Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » El club de los muertos
El club de los muertos - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El club de los muertos

Электронная книга - «El club de los muertos». Краткое содержание книги:

Solo hay un vampiro con el que Sookie Stackhouse se relaciona, y ese es Bill. Pero desde hace algún tiempo está algo distante: tanto como que se ha ido a otro estado. Eric, su siniestro y atractivo jefe, cree saber dónde encontrarle. Sin pararse a pensarlo, Sookie pone rumbo a la ciudad de Jackson, Misisipi. Allí encontrará el Club de los Muertos, lugar de encuentro un tanto peligroso en el que la elitista sociedad vampírica acude a pasar el rato y engullir un poco de sangre del tipo O. Cuando Sookie sorprenda a Bill en un acto de indisimulable traición, ya no estará segura de si querrá salvarle… o sacar punta a unas cuantas estacas.
Con esta nueva entrega de su saga más exitosa, Harris demuestra que una mezcla casi imposible de vampiros, misterio, romance, intriga y humor puede convertirse en una obra deliciosamente imprescindible.
1 ... 35 36 37 38 39 40 41 42 43 ... 59
Перейти на страницу:

A pesar del orden imperante, era evidente que varias personas compartían la estancia. Estaba dispuesta a apostar a que el cuarto de baño personal de Russell Edgington no se parecía a éste en nada. Encontré unas horquillas y me recogí el pelo por la parte alta de la cabeza, antes de darme la ducha más rápida de mi vida. Como acababa de lavarme el pelo esa mañana, que ahora se me antojaba a años luz, y, además, me había llevado otros tantos secarlo, me alegré de saltarme ese paso para centrarme en frotarme la piel a conciencia con el jabón aromático que había en la propia ducha. Había toallas limpias en el armario, lo cual resultaba un alivio.

Estuve de regreso al dormitorio en quince minutos. Ricitos se había marchado, Eric se había vestido y Bubba había vuelto.

Eric no dijo una sola palabra sobre el embarazoso incidente que había tenido lugar entre los dos. Observó la bata elogiosamente, aunque en silencio.

– Bubba ha peinado el lugar, Sookie -dijo Eric, citando claramente las palabras del otro.

Bubba tenía dibujada en la cara su sonrisa ladeada. Estaba satisfecho consigo mismo.

– Señorita Sookie, he encontrado a Bill -dijo, triunfante-. Está un poco baldado, pero está vivo.

Me hundí en una silla sin aviso previo. Tuve suerte de que estuviese justo detrás de mí. Tenía la espalda aún recta, pero, de repente, me encontré sentada en lugar de en pie. Era una extraña sensación más en una noche repleta de ellas.

Cuando fui capaz de componer un pensamiento, me di cuenta vagamente de que la expresión de Eric era un desconcertante cóctel de sensaciones: placer, lamento, rabia, satisfacción. Bubba sencillamente parecía feliz.

– ¿Dónde está? -mi voz sonó como si no fuese la mía.

– Hay un gran edificio en la parte de atrás, una especie de garaje para cuatro coches, pero tiene apartamentos en la parte de arriba y una habitación a un lado.

A Russell le gustaba tener a mano la ayuda.

– ¿Hay otros edificios? ¿Puedo confundirme?

– Hay una piscina, señorita Sookie, y hay un edificio justo a su lado para que la gente se cambie el traje de baño. Y hay un gran cobertizo para herramientas, al menos creo que es para eso, pero está separado del garaje.

– ¿En qué parte del garaje lo tienen prisionero? -preguntó Eric.

– En la habitación de la derecha -dijo Bubba-. Creo que el garaje antes era un establo, y la habitación es donde guardaban las sillas y esas cosas. No es muy grande.

– ¿Cuánta gente hay dentro? -las preguntas de Eric sin duda eran muy buenas. Yo aún no había pasado del anuncio de Bubba de que Bill aún estaba vivo y del hecho de que estaba muy cerca de él.

– Ahora mismo hay tres, señor Eric, dos hombres y una mujer. Los tres son vampiros. Ella es la que tiene el cuchillo.

Me hundí dentro de mí misma.

– Cuchillo -atiné a decir.

– Sí, señorita, le ha hecho unos cortes muy feos.

No era momento para flaquear. Hace nada me enorgullecía de mi falta de remilgos. Era ahora cuando debía demostrarme que me había dicho la verdad.

– Lleva tanto tiempo desaparecido -dije.

– Así es -dijo Eric-. Sookie, trataré de hacerme con un coche. Intentaré dejarlo aparcado donde los establos.

– ¿Crees que volverán a dejarte entrar?

– Me llevaré a Bernard conmigo.

– ¿Bernard?

– El bajito -Eric me sonrió con una mueca igualmente ladeada.

– Te refieres… Oh, si te llevas a Ricitos contigo, te dejarán entrar porque vive aquí, ¿no?

– Sí, pero es posible que tenga que quedarme aquí. Con él.

– ¿No podrías…, eh, escabullirte?

– Puede que sí, puede que no. No quiero que me pillen despertándome aquí cuando descubran que Bill ha desaparecido, y tú con él.

– Señorita Sookie, pondrán licántropos para que lo vigilen de día.

Miramos a Bubba simultáneamente.

– Los licántropos que la estaban siguiendo. Vigilarán a Bill cuando los vampiros duerman.

– Pero esta noche hay luna llena -dije-. Estarán agotados cuando tengan que empezar su turno de guardia. Si es que aparecen.

Eric me miró, algo sorprendido.

– Tienes razón, Sookie. Será la mejor oportunidad que tengamos.

Hablamos de ello un poco más; quizá pudiera hacerme la desvalida y quedarme en la casa, a la espera de que llegase algún aliado humano de Eric desde Shreveport.

Eric dijo que podría llamar a alguien en cuanto saliese de la zona inmediata con su teléfono móvil.

– Puede que Alcide nos eche una mano mañana por la mañana -dijo Eric.

He de admitir que me tentaba la idea de volver a llamarlo. Alcide era grande, duro y competente, y algo oculto y débil en mi interior me sugería que Alcide podría lidiar con todo mucho mejor que yo misma. Pero mi conciencia no paraba de darme punzadas. Decidí que Alcide no podía involucrarse más de lo que ya estaba. Había cumplido con su parte. El tenía que tratar con esa gente desde el punto de vista de los negocios y, si Russell averiguaba que había participado en la fuga de Bill Compton, podría arruinarse.

No podíamos perder más tiempo en discusiones, porque apenas quedaban dos horas para el amanecer. Aún con muchos flecos sueltos, Eric fue a buscar a Ricitos (Bernard) y solicitar tímidamente su compañía en un recado para obtener un coche, supuse que alquilado. Resultaba todo un misterio para mí qué establecimiento de alquiler de coches estaría abierto a esas horas, pero Eric no parecía prever ningún problema al respecto. Traté de desterrar las dudas de mi mente. Bubba accedió a volver a saltar el muro de Russell, del mismo modo que lo hizo para entrar, y a encontrar un lugar donde pasar el día. Sólo el hecho de que esa noche hubiera luna llena, había salvado la vida de Bubba, dijo Eric, y yo estaba dispuesta a creerle. El vampiro que custodiaba la puerta podía ser bueno, pero era imposible que estuviera en todas partes.

Mi deber consistía en hacerme la débil hasta que amaneciera, cuando los vampiros se retirarían, y luego, de alguna manera, sacar a Bill del establo y llevarlo hasta el maletero del coche que Eric pudiera agenciarse. No tendrían ninguna razón para impedirme que me marchara.

– Posiblemente sea el peor plan que haya escuchado jamás -dijo Eric.

– En esto te doy la razón, pero es el único que tenemos.

– Lo hará muy bien, señorita Sookie -me dijo Bubba, para animarme.

Eso era lo que necesitaba, una actitud positiva.

– Gracias, Bubba -dije, tratando de sonar tan agradecida como me sentía. Estaba llena de energía gracias a la sangre de Eric. Sentía como si mis ojos lanzaran chispas y el pelo flotara a mi alrededor en un halo de electricidad.

– No te emociones demasiado -recomendó Eric. Me recordó que era un problema típico en la gente que ingería sangre de vampiro adquirida en el mercado negro. Intentaban hacer locuras, dado lo superdotados, fuertes e invencibles que se sentían, cuando, en realidad, muchas veces ni siquiera estaban a la altura de la gesta (como el tipo que trató de enfrentarse a toda una banda a la vez, o la mujer que quiso detener un tren en marcha). Respiré hondo, tratando de imprimir su advertencia en mi cerebro. Lo que me apetecía hacer era abrir la ventana y comprobar si podía escalar la pared hasta el tejado. Vaya, la sangre de Eric era portentosa. Era una palabra que no había usado nunca antes, pero muy adecuada. Jamás pensé en la diferencia que había entre tomar la sangre de Bill y la de Eric.

Alguien llamó a la puerta, y los tres dirigimos la mirada hacia allí, como si fuéramos capaces de ver a través de ella.

En un instante asombrosamente corto, Bubba había salido por la ventana, Eric estaba sentado en la silla junto a la cama y yo me había tumbado en ella, procurando un aspecto desvalido.

– Adelante -invitó Eric en un susurro, como quien acompaña a alguien que se está recuperando de una terrible herida.

1 ... 35 36 37 38 39 40 41 42 43 ... 59
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)