La calle donde ella vive
- Автор: Шелдон (Шелвис) Джилл
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «La calle donde ella vive». Краткое содержание книги:
Su dulce hija de doce años se estaba convirtiendo en una adolescente huraña sin que Rachel Wellers pudiera hacer nada. Las lesiones del accidente que había sufrido estaban poniendo en peligro su carrera de dibujante. Y lo peor de todo era que Ben Asher, el hombre al que había echado de su vida hacía trece años, había regresado respondiendo a la llamada de la niña.
Cuando se enteró de que Rachel había sufrido un accidente, Ben no dudó en dejar de lado su trabajo y acudir a la ciudad que había jurado no volver a visitar. Prefería no cuestionarse los motivos por los que lo estaba haciendo… sólo sabía que tenía que ayudar a Rachel. Y no tardó en darse cuenta de que lo ocurrido no había sido un accidente y que quizá él era responsable.
Lo que no imaginaba era lo que iba a volver a surgir entre ellos, ni lo difícil que sería volver a alejarse de Rachel…
– Decidiste abandonar el infierno -terminó Rachel suavemente-. No lo sabía, nunca me lo dijiste. No podía comprenderlo.
– No tenía demasiado interés en compartir aquel aspecto de mi vida. Estaba frustrado y rabioso y necesitaba marcharme de aquí. No sabía lo que quería, salvo que tenía que marcharme, por supuesto, y tampoco lo que iba a hacer cuando estuviera fuera de aquí.
– Pero lo averiguaste.
– Sí -pensó en todos los lugares en los que había estado. En cómo todos y cada uno de ellos le habían enseñado algo nuevo y había ido acumulando las experiencias y emociones que no había podido disfrutar durante la infancia-. Y me encantó. Me sigue encantando.
La mirada de Rachel era incomensurablemente triste, pero estaba también llena de algo más. Era como si por fin lo comprendiera. Y aquello era lo más agridulce de aquel momento.
Rachel le tendió la mano.
– ¿Ben? Quiero decirte algo. Algo que debería haberte dicho hace mucho tiempo -se mordió el labio inferior-. Yo tampoco pertenezco a ningún lugar.
– Tú perteneces a este lugar, a South Village.
– No siempre fue así. Sabes que por el trabajo de mi padre estuvimos mudándonos constantemente de un sitio a otro. Y, hasta que no llegamos a South Village, yo tampoco tuve raíces, tampoco tuve nunca un verdadero hogar.
– Y aun así, hemos terminado en los lados opuestos de la cerca.
A Rachel volvieron a llenársele los ojos de lágrimas.
– Nunca lo había considerado de esa forma, pero supongo que para mí, mi casa significa lo mismo que para ti tus viajes. Dios mío, y durante todo este tiempo he estado pensando que éramos completamente diferentes.
– Lo sé -sentía un ardor insoportable en la garganta al hablar de aquel tema. Le dolía el pecho. Se inclinó hacia delante, deseando estar más cerca de ella-. ¿Quieres oír algo realmente sorprendente?
– ¿Después de todo esto? -preguntó Rachel entre risas-. Por favor, no creo que haya nada que ahora pudiera sorprenderme.
– ¿De verdad? Pues mira, no se me da tan mal como pensaba despertarme todos los días para ver salir el sol desde el mismo porche. Y tampoco el tener una dirección fija, y vivir en una ciudad limpia y feliz, rebosante de vida… Aunque no comparto tu pasión por todas esas cosas, no puedo dejar de admitirlo.
Una solitaria lágrima se deslizó por la mejilla de Rachel.
– Oh, Ben.
Ben fijó la mirada en sus labios. La mirada de Rachel también se deslizó hasta los suyos.
– Eso no ha cambiado, ¿verdad? -se inclinó sobre la mesa para que su respiración se fundiera con la de ella-. Esa atracción física.
Rachel se humedeció los labios, haciéndole gemir de deseo.
– Siempre fue una locura -le confirmó entre susurros-. Siempre ha sido incontrolable este…
– Deseo. Nos deseamos el uno al otro, Rach. Eso no cambiará lo que somos, pero maldita sea, me gustaría oírtelo decir.
– ¿El qué? ¿Que te necesito más que respirar, que te deseo mucho más de lo que quiero? -fijó sus enormes ojos en los suyos-. Pues bien, es cierto, Ben, te deseo.
– Estupendo -estaban tan cerca que parecía lo más natural del mundo cerrar el espacio que había entre ellos y atrapar sus labios.
Con un dulce gemido, Rachel se acercó todavía más.
Ben apartó las cosas que había sobre la mesa para poder acceder mejor hasta sus labios. Era maravilloso. Inclinó la cabeza y continuó besándola, hasta que el sonido de un vaso estrellándose contra el suelo los hizo retroceder.
Rachel bajó la mirada hacia sus pies, donde había caído uno de los vasos de té.
– ¿Era nuestro?
Ben soltó una carcajada, pero enmudeció cuando Rachel se humedeció los labios, como si quisiera continuar disfrutando de su sabor.
– Quizá deberíamos salir de aquí -sugirió-, y acercarnos a cualquier otra parte… Como un dormitorio quizá.
Rachel dejó escapar una risa tan sensual y femenina que reverberó en las entrañas de Ben.
– Oh, no. No vamos a salir de aquí. No quiero que esto nos lleve de nuevo a mis…
– ¿A tus orgasmos?
– Eh, sí -le quitó el vaso de té y bebió un sorbo-. De momento nos quedaremos aquí, lejos de la tentación y los problemas.
– ¿Durante cuánto tiempo?
– Durante todo el que tardemos en enfriarnos.
Genial.
– Tráiganos otro té con hielo -le pidió entonces Ben a la camarera.
Capítulo 16
Llamaron marcando la contraseña antes del amanecer.
Manuel se abrió camino cuidadosamente a través de la oscuridad por la húmeda bodega. Todavía no se atrevía a utilizar el generador a esa hora del día, de modo que sólo contaba con la luz de una linterna.
Motas de polvo y suciedad flotaban en el aire, iluminadas por el haz de luz de la linterna, pero no podía concentrarse en eso si no quería perder la cabeza.
Abrió con entusiasmo, con demasiado entusiasmo, pero no pudo evitarlo. Todo giraba alrededor de las noticias que tenían que darle.
– ¿Has conseguido el dinero? -preguntó Asada con peligrosa calma.
– Sí, sí.
Todo en su interior pareció relajarse. Por fin comenzaba a bajar la marea. El dinero que habían robado aquella noche sería el principio. El dinero se traducía en poder y con poder podía hacerse cualquier cosa.
Como destrozar al hombre que lo había hundido.
Para Rachel, los siguientes días consistieron en la rutina de la rehabilitación, el intento de conectar con su hija y en una intensa y peligrosa danza alrededor de Ben. El anhelo, el deseo, era inconfundible, pero sabía que sería mucho peor que se entregaran a él.
De modo que hacía todo lo que estaba en su mano para ignorar el sensual y primitivo hormigueo de su cuerpo… Y la promesa de Ben de aliviar ese hormigueo.
En el pasado, el trabajo siempre había sido su salvación, pero Gracie continuaba eludiéndola. En cambio, cada vez que se sentaba ante el caballete, terminaba… con varios bocetos de Ben, principalmente. Ben sentado de rodillas, Ben pasándole el brazo por los hombros a Emily, que aparecía sonriendo como en los viejos tiempos y abrazando a una educada, ¡ja!, Parches.
Una fantasía. Rachel tiró aquel lienzo de papel y comenzó de nuevo. En aquella ocasión, dibujó la exuberante y alegre vida nocturna de South Village. Su casa aparecía en medio de la escena.
¿De verdad veía su vida de esa manera? ¿Alegre y exuberante?
Quizá… últimamente. Había sido una estúpida al no admitir lo que Ben hacía por ella. Su capacidad para hacerla sentirse… viva. Sorprendentemente viva.
Lo deseaba. Podía admitirlo porque sabía que iba a marcharse. Y él también la deseaba. Y podrían caer perfectamente en la rutina de acostarse juntos cada noche hasta que Ben se marchara. ¿Y realmente sería un error? Pensando en ello, alargó la mano hacia el teléfono con la idea de realizar una consulta.
– ¿Mel?
– ¿Qué ha pasado? -preguntó su hermana.
– No demasiado.
– Eh, ¿has dejado que Adam te hiciera llegar al orgasmo?
– No.
– No me digas que has dejado que lo haga Ben.
– Mel, hablas de él como si fuera… un juguete.
– Lo has hecho, ¿verdad? Lo has hecho con Ben.
– No, no lo hemos hecho.
– Menos mal.
Rachel fijó la mirada en el dibujo de Ben que tenía en el suelo. Incluso en dos dimensiones parecía tan vibrante… Tan carismático.
– ¿Por qué dices eso? ¿Tan mal te parecería que me acostara con él?
– Qué rápido has olvidado -musitó Mel-. ¿Recuerdas tu pasado con él? ¿Ya no te acuerdas de que te destrozó y de que puede volver a hacerlo con un simple adiós?