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Juego del Depredador

Электронная книга - «Juego del Depredador». Краткое содержание книги:

Después de ser torturado, el ex SEAL y Caminante Fantasma, Jess Calhoun, regresa a su ciudad natal en Sheridan, Wyoming, donde posee una estación de radio local. Sus intenciones son vivir tranquilamente, escribir canciones y realizar su fisioterapia.
Saber Wynter contesta a un anuncio para la estación de radio… el trabajo perfecto de noche para ella. Es afortunada al alquilarle a Jess, el segundo piso de la estación, en donde también puede trabajar como un ama de casa de medio jornada.
Jess pasa la mayor parte de su tiempo encerrado y aislado en su oficina privada. Pero frente a la fragilidad e inocencia de Saber se despierta en su alma, el poderoso deseo de protegerla, cuidarla y… amarla.
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– ¿Quieres quedarte en casa, cariño? -Le susurró seduciéndola, un brujo tentándola.

Se quedó sin respiración de repente y le miró fijamente, impresionada y complacida y más cerca de estar de acuerdo de lo quería admitir.

– No nos atrevamos a hacerlo, Jess.

Ella no se atrevía. El, sin embargo, era una historia totalmente diferente. Con Saber, se atrevería a cualquier cosa -dejaría cualquier cosa-incluso su carrera si fuera necesario. Muy suavemente Jess puso algo de distancia entre ellos. Le llevó un minuto controlar su respiración, conseguir que su furioso cuerpo pareciera tener algo de control.

– Gloria, Jesse, tienes que dejar de hacer esto. -Saber se abanicó a si mismo con la mano, sus ojos azules tan oscuros que parecían violetas.

– Personalmente, cara de ángel, me estoy volviendo bastante parcial sobre "hacer esto". -Puso la furgoneta en marcha, una pequeña sonrisa torcida suavizaba la dura curva de su boca.

Una sonrisa en respuesta osciló en los labios de ella.

– Bien, no creas que se va a convertir en un hábito. Somos responsables de no prender fuego al vecindario, somos combustible.

Su ceja se disparó.

– No creo que tengas ni un poco la mente abierta sobre esto, Saber.

– Es cuestión de supervivencia -Le informó. Sus largas pestañas ocultaban la expresión de sus ojos.

El le dirigió su sonrisa depredadora

– Exactamente. Ahora estás cogiendo la idea. Se trata de una cuestión de supervivencia. -No había risa en su voz.

Ella frunció el ceño, mordiéndose la respuesta, considerando más prudente guardar silencio. Definitivamente no conseguía sacar lo mejor de él. De hecho, tenía la desagradable sospecha de que estaba perdiendo terreno rápidamente. Le quería tanto. Más de lo que nunca había querido a nadie en su vida, pero él estaría siempre fuera de su alcance. Incluso si sucediera un milagro y se enamorara de ella, ella nunca sería capaz de quedarse.

– Asombroso -se burló – Saber Wynter sin palabras.

Ella miró por la ventana, negándose a que la provocara.

La risa de Jess disipó su malestar, y estiró una mano a través del espacio que los separaba para acariciar su mejilla con la punta de sus dedos. Saber dio un salto y clavó su mirada azul-violeta en el. Ojos embrujadores. Esta vez fue Jess quien tragó con fuerza y desvió la mirada.

El club era relativamente pequeño, sugerentemente íntimo. La mayoría de los clientes se conocían los unos a los otros y saludaron a Jess y Saber de inmediato. Saber permaneció al lado de Jess, su mano en la de él mientras pasaban a través de la multitud hasta su mesa. Jess pidió su habitual 7UP y zumo de naranja sin un murmullo, una de las muchas cosas que apreciaba de él. Saber nunca tomaba bebidas alcohólicas y normalmente sus citas se ofendían por ello, o la trataban como si fuera un niño que necesitara persuasión. Jess simplemente tomaba sus preferencias con calma.

La banda era buena, tocando una mezcla de rock and roll y lentas melodías románticas.

– Jess. Qué bueno verte.

La voz provenía de detrás de ellos, sorprendiéndola. Saber no había sido consciente de que se acercara nadie, y eso la desconcertó. Normalmente, ella era consciente de todo. Su corazón saltó y, a continuación, comenzó una rápido martilleo en su pecho. Se giró para ver una pareja justo detrás de ella, tan cerca que podría haberlos tocado. Demasiado cerca para fijarse en ella sigilosamente. No los había olido, sentido su energía o su ritmo, y su radar no estaba apagado. Su corazón se hundió. Jess tenía que estar escudándoles.

– Ken. Mari. -Jess le dio la mano al hombre.

Ken estaba cubierto completamente de cicatrices. Parecía como si alguien le hubiera rebanado en pedacitos. Parecía tan duro como el acero, y sus ojos eran de hielo frío y vigilantes. Mari parecía pequeña a su lado, pero la forma en que se movía era un regalo.

Eran Caminantes Fantasma, no sólo amigos de Jess. Había llamado a su equipo. Debía haberse dado cuenta de que él se daría cuenta de que alguien les estaba observando. Debería haber previsto que llamaría a sus amigos. Se había relajado, y ahora estaba prácticamente rodeada por el enemigo.

Jess la cogió de la mano y tiró hasta que ella estuvo a su lado, tan cerca que podía sentir su calor.

– Saber, estos son buenos amigos míos. Mari y Ken Norton. Están recién casados, así que esperemos que de repente se pierdan en sus propias miradas y olviden que estamos aquí. Ken, Mari, esta es mi Saber.

Saber deliberadamente forzó una sonrisa, estudiando a la otra mujer, intentando ponerse en su lugar, intentando averiguar si alguna vez habían estado en el mismo recinto. Whitney tenía varias instalaciones de entrenamiento y le gustaba tener a las niñas en grupos, pero separó a los grupos e introdujo diferentes técnicas de entrenamiento en un esfuerzo por encontrar el que mejor funcionaba. Nunca había visto antes a Mari, pero sin duda era un soldado, un Caminante Fantasma.

Saber estiró la mano, su aliento capturado en sus pulmones, esperando. ¿Tomarían su mano? ¿La conocían? Si Whitney les había enviado a recuperarla, podrían vacilar o encontrar alguna excusa para no tocarla. Temerían incluso su toque.

Mari tomó su mano de inmediato, con una acogedora sonrisa en su rostro.

– Encantada de conocerte.

Ken no sólo tomó su mano, sino que también la cubrió con la otra. Si la conocían, eran demasiado buenos para mostrar temor.

– Así que tu eres la mujer que finalmente ha puesto a Jess en su lugar.

Por un momento pensó que no le había oído bien.

– No es así… -empezó a replicar, pero Jess cogió su mano de entre las de Ken y la besó en el centro de la palma, sus miradas se encontraron. Ella perdió el hilo de sus pensamientos.

– Lo es -admitió Jess -. Ella lo negará, pero es porque es una pequeña mentirosa vergonzosa. Estábamos a punto de bailar.

Ken se inclinó hacia él. Su voz era casi un susurro.

– Es Mari quien me ha arrastrado aquí también. Te compadezco enormemente.

Mari rió y sacudió la cabeza.

– No puedo bailar en absoluto. A Ken le gusta esto.

Ken pasó un brazo alrededor de su cintura y la sacó a la pista de baile. Ella resbaló fácilmente en sus brazos. Más que bailar se abrazaban el uno al otro y se balanceaban.

La negra mirada fija de Jess ardió posesivamente sobre Saber. Se deslizó fácilmente por la pista y le ofreció su mano. La sonrisa de Saber fue lenta, inconscientemente sexy, ojos azules que se adhirieron a el. Se deslizó en su regazo, rodeandole el cuello con sus delgados brazos, lentamente relajándose contra la pared de su pecho, la cabeza sobre su hombro. La mano de Jess se deslizó por su espalda, la otra balanceando la silla al ritmo lento, sensual de la música.

Ella era insoportablemente suave, su piel caliente a través de la delgada separación entre sus ropas. Sus corazones latiendo juntos, agitando su cuerpo a una feroz excitación demasiado sensible contra su muslo desnudo. Olía fresca y dulce y Jess no pudo resistirse a deslizar su lengua por elu cuello, degustándola suavemente, oliendo su piel. Sus dientes la pellizcaban experimentalmente, la mano en su espalda acercándola más para poder experimentar la reacción de su cuerpo. Ella puso la cabeza sobre su hombro, la mano siguiendo el ritmo sobre la nuca de su cuello.

Saber estaba perdida en la música, en la dura solidez de su cuerpo. Se trataba de una fusión de calor, una fusión de las almas, un lento, erótico pulso de la sangre y los instrumentos, del cuerpo y la mente. Duró una eternidad, para siempre, duró un latido de corazón, un momento.

Cuando la suave música se desvaneció, el mundo real forzó su entrada en el santuario privado. Íntimamente, Saber levantó la cabeza, los ojos llenos de estrellas, el aliento imposible de controlar. Ella le miró como si él le hubiera hecho el amor y por un momento Jess intensificó su agarre, casi olvidándose de donde estaban.

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