La calle donde ella vive
- Автор: Шелдон (Шелвис) Джилл
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «La calle donde ella vive». Краткое содержание книги:
Su dulce hija de doce años se estaba convirtiendo en una adolescente huraña sin que Rachel Wellers pudiera hacer nada. Las lesiones del accidente que había sufrido estaban poniendo en peligro su carrera de dibujante. Y lo peor de todo era que Ben Asher, el hombre al que había echado de su vida hacía trece años, había regresado respondiendo a la llamada de la niña.
Cuando se enteró de que Rachel había sufrido un accidente, Ben no dudó en dejar de lado su trabajo y acudir a la ciudad que había jurado no volver a visitar. Prefería no cuestionarse los motivos por los que lo estaba haciendo… sólo sabía que tenía que ayudar a Rachel. Y no tardó en darse cuenta de que lo ocurrido no había sido un accidente y que quizá él era responsable.
Lo que no imaginaba era lo que iba a volver a surgir entre ellos, ni lo difícil que sería volver a alejarse de Rachel…
Pero su padre no quería que se marcharan. El tráfico estaba prácticamente paralizado por culpa de un accidente.
– No vamos a ir a ninguna parte -apagó el motor, se metió las llaves en el bolsillo y salió del coche.
– ¡Papá!
Ben rodeó el coche y le abrió a Emily la puerta de pasajeros.
– ¿Quieres enseñarme tu clase?
– ¡No! No puedo.
– ¿No puedes qué?
– No puedo pasear contigo alrededor del colegio.
– ¿Por qué no? Eh, déjame hacer unas fotografías. Querías que te enseñara a utilizar la cámara, ¿no?
– Sí.
– Bueno, pues este es el momento ideal.
Le puso a Parches la correa, agarró la cámara y, tras tirar de la mano de Emily para que saliera del coche, le pasó a la perra.
En la hierba, alrededor del colegio, había cientos de adolescente sentados, leyendo, hablando y algunos incluso estudiando. Aquel era un lugar perfecto para un hombre fascinado por la gente y por el aspecto que cobraban a través de la lente de su cámara.
– ¡Papá!
Ben había comenzado ya a caminar cuando la oyó correr para alcanzarlo.
Vio a un grupo de animadoras ensayando en la hierba. En los escalones de la entrada había cuatro tipos discutiendo sobre un partido que habían visto la noche anterior. Había niños de todas las etnias y tamaños. Sintiéndose feliz sencillamente porque su hija estaba con él, Ben comenzó a disparar fotografías, explicándole a Emily por qué se fijaba en ciertas cosas. Llevaban diez minutos así cuando salió del colegio un hombre trajeado y lo miró con los ojos entrecerrados.
– Perdone -le dijo a Ben-, ¿podría decirme qué está haciendo?
– Estoy sacando unas fotografías.
El hombre lo miró con una expresión de desaprobación que no era nueva para Ben, pero de pronto, pestañeó.
– ¿Ben? ¿Ben Asher?
Mientras Ben lo miraba, preguntándose por qué demonios lo conocía, el hombre sonrió y le tendió la mano.
– Ritchie Atchison.
– Ritchie -era un chico del instituto, y con un perfil más bajo incluso que el de Ben.
– Sí -contestó Ritchie, riendo-, soy yo. Soy el director del colegio, ¿qué te parece?
– Me parece que has avanzado mucho desde que vivías en el Tracks.
Ritchie soltó una carcajada y le palmeó la espalda.
– Ahora me dedico a torturar a los hijos de los que me torturaban -suspiró-. No hay nada mejor. Por cierto, durante todos estos años he disfrutado mucho con tus artículos y tus fotografías. Eres muy bueno. ¿Qué haces fotografiando esta escuela?
– Soy el padre de Emily -posó la mano en el hombro de Emily y disimuló una sonrisa al advertir su tensión. Sí, definitivamente, se había transformado en un verdadero padre-. El tráfico está insoportable, así que he decidido esperar dando una vuelta por aquí.
– Podrías hacer unas fotografías para el anuario del instituto. Aunque sólo sea por los viejos tiempos.
Ben no hacía nada por los viejos tiempos, pero le encantaba hacer fotografías. Miró a Emily, que con la mirada le estaba advirtiendo que ni se lo ocurriera. Ben sonrió.
Emily sacudió la cabeza y lo miró con los ojos entrecerrados.
– Me encantaría -dijo Ben y la oyó suspirar.
Durante la hora siguiente, Emily se convirtió en su ayudante. Permanecía a su lado, rezumando resentimiento por todos los poros de su piel, pero no dejaba de ayudarlo cuando le pedía algo, o de dar su opinión cuando se le requería.
– ¿Qué te parece? ¿Deberíamos fotografiar ese beso? -Ben señaló a una pareja que estaba sentada compartiendo un beso interminable.
– Fueron los organizadores de la fiesta de bienvenida de este año. Y una vez me ayudaron a buscar un libro en la biblioteca.
– Entonces podemos hacerles una fotografía que les dé fama y fortuna -hizo la fotografía y Emily sonrió.
Dios, Ben adoraba aquella sonrisa. Le gustaría que Emily no dejara nunca de sonreír.
Sorprendida por el clic de la cámara, la pareja alzó la mirada. Ben saludó a los adolescentes con un gesto y ellos les devolvieron el saludo. Emily gimió.
– Papá…
– Mira -dijo él al ver a un grupo de jugadores de béisbol, y se acercó hasta ellos-. Estoy haciendo fotografías para el anuario del instituto, ¿queréis que os haga una foto?
Los jóvenes se agarraron por los hombros y se dispusieron a posar para la foto.
– Eh, ¿me disculpa?
Emily y Ben se volvieron hacia un adolescente larguirucho que señaló hacia un grupo que estaba sentado en la hierba.
– Somos del club de ajedrez, ¿podría hacernos a nosotros una fotografía?
Ben miró a Emily.
– ¿Qué te parece?
Emily se mordió el labio y miró hacia el grupo, donde estaba sentado el chico que antes había intentando hablar con ella. Al verla, alzó la mirada y sonrió.
Emily se puso completamente colorada.
– Tú decides -le contestó a su padre.
– No, esta es una decisión que tiene que tomar mi ayudante.
El chico miró a Emily con un nuevo respeto.
– Emily, por favor.
– De acuerdo-susurró ella.
– Entonces… -Ben se inclinó hacia Emily-, ¿cómo se llama?
– ¿Quién?
– Ya sabes a quién me refiero.
– Oh, se llama Van.
– ¿Y quieres que lo incluyamos en la fotografía?
– No me importa.
– Em, ¿quieres que le hagamos una fotografía?
– Sí -entonces se echó a reír. A reír. El corazón de Ben se iluminó al oírla.
Para el final de la siguiente hora, Ben había gastado ocho carretes, los alumnos estaban encantados y Emily se había transformado en una de las alumnas más populares del colegio y lo miraba como si fuera su héroe. A Ben le encantaba haber conseguido que saliera un poco del cascarón, que era el objetivo de aquella sesión. Y también haber llevado tanta alegría a unos adolescentes simplemente con una cámara.
Pero que lo vieran como un héroe… Él no era un héroe y nunca lo sería. Iba pensando en ello mientras se dirigían de vuelta a casa.
– Em… -giró hacia la casa y al ver el edificio de ladrillo rojo, se sintió como si tuviera una soga al cuello-, tu madre está mejor cada día.
– Sí.
– Y muy pronto podrá caminar sin bastón.
– Pero todavía tiene el pelo muy corto.
– Eso no representa para ella ningún problema.
Em se volvió hacia él, sorprendiéndolo con el resentimiento que transmitían sus gestos.
– Quieres marcharte.
Bajo aquel resentimiento había dolor; habría hecho falta ser un idiota para no verlo. Maldita fuera.
– Yo no vivo aquí, cariño, y lo sabes.
– ¡La odio!
Ben pestañeó, incapaz de comprender la intrincada mente de una niña de doce años.
– ¿Qué? ¿Que odias a quién?
– A mamá. Por su culpa quieres irte y la odio -agarró a Parches, abandonó el coche dando un portazo y se dirigió hacia la casa.
Ben salió corriendo tras ella.
– Em, espera.
Por supuesto, Emily no esperó y, cuando la alcanzó, estaba subiendo ya las escaleras y dirigiéndose directamente hacia el estudio de Rachel.
– Espera un segundo -le dijo Ben, agarrándola por los hombros-. Espera. Tenemos que hablar.
– ¿Por qué? -dejó a Parches en el suelo y le quitó la correa-. Tú no estás haciendo nada malo, pero ella sí.
– No.
– Es verdad, papá -se enderezó-. Tú has venido aquí y has hecho todo lo que había que hacer, y lo único que hace ella es empujarte a marcharte.
En aquel momento se abrió la puerta del estudio y apareció Rachel completamente pálida. Miró a Emily.
– Imagino que tienes algo que decirme.
– Sí -una expresión huraña sustituyó a la furia anterior de Rachel-. Papá quiere marcharse y la culpa es tuya. Estás demostrando constantemente que no quieres que viva aquí, que cuanto antes se vaya mejor…
– Hay circunstancias que no comprendes…