Los hombres de la guadaña
- Автор: Коннолли Джон
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Los hombres de la guadaña». Краткое содержание книги:
– ¿No me has oído? Largo de aquí.
El chico habló.
– Sé lo que hiciste -dijo.
Little Tom se detuvo. La serenidad del chico lo puso nervioso. Mantenía un tono ecuánime, y no había parpadeado desde el momento en que Little Tom advirtió su presencia, ni una sola vez. Su mirada parecía traspasar el cráneo de Little Tom y pasearse como una araña por la superficie de su cerebro.
– ¿A qué demonios te refieres?
– Sé lo que le hiciste a Errol Rich.
Little Tom sonrió. La sonrisa se ensanchó despacio, extendiéndose como una mancha de aceite. Así que se trataba de eso: un chico de color, un negro de mierda, dejándose arrastrar por la ira. Pues bien, Little Tom sabía cómo tratar con negros incapaces de medir sus palabras cuando estaban delante de un blanco.
– Recibió su merecido -afirmó Little Tom-. Y tú estás a punto de recibirlo también.
Con un rápido movimiento, sin levantar el bate, lanzó un golpe desde abajo, apuntando hacia las costillas del chico. Pero éste, en lugar de apartarse, dio un paso al frente con gran agilidad para atajar el golpe, de modo que el bate chocó contra el marco de la puerta a la vez que el chico-agarraba a Little Tom por el cuello y lo empujaba contra la pared. Al impactar el bate contra la madera, Little Tom sintió una dolorosa vibración en el brazo, y se le notaba aún débil cuando el chico le asestó un golpe en la muñeca con el borde de la mano izquierda. El bate cayó al suelo.
Sorprendido, Little Tom fue incapaz de reaccionar. Nunca antes lo había tocado un negro, ni siquiera una mujer, porque Little Tom no tenía trato con otras razas, ni por la fuerza ni con su consentimiento. Olió el aliento del chico cuando se inclinó hacia él. Los dedos del negro se cerraron en su garganta, y de pronto oyó abrirse la puerta trasera del bar y la voz de un hombre. Sintió que el apretón cedía un poco y al instante se vio despedido hacia un lado, tropezó con un taburete y se cayó pesadamente.
– ¡Eh, tú! -gritó el recién llegado, y Little Tom reconoció la voz áspera de Willard Hoag-. ¿Qué coño haces, chico?
El chico cogió el batey se volvió para encarar la nueva amenaza. Hoag desarmado, se detuvo. El chico miró a Little Tom.
– Otra vez será -dijo.
Caminando de espaldas, salió del bar con el bate. Al cabo de unos segundos, el bate traspasó ruidosamente la ventana del local salpicando el suelo de cristales rotos. Little Tom oyó arrancar y alejarse una furgoneta, pero cuando llegó a la carretera, ya no se veía, y nunca averiguó quién había llevado al negro hasta allí. Aquello le preocupó durante mucho tiempo, incluso después de descubrir la identidad del chico y encontrar la manera de comunicársela a quienes tenían sus propias razones para ocuparse de él. Conforme envejeció, la ofensa se enturbió en su memoria. Muchos de los recuerdos se desvanecieron, pues Little Tom, en el momento de su muerte, había sucumbido desde hacía tiempo a la demencia, pese a que consiguió disimular sus efectos ante aquellos que frecuentaban su bar en declive, ya que el negocio empezó a decaer mucho antes que su dueño. Por eso cuando el chico, ya mayor, regresó por fin y lo obligó a pagar el precio de lo que le había hecho a Errol Rich, Little Tom no fue capaz de relacionarlo con el único negro que le había puesto la mano encima.
Y en cuanto a la razón por la que Louis tardó tanto en vengar la muerte de Errol Rich…, en fin, como se complacía en decir a Ángel, Little Tom se merecía la muerte, pero no se merecía un largo viaje para matarlo, así que Louis esperó a estar de paso en la zona. Fue, decía, por una cuestión de simple comodidad.