea a otra. No. No es posible. «El resultado es positivo (embarazo) cuando junto a la línea (o punto) de control aparece otra. El test debe considerarse positivo incluso en el caso de que esta segunda línea (o punto) sea menos definida o tenga un color menos intenso respecto a la de control. El valor de fiabilidad de los test declarado por las empresas productoras es superior al 99% (comparable al de los test de laboratorio).» Filippo lee en voz baja, poco menos que comiéndose las palabras. Que, en cambio, le retumban en la cabeza. Dos líneas. Embarazo. Y ese porcentaje, el 99%. Mejor dicho, superior al 99%. Prácticamente seguro. Prácticamente es el final. Prosigue: «Se aconseja confirmar el embarazo mediante exámenes de laboratorio, previa visita a un médico. Es conveniente suspender la toma de medicamentos que podrían ser perjudiciales para el feto (incluida la píldora anticonceptiva), así como el consumo de alcohol y tabaco.» Se detiene. Y casi le entran ganas de echarse a reír. Porque, por un instante, se aferra a ese recuerdo como si de una tabla de salvación se tratara. Navega en su interior para consolarse, pero también para distraerse. Se trata de algo que aprendió en el instituto, durante un examen de italiano sobre la etimología de las palabras. El prospecto de los medicamentos se denomina también bugiardino. Se cree que el nombre deriva de la costumbre que tenían los ancianos en la Toscana, en concreto los de la zona de Siena, de denominar así a la portada de los periódicos que se exponía fuera de los quioscos. Luego, el nombre se extendió al prospecto. Decían que era porque «las instrucciones de uso» tendían a recalcar tan sólo las virtudes y la eficacia del fármaco. En fin, que decían pequeñas mentiras. Bugiardino, «mentiroso». Y por unos instantes Filippo confía. Confía en que se equivoque. Que esa sentencia, ese golpe, esa novedad absurda no sea cierta.
Filippo vuelve a sentarse en el borde de la bañera y mira a Diletta. Ella se ha tapado la boca con la mano, todavía tiene ganas de llorar.
– ¿Y ahora? -le pregunta él trastornado-. ¿Qué hacemos?
– No lo sé…, no me lo esperaba…
– En cualquier caso, aquí también lo dice. Cabe la posibilidad de que sea un error, el médico debe confirmar el resultado. Porque quizá el test se haya alterado, podemos haber cometido algún error, tal vez lo hayan conservado mal en el supermercado, aquí dice que si has tomado determinados medicamentos…
Diletta mira a Filippo con aire perplejo.
– Cariño…, yo no tomo ningún medicamento.
– Está bien, sea como sea, creo que deberías ir al médico. Cuanto antes.
– Sí, mañana llamaré para pedir cita.
Permanecen sentados en la bañera mirando el vacío. Juntos. Muy juntos. Diletta le toca una pierna y apoya la cabeza sobre su hombro. Mientras tanto un pensamiento, ese pensamiento tan grande e insólito, se va extendiendo y los colma. Pero de forma muy diferente.
Cincuenta
Pietro llega delante del club. Baja y mira alrededor. Las ocho pistas de tenis de tierra batida están llenas. Al final lo ve. Su hijo Lorenzo está jugando allí y devuelve la pelota al otro lado con cierta seguridad. Carolina, su hermana pequeña, titubea un poco más, todavía no sujeta la raqueta con la fuerza necesaria y no golpea bien la pelota. Pietro ve a Susanna sentada en las gradas y se encamina hacia ella.
– Amor mío…
Susanna está haciendo un sudoku y no alza la mirada, sino que sigue intentando encontrar el número justo para una casilla y, en particular, para toda la línea, pero reconoce perfectamente la voz. Además, en el fondo se lo esperaba.
– Perdona… -Se vuelve con una sonrisa forzada, dura, decidida y firme. Pero aún afilada-. Perdona, pero te prohíbo que me llames amor. Que no se te ocurra. Nunca más. No tienes ningún derecho…
– Pero, cariño…
Susanna lo mira furibunda. Pietro abre los brazos.
– «Cariño» no me lo has prohibido. -Susanna sacude la cabeza molesta y se concentra de nuevo en el sudoku o, al menos, lo intenta. Pietro prosigue-: Cariño, me parece absurdo que no trates de correr un tupido velo sobre lo que ha sucedido… Fue un desliz.
– ¿Un desliz? Si al menos se hubiese tratado de algo serio… Deberías haber seguido andando hasta tropezar con el primer escalón y romperte todos los dientes…, me gustaría ver si después seguías teniendo esa sonrisa tan torpe. ¿No te das cuenta de lo que has hecho?
Mira… Mira… -Susanna deja de escribir y le señala la pista de tenis donde se encuentran Lorenzo y Carolina.