Fashionista
- Автор: Messina Lynn
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Fashionista». Краткое содержание книги:
Vig Morgan por fin ha conseguido dejar de ser la ayudante de la dictatorial y repelente directora, solo para verse metida en un mar de conspiradores. Pero Vig no es como las demás editoras en la super cool Fashionista. Para empezar, a ella le da igual qué diseñador viste a las estrellas del momento. Es inteligente, astuta y tan ambiciosa como cualquier persona inteligente y mal pagada, pero nunca tomaría parte en un complot para defenestrar a su jefa. ¿O sí?
Salta con Vig a las turbulentas aguas -conspiraciones, puñaladas por la espalda, libertad de expresión, coqueteos y alta costura- a las que se enfrenta cuando decide unirse a un compló de lacayos que quieren cargarse a la abeja reina, con inesperados -pero no necesariamente decepcionantes- resultados.
– Sí, claro.
– Bueno, pues parece que fue un contragolpe -dice Delia, mostrándome un cuaderno.
– ¿Qué es esto? -pregunto. Hay muchas notas, pero la letra es ilegible.
– Ah, es que lo apunté en taquigrafía. Acabo de hablar con mi contacto en Parvenu, Lucy Binders. Una chica muy simpática. Ahora trabaja en seguros.
– ¿Y qué te ha dicho?
– Que Marguerite es una manipuladora y una cerda y que cuando la hicieron editora, puesto que consiguió acostándose con el redactor jefe, le hizo la vida imposible a todo el mundo, especialmente a Jane. Le daba los peores artículos, los cambiaba a su antojo y la hacía quedar como una inepta delante de todos los compañeros. Cinco meses después, Jane fue despedida.
– ¿Que dices?
– Lo que estás oyendo -dice Delia, tomando el cuaderno-. He intentando hablar con varios editores del Vogue australiano, pero nadie dice nada. Es la ley del silencio. La carrera de Marguerite allí fue meteórica. Pasó de editora a directora en doce meses. Lo único bueno del asunto es que no parece importarle la edad de sus subalternos -añade, dándome las edades de algunos editores del Vogue australiano que estuvieron bajo sus órdenes.
El instinto me dice que intente detener la exposición, pero ya no puedo hacerlo. Los grupos religiosos están protestando frente al edificio de Fashionista y nada los hará volver a casa.
– Muy bien. Sigue recopilando información. Quizá encontremos algo sobre ella que podamos usar en el futuro… si se convierte en un problema.
Pero esto es horrible. No sabía que hacer complots iba a convertirse en una forma de vida.
– Eso es exactamente lo que que yo estaba pensando -sonríe Delia, satisfecha-. No hay que dejar un cabo suelto.
Cree que empiezo a inclinarme hacia el lado oscuro. Quiere pensar que, de un momento a otro, yo también haré expedientes sobre todos mis compañeros de trabajo.
No sé lo que significa eso pero, sinceramente, espero que esté equivocada.
Judas
Cuando llego a la galería Karpfinger, Gavin está desmantelando la exposición. Está guardando las esculturas de Jesús como si fueran canicas que puede guardarse en el bolsillo para llevarse a Londres.
– ¿Qué pasa? -pregunto, cuando veo que le quita las medias a un Jesucristo con un modelo de Chanel.
Todo lo demás va perfectamente: el catering está preparado, los ingenieros de sonido colocando los micrófonos, los manifestantes insultando a todo el que entra en la galería… Sólo Gavin está trabajando en contra del objetivo común.
Sé que me ha oído, es evidente porque se ha puesto rígido, pero no me contesta. Sencillamente hace una bola con las medias y las tira dentro de una caja. Luego empieza a desabrochar la chaqueta.
El silencio y el proceso de arrancarle la ropa a las esculturas es una mala señal, pero intento no asustarme.
– ¿Ocurre algo, Gavin?
Él se vuelve entonces. Tiene los labios apretados y lanza sobre mí una mirada asesina. Este no es el Gavin simpático con el que brindaba ayer, con el que comía crepes de champiñón y que me dio un beso en la frente a las tres de la mañana. Este es un Gavin aterrador.
Pongo una mano en su brazo y él intenta apartarse. Y entonces empiezo a asustarme de verdad.
– Dime qué pasa.
Él respira profundamente y me dice, con un desprecio aterrador:
– ¿Te gusta el nuevo traje de Jesucristo? Es de la colección primavera-verano.
– Ah.
Sabía que iba a llegar este momento, pero con el mareo del champán y la emoción de publicar en el New York Times, se me olvidó. Debería haberle advertido sobre el número de noviembre de Fashionista. Debería habérselo confesado todo cuando estaba borracho.
– ¿Ah? -repite Gavin, furioso.
Su rabia está perfectamente justificada y no sé qué decir. Nos quedamos mirándonos el uno al otro durante unos segundos -él casi mostrando los dientes, yo sin saber qué hacer- escuchando las chirriantes pruebas de sonido: «Probando, probando».
– Quería decírtelo, pero no sabía cómo.
El desprecio de Gavin es casi palpable.
– Jesucristo: ¿creador de tendencias?
Es el título de una de las secciones, pero nunca me había parecido tan horrible. Suena mil veces peor pronunciado por el propio artista.
– Siento mucho que haya pasado esto. Ni siquiera sé cómo ha ocurrido. La idea era cubrir tu exposición con unas cuantas páginas y, de repente, todo el mundo empieza a aportar ideas. Y deciden convertir a Jesucristo en el tema central de la revista.
Intento parecer calmada, pero estoy a punto de caer de rodillas para pedirle perdón. Y no sólo porque quiero que Jane se vaya de Fashionista, sino porque le hemos prometido a todos los medios de comunicación de Nueva York una exposición y tenemos que dársela como sea. Si no, rodarán cabezas. La primera, la mía.
De repente, el felpudo robado de Christine empieza a parecerme una señal.
Gavin está a punto de arrancarle la chaqueta a la escultura cuando llega Maya. Lleva un vestido negro hasta los pies y una tiara de brillantitos.
– Hola, cariño -lo saluda con un beso en los labios.
Después, se queda maravillada al ver las esculturas de Jesús. No la culpo, Dorando la imagen tampoco es lo que yo había esperado. No es una horterada, no son esculturas hechas en serie con unos trajes encima. No, son esculturas hermosísimas y muy delicadas. Ese es el trabajo de Gavin Marshall. Es el trabajo de un artista.
Maya señala una escultura en particular: Jesucristo con un traje de Givenchy.
– No quiero ser mala, pero ese traje… ¿no le hace un poco gordo?
La pobre está bromeando y no sabe que aquí se masca la tragedia. Pero se da cuenta en cuanto lo mira a la cara. Pero como Gavin no dice nada, se vuelve hacia mí, esperando una explicación.
– Está enfadado por los artículos que ha publicado Fashionista.
– ¿Qué artículos? Pero si aún no se ha hecho la exposición…
– No irás a negar que lo sabías, ¿verdad? -exclama Gavin, arrancando una chaqueta de Balenciaga.
Es una chaqueta de alta costura, una prenda carísima, pero la trata como si fuera un trapo.
– ¿Yo? -exclama Maya, que no sabe lo que está pasando.
Lo de Jesucristo para ella sólo ha sido una anécdota, algo que yo le he comentado. Su interés por Gavin no tiene nada que ver con la exposición.
Pero él no lo entiende.
– Tú sabías que iban a humillarme en la revista de tu amiga y no me dijiste nada. Ni siquiera anoche… -no termina la frase, como si fuera demasiado doloroso-. No me dijiste nada en absoluto.
Mientras está discutiendo con Maya, yo intento doblar la chaqueta de Balenciaga. Aunque a él le dé igual, no puedo dejarla hecha una pelota. Llevo en Fashionista demasiados años como para quedarme de brazos cruzados cuando se maltrata una prenda como esa.
– Maya no tiene nada que ver. La culpa es mía. Enfádate conmigo.
– Estoy enfadado contigo, desde luego. Muy enfadado.
Yo necesito que se desahogue, que suelte todo lo que quiera soltar… pero que siga adelante con la exposición.
– Mira, siento mucho todo lo que ha pasado. Lo siento muchísimo, de verdad. No pude detenerlo, pero no tenemos tiempo para esto. Ahora no. En cuanto esto se acabe, haré todo lo que pueda para que la cobertura de la exposición en el próximo número sea decente. Te lo juro. Pero esto tiene que empezar. Hemos convocado a todos los medios de comunicación de Nueva York, a un montón de gente famosísima… -entonces miro mi reloj. Son las siete y diez y dentro de cincuenta minutos la galería estará llena de caras famosas-. Por favor, por favor…