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Juego del Depredador

Электронная книга - «Juego del Depredador». Краткое содержание книги:

Después de ser torturado, el ex SEAL y Caminante Fantasma, Jess Calhoun, regresa a su ciudad natal en Sheridan, Wyoming, donde posee una estación de radio local. Sus intenciones son vivir tranquilamente, escribir canciones y realizar su fisioterapia.
Saber Wynter contesta a un anuncio para la estación de radio… el trabajo perfecto de noche para ella. Es afortunada al alquilarle a Jess, el segundo piso de la estación, en donde también puede trabajar como un ama de casa de medio jornada.
Jess pasa la mayor parte de su tiempo encerrado y aislado en su oficina privada. Pero frente a la fragilidad e inocencia de Saber se despierta en su alma, el poderoso deseo de protegerla, cuidarla y… amarla.
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Por primera vez en su vida, Saber estaba agradecida por los años de entrenamiento, por todas las veces que había sido castigada por mostrar emociones. Jess la había traicionado, la había vendido a los otros Caminantes Fantasma. Por todas estas razones debía acabar con el.

– ¿Has conocido a la hermana de Jess, Patsy? -preguntó, lanzándole su sonrisa.

Ken asintió.

– Lo hice. La conocí antes de que esto pasara. – Pasó su mano por las cicatrices de su cara. – Lloró cuando me vio. Patsy es una mujer muy bondadosa.

– Yo no la he conocido -dijo Mari-, aunque me gustaría. Ambos Jack y Ken hablan bastante de Jess y su familia.-

– Jess siempre nos invita durante las vacaciones -dijo Ken-. Tiene una familia agradable.

Saber continuó buscando por la habitación aparentando no hacerlo. Había otros en la multitud. Debían querer al equipo completo si planeaban recuperarla. Apartó todo sentimiento, todo pesar. Escaparse no sería fácil. Ella era pequeña y su fuerza no estaba en la lucha cuerpo a cuerpo. Era buena con las armas, pero de nuevo, no era su especialidad. Podía hacía – debía hacerlo – porque tenía que hacerlo. Cuando el fracaso no es una opción, encuentras la forma de hacerlo.

– Yo sólo conozco a Patsy, y me gusta de veras.

– Ella cree que Saber es demasiado joven para mí -dijo Jess. Ella se estaba alejando de él. Podía sentir su retirada tan claramente como si ya lo hubiera hecho. Algo cercano al pánico presionaba contra su pecho hasta que casi no pudo respirar. Nunca había sentido pánico en su vida. Ni una sola vez. No en el entrenamiento, ni en el combate, ni cuando fue capturado y torturado. Pero el pánico le llenó hasta que no fue capaz de pensar correctamente.

– Saber -Dijo su nombre en voz baja-. Mírame.

Ella ni siquiera giró la cabeza hacia él. Mantuvo aquella mirada suave, soñadora en su cara, su media sonrisa, y parecía como si estuviera muy interesada en los bailarines.

– Estoy escuchando.

Incluso su voz era alegre, maldita ella, pero él lo sabía. Lo sabía con cada fibra de su ser. ¡Mírame ahora! Era una orden, aguda, firme y exigente.

Asustada, sus ojos se encontraron con los de él.

¿De vedad crees que te traicionaría? No mires a nadie más. Mírame. ¿Pensabas que te traje aquí para que el bastardo de Whitney pudiera llevarte lejos de mi?

Estaba furioso con ella – que ella pudiera creer en tal traición. Y dolía. Dios, dolía como un hijo de puta. Quiso sacudirla, tanto que no se atrevía a ponerle las manos encima. La mesa vibró debajo de sus palmas. Ken le disparó una pregunta rápida, pero Jess le ignoró, sosteniendo la mirada fija de Saber. Respóndeme, maldición, ¿es eso lo que piensas de mi? ¿Qué te entregaría después de vivir contigo durante casi un año?

Ella se humedeció sus labios, su único gesto nervioso. Ni siquiera parpadeó, pero le miró fija y directamente a los ojos. Su mirada regresó a la multitud. El corazón de Jess latía con fuerza contra su pecho, una sacudida y su estómago se sintió como si hubiese sido perforado.

Ken se movió ligeramente, para proteger mejor a Jess si fuera necesario. El gesto le irritó. La maldita silla de ruedas otra vez. No necesito protección y menos de Saber.

La mesa está temblando. La voz de Ken era suave.

Ella piensa que la he traicionado.

Esa sería una reacción natural. Ha descubierto al equipo. Sabe que Mari y yo formamos parte de el. No es estúpida, Jess. Si está escapando de Whitney, tiene que pensar que esto es un plan. ¿Cuáles serían las posibilidades de que esto fuera una coincidencia?

Se deshizo de su ego y se centró. Jess se estremeció. Había oído el eco de ese pensamiento y agachó la cabeza, como si todavía estuviera sosteniendo la mirada de Saber. Dejó salir su aliento e intentó ver las cosas desde el punto de vista de ella.

– De acuerdo, cariño. Vamos a ver su puedo aclararte unas cuantas cosas. Ken y Mari forman parte de un equipo de Fuerzas Especiales conocidas como Caminantes Fantasma. Mari escapó de un centro de investigación dirigido por el Dr. Whitney. Ken, Mary y unos cuantos más han venido a ayudarnos porque tú y yo estamos bajo vigilancia. No sé si estás huyendo y Whitney te ha encontrado, o si él me vigila a mí, pero en cualquier caso, me figuré que necesitaríamos ayuda.

Hubo un silencio sepulcral cuando ella le miró, sorprendida de que le hubiera revelado todo lo que sabía. ¿Se atrevería a creerle? Echó un vistazo a Mari, pero su mirada saltó de regreso a Jess. A pesar de si misma, su pulso se aceleró y la esperanza la asaltó. ¿Había una posibilidad de que le estuviera diciendo la verdad? Si me estás mintiendo, Jesse, te prometo que te mataré antes de que me cojan. Deliberadamente le habló a su mente para hacerle saber que ella también tenía el poder de hacerlo.

– Es justo, Saber. Pero dime la verdad. He puesto mis cartas sobre la mesa. Espero que hagas lo mismo.

– ¿Cuantos de tus hombres hay aquí?

– Cinco. Y uno apostado atrás.

Ella inhaló bruscamente. Había llamado a un equipo completo. Cada Caminante Fantasma tendría una habilidad diferente y serían letales.

– Tienes muchos amigos. -No podía esperar cogerlos todos. No era esa clase de guerrero. Lanzando una pequeña plegaria porque le estuviera diciendo la verdad, le cogió su reloj-. Vamos a casa. Porque si vamos a discutir esto, quiero que sea entre tu y yo. Y no me siento segura rodeada de tantos soldados realzados.

El le dirigió una pequeña sonrisa, alentadora. Al menos no iba a atacarle por ello. Se supone que deberían hacerte sentir a salvo.

– Bueno, no está funcionando -Se deslizó de la silla, evitando acercarse demasiado a Ken. Era un hombre grande y obviamente fuerte.

– Os escoltaremos a casa- dijo Ken -. Y os dejaremos solos una vez que estéis instalados y la seguridad conectada.

Jess asintió y sin una palabra siguió a Saber fuera del club.

El júbilo le llenó. Estaba extasiado cuando encendió su reproductor de CD y se quitó las ropas. Quería oír su voz, aquel sexy susurro, ronco que avanzaba lentamente por su piel y se metía en su cuerpo, pero la música lo haría y al menos podría olerla. Se tumbó en sus sábanas y rodó antes de saltar a abrir su vestidor. En lo alto encontró un tesoro.

Sedosos tangas y sujetadores de encaje de todos los colores. Seleccionó unos cuantos y los puso junto con dos pares de pantalones cortos cortados a lo largo del trasero. Acercándolos a su nariz, inspiró y los rozó a lo largo de su cuerpo. Cada vez que la viera ahora la imaginaría llevando la seda y sabría que el los había tocado, los había sostenido, los había frotado contra su miembro hasta que se había corrido una y otra vez con ellos. Los dejó y empezó de nuevo, usando un par azul casi transparente pasándolos por todo su cuerpo, mientras la música sonaba y su cuerpo tarareaba. Se la imaginó atada y desvalida, después de que los otros hubieran golpeado a Calhoun hasta convertirlo en un bulto sangriento. Quizás tomaría su cuerpo allí mismo. Se tomaría su tiempo, haciéndola pagar por ese beso en el parque. Esta noche estaba siendo perfecta. Su cuerpo se arqueó, sus caderas se sacudieron, y vio con satisfacción como rociaba su semen por encima de sus sábanas y su ropa interior.

CAPÍTULO 9

– No has dicho ni una sola palabra en todo el camino a casa -dijo Jess-. Pensé que hablaríamos.

– No en el coche. -Saber sabía que sonaba cortante, pero no podía evitarlo. Quería creer en él, pero en su profesión la traición era un modo de vida. Sería típico de Whitney arreglar una forma de que se enamorara, y entonces hacerle ver cuán inútil era para alguien como ella tratar de tener una vida normal.

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