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Casino: Amor y honor en Las Vegas

Электронная книга - «Casino: Amor y honor en Las Vegas». Краткое содержание книги:

Frank Rosenthal, El Zurdo, tuvo algo de simbólica: como la traca final de una era en la historia de la capital mundial del juego, Las Vegas.
Rosenthal, formado en la escuela de las apuestas deportivas ilegales llegó, como otros muchos, a Las Vegas con el propósito de hacer olvidar su pasado y seguir trabajando en lo que siempre había hecho: ser jugador. La pequeña ciudad de Nevada, sumidero de esperanzas bajo una capa febril y brillante, era una verdadera mina de oro, ideal para quienes patrocinaron la mudanza de Rosenthal, como también la de su viejo amigo Tony Spilotro, tan amante del dinero como de la violencia. Ambos fueron símbolos de una etapa frenética, trufada de violencia e ilegalidades, marcada por los intentos de la Mafia de establecer su hegemonía sobre los casinos. Una ciudad sin sitio para el amor, por lo que éste -como el que sentía Rosenthal hacia Geri, su esposa- estaba abocado al fracaso.
Casino, basada en hechos reales es, más allá de una novela de ritmo casi cinematográfico, un fascinante documento sobre el mundo del juego, sus leyes y sus corruptelas. Amor y adulterio, negocio y delito se entremezclan en una obra intensa y original, reveladora y absorbente.
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Los periódicos encontraron los comentarios en alguna otra parte. Descubrieron que, unos dos meses antes del asesinato, Rand había intensificado sus acciones civiles contra Glick presentando contra él cargos por delito de estafa. Y ella había conseguido una importante y peligrosa victoria en el tribunaclass="underline" ella y sus abogados tuvieron acceso a los documentos de la empresa referentes a los préstamos de la Caja de Pensiones del sindicato de camioneros.

Una semana después del asesinato, el San Diego Union publicó una carta que había escrito Rand siete meses antes de su muerte, donde se detallaba su relación con Glick. No era nada halagadora. Se acusaba a Glick de vivir como un rey, de llevar a sus amigos en el avión de la empresa a los partidos de fútbol americano, de rodearse de un «ejército de juguete».

La publicidad en torno al asesinato -rematada por un artículo en Los Angeles Times que informaba de que Glick era una de las diversas personas a las que se había interrogado en relación con ello- obligó a Glick a comparecer ante los periodistas en las oficinas de gestión del Stardust para emitir un comunicado replicando a las acusaciones. Rezaba así:

Durante las dos últimas semanas, y estos últimos días, se ha ofrecido de mí una vil imagen basada en puras mentiras, sucias insinuaciones y deducciones con un trasfondo delictivo sin ninguna otra finalidad que el periodismo sensacionalista.

Me siento obligado a responder a estos ataques desmesurados, no sólo por la tensión emocional que han provocado en mi familia, sino por respeto a los más de cinco mil empleados de Argent, a mis socios y amigos.

Dejar de responder a estas mentiras publicadas recientemente constituiría una traición a la integridad de mi familia, mis amigos y Argent.

Hace dos semanas, se encontró el cadáver de una mujer en su casa de San Diego. La señora Rand era una antigua socia en algunos de mis negocios y más recientemente fue parte interesada en un pleito interpuesto contra una empresa en la cual yo me encontraba en activo, así como contra mí personalmente.

La imagen que se ha dado de mí y las insinuaciones de que yo estuviera relacionado con el asunto o de que supiera algo de esa horrible tragedia constituyen una práctica irresponsable y carente de ética por parte de ciertos medios de comunicación.

El hecho de deducir que un desacuerdo empresarial podría tener relación con un cruel asesinato es despreciable. Agradezco a determinados miembros de la familia de la señora Rand que se hayan presentado para expresar personalmente su indignación ante tales acusaciones falsas.

Mi relación o bien la de alguna sección o empleado de mi empresa con el llamado «crimen organizado» es falsa.

La verdad es que nunca se me ha condenado o declarado culpable de un delito mayor que una infracción de tráfico. La verdad es que Argent gestiona tres hoteles y cuatro casinos en Las Vegas. La verdad es que se me concedió por unanimidad la licencia para gestionar el funcionamiento de esos hoteles y casinos después de una exhaustiva y minuciosa investigación… La verdad es que he tratado de llevar una vida social discreta basada en una relación familiar sana.

En lugar de reconocer estas verdades, ciertos miembros de los medios de comunicación han difundido continuas deformaciones de la realidad.

Yo no dispongo de ningún periódico, revista o cadena de televisión para responder abiertamente en contra de estas falsas acusaciones, pero cuento con algo a mi favor que no se puede deformar, difamar ni falsificar cuando se conoce: esto es la certeza de que Allen R. Glick no ha tenido relación, ni la tendrá nunca, con nada que no sea estrictamente legal.

Según el FBI, Tamara Rand fue asesinada para proteger el desvío de dinero; su asesinato lo ordenó Frank Balistrieri. Cuando a la señora Rand se le reconoció el derecho a exigir la presentación de los documentos relacionados con el préstamo concedido por el Sindicato de Camioneros a Glick y Argent, Balistrieri tuvo claro que el juicio tenía que suspenderse.

Así que Balistrieri viajó de nuevo a Chicago. Esta vez dijo a los capos de la organización que Tamara Rand estaba a punto de poner en peligro todo el plan. Si se tenían que presentara juicio los libros del Sindicato de Camioneros sobre el préstamo concedido a Argent, en poco tiempo también tendrían que comparecer las personas en cuestión. Rand iba a hundir a Glick y a todo aquel que estuviera implicado en el proyecto.

Un confidente de Milwaukee le dijo más tarde al FBI lo que Balistrieri había dicho a los capos de Chicago: «No queremos ningún fracaso. Tenemos que mantener una imagen limpia del genio. Él se vería en un aprieto si ella consigue continuar con el juicio».

No se procesó a nadie por el asesinato de Rand.

Y el desvío de dinero continuaba.

Se estima que Vandermark consiguió despistar entre siete y quince millones de dólares de Argent entre 1974 y 1976, suma que no incluye lo que se desviaba de las carreras y las apuestas deportivas del Stardust, del departamento de crédito o de las cuentas de comida y bebida. No había ningún departamento bajo el control de las reservas económicas de la empresa que no contara con la infiltración de socios de los capos.

Para los individuos que disponían los préstamos, el desvío de dinero del casino equivalía a haber encontrado petróleo. El dinero salía a raudales cada mes. Durante el primer año de gestión de Glick, entre agosto de 1974 y agosto de 1975, Argent registró una pérdida neta de 7,5 millones de dólares. Eso sobresaltó a Glick, ya que los ingresos totales de la empresa superaban en 3,4 millones de dólares los 82,6 millones del mismo período. Glick estaba tan fuera del ajo que atribuyó las pérdidas de los casinos Argent a los pagos adicionales de intereses que no se habían previsto, a la elevada depreciación de la moneda y los costes de amortización, a los adelantos a las filiales e incluso al aumento de los costes y gastos de gestión. «Él no tenía ni idea de lo que estaban haciendo ni de cómo lo hacían», dice Bud Halls.

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«Si se niega la licencia a todo el mundo que tiene algo en su pasado, seguramente habrá que acabar con el cincuenta por ciento de la gente de esta ciudad.»

Según recuerda Dick Odessky, ex director de relaciones públicas del Stardust:

Después de que me despidieran del Stardust, conseguí un empleo de periodista en el Valley Times, y utilizaba mis columnas para volver locos El Zurdo y a Glick.

No ganaba mucho dinero, pero me divertía un montón. Ahí estaba aquella empresa de cien millones de dólares, una de las mayores de Las Vegas, rodeada de polémica.

A finales de 1975, después de un año en funcionamiento, se interrogaba al presidente del Departamento sobre su relación con los dos asesinatos de la mafia y sobre si contaba con la influencia de ésta para obtener créditos del Sindicato de Camioneros, y el tipo que había contratado para llevar los casinos tenía tanto miedo de no pasar el examen para conseguir la licencia que se ocultaba tras cualquier tipo de empleo mientras seguía moviendo todos los hilos desde atrás.

Seguía teniendo muchos amigos en la empresa, y había muchas filtraciones. Un día recibí una llamada de una mujer que decía que Rosenthal se dirigió a las mesas, señaló a todos los que estaban allí y los despidió.

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