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Juego del Depredador

Электронная книга - «Juego del Depredador». Краткое содержание книги:

Después de ser torturado, el ex SEAL y Caminante Fantasma, Jess Calhoun, regresa a su ciudad natal en Sheridan, Wyoming, donde posee una estación de radio local. Sus intenciones son vivir tranquilamente, escribir canciones y realizar su fisioterapia.
Saber Wynter contesta a un anuncio para la estación de radio… el trabajo perfecto de noche para ella. Es afortunada al alquilarle a Jess, el segundo piso de la estación, en donde también puede trabajar como un ama de casa de medio jornada.
Jess pasa la mayor parte de su tiempo encerrado y aislado en su oficina privada. Pero frente a la fragilidad e inocencia de Saber se despierta en su alma, el poderoso deseo de protegerla, cuidarla y… amarla.
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Un buen número de parejas se separaron. Ken palmeó a Jess en el hombro.

– Ya basta, vosotros dos -les reprendió-. Vamos a ver como os movéis.

De mala gana, Jess permitió a Saber deslizarse de su regazo, cerrando sus ojos contra el salvaje dolor mientras sus firmes, redondeadas nalgas, se deslizaban tentadoramente sobre su regazo.

– ¿Es esto una especie de desafío? -Le guiñó un ojo a Saber, su voz un poquito áspera, su respiración no exactamente bajo control.

Ken asintió.

– Lo tienes, Calhoun. Tú y Saber se supone que debeis estar calientes, al menos esas son las palabras de Max -Guiñó a Mari. – Bien, tal vez tú ya lo estás.

– Muy gracioso -Saber se movió hacia atrás, sus caderas se balanceaban al ritmo de la música, los pies siguiendo el ritmo. No sabía quién era Max, pero ellos obviamente habían hablado de ella en el contexto de que le pertenecía a Jess, y estaba absurdamente contenta por eso.

Jess sonrió, en lenta y sensual respuesta al ritmo de su cuerpo, fácilmente inclinado sobre su silla, balanceándose sobre dos ruedas, moviéndose con ella, a su alrededor, Saber alrededor de él, cerca, aparte, sus ojos fijos en los del otro. Su cuerpo flotaba con la gracia de una bailarina y la fuerza de una gimnasta. Ella era una pequeña cosa salvaje de pura belleza, música misteriosa entrando en su vida.

Era obvio que estaban en su propio mundo, las únicas personas en la pista de baile. Parecía que cada momento había sido coreografiado a la perfección, un remolino de hombre, mujer y máquina. La habilidad de Jess para girar, saltar y deslizarse en su silla de ruedas era fenomenal. Su risa suave y débil y su baile salvaje, experto continuó algunas canciones más.

Ken y Mari, riendo, se unieron a Saber y a Jess en la mesa.

– ¿Así que somos los campeones? -preguntó Jess, fastidiando a su amigo.

– Me rindo, -concedió Ken. – Podéis mantener vuestras coronas.

– No puedo bailar más, -admitió Mari. – Ken hace que quede bien, pero no creo que nunca le coja el tranquillo. ¿Dónde aprendiste a bailar así, Jess?

Jess sorbió su bebida, sus ojos fijos en la perfección de la cara de Saber.

– Esta señorita de aquí. Adora bailar, y tiene música todo el tiempo. Me fastidia todo el tiempo, hasta que no tengo otra opción.

Sonrió a Saber tiernamente.

Lo tienes mal, Jess. Ken le envió el pensamiento telepáticamente. Definitivamente es una Caminante Fantasma, pero Mari nunca la ha visto antes. ¿La has comprobado?

Jess intentó no reaccionar al débil rastro de sospecha en la voz de Ken. Si las posiciones hubieran estado invertidas, también habría sospechado.

– Bien, ella te ha enseñado bien, -dijo Mari, tímidamente. – Eres muy buena.

Saber tuvo la impresión de que Mari no solía estar entre la multitud. Ken deslizó su brazo alrededor de su cintura, inclinándose para acariciar su sien con un rápido y tierno beso. Obviamente no pretendían estar casados para su beneficio y eso la hizo sentirse más segura. Quizás Jess no había llamado a su equipo. Sus amigos querían ver que estuviera bien, visitarle y asegurarse de que lo estuviera haciendo todo correctamente. Quería creer que Ken y Mari estaban el en club para divertirse junto a Jess.

– Es bueno, verdad? -dijo Saber con orgullo.

Mari asintió.

– Nunca he visto nada así.

Era divertido que estuvieran sentados en la misma mesa pretendiendo que eran amigos – gente normal – en vez de la realidad. Saber había aprendido a mantener la energía de la multitud lejos, pero era difícil durante prolongados periodos de tiempo. Normalmente aborrecía las multitudes. Mari no era un ancla tampoco y debía tener los mismos problemas estando en público. Saber se sintió más cerca de Mari.

– Adoro bailar, y Jess es bastante bueno bailando en casa conmigo.

Casa. A Jess le gustó la forma en que lo dijo. Nunca había pensado demasiado en tener una casa. Lo había dado por sentado, creciendo de la forma en que lo hizo en una familia cariñosa. Se preguntó como había sido la infancia de Saber. Sabía que la de Mari había sido extremadamente difícil. Jess alcanzó la mano de Saber, sus dedos acariciando sus nudillos.

– Es divertido -dijo con decisión – Sin embargo a veces pienso de que ella tiene miedo de que pueda caerme de espaldas.

– Eso es porque me asustas deliberadamente -rió porque no pudo evitarlo mientras él levantaba las ruedas-. Para, sabes que lo odio.

– Para de hacer eso por tu mujer -le ordenó Ken-. Se está riendo, pero realmente está preocupada.

Jess disparó a su amigo una mirada de cállate, pero dejó de tomarle el pelo.

– Hago esto siempre, dulce, y nunca me caigo.

– Lo sé – Saber sorbió su bebida y le lanzó una sonrisa tranquilizadora.

Ese es el verdadero problema, decidió Jess. Esa sonrisa. La forma en que le cuidaba, mirándole. Temiendo que se hiciera daño. Él sabía dónde estaban todas las salidas y las ventanas. Sabía quién sería el hombre más peligroso de la habitación en una pelea. Conocía la marca y el modelo de cada coche del parking y exactamente como estaban aparcados. Sabía que clientes iban armados y cuales podía coger – quizás todos ellos- sin romper a sudar y todavía sentado en su silla de ruedas. Pero ella no le veía como alguien que pudiera cuidar de ella.

Quería alejar esos pensamientos. Estaba harto de pretender ser menos capaz de lo que era realmente. Pero no podía decirle la verdad porque era un arma de seguridad nacional de alto secreto. Y lo más probable, ella no podía decirle nada a él, por la misma razón.

Como si leyera su mente, Ken le dio una pequeña sacudida a su cabeza. Mari piensa que ella está huyendo.

¿Era él realmente tan transparente? Quería apoyarse en la mesa y besarla. Ella se había derretido cuando la besó, olvidándose de la silla. Jess suspiró y buscó un tema seguro de conversación.

– ¿Cómo está Briony? Su bebes deben llegar pronto. -Buscó la mano de Saber de nuevo, enredándole los dedos porque necesitaba tocarla- Briony, la hermana de Mari, está casada con el hermano de Ken, Jack.

– Jack y yo somos gemelos -explicó Ken-. Y también lo son Mari y Briony. Briony está esperando gemelos.

– ¿Cómo pasó eso? -preguntó Saber-. Porque eso es verdaderamente espeluznante.

Ken rió.

– Es un maldición en mi familia. Siempre tenemos gemelos. Los hombres de nuestra familia encuentran mujeres que producen gemelos idénticos. Es una bendición o una maldición, no estamos seguros de cual.

Mari le disparó una mirada.

– Yo no. Mi pobre hermana está aterrorizada de tener niños y con dos en camino no puedo culparla.

Saber estaba horrorizada.

– ¿Dos? Nunca he sostenido un bebe.

– Tampoco yo -confesó Mari-. Brioni tampoco, pero le dije que la ayudaría. Jack es realmente bueno con ella.

– Jack tiene todos esos libros que siempre está leyendo -dijo Ken con una amplia sonrisa-. Embarazo, tener gemelos, parto y ahora crianza.

– Nos los ha hecho leer a todos -añadió Mari.

Saber sintió las lágrimas quemar a través de sus ojos. Era tan inesperado que no estaba preparada para la emoción que sintió. Sus voces, decidió, contenían tanto amor, tanta calidez. Eran una familia. Jack y Briony. Ken y Mari. Y ahora los niños. De alguna manera habían dejado fuera lo que era la vida de un Caminante Fantasma.

Quería hacerles tantas preguntas, pero al mismo tiempo no quería mantener la esperanza. Porque si tienes esperanza y después te la quitaban, la vida era peor que antes. Había escapado, pero Whitney había ido tras ella. Más tarde o más temprano, la cogería y la mataría, porque no había forma de que volviera a ese infierno de cautiverio. Moriría primero. ¿Cómo lo había hecho Mari? ¿Y era Briony una Caminante Fantasma también? ¿Porqué Whitney las había dejado ir? ¿Porque las había dejado vivir solas y a ella no?

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