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Juego del Depredador

Электронная книга - «Juego del Depredador». Краткое содержание книги:

Después de ser torturado, el ex SEAL y Caminante Fantasma, Jess Calhoun, regresa a su ciudad natal en Sheridan, Wyoming, donde posee una estación de radio local. Sus intenciones son vivir tranquilamente, escribir canciones y realizar su fisioterapia.
Saber Wynter contesta a un anuncio para la estación de radio… el trabajo perfecto de noche para ella. Es afortunada al alquilarle a Jess, el segundo piso de la estación, en donde también puede trabajar como un ama de casa de medio jornada.
Jess pasa la mayor parte de su tiempo encerrado y aislado en su oficina privada. Pero frente a la fragilidad e inocencia de Saber se despierta en su alma, el poderoso deseo de protegerla, cuidarla y… amarla.
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Ella trató de caer sobre sus pies, pero no pudo alejarse del cuerpo y cayó sobre él. Lloyd se desmoronó con fuerza, agitando los brazos, y ella recibió un golpe en el rostro que la hizo tambalear. Enterró los pulgares en sus puntos de presión para que apartara sus manos de ella, al tiempo que se bajaba de él e iba por el arma.

El primer hombre trató de golpearla, pero Jess estaba allí, irguiéndose como un ángel vengador, poniendo su cuerpo entre ella y su atacante. Derribó con fuerza al otro hombre, enterrando profundamente los dedos en su tráquea.

– No te muevas, o termino contigo ahora mismo -siseó-. Voy a aflojar la presión lo suficiente para permitirte hablar, pero será mejor para ti que sea lo que quiero escuchar. ¿Cómo te llamas?

– Bill. Bill Short.

– ¿Quién te envía?

– Un tipo nos pagó. Dijo que su puta lo estaba engañando, que quería al hombre muerto y que a ella le dieran una lección. Dijo que lo quería filmado en video. Nunca dijo nada de que ella tuviera catorce años.

Jess apretó cruelmente la garganta del tipo.

– No me mientas. Habéis irrumpido aquí para robar secretos del gobierno.

Saber se dio vuelta, tratando de no sonreír. ¿Quién creería que iban a encontrar secretos del gobierno en casa de Jess? Cuando recobró el control de sí misma, el hombre parecía como si se fuera a desmayar. Estaba farfullando a raudales para justificarse.

– No soy un terrorista. No estoy mintiendo. No soy un espía para un país extranjero. ¿Y cómo hizo ella todo eso?

No es posible que Whitney haya enviado a éste sujeto tras nosotros, le comunicó Jess a Saber.

Saber se movió alrededor de él y pateó lejos la pistola, a una buena distancia, sin recogerla. ¿Cómo llamo de regreso a los otros?

Desde la casa. Usa el teléfono de mi oficina. Le dio el código, su mirada ardiente enfocada en ella. Estaba confiando en ella completamente y ambos lo sabían. Si iba a traicionarlo, ahora sería el momento. Di a quienquiera que conteste "bandera roja¨. Enviarán a mi unidad y a un equipo de limpieza.

¿Estarás bien? Estaba fuera de su silla de ruedas y desparramado a través del hombre. Ella alcanzó la silla y la enderezó, ubicándola cerca de él.

Jess le lanzó una mirada de profundo fastidio, y ella giró y salió corriendo. La casa estaba protegida, su sistema de seguridad era uno de los mejores que hubiera visto, aún así, al momento que estuvo dentro, supo que habían logrado infiltrarse. Jess, alguien ha entrado.

No ha sido este payaso. De ninguna manera podría evadir el sistema de seguridad. Es posible que aún tengamos compañía.

Saber entró por la cocina, moviéndose silenciosa en la oscuridad. Tenía una memoria fotográfica casi perfecta y si algo estuviera desplazado siquiera una fracción de pulgada, la diferencia de posición sería bastante para disparar un timbre de alarma en su mente. Luego de haber estado en una casa una sola vez, podía trazar en papel una réplica exacta, un mapa hacia cada objetivo. En su propia casa, donde llevaba viviendo cerca de un año, sabía que alguien había movido la taza de café que siempre llevaba al trabajo. Estaba desplazada nada más que una pulgada sobre la encimera de la cocina, pero había sido tomada y vuelta a dejar.

Se deslizó silenciosamente a través del piso, permaneciendo fuera de las áreas abiertas, con cuidado de no activar ninguna alarma de movimiento. Si Whitney estaba involucrado de algún modo, la oficina de Jesse sería el objetivo principal, y se movió en esa dirección.

¿Estás bien? No me gusta que estés allí dentro sola sin respaldo. Dejaré a éste sin sentido y voy a reunirme contigo, solo dame un minuto.

No quería que Jess entrara, no cuando no sabía con qué se estaba enfrentando. El lugar se siente vacío. Estoy rastreándole para ver a dónde fue, pero llamaré de regreso a tu unidad primero. Quédate allí, Jess, es más fácil para mí.

Por que piensas que te retrasará la silla de ruedas.

¿Había allí un dejo de amargura? Aquello la sacudió. Jess nunca había sonado así, nunca se quejaba. ¿Estaba irritado porque ella quería protegerlo?

Eso es una tontería y lo sabes. Siempre he trabajado sola y es más fácil trabajar de la manera en que siempre lo he hecho. Eso si lo entendería. Un equipo no incorporaba un nuevo miembro en medio de una misión ya planeada, al menos, no sin correr un terrible riesgo. Ella llegó a las puertas de la oficina.

Ah si, alguien había intentado conseguir un acceso, pero no parecía que hubieran tenido éxito. Deslizó ligeramente los dedos sobre la puerta buscando trampas. Pretendían revisar tu oficina, Jess. Tu chico de ahí afuera tal vez no sabía en lo que se estaba metiendo, pero fue una distracción. Alguien lo usó para mantenernos ocupados en caso de que no hubieran salido de la casa antes de que llegáramos.

¿Lograron entrar en la oficina?

Creo que el sistema de seguridad se mantuvo firme. Los códigos están intactos. Ahora estoy entrando, registrando en busca de explosivos y micrófonos ocultos.

¿Con qué?

Saber no contestó. Normalmente podía detectar un micrófono, pero no explosivos, no el cien por cien de las veces. Los pulsos de transmisores y receptores eran bastante sencillos para ella, y la oficina parecía estar limpia. Dudaba que el intruso hubiera logrado forzar la entrada.

Tu oficina parece estar limpia pero tendrás que registrar la casa. El resto de las habitaciones están infestadas con pequeños dispositivos de escucha.

¿Puedes percibir un transmisor? Había entusiasmo en su voz. Respeto. Un talento útil de tener.

Y latidos cardíacos. No sabía por qué se lo contaba. Tal vez para avisarle. Para hacerle desistir. Quizás por algún sentido de equidad, o por instinto de conservación. Como fuera, le dijo la verdad mientras cogía el teléfono.

– Bandera Roja -dijo suavemente en el micrófono y luego colgó sin más explicación.

Presumida. Había respeto y provocación en su voz y eso la animó.

Su oficina era un centro de equipamiento de alta tecnología. Realmente. Era obvio que estaba contemplando cientos de miles de dólares. De ninguna manera podía Jess haberse retirado, no con éste tipo de sistema electrónico a su disposición. La mayoría de aquello no estaba siquiera en el mercado. Bonito montaje.

Gracias.

Voy a recorrer el resto de la casa. Tu unidad debería estar aquí en un par de minutos. Realmente odiaba dejarlo allí afuera solo y estaba indecisa. Quienquiera que hubiera entrado en la casa ya se había ido, estaba segura, bueno, casi segura, pero de todos modos tenía que revisar, en caso de que ese pequeño margen de error se hiciera efectivo.

No. Jess mantuvo la voz calmada. Te necesito aquí afuera. Lloyd está volviendo en si. Y no está muy contento. Mi situación no es muy buena. No quisiera que se les ocurriera alguna idea a estos dos.

De ninguna manera quería que estuviera sola en la casa, no mientras le fuera imposible protegerla. Ya había cometido un error frente a ella, pateando la pistola de la mano de su atacante, y tarde o temprano ella lo recordaría. Tenía ojos y memoria para los detalles.

No le importaba jugar la carta de la silla de ruedas, si eso era lo que necesitaba para que volviera a su lado. No tenía idea si la casa era segura. Ella aún vacilaba. Tienes que ayudarme a volver a mi silla antes de que lleguen los otros. Bueno, eso fue bajo, pero funcionó, pudo sentir su reacción inmediata. Calidez y satisfacción se fundieron dentro de él. Ella le amaba. Tal vez no quisiera admitirlo, pero le amaba.

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