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El castillo de lord Valentine [Lord Valentine's Castle (part I) - es]

Электронная книга - «El castillo de lord Valentine [Lord Valentine's Castle (part I) - es]». Краткое содержание книги:

Miles de años después de nuestra era, en el planeta Majipur existe un arcaico imperio feudal en el que, no obstante persisten restos de una avanzada tecnología. En este marco Valentine, un juglar itinerante, descubre a través de sueños y portentos su verdadera identidad: él es Lord Valentine, la Corona. Su cuerpo y su trono han sido ocupados por un usurpador.
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La mañana llegó antes de que la compañía pudiera abandonar el escenario. Los artistas cobraban por horas, y el tiempo de contrato se controlaba mediante silenciosos medidores de respuesta situados debajo de los asientos del público, vigilados por gayrogs de fría mirada que ocupaban una cabina en el foso central. Algunos artistas sólo habían actuado unos minutos cuando el aburrimiento o la indiferencia general provocaba su expulsión, pero Zalzan Kavol y su compañía, contratados por dos horas de trabajo, permanecieron en el escenario durante cuatro. Y habrían llegado a cinco horas si Zalzan Kavol no hubiera sido disuadido por sus hermanos, que se reunieron alrededor de él en una breve e intensa discusión.

—Su codicia —comentó en voz baja Carabella— acabará poniéndole en apuros. ¿Cuánto tiempo cree que puede estar lanzando antorchas antes de que alguien cometa un fallo? Hasta los skandars acaban por cansarse.

—No Zalzan Kavol, por lo que parece —dijo Valentine.

—Tal vez sea una máquina malabarista, cierto, pero sus hermanos son mortales. El ritmo de Rovorn ha empezado a fallar. Me alegra que se hayan atrevido a rebelarse. —Carabella sonrió—. Y yo también estaba muy cansada.

Tanto fue el éxito de los malabaristas que la compañía obtuvo un contrato por otros cuatro días. Zalzan Kavol se entusiasmó —los gayrogs pagaban bien a los artistas— y ofreció a todos una prima de media corona.

Todo va bien, magnífico, pensó Valentine. Pero no sentía deseo de establecerse entre los gayrogs por tiempo indefinido. Después del segundo día, la intranquilidad empezó a irritarle.

—Desea seguir el viaje —dijo Deliamber. Era una afirmación, no una pregunta. Valentine asintió.

—Comienzo a vislumbrar la forma de la ruta que me aguarda.

—¿Hacia la Isla?

—¿Por qué se molesta en hablar con la gente —replicó alegremente Valentine— cuando puede leer el interior de la mente?

—Esta vez no he fisgoneado en su mente. El siguiente paso que debe dar es muy claro.

—Ir a ver a la Dama, sí. ¿Qué otra persona puede explicarme quién soy?

—Todavía tiene dudas —dijo Deliamber.

—No tengo más pruebas que los sueños.

—Que indican poderosas verdades.

—Sí —dijo Valentine—, pero los sueños pueden ser parábolas, metáforas, fantasías. Es absurdo interpretarlos literalmente sin tener confirmación. Y la Dama podrá confirmarlos, así lo espero. ¿A qué distancia está la Isla, mago?

Deliamber cerró unos instantes sus grandes ojos dorados.

—A miles de kilómetros —dijo—. En estos momentos hemos recorrido una quinta parte de Zimroel. Hay que ir hacia el este por Khyntor o Velathys, atravesar el territorio de los metamorfos, y luego ir en bote hasta Piliplok por la vía de Ni-moya, donde los barcos de peregrinos parten hacia la Isla.

—¿Cuánto tiempo se podría tardar?

—¿Llegar a Piliplok? Con el ritmo actual, unos cincuenta años. Ir con estos malabaristas, detenerse aquí y allá una semana seguida…

—¿Y si abandono la compañía y sigo solo?

—Seis meses, tal vez. El trayecto por el río es rápido. La parte por tierra cuesta mucho más. Si dispusiéramos de aeronaves como en otros planetas, se tardaría un día o dos en llegar a Piliplok, pero naturalmente en Majipur nos las arreglamos sin los numerosos aparatos que tiene otra gente.

—¿Seis meses? —Valentine arrugó la frente—. ¿Y cuál sería el costo, si alquilo un vehículo y un guía?

—Quizá veinte reales. Tendrá que actuar mucho tiempo para ganar tanto.

—Una vez en Piliplok —dijo Valentine—, ¿qué hago?

—Reservar pasaje para la Isla. El viaje dura unas semanas. Cuando llegue a la Isla deberá alojarse en la terraza inferior e iniciar el ascenso.

—¿El ascenso?

—Una ruta de oración, purificación e iniciación. Ascenderá de terraza en terraza hasta llegar a la Terraza de la Adoración, que es el umbral del Templo Interior. ¿No sabe nada de esto?

—Mi mente, Deliamber, ha sufrido una ingerencia.

—Naturalmente.

—¿Y una vez en el Templo Interior?

—En ese momento será un iniciado. Prestará sus servicios a la Dama en calidad de acólito, y si pide audiencia, deberá pasar por ritos especiales y aguardar el sueño de comparecencia.

—¿Cuánto tiempo precisa todo este proceso? —dijo nerviosamente Valentine—. Las terrazas, la iniciación, el servicio como acólito, el sueño de comparecencia…

—Es variable. Cinco años, a veces. Diez. Una eternidad, incluso. La Dama no dispone de tiempo para todos los peregrinos.

—¿Y no hay un medio más directo para obtener audiencia?

Deliamber emitió el ronco sonido de tos que era su forma de reírse.

—¿Cuál? ¿Llamar a la puerta del templo, gritar que usted es el hijo de la Dama suplantado por otra persona, exigir entrada?

—¿Por qué no?

—Porque —dijo el vroon— las terrazas externas de la Isla son una especie de filtros para evitar que sucedan tales cosas. No existen canales de fácil comunicación con la Dama, y ello no es por casualidad. Tardará años.

—Tendré que encontrar un medio. —Valentine miró a los ojos al menudo mago—. Yo podría llegar a la mente de la Dama, si estuviera en la Isla. Podría gritar, podría persuadirla de que me ordene comparecer ante ella. Es posible.

—Es posible.

—Podría hacerlo con su ayuda.

—Temía que iba a decir eso —replicó secamente Deliamber.

—Usted tiene cierto talento para hacer envíos. Podríamos llegar, si no a la misma Dama, a las personas más próximas a ella. Paso a paso, acercarnos poco a poco a ella, reducir el interminable proceso de las terrazas…

—Podría hacerse, es posible —dijo Deliamber—. En cualquier caso, ¿piensa que estoy dispuesto a efectuar la peregrinación en su compañía?

Valentine observó en silencio al vroon durante largo rato.

—Estoy convencido de ello —dijo por fin—. Simula desgana, pero ha ideado todos los motivos para impulsarme a ir a la Isla. Con usted a mi lado. ¿Estoy en lo cierto? ¿Eh, Deliamber? Tiene más ganas que yo de verme allí.

—Ah —dijo el mago—. ¡Ya se ha descubierto!

—¿Estoy en lo cierto?

—Si decide ir a la Isla, Valentine, estaré a su lado. Pero, ¿está decidido?

—A veces.

—Las resoluciones intermitentes carecen de potencia —dijo Deliamber.

—Miles de kilómetros. Años de espera. Fatiga e intriga. ¿Por qué quiero hacer esto, Deliamber?

—Porque fue la Corona, y debe serlo de nuevo.

—Lo primero puede ser cierto, aunque albergo muchas dudas. Lo segundo es discutible.

La mirada de Deliamber era de astucia.

—¿Prefiere vivir bajo el dominio de un usurpador?

—¿Qué representa para mí la Corona y su gobierno? Él está a medio mundo de distancia, en el Monte del Castillo, y yo soy un malabarista ambulante. —Valentine extendió los dedos y los contempló como si no los hubiera visto antes—. Podría ahorrarme muchos esfuerzos si permanezco con Zalzan Kavol y permito que el otro, sea quien sea, conserve el trono. ¿Y si es un usurpador sabio y justo? ¿Cuál será el provecho para Majipur si hago todo esto simplemente para volver a ocupar el lugar de este hombre? Oh, Deliamber, ¿parezco un rey cuando digo estas cosas? ¿Dónde está mi codicia de poder? ¿Cómo es posible que yo haya sido gobernante, si es obvio que no me importa lo que sucedió?

—Ya hemos hablado de esto anteriormente. Usted ha sufrido una manipulación, mi señor. Han cambiado su espíritu tanto como su rostro.

—Aunque así sea. Mi naturaleza real, si es que la tuve, ha desaparecido totalmente. Esa codicia de poder…

—Ha usado dos veces esta frase —dijo Deliamber—. La codicia no tiene nada que ver con esto. Un rey genuino no tiene codicia de poder: la responsabilidad codicia a ese hombre. Y lo domina, y lo posee. La nueva Corona ha hecho pocas cosas todavía, aparte de la gran procesión, y la gente ya refunfuña por sus primeros decretos. ¿Y usted pregunta si es un hombre sabio y justo? ¿Cómo puede ser justo un usurpador? Él es un criminal, Valentine, gobierna con el temor de saberse culpable de un crimen, con un temor que corroe sus sueños, y con el paso del tiempo ese temor lo envenenará y se convertirá en un tirano. ¿Lo duda usted? Destituirá a cualquier persona que sea una amenaza para él… incluso matará, si es preciso. El veneno que corre en sus venas penetrará en la vida del mismo planeta, afectará a todos los ciudadanos. Y usted, que está aquí tan tranquilo, mirándose los dedos, ¿no considera tener responsabilidad alguna? ¿Cómo es posible que hable de ahorrarse muchos esfuerzos? Como si poco importara quién es el rey. Importa mucho quién es el rey, mi señor, y usted fue elegido y educado para ello, y no por casualidad. ¿O piensa que cualquiera puede llegar a ser la Corona?

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