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Los hombres de la guadaña

Электронная книга - «Los hombres de la guadaña». Краткое содержание книги:

Cuando parecía que la vida de Louis y Angel, los amigos del ex policía Charlie Parker, había alcanzado cierta paz y estabilidad, surgen de pronto sombras de su turbio pasado deseosas de saldar cuentas pendientes. No cabe duda de que alguien quiere atentar contra sus vidas. Y, en esta ocasión, prefieren dejar al margen a Parker, que ha perdido su licencia de investigador privado y el permiso de armas y se gana la vida de camarero en un bar. A Louis no le queda más remedio que volver a ponerse en contacto con su viejo mentor, el enigmático Gabriel… A los quince años, Louis estaba al borde del abismo: había vengado la muerte de su madre y, acusado de asesinato, se encontraba en pleno interrogatorio cuando apareció Gabriel y le ofreció una vía de escape: formar parte de los temibles Hombres de la Guadaña. Ahora, Louis tendrá que librar junto a Angel una encarnizada lucha a vida o muerte.
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Sonrió. El chico no se había movido.

– ¿O no te lo crees?

– ¿Qué quiere? -preguntó Louis.

– ¿Qué quiero? Quiero ayudarte. Creo que eres un muchacho muy poco común. Incluso me atrevería a decir que tienes talento, aunque es un talento que tal vez no se valore en círculos como éstos.

Abarcó con un suave gesto de la mano derecha la sala de interrogatorios, la comisaría, Wooster, la ley…

– Puedo ayudarte a encontrar un lugar en el mundo. A cambio, tus aptitudes estarían mejor aprovechadas que en este pueblo. Verás, si te quedas aquí, tarde o temprano darás un paso en falso. Te desafiarán, te amenazarán. Esa amenaza puede venir de la policía o de otros. Tú responderás a ella, pero ahora ya te conocen. No saldrás impune por segunda vez, y morirás.

– No sé de qué me está hablando.

Gabriel blandió un dedo en dirección a él, pero no era un gesto de desaprobación.

– Muy bien, muy bien -dijo. Rió entre dientes y luego dejó que el sonido se desvaneciera en el silencio antes de volver a hablar-. Permíteme que te explique lo que pasará a partir de ahora. Deber tenía amigos, o quizá «conocidos» sería una manera más exacta de describirlos. Son hombres como él, y peores. No pueden consentir que su muerte pase inadvertida. Dañaría su propia reputación e indicaría un grado de debilidad que podría volverlos vulnerables al ataque de otros. A estas alturas ya se habrán enterado de que te han interrogado por su asesinato, y ellos no serán tan escépticos como la policía del estado. Si vuelves a tu casa, te encontrarán y te matarán. Quizá, de paso, hagan daño a las mujeres que comparten la casa contigo. Incluso si huyes, irán a por ti.

– ¿Ya usted por qué habría de importarle?

– ¿Importarme? No, no me importa. Puedo marcharme de aquí, y abandonaros a tu familia y a ti a vuestra suerte, y no lo lamentaré en absoluto.

O bien puedes escuchar mi ofrecimiento, y tal vez redunde en beneficio mutuo. Tu problema es que no me conoces, y por lo tanto no puedes confiar en mí. Me hago cargo de tu delicada situación. Soy consciente de que necesitas tiempo para pensar en mi propuesta…

– No sé cuál es su propuesta -repuso Louis-. No me la ha dicho.

Este chico es casi gracioso, pensó Gabriel. Para quince años, tiene una cabeza muy madura.

– Ofrezco disciplina, formación. Te ofrezco una manera de canalizar tu ira, de usar tu talento.

– ¿Protección?

– Puedo ayudarte a protegerte.

– ¿Y a mi familia?

– Corren peligro sólo mientras tú sigas aquí, y sólo si saben dónde estás.

– Entonces, ¿puedo irme con usted, o puedo marcharme de aquí?

– Exacto.

Louis apretó los labios, pensativo.

– Gracias por su tiempo, señor -dijo, transcurrido un momento-. Me voy ya.

Gabriel asintió. Se llevó la mano al bolsillo de la chaqueta y sacó un sobre. Se lo entregó al chico. Tras una vacilación, Louis lo tomó y lo abrió. Intentó disimular su reacción al ver el contenido, pero la expresión de sus ojos, muy abiertos, lo traicionó.

– En ese sobre hay mil dólares -dijo Gabriel-. También hay una tarjeta con un número de teléfono. Estoy localizable en ese número a cualquier hora del día o la noche. Piensa en mi ofrecimiento, pero recuerda lo que te he dicho: no puedes volver a casa. Tienes que irte de aquí, tienes que irte muy, muy lejos, y luego tienes que decidir qué harás cuando esos hombres te encuentren. Porque no te quepa duda de que darán contigo.

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