La torre de cristal [Tower of Glass - es]
- Автор: Силверберг Роберт
- Год: 1990
- Язык: испанский
- Год: Mart
- ISBN: 84-270-1407-4
- Переводчик: Cristina Macia
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «La torre de cristal [Tower of Glass - es]». Краткое содержание книги:
Una de las novelas más apasionantes de la época dorada de Robert Silverberg, en “La torre de cristal” se muestran nuevamente las soberbias dotes del autor para la caracterización de sus personajes, entrando sin esfuerzo aparente en lo más recóndito de sus motivaciones.
—¿Cómo sabremos que hemos terminado?—preguntó tras un rato.
Ella abrió los ojos. Vigilante no supo si lo que brillaba en ellos era ira o diversión.
—Lo sabrás —le respondió—. ¡Sigue moviéndote!
Las caderas de Lilith se movieron de manera aún más violenta. Su rostro se distorsionó, casi se afeó. Una especie de tormenta interior se había desencadenado dentro de ella. Vigilante sentía sus espasmos agarrándole en el punto por donde estaban unidos.
De pronto, él también sintió un espasmo, y dejó de catalogar los efectos que su unión habían surtido en ella. Cerró los ojos, y luchó por respirar. El corazón le latía a toda velocidad. La piel le ardía. La estrechó aún más y apretó el rostro contra el espacio entre la mejilla y el cuello de la mujer. Una serie de impactos le sacudieron.
Lilith tenía razón. Era fácil saber cuándo todo había terminado.
¡Qué pronto se agotaba el éxtasis! Apenas podía recordar ya las poderosas sensaciones que le invadieran sesenta segundos antes. Se sintió estafado, como si le hubieran prometido un festín para luego darle comida imaginaria. ¿Eso era todo? ¿Como las olas retirándose tras una breve subida de la marea? Y cenizas en la playa. No es nada, pensó Thor Vigilante. Es un fraude.
Se apartó de ella.
Lilith permaneció tendida, con la cabeza echada hacia atrás, los ojos cerrados, la boca abierta. Estaba empapada en sudor, pálida. Vigilante pensó que nunca había visto a aquella mujer. Un momento después de que se apartara de ella, abrió los ojos. Se incorporó sobre un codo y le sonrió, casi con timidez.
—Hola —dijo.
—Hola.
Apartó la vista.
—¿Cómo te sientes?
Vigilante se encogió de hombros. Buscó las palabras adecuadas, y no las encontró. “Derrotado”, pensó.
—Sobre todo, cansado. Vacío. ¿Es correcto eso? Me siento… vacío.
—Normal. Después del coito todos los animales se quedan tristes. Antiguo proverbio romano. Eres un animal, Thor. No lo olvides.
—Un animal cansado. —Cenizas en una playa vacía. La marea muy baja—. ¿Has disfrutado tú, Lilith?
—¿No lo has notado? No, supongo que no. He disfrutado. Y mucho.
Él le rozó el muslo con las manos.
—Me alegro. Pero sigo desconcertado.
—¿Por qué?
—Por todo. Todos los acontecimientos. Empujar. Subir. Sudar. Gemir. El cosquilleo en la entrepiema, y todo ha terminado. La verdad…
—No —le interrumpió ella—. No lo intelectualices. No lo analices. Debías de estar esperando más de lo que hay en realidad. Sólo es diversión, Thor. Es lo que la gente hace para ser feliz. Nada más. Nada más. No es una experiencia cósmica.
—Lo siento. Sólo soy un androide tonto que no…
—No. Eres una persona, Thor.
Comprendió que la estaba hiriendo con su negativa de haberse sentido abrumado por la cópula. Se estaba hiriendo a sí mismo. Lentamente, se puso en pie. Su estado de ánimo era tormentoso. Se sentía como un recipiente vacío tirado en la nieve. Había conocido un relámpago de gozo, pensó, en el momento exacto de la descarga. Pero ¿valía la pena ese momento del relámpago, si luego venía siempre la temible tristeza?
La intención de Lilith fue buena. Había querido hacerle más humano.
La ayudó a levantarse, la abrazó un instante y la besó suavemente en la mejilla, mientras le acariciaba uno de los senos.
—Volveremos a hacerlo otro día, ¿de acuerdo?—dijo.
—Cuando quieras.
—Ha sido muy extraño para mí, era la primera vez. Mejoraré. Lo sé.
—Claro que sí, Thor. La primera vez siempre es extraña.
—Será mejor que me marche ya.
—Si es necesario…
—Creo que sí. Pero nos veremos pronto.
—Sí. —Le acarició los brazos—. Y mientras tanto… empezaré a hacer lo que hemos acordado. Llevaré a Manuel a Ciudad Gamma.
—Bien.
—Krug sea contigo, Thor.
—Krug sea contigo.
Empezó a vestirse.
23
Y Krug dijo: “Habrá por siempre una diferencia sobre vosotros.
“Que los Hijos del Vientre vendrán siempre del Vientre, y los Hijos de la Cuba vendrán siempre de la Cuba. Y no os será dado concebir a los vuestros en vuestros propios cuerpos, como hacen los Hijos del Vientre.
“Y esto será para que vuestras vidas vengan sólo de Krug. Suya sólo será la gloria de vuestra creación, hasta el fin de los tiempos”.
24
20 de diciembre de 2218. Con sus ochocientos metros, la torre domina y subyuga. Nada puede resistirse a su inmensidad: día o noche, uno sale del transmat y queda sobrecogido ante la inmensa vara de cristal deslumbrante. La soledad de los alrededores hace aún más impresionante su altura.
Ya ha alcanzado más de la mitad de su altura.
Ultimamente, ha habido muchos accidentes, fruto de la prisa. Un par de trabajadores cayeron de la cima. Un electricista cometió un error en una conexión, y envió una descarga letal por el cable de carga de cinco gammas. Dos grúas de ascenso colisionaron, con una pérdida de cinco vidas. Alfa Euclides Proyectista evitó por poco resultar gravemente herido cuando la computadora principal recibió un monstruoso banco de energía entrópica mientras estaba conectado. Tres betas cayeron cuatrocientos metros por un acceso interior de servicio al colapsarse un andamio. Hasta el momento, el trabajo en la construcción ha causado la muerte de casi treinta androides. Pero hay miles trabajando en la torre, y el trabajo es azaroso y poco habituaclass="underline" nadie considera extraordinariamente alto el índice de accidentes.
Los primeros treinta metros del aparato proyector del rayo de taquiones están casi acabados. Los técnicos prueban diariamente la solidez de la estructura. Por supuesto, no será posible generar taquiones hasta que el gigantesco acelerador esté completamente acabado, pero colocar en su sitio los componentes individuales del poderoso sistema también es interesante, y Krug se pasa la mayor parte del tiempo en la torre, vigilando las pruebas. Luces de colores relampaguean, los paneles indicadores zumban y silban, los diales brillan, las agujas vibran. Krug aplaude con entusiasmo cada resultado positivo. Trae hordas de invitados. En las tres últimas semanas, ha acudido a la torre con Niccolo Vargas, con su nuera Clissa, con veintinueve congresistas diferentes, con once importantes industriales, y con dieciséis representantes mundialmente famosos de las artes. Todos alaban unánimemente la torre. Incluso los que quizá, para sus adentros, la consideran una titánica locura, no pueden contener la admiración ante su elegancia, su belleza, su magnitud. También una locura puede ser maravillosa, y nadie que haya visto la torre de Krug puede negar que es una maravilla. Y tampoco hay tantos que consideren una locura proclamar en las estrellas la existencia del hombre.
Manuel Krug no ha estado en la torre desde principios de noviembre. Krug explica que su hijo está muy ocupado supervisando las complejidades del imperio corporativo de Krug. Cada mes que pasa, asume más responsabilidades. Después de todo, es el heredero forzoso.
25
La última vez que vi a Lilith, me dijo: “Cuando vuelvas, haremos algo diferente, ¿de acuerdo?”.
Los dos desnudos, después de amarnos. Mi mejilla sobre sus pechos.
“¿Diferente? ¿En qué sentido?”
“Salir un poco del piso. Hacer turismo por Estocolmo. El barrio androide. Ver cómo vive la gente. Los gammas. ¿No te apetecería hacerlo?”
Y yo digo, un poco cauteloso: “¿Por qué? ¿No prefieres pasar el tiempo conmigo?”
Ella juguetea con el vello de mi pecho. Soy primitivo, una auténtica bestia.