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El castillo de lord Valentine [Lord Valentine's Castle (part I) - es]

Электронная книга - «El castillo de lord Valentine [Lord Valentine's Castle (part I) - es]». Краткое содержание книги:

Miles de años después de nuestra era, en el planeta Majipur existe un arcaico imperio feudal en el que, no obstante persisten restos de una avanzada tecnología. En este marco Valentine, un juglar itinerante, descubre a través de sueños y portentos su verdadera identidad: él es Lord Valentine, la Corona. Su cuerpo y su trono han sido ocupados por un usurpador.
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—Sólo saber la ruta que planeas.

—¿Por qué? —contestó Zalzan Kavol con ira apenas contenida—. Estás en la plantilla. Irás donde vayan los demás. Tu curiosidad está fuera de lugar.

—No opino igual. Ciertas rutas son más útiles que otras para mí.

—¿Útiles? ¿Para ti? ¿Tienes algún plan? ¡Me dijiste que no tenías planes!

—Ahora, sí.

—Bien, ¿y qué planes son ésos?

Valentine respiró profundamente.

—En último término hacer la peregrinación a la Isla, y ser devoto de la Dama. Puesto que los barcos de peregrinos salen de Piliplok, y ya que Zimroel entero nos separa de esa ciudad, me sería útil saber si planeas ir en otra dirección, por ejemplo hacia Velathys, o descender hacia Til-o-mon o Narabal, en vez de…

—Estás despedido —dijo glacialmente Zalzan Kavol. Valentine se quedó asombrado.

—¿Qué?

—Decidido. Mi hermano Erfon te dará diez coronas como pago final. Quiero que te vayas dentro de una hora. Valentine notó que sus mejillas ardían.

—¡Esto es totalmente inesperado! Sólo he preguntado…

—Sólo has preguntado. Y en Pidruid sólo preguntaste, y en Falkynkip sólo preguntaste. Perturbas mi tranquilidad, Valentine, y eso anula tu promesa como malabarista. Además, eres desleal.

—¿Desleal? ¿A qué? ¿A quién?

—Tienes un compromiso con nosotros, pero en realidad pretendes usarnos como vehículo para llegar a Piliplok. Tu compromiso no es sincero. Yo llamo a eso traición.

—Cuando acepté el trabajo, no tenía otra cosa en la cabeza aparte de viajar con tu compañía fuerais a donde fuerais. Pero las cosas han cambiado, y ahora tengo motivos para hacer la peregrinación.

—¿Por qué has permitido que cambiaran las cosas? ¿Dónde está tu sentido del deber con tus amos y maestros?

—¿Me comprometí contigo para toda la vida? —preguntó Valentine—. ¿Es traición descubrir que uno tiene una meta más importante que la actuación de mañana?

—Esa diversión de energía —dijo Zalzan Kavol— es lo que me mueve a deshacerme de ti. Quiero que pienses en malabarismo las veinticuatro horas del día, y no en la fecha de partida de los barcos de peregrinos que salen del muelle de Shkunibor.

—No habrá diversión de energía. Cuando actúo, actúo. Y abandonaré la compañía cuando estemos cerca de Piliplok. Pero hasta entonces…

—Ya basta —dijo Zalzan Kavol—. Coge tus cosas. Vete. Vuela a Piliplok y navega hasta la Isla, y que te vaya bien. Ya no te necesito.

El skandar hablaba totalmente en serio. Con un aspecto ceñudo bajo la niebla púrpura, se rascó las partes de su pelaje que estaban empapadas, dio media vuelta y se alejó con pesados movimientos. Valentine se estremeció de tensión y consternación. La idea de tener que irse, de viajar solo hasta Piliplok, le horrorizaba. Y además se consideraba parte de la compañía, más de lo que creía, miembro de un grupo muy unido, y no le iba a ser fácil la separación. Por lo menos no en ese momento, todavía no, ya que podía permanecer con Carabella, Sleet e incluso los skandars, a los que respetaba aunque no le resultaran agradables, y seguir mejorando la habilidad de su tacto y de su vista mientras avanzaba hacia el este, hacia el extraño destino que Deliamber parecía tenerle preparado.

—¡Espera! —gritó Valentine—. ¿Qué me dices de la ley?

Zalzan Kavol le lanzó una feroz mirada por encima del hombro.

—¿Qué ley?

—La que exige que tengas tres malabaristas humanos en plantilla —dijo Valentine.

—Pondré al zagal en tu lugar —replicó el skandar—, y le enseñaré todo lo que sea capaz de aprender. —Y se fue.

Valentine estaba perplejo. Su conversación con Zalzan Kavol había tenido lugar en un bosquecillo abundante en pequeñas plantas de doradas hojas que obviamente eran sicosensitivas: en ese momento Valentine vio que las plantas habían cerrado las intrincadas hojas compuestas en el transcurso de la discusión, y aparecían arrugadas y ennegrecidas en un radio de tres metros. Valentine tocó una hoja. Era quebradiza, no tenía vida, como si hubiera estado sometida a la llama de una antorcha. Valentine se avergonzó de haber tomado parte en la destrucción.

—¿Qué ha sucedido? —preguntó Shanamir, que se presentó de repente y contempló asombrado el agostado follaje—. He oído gritos. El skandar…

—Me ha despedido —dijo Valentine, inexpresivo—, porque he preguntado a dónde íbamos, porque he admitido que pretendía viajar en peregrinación a la Isla y quería saber si su ruta me convendría.

Shanamir se había quedado con la boca abierta.

—¿Vas a hacer la peregrinación? ¡No lo sabía!

—Una decisión reciente.

—¡Qué bien! —gritó el chico—. Iremos juntos, ¿no? Vamos, recogeremos nuestras cosas, robaremos un par de monturas a esos skandars, ¡y nos iremos ahora mismo!

—¿Hablas en serio?

—¡Claro!

—Hay miles de kilómetros hasta Piliplok. Tú y yo, sin guía, y…

—¿Por qué no? —preguntó Shanamir—. Escucha, cabalgaremos hasta Khyntor, de allí iremos en bote hasta Ni-moya, bajaremos por el Zimr hasta la costa y en Piliplok conseguiremos pasaje en el barco de los peregrinos. Y… ¿Qué ocurre, Valentine?

—Mi sitio está con esta gente. Estoy aprendiendo un arte con ellos. Yo… yo…

Valentine se interrumpió, confuso. ¿Qué era él, un aprendiz de malabarista, o la Corona en el exilio? ¿Cuál era su objetivo, viajar laboriosamente con peludos skandars, sí, y también con Carabella y Sleet, o era forzoso que avanzara del modo más rápido posible hacia la Isla y luego, con la ayuda de la Dama, hacia el Monte del Castillo? Estas incertidumbres le confundían.

—¿El costo? —dijo Shanamir—. ¿Es eso lo que te preocupa? En Pidruid tenías cincuenta reales, y más. Algo debe quedarte. Yo tengo algunas coronas. Si necesitamos más, tú trabajarás como malabarista en el barco fluvial, y yo cuidaré monturas, supongo, o…

—¿Adónde planeáis ir? —dijo Carabella, que había salido repentinamente de entre los árboles—. ¿Y qué ha pasado con estos sensitivos? ¿Hay problemas?

Valentine le explicó brevemente la conversación con Zalzan Kavol.

La mujer escuchó en silencio, con la mano en los labios. Cuando Valentine terminó, Carabella salió corriendo, sin decir palabra, en la misma dirección que Zalzan Kavol.

—¿Carabella? —gritó Valentine. Pero ella ya estaba fuera de la vista.

—Vámonos —dijo Shanamir—. Podemos irnos de aquí dentro de media hora, y estar a varios kilómetros de distancia cuando anochezca. Escucha, recoge tus cosas. Cogeré dos monturas y cruzaré el bosque. Bajaré la ladera para ir a la laguna que vimos al venir, y te esperaré junto a la arboleda de coliles. —Shanamir agitó las manos, muy impaciente—. ¡Apresúrate! Debo coger las monturas sin que me vean los skandars, y pueden volver en cualquier momento.

Shanamir desapareció en el bosque. Valentine se quedó inmóvil. ¿Irse ahora mismo, de repente, con tan poco tiempo para prepararse en medio de este cataclismo? ¿Y Carabella? ¿Ni siquiera una despedida? ¿Deliamber? ¿Sleet? Se dirigió hacia el vagón para recoger sus escasas pertenencias, se detuvo, arrancó con torpes gestos las hojas muertas de los infortunados arbustos sensitivos, como si la poda de las partes agostadas bastara para producir de inmediato nuevos brotes. Poco a poco, Valentine fue forzándose a ver el lado bueno de las cosas. Lo sucedido era una bendición disfrazada. Si se quedaba con los malabaristas iba a retrasar varios meses, incluso años, quizá, el enfrentamiento con la realidad que de un modo evidente le aguardaba. Y en cualquier caso, Carabella no iba a formar parte de esa realidad, si es que había algo de verdad en la apariencia de la situación que estaba empezando a mostrarse. Por lo tanto, era su obligación superar su estupor y su desánimo y emprender la marcha, hacia Piliplok y los barcos de peregrinos. Venga, se dijo Valentine, muévete, recoge tus cosas. Shanamir te espera con las monturas junto a la arboleda de coliles. Pero no podía moverse.

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