Rosa candida
- Автор: Ólafsdóttir Auður Ava
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Rosa candida». Краткое содержание книги:
– Compré cosas de comer -dice cuando me pongo a ayudarla a sacar los paquetes y ordenarlos sobre la mesa.
Me apetece mucho abrazarla, pero pienso que no es el momento adecuado. Según veo, ha comprado carne de ave, probablemente pato, y diversas cosas raras para guarnición que no tengo ni idea de cómo se cocinan. Dice que piensa guisar ella.
– Para variar -añade-. Decidí ponerme las pilas y guisar algo porque Flora Sol y yo llevábamos ya tres semanas en tu casa.
– ¿Sabes cocinar? -pregunto. Estoy realmente extrañado. Había pensado que esta chica (la madre de mi hija) no sabía cocinar-. Yo creía que eras genetista -le digo. Ríe.
– Perdona -dice- por no haber cocinado hasta ahora; perdona por dejar que tú lo hicieras todo.
Yo tenía a mi hija en el brazo y miramos a su madre manipular el ave como una persona que sabe perfectamente lo que está haciendo: pica dátiles, manzanas, nueces, perejil y con todo eso rellena el ave sin un solo tropiezo, todo en poquísimos minutos, como si contase con una larga experiencia en la cocina de algún restaurante. No sé muy bien si descubrir este nuevo aspecto de Anna me alegra o me molesta. Ya había empezado a cogerle el gusto a la cocina, aunque me lleve siempre tanto tiempo.
– El principal entretenimiento de mi padre era cocinar, y se pasaba largos ratos en la cocina inventando nuevos platos -me explica-. Si no estaba pescando truchas, estaba cazando perdices; si no estaba cazando perdices, estaba cazando gansos o renos. Una vez volvió a casa con una agachadiza, y otra vez con un cisne, dijo que le había disparado por error, recuerdo que se pasó casi todo el día asando el cisne, con la puerta de la cocina bien cerrada; el cisne llenaba por completo el horno. En realidad, yo perdí el interés enseguida, porque ni había sitio para mí en la cocina. Pero cuando lo has visto hacer no resulta demasiado difícil -me dice mientras cose el pato relleno en el fregadero para que no se salga el relleno.
Mientras la miro hacer puré de zanahorias y glasear unas patatas en la sartén, me doy cuenta de que no sé absolutamente nada de la madre de mi hija, ni siquiera del interés por la caza y la pesca de su padre, el abuelo de mi hija.
– ¿Qué? -me pregunta con una sonrisa.
– Nada.
– Sí, ¿qué pasa? -repite-. ¿Por qué me miras?
– Estaba intentando averiguar cómo es una persona que resulta ser hija de un cazador de perdiz nival.
– ¿Por dentro? -me pregunta, mirándome con sus ojos verde mar.
Mientras el pato está en el horno, voy caminando hasta el coche a buscar la caja con las botellas que quedan; al subir otra vez, me encuentro con el padre Tomás. Aprovecho la oportunidad para darle dos botellas.
– Para compararlas con las que producen ustedes aquí -le digo. Él contesta que todos están encantados de verme de vuelta en el jardín tras mi breve ausencia, y que los monjes han empezado a preocuparse del jardín más que antes.
– Ahora ya pasan más tiempo al aire libre -me dice-, y ellos mismos se dan cuenta de que les sienta bien.
»El hermano Pablo intentó regar algunos macizos. Naturalmente se empapó de la cabeza a los pies por primera vez en veinte años, pero se quedó feliz de volver a estar en contacto con la madre tierra. Y todos están también muy contentos de cómo has atendido las rosas. Ahora pueden pasear otra vez por los viejos senderos de la rosaleda y practicar el latín leyendo los nombres de las plantas en los carteles.
Cuando vuelvo al apartamento, Anna ya ha puesto la mesa y está sacando el pato del horno. Flora Sol está ya preparada, con el biberón puesto, sentada en su silla y con la cuchara en la mano. Hay que decir que la comida es exquisita, aunque ni Anna ni yo tenemos demasiado apetito. He de admitir que no me apetece nada seguir durmiendo en el sofá, ya que hay una cama doble en la habitación de al lado. Cuando voy a levantarme para bañar a Flora Sol y acostarme, Anna se interpone y dice:
– Yo lo hago.
Por la ventana de la cocina distingo luz, en medio de la oscuridad, en varias ventanas del claustro, en lo más alto de la colina. Mañana segaré la hierba, sacaré del almacén los bancos del jardín y los barnizaré. Luego veré cómo van varios tipos de lechuga en el huertecito nuevo, y plantaré más especies de hierbas aromáticas. Termino de ordenarlo todo y me voy directamente al dormitorio, me acuesto y suavemente le quito de encima la sábana a Anna.
Cuando Flora Sol despierta por la mañana y se pone de pie en la cuna, no hemos dormido demasiado. No puedo negar que he empezado a pensar en un mundo así; nosotros dos y, después, todos los demás. A veces siento que la niña forma parte de nuestro grupito, que los dos y la niña somos una unidad; a veces pienso que la niña pertenece al grupo de los demás.
Capítulo 71
Aunque no hemos dicho una sola palabra sobre nuestra relación, estoy adquiriendo mi primera experiencia de ser una pareja con un hijo pequeño. No tiene nada de especial vivir con otra persona, siempre que podamos dormir juntos. Y aunque mi situación dista mucho de estar clara incluso para mí, estoy contento y expectante, aunque no lo vaya a expresar exactamente de esa forma en voz alta ante otras personas.
Anna sigue sumergida en los libros y también distraída, como si estuviera al mismo tiempo cerca y lejos. Excepto en la cama, donde no está lejos. A veces parecía que no se percataba de mi existencia hasta que nos metíamos en la cama. En cuanto estamos en la cama, todo cambia. Entre las sábanas tenemos una vida nueva, diferente a la que mostramos en el exterior, donde nos comportamos como hermanos. En efecto, alguna vez nos han preguntado si somos hermanos. Por la calle nunca vamos de la mano, durante el día nunca nos besamos. Somos como hermanos cuando paseamos con la niña o nos sentamos uno enfrente del otro con la niña para cenar, ahora nos alternamos para preparar la cena. Ahora soy más atrevido que antes con las recetas, y como realmente me apetece sorprender a Anna, me dejo tentar y compro lo que el carnicero me recomienda: filetes de gamo.
Pero la noche ha empezado a contagiar el día, los efectos de lo que hacemos por la noche se extienden buena parte del día, estamos más indecisos y más tímidos y charlamos menos que antes durante el día, porque estamos siempre esperando a que llegue la noche. Algunas veces he empezado a pensar en la noche cuando apenas son las doce del mediodía, y de hecho me paso el día entero deseando meterme en la cama.
A decir verdad, sólo hablamos de lo que tiene que ver con la niña, aunque Anna sigue elogiando la comida cuando soy yo el que cocina. Yo no tengo mucho apetito a la hora de la cena, pero Anna siempre come bien. No decimos una palabra sobre lo que vamos a hacer enseguida, pero los dos nos damos toda la prisa del mundo en bañar a la niña y arreglar la casa.
Nuestra hija nos hace el favor de dormirse en cuanto pone la cabeza en la almohada. Chupa su chupete, con el conejito a su lado en el colchón, y un instante después está ya dormida. La niña es una maravilla en todo, durante todo el día. Cuando salgo, una vez nuestra hija se ha dormido, Anna cierra su libro de golpe y se levanta, y no importa que sean sólo las ocho, nos lo quitamos todo y lo dejamos a un lado, se trate de libros o de ropa, y nos vamos a la cama sin decir una palabra. No hay nada que nos interrumpa, no tenemos televisión y no nos llegan noticias de guerras ni de unos hombres masacrando a otros hombres, nunca recibimos visitas, por eso podemos adelantar la hora de la cena y la de acostar a nuestra hija, y ella no pone ninguna pega. A veces tenemos aún más prisa y dejamos los platos sobre la mesa hasta el día siguiente. La cama es un mundo propio en el que no rigen las mismas leyes que fuera de él. Va disminuyendo constantemente nuestro vocabulario, tampoco se puede expresar todo en palabras. Creo oír la voz del superior del monasterio, y subtítulos en blanco aparecen en la pantalla del techo, seis metros por encima de la cama, atravesando la solitaria ala de la paloma:
– Ciertamente se puede decir que el deseo guarda estrecha relación con la carne.