Nadie llora al muerto
- Автор: Кромби Дебора
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Nadie llora al muerto». Краткое содержание книги:
– Dígalo de todas formas.
Apartó la mirada.
– Enfadadísimo. Traicionado. -Se le había secado la boca debido al vino y se pasó la mano por ella-. Teníamos algo tan bueno. Nos iba tan bien juntos. ¿Cómo ha podido darme con la puerta en las narices? -Hizo un gesto de incredulidad y se levantó vacilante-. Creo que será mejor que me vaya antes de que me ponga llorón. He bebido más de la cuenta. El pub aún no ha cerrado y espero que Brian tenga piedad y aloje a un pobre poli por esta noche.
Levantó su copa con restos de vino.
– Es usted una bruja, Madeleine. Me ha embrujado para que llorara en su hombro. Ni tan siquiera recuerdo cuándo fue la última vez que alguien me tuvo que aguantar así… Y sigue usted siendo tan enigmática como el maldito gato de Cheshire.
Madeleine lo acompañó a la puerta y justo antes de cerrarla ella alargó el brazo y le tocó la mejilla. Usó su nombre de pila por primera vez para decirle:
– Duncan. Todo se arreglará. Sea paciente.
La luz se fue estrechando hasta desaparecer cuando Madeleine cerró la puerta. Entonces Kincaid se encontró a solas en la oscuridad.
Brian le dio una cama de buen talante. Cuando Kincaid subió su maleta y se dispuso a desnudarse se acordó de que no había respondido a la pregunta de Madeleine. ¿Qué ocurriría si Gemma cambiara de opinión? ¿Tomaría la misma decisión que tomó con Vic? ¿Era capaz de anteponerlo todo a su trabajo? ¿Estaba dispuesto a hacerle daño, a hacérselo a sí mismo?
Cayó rápidamente en ese sopor agitado producto del consumo de mucho alcohol. Sus sueños fueron extraños e inconexos y cuando su buscapersonas empezó a pitar con estridencia de madrugada, se despertó con el corazón latiendo desbocadamente y la boca como papel de lija.
Buscó a tientas el interruptor del busca y leyó entrecerrando los ojos la pantalla led. Maldijo entre dientes, se sentó y encendió la luz. ¿Qué diablos querían de él en Scotland Yard a estas horas? Cualquier llamada sobre un avance decisivo en la investigación hubiera venido de Guildford. ¿Y qué lo había animado a beber tanto? Normalmente no era dado a estos excesos. Madeleine tenía un buen saque, pensó con una sonrisa lánguida. Recuperó su chaqueta del respaldo de la silla y tocó los bolsillos en busca de su teléfono. Luego se dio cuenta de que lo debía de haber dejado en el coche. Maldita sea.
Bajó las escaleras en pijama y zapatillas y se dirigió al teléfono que había junto al reservado. Cuando la centralita lo conectó con el sargento de turno, escuchó consternado. Cuando terminó de hablar el sargento, Kincaid dijo:
– No. No lo haga. Lo haré yo mismo. Está bien.
Colgó y se quedó de pie, atontado por el shock, y luego hizo el esfuerzo de recobrar la compostura. Miró la hora en su reloj. Si condujera a toda prisa, quizás llegara a Londres al amanecer.
12
Kincaid paró el coche enfrente del apartamento de Gemma a las siete en punto. Con los ojos enrojecidos y barba de tres días, salió del coche odiando lo que había de hacer.
Golpeó levemente la puerta y Gemma apareció al poco, adormilada y confundida.
– ¿Qué estás haciendo aquí? Pensaba que estabas en Surrey. -Después de mirarlo un poco más detenidamente añadió-: No te ofendas, pero tienes un aspecto horrible, jefe. -Bostezó y se apartó para dejarlo entrar. Llevaba un camisón raído de toalla en un color granate poco favorecedor que le daba a su cabello color cobre una tonalidad naranja-. Toby está dormido -dijo en voz baja y mirando en dirección a su dormitorio-. Prepararé café y me explicas todo.
– Gemma. -Kincaid alargó los brazos y la cogió por los hombros en el momento en que ella se daba la vuelta para ir a la cocina-. Tengo muy malas noticias. Jackie Temple ha muerto.
Nunca pensó que vería esa mirada perpleja y atónita en la cara de Gemma, como si le hubieran dado una bofetada.
– ¿Qué…? No puede ser. La vi ayer…
– Debió de ocurrir cuando estaba acabando su ronda. Llamó por radio hacia las diez y cuarto. Cuando vieron que no se había registrado tras finalizar su turno y no la localizaron por radio, enviaron una patrulla a buscarla.
– ¿Qué…? -Sus pupilas se dilataron hasta que sus ojos parecieron agujeros negros sobre su piel blanca como la tiza. Kincaid notó a través de la tela gruesa del camisón como empezó a temblar.
– Le dispararon. En la nuca. Dudo que se diera cuenta.
– Oh, no. -Gemma hizo un gesto de dolor y se tapó la cara con las manos.
Kincaid la atrajo hacia él y la abrazó, le acarició el pelo y le murmuró palabras de consuelo. Olía levemente a sueño y polvos de talco.
– Gemma, lo siento tanto.
– ¿Pero por qué? -gimió en su hombro-. ¿Por qué iba nadie a hacerle daño a Jackie?
– No lo sé, corazón. Susan May, su compañera de piso, pidió que te lo notificaran, pero cuando la llamada llegó a Scotland Yard el viejo George estaba en la recepción y me llamó a mí.
– ¿Susan? -Gemma se apartó de él y dio un paso atrás-. ¿No creerás…? Seguro que fueron unos ladrones… Oh, Dios mío… -Buscó a tientas una silla y se desplomó sobre ella-. No fueron ladrones, ¿no es eso? No creerás que tiene algo que ver con…
Toby salió de su dormitorio con un pijama que lo hacía parecer un conejito gordo.
– Mamá, ¿qué pasa? -dijo embistiéndola medio dormido.
Gemma se lo sentó en su regazo y restregó su cara en el pelo del niño.
– Nada, mi vida. Mamá tendrá que ir a trabajar temprano. -Levantó la mirada hacia Kincaid-. Vendrás conmigo a ver a Susan, ¿no?
– Por supuesto.
Ella asintió y luego dijo:
– Te hablaré de… ayer… por el camino. -Estudió a su jefe un instante y añadió-: ¿Te llamaron a Surrey? ¿Esta madrugada?
– Hacia las cuatro y media.
– ¿Quién es Susan, mamá? -preguntó Toby. Se retorció encima de ella hasta que pudo montar sobre sus rodillas. Luego hizo como que tenía alas-. Mira Duncan, soy un avión.
– Una amiga de una amiga, cielo. Nadie que tú conozcas. -Los ojos de Gemma se llenaron de lágrimas. Se las secó y se sorbió la nariz.
– Esperaré afuera hasta que estés lista -dijo Kincaid, que de repente sintió que se había inmiscuido en su vida privada.
– No. -Gemma dejó a Toby en el suelo y le dio un cachete en el trasero-. Me cambiaré en el cuarto de Toby. Mientras tanto puedes jugar al avión con él. Luego os prepararé a los dos un desayuno. -Le lanzó una mirada crítica y luego intentó sonreír-. Tienes aspecto de estar en las últimas.
Media hora más tarde Gemma ya se había duchado y vestido. A continuación le dejó a Kincaid usar el pequeño cuarto de baño para afeitarse y ponerse una camisa limpia. Se sentía mucho más cómodo cuando se sentó en una mesa en forma de media luna. Toby, ya vestido con unos pantalones de peto y unas zapatillas de deporte, jugaba a sus pies. Kincaid deseó poder estar aquí en diferentes circunstancias.
Acompañó a Gemma por el jardín y ella le presentó a Hazel. Gemma se despidió de Toby con un beso y se dirigieron a Notting Hill.
Mientras avanzaban por el tráfico de hora punta, Gemma le explicó a Kincaid con voz entrecortada la revelación que Jackie le hizo el día anterior.
Kincaid dio un silbido cuando Gemma terminó su relato.
– ¿Ogilvie corrupto? ¿Crees que Gilbert descubrió algo y Ogilvie decidió hacerlo callar?
– Y a Jackie. -La boca de Gemma era como una fina e inflexible línea recta.
– Gemma, la muerte de Jackie probablemente no tiene nada que ver con esto. Estas cosas pasan y normalmente no tienen ningún sentido. Ambos lo sabemos.
– No me gustan las coincidencias y esto es demasiada coincidencia. Esto también lo sabemos los dos.
– Yo no sé nada más que lo que te he dicho. ¿Crees que debemos pasar primero por Notting Hill y obtener los detalles antes de hablar con Susan May?