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Juego del Depredador

Электронная книга - «Juego del Depredador». Краткое содержание книги:

Después de ser torturado, el ex SEAL y Caminante Fantasma, Jess Calhoun, regresa a su ciudad natal en Sheridan, Wyoming, donde posee una estación de radio local. Sus intenciones son vivir tranquilamente, escribir canciones y realizar su fisioterapia.
Saber Wynter contesta a un anuncio para la estación de radio… el trabajo perfecto de noche para ella. Es afortunada al alquilarle a Jess, el segundo piso de la estación, en donde también puede trabajar como un ama de casa de medio jornada.
Jess pasa la mayor parte de su tiempo encerrado y aislado en su oficina privada. Pero frente a la fragilidad e inocencia de Saber se despierta en su alma, el poderoso deseo de protegerla, cuidarla y… amarla.
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Se sentó sobre el escritorio, balanceando las piernas, y observó pausadamente a su alrededor. La oficina era enorme, más grande que la sala de estar de la planta alta. Había una foto enmarcada de ella, con los brazos rodeando el cuello de Jess. La cabeza de él estaba inclinada de manera que podía mirarla y se estaban riendo. Le recordaba bromeando con una cámara digital que no podía hacer funcionar, salvo que aparentemente se las había arreglado para repararla.

Giró la cabeza para observar a Jess rodar a través de la puerta. Ni siquiera tenía una mancha de suciedad en él.

– Tú, bicho rastrero. Dijiste que la cámara no funcionaba. -Ella señaló la fotografía sobre su escritorio.

– Era la única manera de conseguir tu foto. Ven aquí, déjame ver tu rostro. Se te está formando un moratón.

Sus manos eran gentiles mientras las deslizaba sobre los delicados planos de su rostro.

– ¿Tienes alguna otra herida?

– No. Pero no pienses que no noté ese corte en tu cabeza de antes. Se que tu orgullo masculino es muy frágil, pero luce peor que mi moretón.

Sus cejas se elevaron.

– ¿Estamos compitiendo?

– No. -Inclinó la cabeza-. Me asustaste, Jesse. Te enfrentaste a un asesino con un arma. -Se le subió el corazón a la garganta y sintió pánico por él, pero sabía bien que debía elegir sus palabras con cuidado. Él creía que los hombres debían proteger a las mujeres, y que ella se preocupara por que él estuviera en una silla de ruedas no le sentaría nada bien.

– Lo pateaste.

– ¡Hey! -La voz de Logan se deslizó desde la sala de arriba-. Jess, te necesitamos aquí arriba.

– Enseguida voy -contestó Jess y giró la silla en redondo.

Saber se tragó la protesta y resbaló del escritorio.

– Iré contigo.-Debían haber encontrado su equipo de campo. Lo había ocultado cuidadosamente, pero tal vez no lo suficiente. No era el fin del mundo. Él ya sabía que era una Caminante Fantasma. Solo tenía que ir arriba con una explicación plausible sobre su equipo.

Subió en el ascensor, tomada de su mano, tratando de encontrar una manera de explicar las sustancias químicas en su bolso. Un pequeño grupo de hombres se habían reunido en su puerta. Un débil aroma almizclado le advirtió de que tal vez no sería su bolso de campo lo que habían encontrado. El súbito silencio llevó a Jess a deslizarse por delante de ella, y entre su silla y Logan bloquearon el vano de la puerta. Jess se puso rígido y ella sintió la casa vibrar con furia.

Saber evitó el brazo extendido de Jess y empujó pasando a Logan para poder entrar a su dormitorio. Horrorizada, miró a su alrededor. La bilis se elevó a su garganta, pero la forzó a bajar. Que alguien invadiera su cuarto ya era una violación, pero hacer esto…la habitación olía como si los ocupantes hubieran tenido una orgía. Sus ropas estaban acuchilladas en jirones y cada trozo de ropa interior estaba tirado alrededor del cuarto, muchos llenos de asquerosas manchas blancas. La cama había sido hecha prolijamente, pero uno de los limpiadores había sacado las sábanas para encontrar más ropa íntima cubierta con semen.

Saber presionó la mano contra su boca, atónita al ver que estaba temblando. Percibía la compasión en el cuarto, y se sintió agradecida de que los hombres no la miraran. Giró abruptamente y salió con paso airado.

– Logan -empezó Jess.

– Estamos en ello. Dejó aquí suficiente ADN como para identificar un ejército. Éste bastardo es un enfermo, Jess, ella no está a salvo. Si está conectado a Whitney de alguna manera, en éste punto se ha convertido en un canalla. Whitney nunca lo aprobaría. Es demasiado…científico. Esto sería aborrecible para él.

– Es gracioso dónde trazan sus límites algunos. A veces me pregunto a dónde llegará el mundo.-Hizo una pausa y miró al equipo de limpieza a su alrededor-. Quiero ésta habitación despojada de cualquier cosa que él pueda haber tocado. Separen las huellas digitales de ella, para que solo salgan las que sean de él. No quiero una bandera izándose en algún remoto ordenador que Whitney pueda estar monitoreando.

Logan asintió hacia el equipo y caminó por el pasillo al lado de Jess.

– Whitney sabe que ella está aquí, Jess. Puedo olerlo. Está en problemas.

– Si. Ya me di cuenta.

– Y se está preparando para huir. Ésta vez está muy cerca, le echará el guante.

– Estoy oyendo una nota en tu voz que no me gusta, así que deja de irte por las ramas, escúpelo ya.

– A menos que él la haya infiltrado.

Jess empujó con fuerza las ruedas y se introdujo en el ascensor. Logan embutió su cuerpo dentro con él. Las hojas se deslizaron para cerrarse y Jess masajeó sus sienes.

– Él no la ha infiltrado.

– Entonces ¿cómo es que ella consiguió encontrarte? Eres el único Caminante Fantasma llevando a cabo una investigación dentro de nuestra cadena de mando. Dime cómo terminó en el umbral de tu casa. Cuando no pudiste encontrar sus antecedentes te dije que era otra Chaleen. Vienen tras de ti por que eres un buen tipo, y eso te hace vulnerable. Piensas lo mejor de las personas, especialmente de las mujeres.

– No estaba pensando en absoluto en Chaleen, al menos no con mi cerebro. Me estudiaron y enviaron alguien programado para ser todo lo que deseaba. Tú lo viste porque no estabas durmiendo con ella. -Se abrieron las puertas y Jess esperó a que Logan saliera antes de salir disparado del pequeño espacio en un acceso de mal genio-. Fui un estúpido, lo admito, pero me di cuenta a tiempo.

– Te rompió el corazón.

– Ella nunca lo tuvo. Pulverizó mi ego, pero nunca alcanzó mi corazón. Saber, por otro lado, definitivamente podría arrancar la cosa fuera de mi pecho, de modo que será malditamente mejor que no sea espía de Whitney.

– ¿Podrías matarla? -La voz de Logan era baja, incluso suave, pero su mirada era fría y firme-. Si tuvieras que hacerlo, para defenderte, ¿podrías matarla?

Jess permaneció en silencio.

– Por un momento, allí en el club, cuando se dio cuenta de que estaba rodeada por tu unidad, la vi mirarte, Jess. Consideró eliminarte en ese mismo momento y lugar.

Jess se tragó su primera respuesta, negarlo. Maldito infierno, si, ella analizó la posibilidad de hacerlo. No estaba seguro de cómo planeaba salirse con la suya, pero lo había pensado.

– Se que lo hizo -admitió él-.Y tenía todo el derecho a hacerlo. Por que si ella me traicionara, desearía estrangularla con mis propias manos.

Un latido pasó. Otro más. Logan suspiró.

– No me has contestado, Jess. Desear hacerlo no es lo mismo. No voy a permitirle que te mate. Si hace un mal movimiento…

Jess negó con la cabeza.

– No soy un suicida, Logan. Nunca lo he sido. He perdido mis piernas, no mi mente. Me encuentro mejor que la mayoría, todo lo demás está funcionando en orden. Y voy haciendo algunos progresos con el otro asunto, lo suficiente para pensar que hay esperanza. Pero si resulta que ella está con Whitney, no se si sabré como enfrentarlo, o si seré capaz de dejarte eliminarla. Simplemente no lo se. Y es una cagada estar hablando de esto como si ella no estuviera pasando por más que suficiente.

Logan se encogió de hombros y se alejó, dejando a Jess con deseos de golpear algo. Al final, Jess fue a buscar a Saber. No estaba en la cocina o en su dormitorio. Sabía que no estaría afuera al aire libre. No se sentiría segura. En su casa, en la propia casa de Saber, no se sentía segura. Quería gritarle a alguien, pegarle a algo. Preferentemente a Logan. Porque Logan tenía razón y él estaba equivocado. Y maldito fuera todo, aquello apestaba.

Llamó a la puerta del cuarto de baño.

– Sal de ahí. Quiero echarle otro vistazo a esa contusión en tu cara.

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