Juego del Depredador
- Автор: Фихан Кристин
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Juego del Depredador». Краткое содержание книги:
Saber Wynter contesta a un anuncio para la estación de radio… el trabajo perfecto de noche para ella. Es afortunada al alquilarle a Jess, el segundo piso de la estación, en donde también puede trabajar como un ama de casa de medio jornada.
Jess pasa la mayor parte de su tiempo encerrado y aislado en su oficina privada. Pero frente a la fragilidad e inocencia de Saber se despierta en su alma, el poderoso deseo de protegerla, cuidarla y… amarla.
– Nadar unos pocos largos, levantar pesas, y comer.
– Si trabajo demasiado tiempo, entra y grítame.
– ¿Y arriesgarme a que me arranques la cabeza de un mordisco? – Ella fingió asustarse-. Ni siquiera Patsy afronta al dragón en su refugio interior.
Él se detuvo en la puerta de entrada.
– ¿Soy realmente así de malo?
Ella rió.
– Me gustaría mentir y decirte que no, pero cuando estás metido en el trabajo, definitivamente te opones a cualquier interrupción.
Tenía que seguir la pista que la secretario del almirante, Louise Charter, le había dado. Tenía la sensación de que el tiempo corría en su contra y tenía que encontrar el traidor en la cadena de mando tan pronto como pudiese, antes de que alguien más muriese.
– Esta vez haré una excepción, lo prometo, cielo. Si se me va el santo al cielo, ven y rescátame.
Ella asintió con la cabeza y le observó mientras se movía suavemente pasillo abajo. Había algo tan fluido, tan poderoso en la manera en que Jess se movía, que adoraba observarle.
Gruñendo de rabia, golpeó su puño repetidamente contra la pared, abriendo agujeros en el yeso. ¿Como osaba Whitney enviar a un bastardo de soldado realzado a reprenderle? ¿Como osaba el hijo de puta ordenarle alejarse de la hermana de Calhoun? ¿No era asunto suyo? Les mostraría su sitio. ¿Y cómo lo había sabido Whitney? Dio una patada a la silla, astillándola en pedazos, pisoteándola durante un buen rato.
Había logrado penetrar la seguridad de Calhoun y penetrar dentro de la cerca sin ser visto. Él lo había hecho, no uno de los más hábiles de Whitney. Que les follen. Podía entrar y salir de la casa a voluntad. Podía ir ahora mismo, justo en este momento, a la casa de la hermana de Calhoun y pasar toda la noche cortándola en trocitos, tal vez enviárselos uno por uno al lisiado… no, enviar los pedazos a Whitney… para joderle. ¿Le gustaría eso a Whitney?
Había colocado un micrófono justo fuera de la ventana de cocina. Calhoun tenía un aparato para neutralizarlos, pero él era más listo en electrónica que aquel bastardo realzado, que todos ellos. ¿Cualquiera de los soldados de la elite de Whitney había llegado tan cerca de Calhoun?
Y ella se iría esta tarde, a bailar con su amante. Bien, le dejaría una pequeña sorpresa en su cama. En sus bragas. Por toda su maldita habitación. Que se joda Whitney y sus órdenes. Y en cuanto al lisiado, bien, esta noche iba a ser su última noche. Iba a matarle a palos directamente delante de la pequeña puta. Whitney y sus soldados realzados podían atragantarse con eso.
CAPÍTULO 8
Toda la angustia de Saber era inspiradora. Jess estaba empezando a creer que los cantautores necesitaban sufrir para producir buen material, porque esta canción era buena. Cada nota era fascinantemente hermosa, al igual que Saber.
Había comenzado a trabajar para desentrañar el misterio de ese pequeño grabador digital que Louise Charter le había traído. La grabadora había sido sellada en una bolsa de plástico y encerrada en la oficina de seguridad cuando la encontró, y ella no había sido quien la había puesto allí. El almirante no tiene nada que ver con su oficina de seguridad. Según Louise, no sabía la combinación. Si se trataba de un plan para incriminar al almirante, quien había colocado la grabadora no sabía que solamente el secretario tenía acceso a la caja fuerte.
La grabación estaba en malas condiciones. Podía oír voces, pero no podía distinguir las palabras, incluso con su avanzado equipo. Al fin y al cabo, pensó que era mejor llevar la grabadora al experto en sonido del equipo, Neil. El hombre podía hacer casi cualquier cosa cuando se trataba de sonidos. Y una vez que tomara las medidas…
La necesidad de Saber lo consumía, por eso vertía sus frustraciones en la composición y todo lo demás podía irse al infierno. Por primera vez en su vida, quería dejar su puesto de trabajo con los militares, para que si Saber se quedaba en su casa no fuese por otro motivo más que porque quería estar, los secretos ya no importarían y podrían estar juntos.
– ¿Jesse? -Su suave voz de sirena pasó a través de sus pensamientos, una nota de entrañable vacilación por lo que ya estaba sonriendo cuando abrió la puerta de su oficina. Por un momento su corazón pareció dejar de latir.
Saber iba vestida con un vestido ajustado sin hombros, azul real. La falda volaba de las caderas hacia abajo en un dobladillo de colas rasgadas. Ella había retocado sus largas y gruesas pestañas con una máscara, había pintado sus labios de un color rosa perlado. El salvaje motín de rizos se derramaban en torno a su cara resaltándola. Estaba tan increíblemente hermosa que su estómago se contrajo y su corazón dio un vuelco.
– ¿Todavía quieres ir conmigo?
– No vas a ir sin mí, no vestida así -dijo, con una oscura y hambrienta mirada.
Ella realizó un giro para él.
– ¿Qué piensas?
– Creo que puedes romper corazones con ese vestido. – Por no hablar de aumentar la temperatura de un hombre en unos pocos cientos de grados. Jess se enjuagóo algunas gotas de sudor de su piel. Al infierno con el baile. Tenía otras, mucho mejores ideas en mente.
– ¿Te gusta? Lo compré por capricho hace un par de meses. Me conoces, nunca me pongo vestidos. -Ella lo miró complacida por su respuesta.
– Será mejor que me lave y me ponga presentable si voy a ser visto contigo. Estás absolutamente hermosa, Saber.
Un tenue rubor se posó en sus mejillas.
– ¿Has conseguido trabajar algo?
Él asintió mientras la seguía hasta el vestíbulo, sin poder apartar los ojos de su esbelta figura. Sólo la forma en que caminaba le sugería música. Era hermosa, y vestida así, lo único que hacía era fantasear sobre ella. Se preocupó de su ropa, queriendo impresionarla, queriendo que se sintiera de la misma manera en que él se sentía acerca de ella.
Saber esperó, mientras Jess se ponía su oscuro traje italiano, el gris carbón. El que siempre hacía que Saber se derritiera cuando se lo ponía. Amaba el picante y masculino aroma, la manera en que su pelo estaba tan ordenado a excepción de un persistente y muy sexy mechón de cabello que siempre caía en el centro de su frente.
En la furgoneta él se sentó un minuto, simplemente mirándola. Su mirada era posesiva, admirativa, todo lo que Saber hubiera querido ver. Esto causó una avalancha de calor húmedo, un remolino de alas de mariposa, y su boca se secó de repente. Ella se humedeció los labios con la punta de su lengua, y tragó fuerte cuando su hambrienta mirada siguió el movimiento.
– Jesse -protestó jadeando.
– Bésame. -Su voz sonó áspera de cruda necesidad. Necesitaba sus besos, sentir sus labios, su boca, su cuerpo quemando de deseo, ansiando el delicioso sabor de ella.
Incluso su cerebro protestó, pero su cuerpo ya se inclinaba hacia él, deseando el calor que llameaba entre ellos, queriendo sólo una vez más probar lo prohibido.
En el momento en que su boca reclamó la de ella, comenzó el temblor. Sus dientes acariciaban su labio inferior, insistiendo en que ella los abriera para él. Vacilantemente ella obedeció, fuego líquido se precipitó por sus venas, despertando algo feroz y primitivo que estaba a la altura del salvaje que había en el.
Su lengua clamaba por su boca, de la misma manera que su cuerpo clamaba por el de ella, duro, empujando, curvando su cuerpo contra él, un salvaje tango de apareamiento para siempre. El corazón de Tansy, su alma y su cuerpo le pertenecían en ese momento, fundiéndose, fusionándose, estirándose para ser parte de él.
La falta de aire los separó. Después de que la dejara ir, las manos de Jess enmarcaron su cabeza, los labios vagabundeaban sobre cada pulgada de su rostro y su garganta. Saber gimió suavemente, aferrándose a los duros músculos de sus hombros.